Fundamentos de la Filosofía Platónica: Realidad, Alma y Estado

Contexto Cultural e Histórico

Es interesante, antes de adentrarnos en el pensamiento de Platón, hacer un repaso por los acontecimientos históricos que vivió Atenas en los años previos a su nacimiento, durante su adolescencia y su madurez, ya que por su familia, su educación y su amistad con Sócrates, Platón siempre había estado inmerso en las principales cuestiones sociopolíticas de su polis (ciudad). Atenas vivió un período esplendoroso, económico y cultural, durante el período de paz que va del final de las Guerras Médicas (contra los persas) a la Guerra del Peloponeso (que le enfrenta con Esparta). Coincide esta época dorada, llamada Ilustración ateniense, con el gobierno de Pericles como estratego.

La estrategia militar de Pericles despobló los núcleos rurales circundantes de Atenas, pues favoreció la milicia naval fortaleciendo las flotas de guerra. Durante este tiempo, Atenas lideró la Liga de Delos, lo que favoreció el enriquecimiento de la ciudad al ser depositaria de los tesoros de la liga obtenidos por los saqueos. Esparta siempre vio con recelo este liderazgo y el gobierno democrático ateniense. Aprovechando el comienzo de la decadencia ateniense y de Pericles, y con la afortunada coincidencia de una epidemia de peste que menguaría la ya resentida fuerza militar ateniense, declarará la guerra a Atenas y vencerá. El fin del liderazgo de Atenas y de su gobierno democrático coincide con la muerte de Pericles, víctima de la peste.

Platón nació el 427 a. C. en Atenas. Pertenecía a una familia de la aristocracia ateniense. En el seno de su familia, la democracia siempre se vio con recelo. Recibió una buena educación. De su época escolar recibió el apodo por el que es conocido, Platón, ya que su nombre es Aristocles de Atenas. Su entrada en la filosofía se producirá cuando conozca a Sócrates. Platón no conoció a Pericles; una vez que Atenas pierde la guerra, un grupo de oligarcas ayudados por Esparta instaurará un gobierno despótico en Atenas conocido como el de los Treinta Tiranos (entre los que se encuentran familiares de Platón). Este gobierno dura unos años, hasta el 403, cuando el general Trasíbulo lo derroca para volver a instaurar una democracia, aunque en esta ocasión el gobierno democrático estará en manos de demagogos que, buscando solo su interés personal, llevarán a una situación de injusticia generalizada a la ciudad.

En estas circunstancias, en el año 399 (Platón contaba con 28 años), es condenado por la Asamblea Sócrates, acusado de impiedad y corrupción de los jóvenes. Para Platón, este será el último gesto intolerable de un gobierno demagógico y un régimen injusto: la democracia.

Exilio y vuelta a Atenas: Fundación de la Academia

Tras la muerte del que Platón consideraba “el hombre más justo sobre la tierra”, Sócrates, decide irse de Atenas para dedicarse a meditar y aprender de escuelas filosóficas dispersas por el Mediterráneo. De vuelta a Atenas, Platón decide fundar una escuela donde puedan aprender los mejor dotados intelectualmente el arte del buen gobierno. Es la Academia, y en ella se enseñarían las materias necesarias para alcanzar el conocimiento filosófico necesario para el buen gobierno de uno mismo y de la ciudad. El proyecto de una República organizada y gobernada.

Desde su primer exilio, la reflexión de Platón se volcó en la escritura en forma de Diálogos. El Diálogo es más que un recurso literario: expresa el movimiento del alma, tal como lo aprendió y practicó con su maestro Sócrates, hacia la verdad. Un impulso de búsqueda que trasciende paulatinamente las apariencias en busca de una realidad universal y objetiva: las Ideas. Un movimiento del alma contemplativa de ascenso y descenso permanente a la realidad de cada día.

Contexto Filosófico

La obra de Platón: Diálogos

La forma literaria que Platón ha elegido revela por sí misma mucho de su intención didáctica y su actitud de búsqueda del saber. Aparte de su talento poético, el sentido esencial del diálogo es subrayar cómo el saber auténtico surge en un proceso dialéctico, en un contraste de opiniones, en un buscar en común rechazando las respuestas apresuradas y ahondando tras las soluciones banales y convencionales. El diálogo quiere formar más que informar.

  • Diálogos de juventud: (República I).
  • Diálogos de transición: Gorgias.
  • Diálogos de madurez: (385-370), República y Fedro.
  • Diálogos de vejez: (369-347), Parménides, Sofista, Leyes.

La herencia problemática de la filosofía que recibe Platón

Algunas de sus ideas y pensamientos más originales son para resolver muchos de los problemas que se encontró ya planteados. Muchas de sus imágenes, comparaciones e incluso sus más conocidos “mitos” están plagados de resonancias de otros filósofos o escuelas. Platón, además de a Sócrates, conocía bien el pensamiento presocrático. A Sócrates, en sus Diálogos, le debe el planteamiento metódico de sus problemas, así como un modelo para el diálogo filosófico y un ejemplo en la respuesta a los problemas éticos y políticos.

Platón muestra en sus Diálogos un amplio conocimiento de los planteamientos de los presocráticos. La mayor influencia de un pensador anterior, aparte de Sócrates, fue precisamente la de Parménides. El sofista Parménides juega un papel fundamental en la revisión de la Teoría de las Ideas. Critica Platón el mal uso que hicieron los sofistas de la elección excluyente entre “ser” y “no ser”. Platón finalmente introdujo ante la dicotomía “ser” y “no ser” una categoría intermedia: el devenir. Sin tener el estatus de ser pleno e inmutable, no podía ser objeto pleno de conocimiento, sino de doxa (opinión o creencia).

La aportación clave de los Pitagóricos

Resulta muy difícil también separar su filosofía de la de los pitagóricos. La misma palabra Philosophía, tal como la emplea Platón, es un lazo con ellos: su interpretación del conocimiento como vía de salvación y purificación del alma (religiosa); su pasión por las matemáticas como vislumbre de la verdad eterna; su idea de la transmigración del alma, la inmortalidad y su referencia al cuerpo como tumba temporal y prisión del alma, etc.

Dos problemas fundamentales planteaban la búsqueda socrática de las definiciones universales; dos problemas que Platón buscó responder ayudado de la filosofía pitagórica:

  1. ¿Hay alguna evidencia de que existan las verdades inmutables y universales de las que hablaba Sócrates?
  2. Si existen, ¿cómo hemos podido llegar a tener un conocimiento fiel de su existencia?

A la primera pregunta responde con el reino de la verdad de los entes matemáticos, causa primordial del orden y armonía del universo. A la segunda pregunta, con la teoría de la transmigración del alma.

Frente a los sofistas

Las referencias continuas a sofistas en sus Diálogos nos hacen ver la importancia del contexto de las discusiones que estos mantenían con Sócrates y la herencia en la política de Atenas debido a sus ideas de la educación del ciudadano. También Platón intentará dar respuesta a este ideal contrario al suyo de Paideia (formación), así como al relativismo que defienden muchos de los sofistas.

Su gran preocupación teórica y práctica: la unidad de una ontología (la búsqueda de la verdad, la existencia divina, de las ideas y de los números) y epistemología (la rama de la filosofía que estudia el conocimiento científico, su naturaleza) adecuadas para sostener un sistema de vida virtuoso y un gobierno sabio y justo, están, pues, plenamente justificados en las coordenadas del pensamiento de su tiempo.

2. La Teoría de las Ideas

Las Ideas platónicas

Platón distingue entre dos mundos: el mundo sensible, cuyos objetos percibimos a través de nuestros sentidos y constituyen nuestra experiencia ordinaria del mundo; y el mundo inteligible o mundo de las Ideas, que lo constituye el conjunto de los objetos de nuestro pensamiento. Para Platón, la Realidad propiamente dicha solo es la de las Ideas, es decir, las esencias de todas las cosas.

En cuanto que responde a la pregunta ¿qué es?, se trata de esencias (ousía). Al no poseer materia, las Ideas serán llamadas formas (morphé); en cuanto objeto de la intelección (pensamiento), ideas (eidos); en cuanto modelos de los que cada objeto particular no es más que un ejemplo, se denominan ejemplares (o paradigmas).

2.1. Ideas, ¿qué son?

2.2. Lo Uno y lo Múltiple: la relación entre los mundos platónicos

¿Cómo se relacionan el mundo sensible e inteligible? Las Ideas, objetos inteligibles, son eternas y no están sujetas a cambio. Solo los objetos que podemos observar o son por medio de los sentidos están sujetos al cambio, al devenir. No puede haber, pues, ciencia (episteme) de lo particular. Platón había establecido un “abismo” que separaba las esencias de los objetos sensibles; Platón establecía una distancia infinita entre los dos mundos (abismo o chorismós), y del mismo modo establecía una diferencia infinita entre el conocimiento o ciencia, y las opiniones o creencias.

Sin embargo, ya en su madurez, cuando escribe República o Fedro, Platón establece una gradación o jerarquía en la realidad que nos permite establecer una relación entre ambos mundos. Esta relación puede ser representada de dos maneras distintas:

  • Imitación (Mímesis): El mundo sensible imita al mundo de las ideas. Si un pintor pinta un retrato realista en el que se reconozcan tus facciones, cabello y mirada, probablemente mucha más gente admirará el parecido del retrato a su modelo (que eres tú). No cabe duda de que si alguien pone un espejo delante de ti y nos dice que lo miremos como tu retrato, diremos que es una copia casi idéntica al original. Pero, ¿eres tú misma la que vemos ahora que la que conocimos hace quince años, o la que nos volveremos a encontrar, ya envejecida, dentro de treinta años? Desde un punto de vista material, no somos “lo mismo” aunque seamos “el o la misma”. Lo que nos da la identidad es lo que Platón llamaba “idea de uno mismo”, que no es más que el Alma como “esencia” de uno mismo. Esta sería el original. Cuanto más parecido sea un retrato a este original, más real será.
  • Participación (Méthesis): Los objetos del mundo sensible participan en mayor o menor grado de la Idea o esencia original. Cuanta mayor participación, más realidad. Por ejemplo: la sombra de un árbol es menos real que el árbol mismo; o su reflejo en un lago es menos real que el árbol mismo pero más que su sombra. En estos casos se trata de imágenes que dependen no solo del árbol, sino de la luz que proyecta su sombra o permite que veamos su reflejo (de noche no lo veríamos). Pues bien, la misma relación que hay entre el árbol y sus imágenes existe entre la Idea de árbol y el árbol concreto. La “arboreidad” sería la esencia de la que participa cada uno de los árboles particulares, y que le hace ser un árbol y no otra cosa.

2.3. La Idea de Bien y el símil de la línea

Si es real, deberíamos ser capaces de medirlo. Así pues, al entender que existe una continuidad entre el mundo inteligible y el sensible, Platón establece una jerarquía de ser real. Esta jerarquía es comparada en el libro VI de la República con una línea cortada en dos segmentos asimétricos. De este modo tendríamos cuatro segmentos que nos permiten medir la menor o mayor realidad o ser de cada unidad situada en los mismos.

Contamos con tres elementos fundamentales para establecer una jerarquía usando el ejemplo de la línea: una unidad de medida (el ser o realidad); la universalidad de los objetos a los que aplicarla (tanto el mundo sensible como el inteligible); y una metricidad (mayor o menor cercanía en la línea al máximo posible, la Perfección o Idea de Bien). El único instrumento de medida válido para descubrir la conmensurabilidad de la realidad será la Razón. Ya el hombre no es la medida de todas las cosas; la medida de todas las cosas será el Bien accesible racionalmente.

Símil de la Línea

Para poder medir la Realidad en un grado de mayor a menor entre los mundos inteligible y sensible, Platón plantea un símil con los segmentos de una línea recta:

  • a) El primer segmento sería el más alejado al máximo; es decir, el conjunto de los objetos contenidos en él sería ínfimamente real: serían pura apariencia y sombra. De ningún modo existen por sí mismos, ya que dependen de los demás para ser: sombras, imágenes, etc. (Eíkones). De ellos solo podemos formular “conjeturas”, sin ninguna verdad.
  • b) El segundo segmento (proporcionalmente mayor al anterior) estaría formado por el conjunto de los objetos físicos, naturales y artificiales, de los que el anterior segmento son las sombras. Aunque más reales que los anteriores, estos objetos o cosas siguen siendo efímeros, pues están sometidos al devenir, se generan y se destruyen. Constituyen el objeto de nuestras “creencias” (pistis) del mundo sensible, conocimiento ínfimo, ordinario. No es propiamente conocimiento, pues depende de la inestabilidad de lo particular y lo sensible.
  • c) El primer segmento del mundo inteligible lo constituyen los objetos matemáticos: números y figuras geométricas. Aunque son fundamentales para comprender la constitución real de las cosas, todavía necesitan de imágenes para funcionar. Por ejemplo, la idea de triángulo necesita apoyarse por definición en la imagen de los tres lados, aunque por definición estos lados no tengan una extensión determinada. Esta idea está a la base del reconocimiento de cualquier figura física que cumpla con sus condiciones.
  • d) Por último estarían las ideas propiamente dichas o esencias. También en ellas cabría jerarquía, yendo de las menos a las más generales (como expondrá en diálogos posteriores el propio Platón), hasta alcanzar los llamados géneros supremos. Aunque en este símil Platón no lo nombra, al final se sitúa (como fuente de todo ser y principio de toda verdad) la Idea de Bien.

3. El alma y el conocimiento

Unión accidental del alma y el cuerpo

Para Platón, la naturaleza humana reside en el alma y, consiguientemente, el cuerpo es un mero accidente, una “cárcel del alma”. El alma es simple, pues se asemeja a las esencias que puede conocer. El dualismo universal platónico también afecta al ser humano. En este caso se trata de la composición de alma y cuerpo. Para Platón, el cuerpo, como toda la materia, es un elemento negativo que entorpece la realización del alma.

Cuando habla del cuerpo no solo se refiere a la carne, sino a su organización e influencia en el alma (deseos, pasiones, emociones, sentimientos…), todo aquello que nos ata a la sensibilidad. Los vínculos emocionales que nos sitúan en el mundo sensible entorpecen la visión racional del alma, lo que nos lleva al error en nuestras decisiones. Para Platón, el alma conduce al cuerpo como un piloto a una nave. Esta visión accidental del cuerpo respecto al alma será criticada por Aristóteles después.

3.1. Teoría del conocimiento como reminiscencia

¿Qué argumentar frente a los que, muy a la moda, pensaban que el alma se va como un “soplo” cuando muere el cuerpo, que no va a ningún sitio ni nada le espera sino su extinción? Frente a ellos, hay que demostrar la inmortalidad del alma. Esta demostración la llevará a cabo Platón en dos tiempos:

  1. En primer lugar, demostrará la preexistencia del alma aludiendo a su doctrina del conocimiento como recuerdo (anamnesis).
  2. En segundo lugar, la perdurabilidad del alma tras la muerte del cuerpo mediante el argumento de la simplicidad.

El conocimiento verdadero se refiere a lo que es “en sí” y no a lo que cambia o a la pluralidad de cosas que comparten una cualidad. Mediante la experiencia sensible no aprendemos nunca lo que es “en sí”, pero sí semejanzas y diferencias. La capacidad de conocer verdaderamente proviene de antes de tener cuerpo, es decir, del alma antes de encarnarse. A partir de las cosas sensibles, las reminiscencias que el alma tiene de antes de nacer nos permiten recordar la verdad de la que venimos. Conocer será, pues, hacer memoria de lo que el alma ya ha vivido antes de estar esclava de lo sensible, memoria que es purificación y liberación de las ataduras del deseo corporal.

4. La Sociedad platónica

Las tres necesidades fundamentales de un Estado son la económica, la defensa y el gobierno. Cada una de estas necesidades debe ser atendida por un tipo distinto de persona. Así habrá tres tipos de habitantes de la Polis platónica:

  • Productores: Se dedican a cubrir las necesidades básicas del Estado. Tienen propiedades que les sirven para vivir a la familia. Se distinguen como buenos productores los que llevan una vida moderada.
  • Guardianes: Deben defender al Estado; son profesionales con grandes aptitudes y, tras una fuerte selección, reciben una larga y costosa formación. No tienen ni propiedades ni familia.
  • Gobernantes: Serán escogidos de entre los mejores guardianes y recibirán una formación especial que los capacite para desempeñar correctamente las importantísimas tareas que se les encomiendan.

El Estado platónico se basa en dos ejes fundamentales:

  • Isomorfismo individuo-sociedad: Las partes del alma del individuo corresponden con las partes de la sociedad. De modo que la parte preponderante del alma determinará la preponderancia del grupo social. Esto a su vez determinará el tipo de gobierno de la Polis.
  • Principio de especialización funcional: Cada individuo realiza en la sociedad la función para la que por naturaleza está mejor dotado. La especialización aumenta la eficacia del conjunto y, a su vez, permite que la felicidad personal esté unida a la Justicia de la Polis.

5. El Mito de la caverna (República VII)

El “Mito de la Caverna” es, probablemente, el texto más comentado de la historia de la filosofía. Es lo que se dice un “clásico”. Un texto es clásico no por ser antiguo, sino por ser siempre actual. Así ocurre con la caverna. Ha sido leída y comentada por una infinidad de autores, casi desde el mismo Platón, que comienza interpretando él mismo los símbolos de la caverna.

El tema del “mito de la caverna”, en palabras del propio Platón, es la naturaleza humana en relación con la educación o a la falta de ella. Es decir, en el texto al menos podemos encontrar dos cuestiones fundamentales de la filosofía del autor:

  1. ¿Qué entiende por “naturaleza humana”?
  2. ¿Puede la educación cambiar la naturaleza?

Es importante, en cualquier caso, tener en cuenta que la educación se entiende en el texto destinada solo al grupo de los guardianes de la sociedad, tal como en otros libros anteriores expuso Platón. Del texto de Jaeger podemos sacar como primera conclusión que la educación para Platón es el factor esencial en la conformación de la estructura social; pero la educación que opera sobre esa diversa base natural de los talentos del alma de los ciudadanos. La ciudad quedará bien regida cuando todo el mundo ocupe su puesto natural y realice sus funciones propias. En ese momento en el que el cuerpo social alcanza su armonía se habrá realizado la Justicia, meta de la sociedad que Platón desea.

Podemos distinguir al menos cinco formas distintas de interpretar la alegoría de la caverna (llamamos alegoría a un relato simbólico en el que cada uno de los símbolos tiene un significado determinado y no otro):

  • Dimensión ontológica: Los símbolos serían el interior de la caverna (sombras proyectadas en la pared; objetos en el interior; luz del fuego) y el exterior de la caverna (sombras y reflejos en el agua; objetos y seres vivos en el exterior con luz de luna; sol). La interpretación sería: mundo sensible (reproducciones de objetos reales; objetos del mundo sensible) y mundo inteligible (entes matemáticos; objetos inteligibles (Ideas) y la Idea de Bien).
  • Dimensión epistemológica: Símbolos: visión en el interior de la caverna (identificación de sombras proyectadas; visión de objetos en el interior). Visión en el exterior de la caverna (visión de objetos reflejados en el exterior; identificación directa de objetos del exterior; el sol mismo). Interpretación: opinión (imaginación o conjetura; creencia) y ciencia (conocimiento discursivo matemático; saber, conocimiento dialéctico; intuición directa intelectual).
  • Dimensión antropológica: Los símbolos son: prisioneros; uno mismo como sombra; liberación de las cadenas; camino hacia el exterior; reconocimiento de uno mismo a la luz del sol; vida en el exterior. La interpretación respectiva: humanos que creen que las apariencias son lo único que existe; identificación del ser humano con el cuerpo; descubrimiento de la filosofía; tránsito de la ignorancia al saber; identificación del ser humano con el alma; logro de una vida humana plena.
  • Dimensión ético-política: Símbolos: liberación del prisionero y salida al exterior; contemplación de las cosas en el exterior; regreso al interior de la caverna; asesinato del preso liberado y retornado. Interpretación: camino hacia la virtud y preparación del nuevo gobernante; conocimiento del significado de las virtudes morales y capacitación para gobernar; compromiso de ayudar a los demás guiándolos a una vida mejor; condena y ejecución de Sócrates, expresión del pesimismo respecto de la posibilidad de cambiar la polis mal gobernada.
  • Dimensión mística-espiritual: Interior de la caverna, sombras y cadenas; dificultad de la escarpada salida; exterior de la caverna de noche y visión del sol; regreso a la caverna. Interpretación: apego a las pasiones y deseos que impiden desarrollar el espíritu; esclavitud de los apetitos y el mundo; disciplina ascética de ascenso a la vida espiritual (mortificación y superación); visión nocturna del alma (noche oscura) y unión mística (sol); compromiso con los demás (vuelta a la caverna).