El Colapso del Régimen de la Restauración: Neutralidad en la Primera Guerra Mundial y la Crisis de 1917

La Crisis del Parlamentarismo y la Neutralidad en la Primera Guerra Mundial

2.1. El Impacto de la Primera Guerra Mundial

La Primera Guerra Mundial se inició en agosto de 1914, enfrentando a Alemania y Austria-Hungría contra Francia, Reino Unido y Rusia. Tanto Alfonso XIII como el Gobierno español decidieron adoptar la postura de neutralidad. La neutralidad oficial no impidió que la opinión pública y los partidos se dividieran entre “aliadófilos”, postura defendida principalmente por liberales progresistas, y “germanófilos”, que contaban con el apoyo de los conservadores. Solo los anarquistas y una parte de los socialistas denunciaron la guerra como un enfrentamiento entre imperialistas.

Consecuencias Económicas y Sociales

Las consecuencias económicas y sociales de la guerra fueron muy importantes para España. La guerra produjo, a partir de 1915, un gran crecimiento económico gracias al incremento de las exportaciones de productos industriales, alimentos y materias primas hacia los países beligerantes, junto con la reducción de las importaciones. Sin embargo, los grandes beneficios de la burguesía industrial y financiera no repercutieron en las clases populares. Los salarios siguieron siendo bajos. Además, las exportaciones dejaron desabastecido al mercado interior, lo que derivó en una gran subida de precios de los productos básicos. Esta situación contribuyó a un aumento de las tensiones sociales, junto con el auge y la radicalización del movimiento obrero.

2.2. La Crisis de 1917

La crisis de 1917 consistió en realidad en tres movimientos de protesta no conectados entre sí, que se sucedieron uno tras otro y que obedecían a causas diferentes:

  1. La Crisis Militar (Juntas de Defensa): Las Juntas Militares de Defensa eran asambleas de oficiales del cuerpo de Infantería surgidas en 1916 para defender los intereses de sus miembros. Las Juntas rechazaban la pérdida del poder adquisitivo y una política de ascensos que favorecía a los militares destinados en Marruecos, donde se primaban los méritos de guerra por encima de la antigüedad en el cuerpo. El 1 de junio se inició la rebelión militar con la presentación de un Manifiesto a modo de ultimátum para el Gobierno. El Gobierno intentó disolverlas, pero el apoyo del rey fue determinante para que las Juntas fueran reconocidas como órganos representativos del Ejército y se admitieran sus peticiones.
  2. La Crisis Política o Parlamentaria: Se inició en julio cuando la Lliga, liderada por Cambó, ante el cierre de las Cortes decretado por el Gobierno de Dato, convocó una Asamblea de Parlamentarios en Barcelona con el objetivo de formar un Gobierno provisional que convocara unas Cortes Constituyentes. A la Asamblea acudieron pocos diputados. La Asamblea fracasó por las diferencias ideológicas entre los diputados, junto con la orden del Gobierno de disolver la Asamblea, tachándola de separatista. Además, cuando estalló la huelga obrera de agosto, Cambó aparcó sus aspiraciones autonomistas y disolvió la Asamblea por miedo a una revolución social.
  3. La Huelga General de Agosto: Fue la que más incidencia tuvo. En marzo se había celebrado una reunión de los sindicatos UGT y CNT y publicaron un Manifiesto conjunto, redactado por Julián Besteiro, que animaba a una Huelga General que derrocara al régimen para constituir un Gobierno provisional de republicanos y socialistas que convocara Cortes Constituyentes, además de denunciar la precaria situación de la clase trabajadora agravada por la inflación.

El Fracaso de la Huelga General

La huelga general comenzó el 13 de agosto, precipitada por una huelga de ferroviarios de Valencia. Durante cinco días se sucedieron huelgas en las principales poblaciones industriales, dejando a Madrid, Barcelona y Bilbao paralizadas, aunque finalmente la huelga fracasó. Los motivos del fracaso fueron las divisiones ideológicas entre UGT y CNT, la falta de apoyo de la Lliga, junto con la respuesta del Ejército, que apoyó al Gobierno y practicó una dura represión sobre los manifestantes. Los sucesos de 1917 dejaron patente que el Ejército se convertía en el pilar sobre el que se apoyaban los Gobiernos de la Restauración, junto con un cada vez más desprestigiado Alfonso XIII, al tiempo que se radicalizaba más el movimiento obrero y se unía más a los republicanos progresistas.

2.3. La Agonía del Régimen de la Restauración (1918-1923)

Inestabilidad Política y Auge del Movimiento Obrero

A partir de 1918, España entró en una fase de agudización de los problemas. Al finalizar la Primera Guerra Mundial, se redujeron las exportaciones, lo que llevó a una crisis económica por el cierre de fábricas y el aumento de los despidos. Esto derivó en un aumento de la conflictividad social y en un auge del sindicalismo obrero. Además, de una escisión de un grupo minoritario del PSOE se fundó en 1921 el Partido Comunista de España (PCE).

Para intentar superar esta situación, el rey optó por formar Gobiernos de concentración integrados por políticos muy influyentes al margen de su filiación partidista. Estos Gobiernos fueron inestables y se sucedían rápidamente unos a otros, incapaces de solucionar los graves problemas.

Conflictividad Regional: Andalucía y Cataluña

De entre todas las manifestaciones obreras y campesinas del periodo, destacan las de Andalucía y las de Cataluña:

  • En Andalucía, las manifestaciones de los jornaleros llevaron a la ocupación de tierras y Ayuntamientos en lo que se denominó como el “Trienio Bolchevique”, ante las que el Gobierno respondió con gran dureza.
  • En Cataluña, el crecimiento de la CNT era enorme y se imponía la línea más radical, lo que llevó a un aumento de las huelgas, sabotajes y atentados. Destacó la huelga en la compañía eléctrica La Canadiense. La patronal endureció su posición y muchos empresarios respondieron con despidos o con el cierre temporal de sus empresas, además de financiar a grupos armados que actuaron asesinando a los principales líderes del movimiento obrero barcelonés. Ante la presión de la Lliga y de la patronal, el Gobierno declaró el estado de guerra y aplicó la “Ley de Fugas”, por la cual se autorizaba a los cuerpos armados a disparar contra un detenido que intentara fugarse, y que sirvió de pretexto para asesinar a los activistas detenidos. El resultado fue una ola de violencia sin precedentes que costó la vida a personajes destacados.

La Guerra de Marruecos: El Desastre de Annual

Fue en Marruecos donde se produjo la crisis más grave de este periodo. Tras finalizar la guerra mundial, Francia reanudó su expansión colonial en Marruecos, amenazando la presencia española en la zona. El Gobierno español reaccionó reforzando su ocupación efectiva del Rif desde Ceuta y Melilla, lo que provocó el Desastre de Annual en julio de 1921.

El comandante general de Melilla, el general Fernández Silvestre, decidió por cuenta propia iniciar operaciones militares en la zona oriental del Rif sin tomar las debidas precauciones. El líder de la resistencia rifeña, Abd el–Krim, consiguió cercar al ejército español en la población de Annual. Sin posibilidad de recibir ayuda, el general Silvestre ordenó la retirada. La huida en desbandada hacia Melilla fue aprovechada por los rifeños para matar a más de 10.000 soldados españoles y ocupar toda la zona. La llegada de tropas de refuerzo a Melilla permitió en pocos meses recuperar el territorio perdido, pero las consecuencias de Annual fueron muy graves:

  • Annual conmocionó a la opinión pública y aumentó su rechazo a la guerra de Marruecos.
  • Los militares, los partidos dinásticos y el rey se vieron envueltos en un debate sobre las responsabilidades.
  • El Gobierno dimitió y el Congreso abrió una Comisión de investigación para aclarar las responsabilidades de Annual, dirigida por el general Picasso.

El Expediente Picasso (1923) dejaba constancia de que la acción de Silvestre contó con el apoyo del Gobierno y del propio rey; también mostraba la corrupción de los oficiales a la hora de abastecer al Ejército de África. Pocos días antes de que el informe llegase a las Cortes, el 13 de septiembre de 1923, el general Miguel Primo de Rivera dio un golpe de Estado sin la oposición del monarca e impuso una dictadura militar que terminó con el régimen de la Restauración.