La Prehistoria en la Península Ibérica
Durante la Prehistoria, que abarca desde el origen del hombre hasta la aparición de la escritura (3.000 a. C.), el Paleolítico es la etapa más larga y se divide en Inferior, Medio y Superior.
- Paleolítico Inferior: Habitan especies como el Homo antecessor y el Homo heidelbergensis. En Atapuerca se encontraron restos del Homo antecessor, que datan de hace 800.000 años.
- Paleolítico Medio: El Homo neanderthalensis controlaba el fuego y enterraba a sus muertos.
- Paleolítico Superior: Aparece el Homo sapiens o Cromañón, con una cultura más avanzada, destacando la pintura rupestre.
Estos hombres eran nómadas y su economía se basaba en la caza, la recolección y la pesca, viviendo en grupos pequeños y con una cohesión tribal fuerte.
Los pueblos prerromanos y las colonizaciones
Los pueblos prerromanos que habitaban la península en el primer milenio a. C. se dividían en dos grupos principales: los íberos (Este y Sur) y los celtas (Centro y Oeste). Ambos grupos se fusionaron en la Meseta, dando lugar a los celtíberos. También había pueblos preibéricos como los vascones.
Modelos de colonización
En el primer milenio a. C., tres modelos de colonización se desarrollaron en la península ibérica, impulsados por pueblos del Mediterráneo Oriental:
- Fenicios: Establecieron factorías comerciales (Cádiz, Málaga), introduciendo la escritura alfabética, la vid y el olivo.
- Griegos: Fundaron colonias para aliviar la sobrepoblación y comerciaron con Tartessos.
- Cartagineses: Establecieron ciudades fortaleza como Cartagena, buscando el control político y el comercio de metales.
La Hispania Romana y la llegada de los Borbones
La llegada de los romanos, desde el siglo III a. C., culminó en el año 19 a. C. La romanización transformó la vida local mediante la urbanización, el latín y el cristianismo. Hispania perduró hasta el siglo V d. C., cuando las invasiones germánicas precipitaron la caída del Imperio.
La Guerra de Sucesión y la Nueva Planta
La Guerra de Sucesión Española enfrentó a Felipe de Anjou y al archiduque Carlos de Austria. El Tratado de Utrecht (1713) reconoció a Felipe V como rey. Con los Decretos de Nueva Planta, se suprimieron los fueros de la Corona de Aragón, centralizando el modelo administrativo bajo el absolutismo francés.
El siglo XVIII: Reformas y crisis
Las Reformas Borbónicas buscaron fortalecer el poder real y centralizar la administración en América. Durante el siglo XVIII, la sociedad mantuvo su estructura estamental, aunque surgió una incipiente burguesía. El Motín de Aranjuez (1808) marcó el inicio de la inestabilidad que desembocaría en la Guerra de la Independencia.
El siglo XIX: Conflictos y transformaciones
Guerra de la Independencia y liberalismo
La Guerra de la Independencia (1808-1814) fue retratada por Goya en Los Desastres de la Guerra. Paralelamente, las Cortes de Cádiz redactaron la Constitución de 1812, conocida como «La Pepa».
Conflictos internos y modernización
El reinado de Fernando VII estuvo marcado por el absolutismo y la represión. Posteriormente, la Primera Guerra Carlista enfrentó a isabelinos y carlistas, finalizando con el Abrazo de Vergara (1839). En el ámbito económico, la Ley de Ferrocarriles de 1855 y la desamortización de Mendizábal fueron hitos clave en la modernización y liberalización de la economía española, a pesar de las tensiones entre proteccionismo y librecambismo.