La Idea de Filosofía
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Idea de Filosofía: Hay tres tipos de actividades en la filosofía: la necesaria para plantear las cuestiones últimas, definitivas e inevitables; la actividad fundamental o radical (que va a la raíz del sentido de la existencia y del ser) y la actividad global, el saber del «todo» de lo real en su conjunto. Se trata de un saber del universo, teórico, racional, comunicable y crítico, que no da nada por supuesto pero que tiene que ser integral, porque solo el saber del todo permite esa orientación necesaria para el vivir racional.
Crítica del Realismo e Idealismo
El realismo afirma la existencia del objeto como algo dado, constituido al margen y con independencia del sujeto. Existe el «ser en sí» independiente del sujeto que conoce, y eso es precisamente la sustancia, caracterizada por su «ser en sí». El núcleo de la sustancia es lo permanente, lo idéntico a ella misma. Esta es una visión parmenídea, en la que la unidad, identidad y estabilidad son los rasgos característicos y cuyos modelos son «el ser» uno e inmóvil de Parménides, las Ideas de Platón y la sustancia de Aristóteles. Desde esta concepción, el ser humano es otro objeto más que está ahí, dado, y que se puede estudiar con objetividad.
El Idealismo, al contrario, afirma la existencia del sujeto, la conciencia, como la única realidad. Existe el «ser para sí». El Idealismo es el descubrimiento de la subjetividad. El sujeto pone el objeto, lo funda, es activo; de alguna manera lo crea. Para el Racionalismo «todo lo racional es real», pero para el Idealismo «solo lo racional es real». El Racionalismo busca cuánta verdad hay en la idea, mientras que el Idealismo, por otra parte, afirma que la única verdad es la idea.
El Perspectivismo
Más allá del realismo e idealismo, Ortega propone el perspectivismo. Conocemos desde una perspectiva y posición particular. Nuestro conocimiento depende del sujeto, que es subjetivo y parcial, y no un conocimiento de «lo real en sí»; y aunque sea parcial, es un conocimiento objetivo del objeto. Precisamente porque el objeto tiene su propia consistencia, es visto desde una perspectiva solo en parte.
Significado del Perspectivismo
- Conocemos desde una perspectiva o posición determinada, que es subjetiva. La perspectiva puede ser espacial, temporal, histórica, personal… La perspectiva impone condición, posibilidades, limitación y relatividad del conocimiento.
- Lo conocido es «perspectiva», conocimiento subjetivo y parcial porque conocemos según nosotros, según nuestras estructuras subjetivas cognoscitivas a priori (Ortega admite el apriorismo kantiano) y conocemos, además, desde una perspectiva, parcialmente.
- Nuestro conocimiento es subjetivo, relativo y parcial. Esto supone oponerse al absolutismo dogmático: la pretensión de que conocemos la verdad absoluta, en sí, independiente de nuestra subjetividad y de que nuestro conocimiento de la verdad es la verdad objetiva, absoluta y universal.
- Oposición al relativismo disolvente: Se opone también a la afirmación de que toda la verdad es relativa, de que cada uno tiene su verdad y que no cabe una verdad objetiva ni superior a la verdad subjetiva de cada uno. En ese caso, no habría verdad, sino una mera opinión; ninguna opción sería propiamente verdadera y ninguna sería superior a otra.
Cada perspectiva debe corregirse, completarse y superarse en la integración de diferentes perspectivas, en una visión superior que comprenda, integre, asuma y supere las diferentes perspectivas. Cabe, entonces, una visión superior para todas las perspectivas.
Teoría de las Circunstancias
Si no es suficiente orientar nuestros objetivos partiendo de la razón porque los eventos del mundo y de la historia escapan a un orden ideal, se hace necesario volver la vista a lo concreto: las circunstancias. Tener en cuenta las circunstancias es una necesidad y un impulso porque el ser humano rinde al máximo de su capacidad cuando adquiere la plena conciencia de sus circunstancias.
Hemos de buscar para nuestra circunstancia, tal como es ella, precisamente lo que tiene de limitación, de peculiaridad, el lugar acertado en la inmensa perspectiva del mundo. Asumir las circunstancias es el destino concreto del ser humano. Es por eso que dice: «Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo a mí». El circunstancialismo ha conducido a Ortega no solo a superar el racionalismo, sino también a defender el primado de la vida (como en su antropología).
El Hombre como Ser Histórico
«Yo soy yo y mis circunstancias». La circunstancia no es el medio exterior, sino la condición más allá de mí que me configura: circunstancia material, objetiva, social e histórica. Es mundo, condición, posibilidad, límite y objeto de mi acción y mi expresión, donde se realiza mi libertad, mi proyecto, donde me hago y me defino.
«El hombre no tiene naturaleza, sino historia»: O lo que es lo mismo, el hombre es un ser que se hace y tiene que hacerse a sí mismo, como individuo y como especie. No tiene una esencia o una naturaleza definida, sino que es un ser inacabado, con constituciones y posibilidades genéticas, un pasado, unas condiciones históricas y un montón de opciones a decidir para realizarse y definirse. El hombre es «existir», se define por la libertad, la acción y el trabajo.
La Razón Vital
¿Cuál es el instrumento de la vida? La razón vital; ni racionalismo ni irracionalismo. La vida humana en su relación activa con el mundo no es ciega, sino racional. La razón es un medio de la vida y de la acción. Es la necesaria comprensión de la realidad objetiva para que la acción sea posible: orientada, efectiva, no irracional.
Pero la razón no es mera facultad de adaptación y orientación para la acción, para el quehacer vital. De ahí que su objetivo no sea la verdad como tal, sino aquello que tiene interés y cumple funciones para nuestro sistema de adaptación o de instalación dinámica en la realidad.
Raciovitalismo: La Realidad Radical
La realidad radical es la vida, y esta es quehacer en el mundo, donde mundo y ser humano no son cosas definidas al margen de su relación, sino donde ambos son y se gestan en su relación e interdependencia. El desarrollo, el dinamismo y la historia de esa totalidad que forman es la auténtica realidad; es la vida y la verdad del ser humano.
Nuestra vida no es una cosa, no es naturaleza. En efecto, las cosas son algo con lo que nos encontramos, algo ya hecho y terminado para siempre. Una piedra cae siempre de la misma forma según las leyes insertas en su naturaleza. Pero la vida humana no es así, no es fija o invariable. Hasta tal punto que las pautas de los seres humanos varían profundamente de unos seres a otros.
Podemos pensar, por poner un ejemplo, en las enormes diferencias entre un cazador del Paleolítico, un señor feudal medieval y un burgués del siglo XIX. El modelo físico-químico biológico de la ciencia no es útil para descubrir la realidad humana, porque esas ciencias tratan con cosas, con naturalezas fijas, y «el ser humano no tiene naturaleza, sino que tiene historia».
La vida humana no está hecha ya, sino que somos nosotros quienes tenemos que hacernos en cada momento continuamente. «La vida humana es un quehacer», y tenemos que realizar un proyecto que cada ser humano se dará a sí mismo. Cuando el ser humano asume su destino, la vida propia es auténtica, y lo será más o menos en función del grado en el que lo asuma.