Introducción: El Origen de Al-Ándalus
El Islam tiene su origen en la Península Arábiga y comienza con las predicaciones del profeta Mahoma. En su expansión, llega a la Península Ibérica. Al-Ándalus fue el territorio de la Península Ibérica dominado por los musulmanes, y pasó de ser una provincia dependiente del Califa de Damasco a un Emirato y un Califato independiente.
Un conflicto sucesorio por el trono visigodo motivó la intervención del gobernador musulmán de Tánger, Tariq, a invadir Al-Ándalus. En el año 711 desembarcó en Gibraltar con unos 7000 bereberes y derrotó al ejército de Rodrigo en las proximidades del río Guadalete. Un año después, el gobernador del norte de África, Musa, llegó a la península con nuevas tropas. Fue el comienzo de la presencia musulmana en la Península Ibérica. El rápido avance musulmán se debió al sistema de conquista.
Desarrollo y Consolidación del Emirato
El avance musulmán se debió al sistema de conquista, basado en un reparto más equitativo de tierras expropiadas, un sistema fiscal y capitulaciones, la conservación de bienes y de su religión a cambio de un tributo. El territorio se convirtió en un emirato dependiente del Califa de Damasco (Omeya). Se designó un emir y se consolidaron actividades en el norte (Pirineos). Se estableció la administración en Córdoba.
Atacaron al reino franco en la batalla de Poitiers (732), dirigida por Carlos Martel, donde fueron derrotados y frenados en el norte por la resistencia cristiana en Covadonga. Los problemas que surgieron con las tierras conquistadas fueron: los bereberes recibieron peores tierras y se sublevaron contra los árabes; esta revuelta se sofocó con la ayuda de los sirios.
El Emirato Independiente
Esto permitió la consolidación de las posiciones cristianas en el norte. En el año 750, los Omeyas fueron asesinados y el poder califal pasó a los abasíes. Abderramán I escapó a Al-Ándalus y derrotó a Yusuf cerca de Córdoba. Así comenzó el emirato independiente (756), el cual gobernó del 756 al 778. Dio puestos en la administración a clientes y familiares, y se enfrentó a los cristianos en el norte y al propio Carlomagno. Las sublevaciones continuaron debido a gobernadores rebeldes como Banu Qasi e Ibn Marwan. Además, hubo incursiones vikingas que provocaron revueltas de la población mozárabe.
Del 822 al 852 gobernó Abderramán II, quien venció a los vikingos y a los Banu Qasi, desarrollando una brillante vida cultural. Durante su mandato ocurrió una nueva revuelta mozárabe, lo que propició la fundación de la ciudad de Murcia (825). En general, mejoró la administración estatal, la agricultura y el comercio.
El Esplendor del Califato de Córdoba
En el Califato de Córdoba, Abderramán III sofocó la revuelta de Umar ibn Hafsun. En el 929, adoptó el título de Califa o príncipe de los creyentes, título que ostentaba el poder religioso y político. Trasladó la capital a Medina Azahara. Se mejoró el sistema fiscal y se impusieron el jaray (pago de impuestos territoriales) y la yizya (que pagaban los no musulmanes).
Tenían un ejército compuesto de mercenarios, pero no tenían labor de conquista, solo realizaban incursiones. La administración estaba dirigida por el Hachib y los visires. La justicia era impartida por los cadíes y, en las coras (provincias), por los valíes.
Sucedió a Abderramán el califa Al-Hakam II. Este era un gran protector de las artes y llegó a poseer la mayor biblioteca de la época. Hisham II dejó el gobierno en manos de Almanzor, quien realizó numerosas razias (campañas) contra los reinos cristianos, como Santiago y Barcelona. Este murió en Calatañazor en el año 1002.
Los Reinos de Taifas e Invasiones Norteafricanas
Hasta el año 1031 hubo una sucesión de califas hasta que se expulsó al último, Hisham III. Tras la ruina del califato, comenzaron los reinos de taifas (varios periodos). Esta desunión y las luchas internas favorecieron el avance de los reinos cristianos (León, Castilla, Aragón y Navarra), obligando a los musulmanes a pagar tributos denominados parias.
Ante el intento de conquista de Toledo en 1085, las taifas pidieron ayuda a los almorávides. Tras la desintegración de estos, llegaron los almohades, quienes conquistaron el territorio entre 1146 y 1203. Fueron derrotados en las Navas de Tolosa en el año 1212. El imperio almohade se desmoronó, siendo sustituido por nuevos reinos de taifas que cayeron ante el avance de los reinos cristianos.
El Reino Nazarí de Granada
A finales del siglo XIII pervivía el reino nazarí de Granada con Yusuf ibn Nasr al mando. Amplió sus dominios e inició la construcción de la Alhambra. El reino de Granada vivió su etapa de mayor esplendor con el rey Mohamed V, coincidiendo con los conflictos internos de Castilla, pero tras la muerte del monarca entró en un declive continuado.
Se perdieron territorios como Antequera, conquistados luego por el futuro rey de Aragón, Fernando I. Desde 1417, la guerra civil fue constante; en ella, los caudillos militares disputaron el poder de la dinastía reinante.
Economía y Sociedad
En cuanto a la economía musulmana, destacan las aportaciones y mejora de la agricultura, especialmente su sistema de regadío, que favoreció el comercio. También destacaron en la artesanía de armas y joyería. La sociedad estaba diferenciada de manera religiosa:
- Mozárabes: cristianos en territorio musulmán.
- Judíos.
- Muladíes: cristianos convertidos al Islam.
- Esclavos.
Conclusión: El Legado de Al-Ándalus
Desde el 711 hasta el 1492, hubo 771 años de presencia islámica en la Península Ibérica, incluso más que la de los romanos. Aportaron numerosos elementos, incluidas palabras o términos como aceite o baño. Cabe destacar la innovación en la arquitectura, como la Alhambra o las mezquitas. En cuanto a la literatura, señalamos al escritor Ibn Arabi y, por último, un folclore, ocio y gastronomía muy interesantes.
La presencia musulmana finaliza con el resultado de la Guerra de Granada, la rendición de Boabdil y la entrega de las llaves de la ciudad a los Reyes Católicos.