El Método Cartesiano: Las Cuatro Reglas del Conocimiento
La idea principal de este texto de la segunda parte del “Discurso del Método” de René Descartes es el método cartesiano y sus cuatro reglas. Recordemos que Descartes piensa que, al igual que un Estado es mejor regido con pocas normas que se cumplan bien antes de que tenga muchas a las que no se les haga caso, del mismo modo será suficiente un método con pocas reglas estrictamente cumplidas.
Las Reglas del Método
- La Evidencia: Es la más importante de todas. Consiste en que no puede haber ninguna duda en el punto de partida de un problema matemático, filosófico o de cualquier orden. Teniendo en cuenta que la evidencia es una propiedad de las ideas y no de las cosas, posee dos propiedades: la claridad y la distinción. Una idea es clara cuando se diferencia de las demás ideas, y es distinta cuando entre sus partes no hay confusión. Finalmente, hay que evitar la precipitación y la prevención antes de decir que algo es evidente.
- El Análisis: Consiste en dividir el problema en tantas partes como sea posible. Cada una de las partes se llaman naturalezas simples y se conocen por intuición.
- La Síntesis: Consiste en unir las partes mediante deducciones para lograr el resultado final.
- La Comprobación (Revisión): La última regla consiste en revisar todo el proceso por si hay algún error.
Esta idea principal se articula y argumenta a partir de las siguientes ideas secundarias de nuestro texto, que son como dos conclusiones del método:
Unidad del Saber y Alcance del Conocimiento
- La unidad del saber y de la razón: En primer lugar, entre las líneas 14 y 17, nos aparece la idea de la unidad del saber y de la razón. Lo que quiere decir que para Descartes es la misma razón humana la que se dedica a las matemáticas y a la filosofía; y que, al igual que nos ponemos de acuerdo en matemáticas, también nos podemos poner de acuerdo en filosofía y superar la división de las ideas.
- La ausencia de misterios: En segundo lugar, la siguiente idea secundaria se encuentra a partir de la línea 17 y hasta el final, cuando dice que todo puede ser conocido con ideas claras y distintas; es decir, que no hay misterios, que el conocimiento humano puede llegar a solucionar todas las dudas siguiendo estrictamente el método propuesto.
Finalmente, el problema filosófico fundamental del texto es el problema epistemológico. Descartes, con su método, propone alcanzar uno de los grandes objetivos del conocimiento humano, esto es, alcanzar la certeza, la evidencia y resolver todas las dudas. Estar seguros de que nuestras ideas sobre el mundo se corresponden con la realidad del mundo, superando el escepticismo.
La Necesidad del Método y la Inspiración Matemática
Como hemos dicho en la cuestión anterior, la idea principal es el método cartesiano y sus cuatro reglas. Esto nos lleva a profundizar en por qué Descartes necesita y propone un método. El punto de partida cartesiano es la constatación de la división de las ideas en filosofía, mientras que en matemáticas nos ponemos inmediatamente de acuerdo.
En una idea secundaria nos aparece la unidad del saber y la razón; esto es la convicción de que todas las cosas del conocimiento humano se entrelazan de igual forma y, por consiguiente, es la misma razón humana la que se ocupa de las matemáticas y de la filosofía. Para lograr la reconciliación de la humanidad por el pensamiento, Descartes necesita un método que se inspira en las matemáticas porque es un saber en el que nos ponemos de acuerdo fácilmente. Su otra fuente de inspiración es la lógica clásica aristotélica por el uso de la deducción, aunque señala que esta lógica tiene limitaciones.
De la Duda Metódica a la Existencia de Dios
Otra idea secundaria nos habla de que todo puede ser conocido con ideas claras y distintas; es decir, que el objetivo de la duda no es el escepticismo, sino la certeza y la evidencia. Al aplicar el método a la filosofía, tras los magníficos resultados obtenidos en matemáticas, comienza dudando —como método— de todo para ver si encuentra algo de lo que no pueda dudar, es decir, para alcanzar la evidencia (1ª regla del método).
En el proceso de duda encuentra que para dudar hace falta existir; es decir, que existe como ser que duda, que tiene mente o pensamiento para poder dudar. De esta forma obtiene su primera verdad: “Pienso, luego existo” (Cogito ergo sum), que constituye un fundamento firme para construir todos los conocimientos. Pero cuidado, porque solo ha demostrado que tiene mente; no ha demostrado todavía que tiene cuerpo, cerebro o manos, ni que exista la realidad exterior, porque ha dudado por la indistinción entre vigilia y sueño.
Para resolver el problema de la realidad tiene que partir del pensamiento y de las ideas de la mente. Este análisis le llevará a demostrar la existencia de Dios a través de la idea innata de perfección. Dios, que es bueno y veraz, y no un genio maligno engañador, le garantiza la existencia del mundo.
Comparativa Epistemológica: Descartes frente a la Filosofía Antigua
Ya hemos dicho en la primera cuestión que el problema epistemológico es la cuestión que trata de abordar el texto. Primero, vamos a ver cómo se ha pensado y concretado el problema en la época antigua griega, con su identidad y diferencia con relación a la filosofía moderna cartesiana.
El Giro Epistemológico Moderno
La principal diferencia epistemológica reside en el enfoque de estudio: mientras que la filosofía antigua se centra en el objeto, en el ser y en la ontología; la filosofía moderna se centra en la capacidad de conocer del sujeto. En la modernidad se produce un giro epistemológico de la filosofía. Si podemos resumir en una palabra la filosofía moderna, esta es la palabra “sujeto”. Descartes la inaugura con la importancia del “sujeto que piensa”. Posteriormente, Kant, con su giro copernicano del conocimiento, dejará claro que las cosas son siempre cosas para un sujeto.
Sin embargo, hay una gran semejanza en la importancia que le dan a la razón en ambos periodos de la historia y el objetivo de alcanzar un saber universal y no relativista. Pero en la modernidad, cuando surge el empirismo, el papel de la razón deja paso a los datos de los sentidos y de la experiencia como fundamentos del conocimiento.
Descartes y Platón: Semejanzas y Diferencias
Ahora vamos a comparar a Descartes con Platón en relación con el problema del conocimiento:
- Desconfianza de los sentidos: En primer lugar, ambos coinciden en su desconfianza del papel de los sentidos porque estos nos engañan. En el Mito de la Caverna de Platón, las imágenes que vemos son solo sombras de la realidad; el mundo sensible es cambiante e imperfecto. Descartes, en sus Meditaciones Metafísicas, utiliza la duda metódica para descartar todo lo que provenga de los sentidos, argumentando que si un sentido me engañó una vez, no puedo descartar que me engañe siempre.
- Ideas Innatas: En segundo lugar, con relación a las ideas innatas, hay una gran semejanza epistemológica. Ambos creen que el conocimiento verdadero no se «aprende» del exterior, sino que ya está en nosotros. En su teoría de la Reminiscencia, Platón nos dice que conocer es recordar (anámnesis). El alma ya vio las verdades en el Mundo de las Ideas y las olvidó al nacer. Asimismo, Descartes dice que Dios ha puesto en nuestra mente ciertas ideas, como la idea de infinito o de perfección, desde nuestro nacimiento. No las extraemos de la experiencia, sino de la propia razón.
- Las Matemáticas como Modelo: En tercer lugar, las matemáticas son modelo de conocimiento para ambos. En la Academia de Platón se leía: «Que no entre nadie que no sepa geometría». Descartes, como matemático (creador de las coordenadas cartesianas), buscó que la filosofía tuviera el mismo método deductivo y la misma certeza que la geometría.
Finalmente, la gran diferencia entre ambos reside en el “Yo”. Mientras que para Platón la verdad está “allá afuera”, en el Mundo de las Ideas; para Descartes la verdad parte de “aquí adentro”, de la mente y pensamiento del sujeto. El famoso “Pienso, luego existo” sitúa la base de la verdad en la conciencia del individuo, marcando el inicio oficial de la subjetividad moderna.