España (1914-1923): Neutralidad, conflicto social y la guerra del Rif

La Primera Guerra Mundial y España (1914-1917)

La Primera Guerra Mundial fue un periodo de gran prosperidad para algunas capas de la sociedad española. Aunque la opinión pública se dividió entre aliadófilos y germanófilos, los gobiernos liberales de Romanones mantuvieron a España neutral, lo que permitió comerciar con ambos bandos y llevó a un importante crecimiento económico. Además, la guerra de Marruecos entró en una fase de relativa tranquilidad. Sin embargo, no todos se vieron beneficiados por esta bonanza económica: los obreros continuaron teniendo sueldos muy bajos, y a la prosperidad siguió una fuerte inflación que se cebó en los más pobres. La demanda de las potencias en guerra descendió a partir de 1917, ante su ruina debido al esfuerzo bélico, lo que acentuó los problemas internos españoles.

Causas del descontento en 1917

En 1917 el sistema de la Restauración vivía sus peores momentos y el descontento era generalizado por diferentes razones:

  • La interminable guerra en Marruecos.
  • El injusto sistema de quintas.
  • La extendida corrupción política.
  • El aumento de los precios y la inflación.
  • El inicio de la crisis económica tras la euforia de la Primera Guerra Mundial.

Actores que cuestionaron el sistema del turno

La única respuesta del gobierno conservador de Dato fue el cierre de las Cortes. Ante esta situación, diversos sectores impulsaron medidas para acabar con el sistema del Turno de Partidos. Estos sectores fueron: el ejército, la oposición parlamentaria y el movimiento obrero.

El ejército

El ejército estaba en desacuerdo con el gobierno por diversas razones:

  • Sueldos bajos.
  • Material anticuado e imposibilidad de modernizarlo.
  • Sentimiento de indefensión ante las críticas civiles.
  • División entre africanistas y peninsulares.

Finalmente, los militares se organizaron en las Juntas de Defensa, las cuales lanzaron diferentes manifiestos en los que se amenazaba al gobierno con un golpe de Estado.

La oposición parlamentaria

Los parlamentarios de la oposición exigían la reapertura de las Cortes y la creación de una nueva Constitución. Para ello organizaron numerosas manifestaciones y conspiraciones contra el gobierno.

El movimiento obrero

El sector más importante fue el del movimiento obrero, que planteó la huelga general como forma de forzar al gobierno a ceder. Esta idea fue defendida sobre todo por la UGT y nació de una fortísima huelga ferroviaria en Valencia, que fue aplastada después de una durísima represión.

La huelga general de 1917

En represalia por la represión y ante el éxito de la huelga valenciana, la UGT convocó una huelga general en toda España en el verano de 1917. Con el apoyo de los anarquistas, la huelga tuvo especial incidencia en las ciudades y en el sector industrial. La respuesta del gobierno fue sacar las tropas a la calle, lo que llevó a enfrentamientos con los piquetes y a una escalada de violencia. Ante el caos reinante, la UGT desconvocó la huelga en septiembre, aunque en Asturias y entre los ferroviarios se prolongó algunos meses más.

Consecuencias de la huelga
  • Aproximadamente 200 muertos.
  • Pena de muerte para miembros del Comité de Huelga; posteriormente se concedió amnistía.
  • Abandono de la postura crítica de parte de los catalanistas y de las Juntas de Defensa, que tenían más miedo de los obreros que de la corrupción política.
  • Aparición de los gobiernos de Concentración Nacional.

El movimiento obrero y la influencia rusa (1917-1921)

A pesar de su derrota en 1917, el movimiento obrero continuó su ascenso, espoleado por el triunfo de la Revolución Bolchevique en Rusia. En 1918 el PSOE consiguió 6 diputados, cifra que pasó a 7 en 1923. Sin embargo, los socialistas vivieron años de división ante los acontecimientos en Rusia: una parte del partido se radicalizó y exigió abandonar el revisionismo y volver a la vía revolucionaria.

La creación de la III Internacional comunista por parte de la URSS, enfrentada a la II Internacional socialista (de la que formaba parte el PSOE), agudizó el conflicto. El PSOE se fragmentó entre partidarios de continuar en la II Internacional y defensores de entrar en la III Internacional. Finalmente, las Juventudes Socialistas ingresaron por su cuenta en la III Internacional.

Para resolver este dilema, una comisión socialista viajó en 1920 a la URSS para estudiar sobre el terreno la política soviética. El informe de esta comisión fue lo suficientemente crítico como para que el PSOE decidiera continuar en la II Internacional, mantener su línea revisionista y expulsar a los terceristas. Estos, dirigidos por José Díaz, fundaron en 1921 un nuevo partido, el PCE, defensor del modelo soviético, aunque durante muchos años siguió siendo minoritario.

Agitación social: el Trienio Bolchevique y el pistolerismo

Entre 1918 y 1920 se produjo el llamado «Trienio Bolchevique», años especialmente duros debido a la agitación obrera. El final de la Primera Guerra Mundial provocó una fuerte crisis económica que afectó especialmente a los obreros catalanes. El terrorismo volvió a alcanzar cotas de gran virulencia y las huelgas llegaron a extremos insostenibles.

Ante esta situación, la patronal catalana creó los llamados Sindicatos Amarillos, formados por esquiroles, matones y delincuentes cuyo único objetivo era acabar con las huelgas mediante la violencia. Pronto, anarquistas y amarillistas iniciaron una guerra no declarada en las calles de Barcelona que se saldaba todos los años con decenas de muertes. Esta situación fue conocida como pistolerismo. Entre las víctimas más conocidas destacó la figura de Salvador Seguí, uno de los principales sindicalistas anarquistas catalanes, de marcada tendencia moderada, asesinado por los amarillistas en 1923.

Movimientos agrarios en Andalucía y respuesta del Estado

Además, se produjeron violentos disturbios por toda Andalucía protagonizados por jornaleros sin tierras, que llegaron a ocupar muchos latifundios sin cultivar de la región. La intervención de la Guardia Civil puso fin a la revuelta, pero causó numerosas muertes. La respuesta gubernamental fue la creación de los Gobiernos de Unidad Nacional, integrados por liberales, conservadores y nacionalistas catalanes, que demostraron ser poco eficaces ante la crisis social.

La guerra del Rif y el Desastre de Annual (1919-1923)

Mientras tanto, en Marruecos, a partir de 1919 se decidió ocupar definitivamente el Rif, mediante la compra de armas sobrantes de la Primera Guerra Mundial y la creación de nuevas unidades militares como la Legión y los Regulares, utilizadas como punta de lanza. El comandante en jefe español fue el general Dámaso Berenguer, que optó por una táctica prudente de avance lento desde Ceuta y Melilla.

El principal líder rifeño fue Abd el-Krim, astuto dirigente político y militar que aspiraba a crear una república independiente en el Rif. Desgraciadamente, en 1921 el general Silvestre fue aniquilado junto a unos 15.000 de sus hombres en la batalla de Annual (el conocido Desastre de Annual), y los rifeños volvieron a amenazar Melilla. No sería hasta 1923 cuando la ciudad quedó totalmente a salvo, pero la guerra continuó y su fin parecía lejano.

Implicaciones políticas del fracaso en Marruecos

Los fracasos en Marruecos tuvieron continuas y graves implicaciones en la política española:

  • Desprestigio del sistema político, incapaz de acabar con la guerra.
  • Antimilitarismo ante la imposibilidad de ganar el conflicto.
  • Críticas al sistema de quintas.
  • Críticas a Alfonso XIII, ferviente defensor de la guerra y del ejército.

La sangrienta derrota en África llevó a la elaboración en 1923 del crítico Informe Picasso, donde quedaban claras las responsabilidades de políticos, militares y monarquía. Ante todo esto, el Golpe de Estado de Primo de Rivera se convirtió en cuestión de tiempo.