Fundamentos de la Filosofía Medieval y Moderna: De Tomás de Aquino a Descartes

El Problema de Dios en Santo Tomás de Aquino

Plantea la necesidad de relación y, a la vez, independencia entre la filosofía y la teología, así como de la veracidad de ambas, ya que existen dos tipos de verdades: las verdades de razón (obtenidas por el entendimiento humano a partir de los sentidos) y las verdades reveladas (cuyo origen es la autoridad de Dios). La filosofía ayuda a la teología porque demuestra los preámbulos de la fe: que Dios existe, que es sabio y que es veraz. La existencia de Dios es una verdad revelada, pero que puede ser demostrada por la razón.

Tomás critica las posiciones extremas que se dan en su época: a los místicos, a los dialécticos y a Averroes. Se ocupará de demostrar racionalmente la existencia de Dios. De Dios no podemos conocer la esencia, porque es infinita, pero conocemos sus atributos mediante tres vías: la vía de la negación, la de afirmación y la de eminencia. Tomás afirma que Dios creó el mundo de la nada. En la Suma Teológica establece las cinco vías para la demostración de la existencia de Dios:

  • Primera vía: Parte del movimiento del mundo para llegar hasta su causa, el primer motor.
  • Segunda vía: Parte de las causas de los seres naturales para llegar a la primera causa.
  • Tercera vía: Parte de la contingencia de las criaturas para llegar al ser necesario.
  • Cuarta vía: Se parte de los grados de perfección de lo existente para llegar a lo perfecto.
  • Quinta vía: Parte del orden del mundo para llegar al ser inteligente.

En su metafísica, plantea como teoría fundamental la distinción entre la esencia y la existencia en los seres creados, que deben su existencia a Dios y, por tanto, son contingentes; mientras que en Dios sí coinciden esencia y existencia y, por ello, existe necesariamente, creándose una Jerarquía de los seres según su cercanía a la esencia de Dios. Como ser supremo, Dios es la garantía de que podemos acceder a la verdad y al bien, ya que la razón no es contraria a la fe y somos morales gracias a la Ley Natural que Dios nos dio.

La Ética de Santo Tomás de Aquino

La filosofía de Tomás es un sistema mixto; sigue a Aristóteles al plantear una ética teleológica, eudemonística e intelectualista, donde el fin del ser humano es alcanzar la felicidad y esto se consigue mediante el conocimiento, aunque en Tomás su fin es la contemplación de Dios, con lo que consigue la felicidad eterna. La vía que defiende para llegar a la felicidad es el amor.

Serán buenas acciones aquellas que, basándose en el amor y en el conocimiento natural, nos acerquen a Dios. Este fin teológico es el que perfecciona a los hombres como seres racionales. El hombre por sí mismo no puede lograr eso, por lo que necesita la gracia de Dios. Al estar dotado de inteligencia, el ser humano es libre, y su objeto propio es el bien; esta atracción del alma humana hacia el bien es la más perfecta libertad.

Tomás añade el concepto de Ley Natural, que es impresa por Dios en nuestra naturaleza, permitiendo que la razón haga lo que considere bueno. La Ley Natural es única y su primer precepto es «haz el bien y evita el mal»; es universal porque está en toda la humanidad, es evidente porque puede ser conocida y no cambia, por lo tanto, es inmutable. De la ley natural se derivan las leyes positivas, que como son humanas no siempre son buenas y pueden aplicarse de modo diferente en cada comunidad. Gracias a la Ley Natural, el ser humano participa de la bondad de Dios, asumiendo este concepto de Platón y su desarrollo cristiano, por parte de Agustín de Hipona, en el concepto del ser humano como Imagen de Dios.

Política y Sociedad en San Agustín de Hipona

En Agustín es el amor el principio constitutivo de la sociedad. De modo que el principio social se fundamenta en el principio de intimidad. La sociedad no es un elemento natural en el ser humano, sino racional, pues solo gracias a la razón es posible el amor. El amor a los demás me vincula a ellos, mientras que el amor a Dios me permite establecer una comunidad universal con todos los hombres.

Hay dos amores en el hombre y hay dos ciudades en las que se agrupan los hombres. El hombre es ciudadano de dos ciudades porque la naturaleza humana es doble, espiritual y corporal, ya que Agustín defiende una concepción dualista del ser humano. En Agustín conviven dos concepciones del ser humano. La historia de la humanidad está dominada por la lucha de estas dos sociedades o civitates:

  • La Ciudad terrestre: Donde llevan la vida del viejo hombre terrenal, que vive según la carne, ya que ama las cosas temporales y se olvida de Dios.
  • La Ciudad de Dios: Donde viven según su espíritu los hombres vinculados por el amor divino, fundada en la esperanza de la paz celestial y la salvación espiritual.

Solo la Ciudad de Dios es el modelo ideal de sociedad; en ella se dan la paz, el orden y, así, la justicia. La paz necesita de una ordenación de valores; también impide el dominio de unos hombres sobre otros, pues Dios nos ha hecho a su imagen y semejanza para gobernar sobre las bestias, pero no sobre los hombres. Agustín desarrolla una teología de la historia universal como cumplimiento de un plan divino. También analiza el problema del tiempo y su relación con la eternidad: el tiempo y el cambio surgen con la creación, por lo que Dios es eterno presente.

La aporía del tiempo (el presente debe tener duración para ser tiempo y no tener duración para ser real) se resuelve al comprender que es una realidad interior, pues es una cierta extensión del alma. También es lineal, ya que, como la creación, el tiempo tiene un principio y un fin. Por tanto, la historia para Agustín es teleológica y teológica.

El Ser Humano en René Descartes

En su concepción del ser humano, Descartes mantiene una posición dualista. El ser humano está formado por dos sustancias: alma y cuerpo, res cogitans y res extensa. El alma es unitaria, inextensa e indivisible, aunque tiene diferentes funciones como el pensamiento. El cuerpo es complejo, extenso y con partes. El problema que se plantea a la visión dualista es cómo se produce la comunicación o interacción entre ambas sustancias. Descartes responde a este problema en El Tratado del hombre, donde afirma que se comunican gracias a la acción de los espíritus animales que se encuentran en la glándula pineal.

Descartes desarrolla las tres hipótesis de la duda metódica: los sentidos nos engañan, la realidad puede solo ser un sueño y el genio maligno. Su objetivo es superar la duda hasta encontrar una verdad indubitable, absolutamente cierta, y esta verdad es el yo pensante. Duda de los sentidos ya que a veces nos engañan; la hipótesis del sueño plantea que el mundo externo no supera la duda puesto que no podemos distinguir la vigilia del sueño; y el genio maligno, que podría hacer falsos nuestros conocimientos matemáticos.

Cuando parece que nada puede ser cierto, Descartes reflexiona que de lo que no puede dudar es del propio proceso de duda; por tanto, si duda piensa, y si piensa existe. «Pienso, luego existo» (Cogito ergo sum) es la primera verdad que supera el proceso de duda. La autoconciencia permite a Descartes superar la duda metódica y fundamentar la existencia de la realidad en el mundo y Dios. La identidad del ser humano con el yo pensante obliga a Descartes a dejar fuera de esto todos los aspectos no racionales de nuestra naturaleza.