Personajes de La Fundación
Tomás
Ya ha sido analizado con bastante detalle al hablar de la obra. Su locura nace como coartada ante el miedo por su situación y la vergüenza de haber sido débil y haber delatado a sus compañeros. Se alimenta, además, por su imaginación, pues aspiraba a ser escritor. En cierto modo, ha vivido su novela en lugar de escribirla.
Asel
Es el más maduro y reflexivo, y por él habla la experiencia. Definido como un hombre muy razonador, logra con serenidad salvar las difíciles situaciones que se le presentan en los dos primeros cuadros. Es un personaje matizado que, en la segunda parte, acrecienta su complejidad. Ha trazado un plan de huida y lo desarrolla de acuerdo con Tulio, pero cuando este cae, nace en él un momentáneo desaliento que le lleva a dudar de todo aquello por lo que ha luchado.
Cuando la esperanza parece muerta, renace de sus cenizas. Resurge la posibilidad de intentar la fuga sin Tulio, pero con Tomás ya recuperado. Asel, razonador y práctico, concibe también un sueño de futuro: la esperanza de un mundo mejor que debe ser buscado en el presente. No se rinde y piensa siempre que existe un remedio. Su fuerza procede del conocimiento de su debilidad y de la de sus compañeros. Hace años también él fue torturado y delató, y ahora ve en Tomás un caso semejante al suyo y quiere salvarlo.
Tulio
Es un fotógrafo que conserva su oficio en la mente de Tomás. Representa la intransigencia, pero también la ensoñación. A diferencia del protagonista, para quien el sueño es una enfermedad, para él es el modo de salir de la realidad cruel que los envuelve. Es el más distante con Tomás y el que más se burla de su situación; por esto se enfrenta con Asel y Max.
En cierto modo, sufre un proceso inverso al del protagonista. Es conducido a la muerte justo en el momento en que se dedica a fantasear con sus amigos, a soñar con un futuro mejor, antes de que Tomás haya, por fin, reconocido su situación. Cuando se lo llevan, le reitera a este que deje de soñar despierto y vuelva a la realidad.
Max
Es un tenedor de libros, aunque Tomás cree que es un matemático. Es un personaje tranquilo y bromista que defiende a Tomás al principio, aunque comienza a atacarle en el momento en que sospechan que el loco pudo haber sido el delator. Al final se descubre que es él quien ha traicionado al grupo a cambio de comida y comodidades. Su doblez egoísta le condena moralmente. Es asesinado por Lino en el desenlace de la obra. Max viene a ser el contrapunto de Asel, ya que representa la corrupción, la indignidad y la ruptura de unos ideales. Es débil ante el peligro y se entrega a fáciles compensaciones.
Berta
Es la novia de Tomás. Como personaje real aparece aludida al final de la obra, cuando se dice que lo ha visitado en el locutorio. La Berta que interviene en la obra desde el comienzo es un desdoblamiento de la personalidad de Tomás. Es un refugio para el joven y, a través de ella, se filtran fragmentos de la realidad que pugnan por salir: cosas que sabe pero que ha preferido ignorar.
Toda la escena del cuadro primero es una manifestación visible de la conciencia escindida del personaje. Reaparece en otros momentos de la obra, como en el cuadro tercero, representando el subconsciente de Tomás, que se enfrenta a su deseo de aferrarse a la Fundación o aceptar la cruda realidad. Berta, en sus palabras producidas en la mente de Tomás, supone la primera y más importante ruptura del sistema establecido en su imaginación, al tiempo que es un reflejo del subconsciente que experimenta así los primeros atisbos de claridad.
Lino
Es un torero que en la mente de Tomás aparece como ingeniero; es el personaje menos comprometido, aunque representa la decisión. Muy impulsivo y brusco, desde el principio intenta decirle la verdad a Tomás pero de forma violenta, llegando a creer que está fingiendo. Descubre que Max es el delator y aprovecha la confusión del suicidio de Asel para matarlo. Es un hombre muy activo al que le falta el contrapeso de la prudencia y la reflexión. A pesar de todo, al final de la obra reconoce su error y apunta hacia un carácter renovado.
Preguntas y Análisis de la Obra
¿Quiénes son Tomás y Asel? Explica su relación y su relevancia para el conjunto de la obra.
Tomás es el protagonista de la obra, quien pierde el juicio con el fin de protegerse de la horrible situación en la que está viviendo en realidad. Está, junto con otros cuatro compañeros, condenado a muerte. Asel, ingeniero en realidad pero médico en el delirio de Tomás, quiere “curarle”. Se veía reflejado a sí mismo en él y quería salvarlo. Cuenta su pasado y en él encontramos historias de detenciones y torturas como la de Tomás. También Asel en algún momento delató a sus compañeros y por esta razón comprende la debilidad humana: «No te avergüences ante mí de tu debilidad; no es mayor que la mía». Asel es generoso y comprensivo. Actúa como un padre hubiera hecho con sus hijos; aunque él no se pueda salvar, quiere que Lino y Tomás lo consigan. Por esto, les enseña qué tienen que hacer para fugarse.
Relaciona las palabras de Asel con el trasfondo histórico de la obra y con la intención última del autor al escribirla.
Aunque el trasfondo histórico es la España de finales de la dictadura franquista y hay detrás numerosas experiencias autobiográficas, la obra transcurre en un tiempo y un espacio indeterminados. En realidad, La Fundación posee una dimensión trascendente que hoy supera lo puramente autobiográfico-histórico. Buero deja en segundo lugar las circunstancias vitales particulares de forma que los sucesos descritos alcancen un valor universal.
¿Cómo reacciona Asel al final de la obra?
Entendemos que vienen a buscar a Asel para interrogarlo por algo que ha contado Max. Cuando se despide y sale, consigue escapar y, antes de que se den cuenta, se precipita al vacío y acaba con su vida. Entendemos que prefiere morir a ser torturado. Un impulso incontrolado lleva a Lino a tirar a Max por la barandilla. Tras estas escenas inesperadas y violentas, Tomás reacciona con rapidez y protege a Lino con su locura, esta vez fingida.
El Simbolismo y el Mensaje Final
En la última acotación vuelve a oírse la suave música de siempre, la música que anunciaba la alucinación de Tomás. De nuevo la escena vuelve a ser la Fundación del comienzo de la obra y un encargado invita a pasar a los nuevos ocupantes. Se trata de una estructura circular que nos lleva otra vez al principio, como el mito del eterno retorno: las cosas se suceden y repiten en el tiempo, no hay fin. Buero Vallejo señaló que una de las fuentes de inspiración de La Fundación es el cuento «Las nubes» del libro Castilla, de Azorín, en el que se plantea la teoría del eterno retorno: «Vivir es ver volver; volver en un retorno perdurable, eterno».
Buero pretende desenmascarar la mentira, sobre todo cuando esta proviene de unas estructuras que, mediante la opresión y el terror, impiden al hombre vivir en la verdad. En La Fundación, de una manera más explícita que en otras obras, Buero nos hace asistir al desvelamiento paulatino de la realidad, que se impone sobre la ficción creada por el terror.
El auténtico sentido de la obra es que hay que apartar los velos de la opresión y de la mentira para entender que «vayas donde vayas, estás en la cárcel»; pero ese descubrimiento no debe hundirnos, sino mostrarnos la oportunidad y la necesidad de la lucha, para gritar con uno de los personajes del drama: «¡Entonces hay que salir a la otra cárcel! ¡Y cuando estés en ella salir a otra, y de esta a otra! La verdad te espera en todas ellas, no en la inacción».