Historia y corrientes de la lírica española entre 1940 y 1960

Contexto histórico y cultural de los años 60

En los años 60, durante la dictadura de Franco, España experimentó importantes modificaciones: se abandonó la autarquía, se recuperaron posiciones en la escena internacional, se firmaron acuerdos con EE. UU. y despegó el desarrollo económico. Esto propició el nacimiento de la clase media, el consumismo y la aparición del turismo, factores que ayudaron a superar el aislamiento y contribuyeron a cambiar las costumbres. Aunque Franco conservó todo el poder, en 1966 se celebró un referéndum sobre la ley que nombraría sucesor a Juan Carlos I. En este contexto, los escritores tuvieron más facilidad para viajar y conocer nuevas tendencias estéticas originadas en el exterior. En el ámbito internacional, la década comenzó con la crisis de los misiles en Cuba y terminó con el denominado mayo del 68, el movimiento hippie y el comienzo de la Guerra de Vietnam.

La Generación de Medio Siglo: De la comunicación a la experiencia

A pesar de que la poesía social se prolongó en la década de los sesenta, en los años 50 aparecieron poetas nuevos que, aunque siguieron con un marcado acento social, representaron la superación de esa corriente. Bajo denominaciones como «Grupo poético de los años 50», «Generación de medio siglo» o «niños de la guerra», encontramos autores como:

  • Ángel González
  • Jaime Gil de Biedma
  • José Ángel Valente
  • Claudio Rodríguez
  • Francisco Brines
  • Carlos Barral
  • Caballero Bonald
  • J.A. Goytisolo

Estos autores pasaron de la «poesía como comunicación» del realismo social a la «poesía como experiencia» o «poesía como conocimiento». Sus rasgos comunes incluyen el interés por el hombre, el inconformismo, la preocupación ética por la situación española y la crítica a la injusticia. Estilísticamente, destaca el renacimiento de los valores estéticos, el rigor formal, un aire conversacional y el predominio del verso libre.

Principales exponentes

  • Ángel González (Sin esperanza, con convencimiento, 1961): La voz de mayor espíritu crítico y social, con una poesía de denuncia y testimonio histórico.
  • Jaime Gil de Biedma (Moralidades, 1966): El mejor representante de la poesía como experiencia, cronista desencantado de la vida burguesa.
  • Claudio Rodríguez (Don de la ebriedad, 1953): Poesía de aliento metafísico donde la naturaleza adquiere una dimensión trascendente.

La poesía de los años 40: Arraigo y desarraigo

La poesía de los años 40 se inscribió en un contexto marcado por la derrota de la República en la Guerra Civil y la dictadura de Francisco Franco (1939-1975). La vida cultural sufrió el descabezamiento de las élites intelectuales, la represión y la censura. Esta situación fracturó la poesía en dos vertientes: la arraigada y la desarraigada.

La poesía arraigada (o de los vencedores)

Representada por autores afines al régimen y vinculada a las revistas Escorial y Garcilaso. Presentaba una visión armónica y reconciliada del mundo, evitando la crítica social. Destacan autores como Luis Rosales (La casa encendida), Luis Felipe Vivanco, Leopoldo Panero y Dionisio Ridruejo.

La poesía desarraigada

Mostraba una visión pesimista y angustiada de la existencia. Nació con las publicaciones de Hijos de la ira de Dámaso Alonso y Sombra del paraíso de Vicente Aleixandre (1944), junto a la revista Espadaña. Proponían un contenido más humano y realista, con un estilo más duro y directo. En ella sobresalen autores como Gabriel Celaya y Blas de Otero.

La poesía social de los años 50

En los años 50, la línea dominante fue la poesía social, que concebía la literatura como un instrumento de transformación política. Sus representantes fundamentales fueron:

  • Blas de Otero: Evolucionó hacia la poesía social con Pido la paz y la palabra.
  • Gabriel Celaya: Evolucionó desde el surrealismo con Cantos iberos.
  • José Hierro: Enfocado en el compromiso con el hombre y el recuerdo.