1.1. El Modernismo: definición y características
A finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, se producen cambios que provocan que la sociedad entre en crisis (desastre del 98, tensiones entre burguesía y obreros…). Surge así la figura del intelectual como persona que conoce y detecta la crisis y asume un papel ante ella: intentar encontrar soluciones. Estos intelectuales intentan influir culturalmente en el país.
El término Modernismo surgió en principio como una denominación despectiva para designar la renovación estética, rebelde e inconformista que se produjo en todo el movimiento literario. Literaria y estéticamente, supone una reacción contra el excesivo sentimentalismo y descuido formal al que el Romanticismo había llegado, al que sin embargo le une la propia esencia, ya que, en lo que supone de egocentrismo, el Modernismo es romántico: como el héroe romántico, el artista modernista se siente el centro del universo.
Precisamente por ello, es un ser solitario y marginado que se automargina, pues no le interesa el contacto con ese mundo materialista burgués al que desprecia. De ahí la relación de los modernistas con la bohemia. El Modernismo recoge elementos de otras corrientes literarias:
- Parnasianismo: la idea de “el arte por el arte”, es decir, el culto absoluto a la perfección formal.
- Simbolismo: quieren dotar a las palabras de un fuerte valor a través de la sinestesia y el símbolo.
- Decadentismo: reivindican el encanto de lo prohibido, lo escandaloso y lo ruinoso.
Socialmente, se liga a los bajos fondos de las ciudades (sobre todo París, la gran metrópoli modernista), al recorrido nocturno por prostíbulos y tabernas, y al consumo de alcohol y drogas, siempre como un modo de reacción ante el mundo burgués.
Origen y fases del Modernismo
El Modernismo literario tiene su cuna en Hispanoamérica, de la mano de Rubén Darío y José Martí. Cronológicamente, se distinguen dos fases del Modernismo español: el Modernismo militante y el Modernismo asimilado. La primera comenzaría con la llegada a España de Rubén Darío y se extendería hasta 1904, cuando el Modernismo conoce su época de esplendor, los autores pasan a ocupar un lugar central en el mercado editorial, atenúan su actitud provocadora y son integrados socialmente.
Rasgos estilísticos
Estilísticamente, el Modernismo se caracteriza por:
- Uso de un lenguaje poético muy cuidado e inmensamente renovador que busca potenciar los valores sensoriales de la palabra.
- La búsqueda de la brillantez lingüística por medio de la creación de neologismos, la asimilación de palabras extranjeras y el empleo de vocablos cultos.
- La renovación y el enriquecimiento métricos: se introducen versos más largos, como los dodecasílabos y alejandrinos.
Rasgos generales de la literatura de principios de siglo
Debido a su desprecio por las convenciones del momento, desde la peculiaridad de su atuendo hasta su frecuente radicalismo político, el artista manifestaba su deseo de provocar. Se sentía al margen de la sociedad, rebelde, y protestaba contra el orden burgués. Los modernistas vuelven también sus ojos al pasado medieval o a la Grecia clásica. Este primitivismo los lleva a revalorizar lo antiguo y lo intemporal, no como una recuperación histórica, sino deseando encontrar la verdad en lo imperecedero.
El gusto por refugiarse en un pasado casi siempre decadente se advierte en las ciudades muertas, sean Brujas o Venecia, que manifiestan tanto la conciencia de decadencia como la fascinación por la idea de la muerte. El decadentismo es otro rasgo muy significativo: el gusto por la muerte y las ruinas. Esa impresión de decadencia es un síntoma del mal del siglo. Se extiende una sensación general de hastío vital, pesimismo, descontento, desconfianza en los gobernantes y desánimo, marcando el enfrentamiento entre intelectualismo y vitalismo.
Al lado de la angustia, el dolor y la muerte, es muy frecuente en la literatura modernista el erotismo, expresión máxima del vitalismo. El amor puede ser apacible, pero también una sensualidad desbordada, sumada a la atracción hacia lo marginal.
El gusto por lo exótico se busca en las civilizaciones asiáticas, en el mundo musulmán y en las antiguas culturas. Ese deseo está en la base del cosmopolitismo. Es común el gusto por los viajes y por conocer gentes y lugares distintos; la meca de estos artistas es París. La insatisfacción con el mundo es la causa de la angustia existencial que lleva a estos escritores al espiritualismo torturado (como Unamuno), a la identificación de Dios con la Naturaleza (el panteísmo de Juan Ramón Jiménez) y a la curiosa afición de Valle-Inclán por las doctrinas esotéricas.
Este anhelo de trascendencia conduce a una nueva estética en la que se exalta la Belleza como ideal prioritario. El arte transporta a los seres al terreno de lo ideal. El esteticismo es, así, un culto casi religioso a la Belleza. La poesía se considera el arte supremo, capaz de reunir mediante la palabra la capacidad y riqueza expresiva del resto de las artes. Con este sincretismo, el poeta pretende integrar en sus textos la pintura, la escultura y la música.