3. LA AFIRMACIÓN DE LA VIDA: VITALISMO. LO APOLÍNEO Y LO DIONISÍACO.
Nietzsche considera que la vida es fundamentalmente irracional y cruel. La vida no atiende a razones, ni tampoco se reduce a ellas. Nietzsche perfiló los grandes rasgos que definen su vitalismo:
1. Afirmación incondicional de la vida. Asume como bueno y necesario todo aquello que la vida tiene de excepcionalmente gozoso y salvaje. Aquí reside su defensa de la integración de los apolíneo y lo dionisíaco.
2. Desenmascaramiento de la cultura occidental. Critica a quienes pretenden corregir, entender o aniquilar la vida con valores sobrenaturales. Esta crítica contra cualquier construcción filosófica y religiosa será la base de su “filosofía del martillo”.
3. Exaltación de individualidad avasalladora. Este pensador promete una existencia plena a quien se atreva a afirmar la vida en toda su riqueza y contradicción. Estas personas son seres superiores, pues cuentan con la capacidad de crear nuevos valores.
Schopenhauer, afirmó que la fuerza impulsora de la vida no es la razón ni la inteligencia, sino una voluntad ciega. Nietzsche siguió esta idea y defendíó la importancia de los aspectos irracionales de la vida individual y las expresiones artísticas, en contraposición a la razón y el positivismo científico.
Apolo era el Dios de la música y las artes, símbolo de la luz, la
armónía, el orden. En cambio, Dionisio era venerado como el Dios del vino, la fiesta, el desenfreno y la uníón extática. Apolo se relacionaba con el orden y la medida, mientras
que Dionisio era símbolo del exceso y la embriaguez, de la vida en su vertiente instintiva.
Aunque consideramos a la Grecia clásica como un símbolo de la razón, la medida y el orden, Nietzsche defiende el arte trágico es una valiente y sublime aceptación de la vida, un sí a la vida, a pesar del dolor que ésta comporta.
Nietzsche sostuvo que lo apolíneo y lo dionisíaco se deben aceptar por igual para vivir de forma completa. Asumir estos dos principios o actitudes supone la aceptación de la vida en su irracionalidad y su potencia.
4. LA “FILOSOFÍA DEL MARTILLO”
Se ha entendido por “filosofía del martillo” al desenmascaramiento de la cultura occidental como una traición a todo lo trágico y dionisíaco que encierra la vida.
4.1. CRÍTICA A LA METAFÍSICA.
Nietzsche acusa a la filosofía de haber inventado la ficción de un “mundo verdadero”. Este mundo explica y supera el “mundo de las apariencias” en el que vivimos.
Los argumentos en los que se apoyan los filósofos para calificar
nuestro mundo como aparente son las demostraciones de que éste existe. Pero no hay pruebas que demuestren la existencia de una realidad sobrenatural o trascendente. La división entre mundo aparente y mundo verdadero es rastreable del pensamiento desde que Platón expuso su teoría
de las ideas hasta Hegel y su idealismo trascendental.
En El Crepúsculo de los Ídolos propone la muerte de Dios. La expresión Dios ha muerto es la gran metáfora que
expresa la muerte de las verdades absolutas y de las ideas inmutables, es decir, la muerte de los ideales que han guiado la vida humana desde Platón hasta este momento de la historia. Dios representaba todo aquello que es suprasensible: el mundo
de las ideas de Platón, todos los idealismos, todas las grandes creencias o verdades. Nos dice Nietzsche, todo eso está muerto: los ideales ya no impulsan las vidas de las personas. Con la muerte de Dios se desmorona nuestra civilización, ya que todos los valores de ésta se fundamentan en la creencia de que el
sentido del mundo está fuera del mundo.
4.2. CRÍTICA A LA TEORÍA DEL CONOCIMIENTO.
Nietzsche considera el conocimiento como
un fenómeno fundamentalmente ligado a la negación de la vida a lo largo de la historia.
Para nuestro autor, el conocimiento ha de basarse en
estas tres ideas:
– Relativismo: no hay verdades eternas, sino que todo es relativo a una determinada perspectiva. Afirmar lo contrario equivaldría a cometer dos errores típicos de cualquier filósofo. Quien opine que este tipo de relativismo es insostenible, olvida que la vida, en tanto que dionisíaca y apolínea, tiene mucho de irracional.
– Vitalismo: verdadero es aquello que empuja a vivir, a expandirse, a afirmarse. El valor de un conocimiento se mide por su grado de afirmación de la propia vida. Un conocimiento es nocivo en el mismo momento en que condena la vida y reduce su complejidad a razones, pretendiendo dominarla.
– Esteticismo: La poesía y la música se acercan, mejor que ninguna otra forma de expresión, a lo trágico que define y gobierna la vida. Sin embargo, esto le costó severas críticas desde los círculos académicos.
El lenguaje tiene una importancia en la crítica de Nietzsche al conocimiento. A través de las metáforas, el individuo expresa intuiciones de las cosas individuales y cambiantes. Los conceptos jamás expresan lo que las cosas son
verdaderamente, porque unifican y suprimen las diferencias individuales. Según Nietzsche, los conceptos “momifican” la realidad. Para él, las generalizaciones conceptuales se
alejan de la experiencia singular e individual que reflejan las metáforas.
Afirma que no existen hechos, sino interpretaciones. En su teoría del conocimiento, Nietzsche se proclama heredero de Heráclito.
El lenguaje poético y metafórico capta y aprovecha mejor que ningún otro el carácter dinámico y relativo del conocimiento humano.
4.3. LA TRANSMUTACIÓN DE VALORES: CRÍTICA A LA MORAL.
Nuestro autor se revuelve contra la idea de que “bueno” signifique “no-egoísta”. La historia desmiente tal afirmación. Sólo los poderosos, los nobles y los aristócratas, en su superioridad, decidían qué significaba “bueno”.
Nietzsche enuncia aquí su distinción entre la moral de los señores y la moral de los esclavos.
-MORAL DE SEÑORES.
La moral de los señores se basa en la afirmación de uno mismo. La afirmación de sí mismo,
ligada al propio poder, salud y fuerza, es valiente, atrevida, jubilosa y llena de satisfacción.
Aquel que es capaz de actuar por sí mismo creando sus propios valores, se encuentra en una situación de superioridad.
La moral de los señores se caracteriza por no necesitar algo externo ni opuesto a ella misma para obrar: actúa tomándose a sí misma como único punto de referencia. Es positiva, espontánea y proactiva, libre en grado sumo, fuerte y del todo individualista.
Nietzsche reconoce que esta moral de señores necesariamente desprecia y mira por encima del hombro a todos aquellos que se encuentren en una situación de inferioridad. A diferencia de los esclavos, los nobles no necesitan engañarse sobre sí mismos ni sobre los demás. Crean sus propios valores y determinan lo que es bueno y lo que es malo. Las carácterísticas de la moral de los señores son: lo bueno se identifica con lo noble y poderoso;
exalta al individuo; la voluntad crea valores mudables, y; afirma la vida.
– MORAL DE ESCLAVOS.
La moral de los esclavos se basa en la negación de uno mismo. Nace de la aplicación a uno mismo de los juicios y valores de otras personas. La persona entonces se odia a sí misma por no estar a la altura de lo trágico, es decir, de la vida en toda su riqueza y contradicción. Esta incapacidad provoca resentimiento por no ser capaz de crear una valoración alternativa.
El resentimiento es el sentimiento más carácterístico de la moral de los esclavos: resentimiento ante uno mismo, resentimiento ante la vida, resentimiento ante los fuertes. Esto provoca el deseo de venganza. El esclavo, el débil, quiere vengarse de la vida y de los fuertes. Para ello, predica valores que conllevan su completa negación y aniquilación: la humildad, la modestia, la protección de los más débiles, la victoria definitiva de los pobres y desheredados de la tierra, el amor al prójimo, el desinterés, el sacrificio…
La moral de los esclavos es una forma de controlar a los fuertes que se caracteriza por
nacer del resentimiento, alimentar el deseo de venganza y ser un veneno que echa a perder
todo lo que la vida tiene de bello.
Por esto, la muerte de Dios es una de las tesis centrales del pensamiento nietzscheano. De
este modo, tanto la metafísica como la moral se quedaban sin fundamento en Occidente,
abriendo las puertas al Nihilismo, entendido de manera trágica, porque supone la ausencia de valores y de referentes, pero también de un modo esperanzador y activo, porque permitirá la creación y la afirmación de la vida.
5. VOLUNTAD DE PODER, ETERNO RETORNO Y SUPERHOMBRE.
Realiza grandes propuestas: la afirmación de la voluntad de
poder, el eterno retorno de lo mismo y el superhombre (o ultrahombre). Las tres conllevan
una nueva visión del mundo y del ser humano.
-La voluntad de poder.
A nivel individual, la voluntad de poder consiste en una afirmación de uno mismo transformadora, que guía nuestros deseos para darles satisfacción.
Transforma y perfecciona el mundo, creando nuevos valores; en ese sentido, es
profundamente artística.
Es como una fuerza que gobierna, forma y deforma a placer la realidad y el mundo. Es una fuerza del todo ciega que sólo atiende a sí misma y a su pura conservación y expansión. Sólo los artistas, los creadores y las personalidades avasalladoras viven de acuerdo con ella.
La exaltación de la voluntad de poder significa que la voluntad y la libertad creadora son
anteriores y superiores a la razón. La razón debe estar siempre gobernada por la voluntad.
Según Nietzsche, la voluntad de poder crea los valores, la verdad y el bien, pero no debe
quedar sujeta a ellos. Tiene un constante afán de superación: es capaz de destruir los valores creados y determinar otros nuevos.
– El eterno retorno de lo mismo.
Con el eterno retorno de lo mismo, Nietzsche afirma que cada instante y cada acción son eternos: se repiten eternamente, o eternamente regresan sobre sí mismos. La realidad es, cíclica, y sólo aquellas personas que tienen la fuerza suficiente para aceptar este hecho terrible, logran imponerse sin ningún tipo de remordimientos.
Todo aquello que acontece, por pequeño y nimio que parezca, volverá a ser tal y como ha sido. La historia vuelve sobre sí misma y se repite.
Esto perfila consecuencias prácticas. En primer lugar, inspira una cierta contemplación y aceptación del mundo. Todo lo bueno y lo malo que pasa, volverá a pasar. Conviene valorar su acontecer hasta el punto de llegar a amarlo. Esta aceptación radical de cuanto ocurre por el mero hecho de que ocurre y volverá a ocurrir es el amor fati (amor al destino). Por otro lado, la doctrina del eterno retorno y la doctrina de la voluntad de poder se
compenetran y afirman la moral de los señores. Cada uno debe esforzarse por alcanzar la excelencia y la máxima expansión, con independencia de todo lo demás.
– El superhombre.
Nietzsche describe las tres transformaciones del hombre hasta llegar al superhombre. Para ello, se sirve de tres metáforas:
– Camello: es el animal cuyas jorobas soportan pesadas cargas; representa al hombre capaz de soportar el peso de la ley moral. Su ley de vida es el “tú debes”. Sin embargo, el camello se transformará en león.
– León: representa al hombre cuando se rebela contra cualquier tipo de imposición, cuando
se deshace de cargas opresoras y antinaturales luchando contra su último Dios: la moral y los valores. Es la etapa más destructiva y liberadora, la del “yo quiero”. Tras esta fase, el león se convertirá en niño.
– Niño: es el espíritu reconciliado con la vida, la voluntad creadora y espontánea, la libertad
verdadera. Es la afirmación incondicional de la vida y la creación de nuevos valores, ya que
el niño representa la existencia como aventura y juego. Es el natural y sincero decir sí a la
vida. Este es el estadio del superhombre.
El superhombre es inocencia y olvido, pues se libera de la moral tradicional y de los deberes impuestos para iniciar un nuevo camino sin resentimiento. Es también juego y creación, actuando como su propio origen para inventar valores propios desde una autonomía absoluta. Finalmente, representa la afirmación incondicional, abrazando el amor fati y la vida terrenal como un ciclo eterno que merece ser amado tal como es.
Tanto la voluntad de poder como el eterno retorno de lo mismo y el superhombre consagran
la ética propia del artista y, en general, de la creación artística.