La Transición Española (1975-1982)
La Transición española es el proceso histórico comprendido entre la muerte de Francisco Franco el 20 de noviembre de 1975 y la victoria electoral del PSOE en 1982. Tras la desaparición del dictador, España afrontó una gran incertidumbre con tres alternativas políticas: el inmovilismo del “búnker”, el reformismo liderado por Torcuato Fernández-Miranda (cambio “de la ley a la ley”) y la ruptura democrática defendida por la oposición. Finalmente, se impuso una vía intermedia basada en el consenso entre franquistas reformistas, la monarquía y la oposición.
Tras la muerte de Franco, Juan Carlos I asumió la Jefatura del Estado. En 1976 sustituyó a Carlos Arias Navarro por Adolfo Suárez, quien impulsó la Ley para la Reforma Política, aprobada en referéndum, que permitió desmontar el franquismo desde dentro. En 1977 se legalizaron los partidos (incluido el PCE) y se produjo la disolución del Movimiento Nacional. Ese mismo año se celebraron las primeras elecciones democráticas, ganadas por la UCD, seguidas del PSOE de Felipe González, Alianza Popular y el PCE, además de nacionalistas como el Partido Nacionalista Vasco y Esquerra Republicana de Catalunya.
El nuevo gobierno afrontó una grave crisis económica (inflación, paro y conflictividad). Para estabilizar la situación se firmaron los Pactos de la Moncloa, con medidas como la contención salarial, reforma fiscal e inversiones públicas. También se aprobó la Ley de Amnistía, que incluía delitos de sangre y protegía a responsables franquistas, y se avanzó en el Estado de las Autonomías (restauración de la Generalitat y régimen preautonómico vasco). El proceso culminó con la Constitución española de 1978, que estableció un sistema democrático parlamentario.
La Transición enfrentó importantes dificultades y resistencias: la violencia terrorista de ETA y los GRAPO, acciones de extrema derecha y presión nacionalista. Hubo también intentos golpistas, como la Operación Galaxia y el fallido Golpe de Estado del 23-F liderado por Antonio Tejero, que fracasó tras la intervención del rey en defensa de la democracia.
Tras la dimisión de Suárez en 1981, Leopoldo Calvo-Sotelo asumió la presidencia, aprobando la Ley del Divorcio y la entrada en la OTAN (1982). Ante la crisis de la UCD, el PSOE ganó por mayoría absoluta en 1982, marcando el fin de la Transición y la consolidación democrática.
En conjunto, pese a los obstáculos, se lograron avances clave: la implantación de un sistema democrático, la ampliación de derechos (fin de la censura y pena de muerte), la superación del aislamiento internacional, la reconversión industrial y el desarrollo del Estado del bienestar, reforzado posteriormente con la entrada en la Comunidad Económica Europea en 1986.
La Constitución Española de 1978
La Constitución española de 1978 fue elaborada por las Cortes surgidas de las elecciones de 1977 y constituyó el resultado del consenso entre las principales fuerzas políticas. Para su redacción se creó una Ponencia Constitucional con representantes de los partidos más relevantes: tres de la UCD (Cisneros, Pérez Llorca y Herrero de Miñón) y uno por partido: Gregorio Peces-Barba (PSOE), Jordi Solé Tura (PCE), Manuel Fraga (AP) y Miquel Roca (Convergencia). Tras su aprobación en Cortes (con la abstención del Partido Nacionalista Vasco), fue ratificada en referéndum el 6 de diciembre de 1978 por el 88% de los votantes.
Rasgos fundamentales y estructura
- Extensión moderada: Remite a leyes orgánicas.
- Vocación de estabilidad: Procedimiento complejo de reforma.
- Definición del Estado: Estado social y democrático de derecho, monarquía parlamentaria.
- División de poderes: Legislativo (Cortes bicamerales), Ejecutivo (Gobierno) y Judicial (jueces independientes).
La Constitución reconoce amplios derechos y libertades: individuales (libertad, igualdad, propiedad) y sociales (educación, trabajo, vivienda). Declara la aconfesionalidad del Estado y garantiza la libertad religiosa. Además, se crean el Tribunal Constitucional y el Defensor del Pueblo.
El Estado de las Autonomías
El Estado de las Autonomías, regulado en el Título VIII, establece un modelo de descentralización política. Se diferencian dos vías:
- Vía rápida (art. 151): Para las nacionalidades históricas (Cataluña, País Vasco, Galicia y posteriormente Andalucía).
- Vía lenta (art. 143): Para el resto de territorios.
En 1983 quedó configurado el mapa con 17 comunidades autónomas y 2 ciudades autónomas (Ceuta y Melilla), convirtiendo a España en uno de los Estados más descentralizados de Europa.
La Restauración Borbónica (1874-1902)
Tras el golpe de Estado del general Manuel Pavía y el manifiesto de Alfonso XII en Sandhurst (1874), se instauró en España un sistema de monarquía liberal y constitucional, diseñado por Antonio Cánovas del Castillo. El sistema se sustentaba en cuatro pilares: la Corona, las Cortes, la Constitución y el turnismo político entre conservadores y liberales.
La Constitución de 1876 establecía la soberanía compartida entre el rey y las Cortes. El sistema político se basaba en el turno pacífico de partidos, pero las elecciones se manipulaban mediante encasillado, pucherazo y caciquismo, convirtiendo el sistema en un régimen oligárquico.
La Crisis de 1898
A finales del siglo XIX, el imperio español perdió sus últimas colonias: Cuba, Puerto Rico y Filipinas. La guerra contra Estados Unidos, detonada por la explosión del USS Maine, evidenció la debilidad militar española. El Tratado de París supuso la pérdida definitiva de los territorios ultramarinos.
El Desastre del 98 provocó una profunda crisis en el sistema de la Restauración y dio lugar al Regeneracionismo de Joaquín Costa, que denunciaba el caciquismo y proponía la modernización de España bajo el lema “escuela y despensa”.