Orígenes y evolución de la filosofía griega: Jonia, Sócrates, Platón y el helenismo

La filosofía en la Grecia antigua: origen y períodos

La filosofía nace en Jonia (en las colonias griegas de Asia Menor) a inicios del siglo VI a. C. como una nueva forma de pensamiento que sustituye las explicaciones mítico-religiosas por explicaciones racionales (paso del mito al logos). En ellas, la idea de arbitrariedad es reemplazada por la idea de necesidad y por la convicción de que la naturaleza debe ser explicada desde sí misma y que, por debajo de los cambios y las apariencias, tiene que haber algo permanente accesible a la razón humana. En esta etapa de la filosofía se pueden distinguir varios períodos:

Períodos principales

  • Período presocrático, en el que se ofreció una explicación racional sobre la naturaleza (Physis).
  • Período clásico, que comienza con la reflexión racional sobre el ser humano y su vida en sociedad de la mano de Sócrates y de los sofistas, y que continúa con Platón y Aristóteles.
  • Período helenístico, que comienza con la muerte de Alejandro Magno (323 a. C.) y se desarrolla en los dos grandes focos de la cultura: Atenas y Alejandría.

En Atenas se crearon importantes escuelas de filosofía moral, como la epicúrea y la estoica; en Alejandría se desarrolló una importante investigación de la naturaleza con figuras como Aristarco, Euclides, Arquímedes y Ptolomeo. El pensamiento antiguo se enfrentará a dos grandes problemas filosóficos: el problema de la naturaleza y del cambio, y el problema del hombre y de un orden social justo, abriendo así dos grandes tradiciones. En este texto expondré el giro antropológico y la reflexión racional sobre el ser humano.

Giro antropológico: Sócrates y los sofistas

Esta segunda tradición se inaugura a mediados del siglo V a. C. con Sócrates (maestro de Platón) y con los sofistas, y representa un giro antropológico en la marcha de la filosofía: una reflexión racional sobre el hombre y todo lo humano (derecho, moral, política, sociedad…) que coincide con el nacimiento de la democracia y que abre el denominado debate physis/nomos. En ella asistimos al enfrentamiento filosófico entre Sócrates y los sofistas. Mientras que Sócrates defendía la universalidad de los valores morales, los sofistas (maestros de la retórica y de la areté política) sostenían una concepción convencionalista y relativista de éstos, según la cual los valores morales (el bien, la justicia y el resto de las virtudes éticas) no eran algo universal e inmutable con fundamento en una ley divina o natural, sino el resultado del acuerdo entre los hombres y de las tradiciones culturales de cada comunidad. «El hombre es la medida de todas las cosas», afirmó Protágoras.

Por su parte, los sofistas enseñaban la virtud política a cambio de un precio, para que sus alumnos alcanzaran el éxito en la vida pública. Sócrates consideraba, sin embargo, que la educación tenía como objetivo el descubrimiento de la verdad, algo que puso en práctica mediante su método de la mayéutica. Sócrates, a diferencia de los sofistas, creía que debíamos y podíamos llegar a una definición universal de los conceptos; estaba convencido de que el bien y la verdad eran únicos y podían ser descubiertos por la razón mediante el diálogo y la introspección. De este modo, el conocimiento se convertía para Sócrates en la condición de la perfección moral del hombre (intelectualismo moral) y, con ello, de la felicidad. Para hacer el bien hay que conocerlo, y una vez conocido no podemos dejar de actuar en consecuencia («nadie obra mal a sabiendas»).

La filosofía práctica se debatía, pues, entre el relativismo y subjetivismo moral defendido por los sofistas (que conducía en cierto modo al escepticismo y al individualismo) y el universalismo ético de Sócrates.

Platón y Aristóteles: continuidad y divergencia

Platón, siguiendo a su maestro y yendo más lejos que él, defenderá el universalismo ético, el intelectualismo moral y la educación como condición de la perfección moral. Esta será la apuesta de Platón en La República: la propuesta de un Estado ideal basado en el conocimiento de la Justicia en sí y del Bien en sí, un Estado gobernado por los filósofos, la única forma de gobierno en la que, según Platón, se podía ver realizada la justicia.

Aristóteles, por su parte, compartirá con su maestro la idea de que el ser humano es un ser social por naturaleza, que sólo puede desarrollarse plenamente en la polis, la comunidad política más perfecta, así como la estrecha relación entre ética y política y la consideración del bien común como criterio de justicia. Pero, frente a la utopía platónica, Aristóteles no diseña un Estado ideal; trata de encontrar la forma de gobierno que mejor pueda servir a la realización del hombre y de la vida buena, y la encuentra en la politeia (democracia moderada). En cualquier caso, para ambos la felicidad está ineludiblemente unida a la virtud moral y al conocimiento. Solo el sabio es feliz.

El período helenístico y la búsqueda de la felicidad individual

Con la crisis de la polis, y en especial desde la muerte de Alejandro Magno, se abre un nuevo período: el helenístico. En él surgen modelos filosóficos orientados, fundamentalmente, a la búsqueda de la felicidad individual. Se trata de las filosofías helenísticas: el epicureísmo, el estoicismo y el escepticismo. A continuación se describen brevemente estas corrientes:

  • Epicureísmo (Epicuro): considera que la felicidad equivale a la consecución del placer y, en última instancia, a la ataraxia (ausencia de perturbación en el cuerpo y en el alma). Para ello hace falta un sabio cálculo de los placeres que no equivale a un mero hedonismo.
  • Estoicismo (Epicteto, Zenón de Citio; en el Imperio romano, Marco Aurelio y Séneca): sostiene que el sabio es quien conoce el orden del universo y vive conforme a él (amor fati), alcanzando la felicidad con la apatheia (estado en el que las cosas no nos afectan) mediante el control de las pasiones, la indiferencia ante el dolor y la fortaleza de ánimo.
  • Escepticismo (Pirrón de Elis y Sexto Empírico): defenderá que no existe la certeza absoluta, que nada es plenamente cierto y que nada se puede conocer con seguridad, por lo que propone la epojé, es decir, la suspensión del juicio.

En lo que respecta al conocimiento de la naturaleza, el epicureísmo defendió una concepción materialista y atomista del universo, mientras que el estoicismo ofreció una visión panteísta (Dios es igual a la naturaleza).