Naturaleza del decreto y contexto histórico
Se trata de un Decreto, por lo tanto es de carácter jurídico y de contenido político. Es una fuente primaria. Los autores son los diputados convocados a Cortes por el Consejo de Regencia. Este Decreto fue realizado tras la sesión inaugural de las Cortes de Cádiz.
El contexto histórico se sitúa en plena Guerra de la Independencia. Hay que tener en cuenta que parte de la península estaba ocupada por tropas francesas; las Cortes de Cádiz, al asumir la soberanía nacional, venían a cubrir lo que se consideraba todo un vacío de poder.
Objetivo principal y estructura
La idea principal del texto es la de constituir las Cortes extraordinarias de la nación y conceder a sus diputados la representación de la Soberanía Nacional. De esta forma se diferencian de las Cortes del Antiguo Régimen. La estructura del texto es muy sencilla: el Decreto I de las Cortes de Cádiz hace una declaración solemne de esos principios y objetivos.
Declaraciones esenciales del Decreto I
- Las Cortes representan la Soberanía Nacional y en ellas reside el ejercicio del poder político.
- Proclaman como legítimo monarca a Fernando VII de Borbón, por consentimiento de los representantes de la Nación.
- Rechazan la cesión de la Corona que se dice hecha a favor de Napoleón.
- Proclaman la separación de poderes.
- Exigen que el Consejo de Regencia jure obediencia a las Cortes.
Reunión inaugural y protagonistas
Las Cortes Generales y Extraordinarias se reunieron primeramente en el teatro de la Isla de León el 24 de diciembre de 1810. Hay que destacar que en ese primer día dos representantes de Extremadura tuvieron una importancia decisiva. Nada más comenzar las Cortes pidió la palabra Diego Muñoz Torrero para solicitar que se decretara que las Cortes generales y extraordinarias estaban legítimamente instaladas y que en ellas residía la soberanía. Manuel Luján llevaba una propuesta por escrito que es el origen del primer decreto de las Cortes proclamando solemnemente el principio de la soberanía nacional. Iniciar las sesiones de las Cortes con la declaración de que la soberanía residía en las mismas, y que los diputados reunidos para su constitución representaban a la Nación española, era esencial, pues fijaba el carácter rupturista de la reunión de las Cortes.
La Constitución de 1812
La Constitución de 1812 consta de 10 títulos y 384 artículos. En ellos se establece un nuevo sistema político en España basado en los siguientes principios del liberalismo:
- Art. 1. Concepto de nación española: conjunto de todos los ciudadanos.
- Art. 2. La nación se declara libre e independiente y no podía ser considerada propiedad de ninguna familia real.
- Art. 3. Principio de soberanía nacional: el poder de la nación representada en las Cortes. Una cuestión importante es el tema del voto, donde se aprecia que la nación se expresa políticamente a través de la burguesía.
- Art. 4. Se citan derechos universales del individuo que la Nación debe proteger.
- Art. 8. Obligatoriedad de que todos paguen impuestos de forma proporcional a su riqueza.
- Art. 12. Estado confesional, ya que la única religión oficial será la católica, romana y apostólica.
Otra cuestión clave para entender el alcance revolucionario de la Constitución de 1812, por lo que significa de demolición del Antiguo Régimen, es la supresión de la Inquisición.
Valoración histórica y vigencia
Cuando acabó la Guerra de la Independencia, tras el Tratado de Valençay, Fernando VII procedió a anular la Constitución y estableció un gobierno absolutista. Es preciso realizar una valoración histórica de la Constitución que destaca la extraordinaria importancia que este texto tiene en la historia del constitucionalismo español. La Constitución de Cádiz fue la bandera que enarbolaron los liberales durante las tres primeras décadas del siglo XIX. Los pronunciamientos contra el absolutismo, fracasados o exitosos, tuvieron como primer objetivo restaurar dicho texto legal. La Constitución de Cádiz apenas tuvo seis años de vigencia.
La Constitución de 1812 inicia la historia del constitucionalismo español que llega hasta la Constitución vigente de 1978. Esta historia está llena de episodios que negaron lo que los diputados de Cádiz pensaron para España: el ideal de un gobierno que respetara los derechos de los ciudadanos.
La Constitución de Cádiz se convirtió, en la historia del liberalismo español, en un verdadero mito, porque reflejó la ruptura entre el Antiguo Régimen y la modernidad.
El Manifiesto de Rafael de Riego (enero de 1820)
Se trata de un texto histórico circunstancial, ya que es un manifiesto que el coronel Rafael de Riego, militar de ideas liberales, hace público tras iniciar el pronunciamiento militar que él encabeza en enero de 1820. Es una fuente primaria de contenido político. Rafael de Riego fue un militar y político liberal que impuso en 1820 un régimen constitucional en España mediante un pronunciamiento victorioso contra la monarquía absoluta de Fernando VII.
Contexto previo al pronunciamiento
Tras finalizar la Guerra de la Independencia, en 1814 Fernando VII restableció de nuevo el absolutismo con el Decreto del 4 de mayo de 1814. En los siguientes años se reorganiza el movimiento liberal y se suceden conspiraciones para exigir el restablecimiento de la Constitución de 1812. Solo el pronunciamiento del 1 de enero de 1820, del coronel Rafael de Riego, tiene éxito y recibe el apoyo popular necesario para triunfar, de modo que el rey accede a jurar la Constitución de Cádiz, dándose así comienzo al Trienio Liberal.
Idea principal del Manifiesto y motivos del alzamiento
La idea principal del texto es el restablecimiento de la Constitución de 1812 como garantía de un régimen más justo, con una idea secundaria referente a la injusticia que supone enviar a América soldados provenientes de los grupos sociales desfavorecidos. En el Manifiesto se mencionan los dos principales motivos de este alzamiento:
- La oposición al envío de tropas para intentar sofocar por la fuerza la rebelión independentista que en las colonias españolas en América se había iniciado en aquellos años.
- Riego considera legítimo rebelarse contra la monarquía ilegítima de Fernando VII, ya que no juró la legítima Constitución de 1812.
Riego logró el apoyo de los liberales y de parte del ejército, imponiendo un régimen liberal entre 1820 y 1823. Ya desde el primer momento de su vuelta a España se observa en Fernando VII la personalidad de un rey absolutista que iba a convertir su reinado en una permanente guerra entre las ideas tradicionalistas y el liberalismo que había prendido en Cádiz. Fernando VII retrasó su entrada en Madrid y, en Valencia, recibió el Manifiesto de los Persas, que le sirvió de argumento definitivo para derogar el régimen constitucional.
Fernando VII: decretos, represión y etapas del reinado
Fernando VII publicó el Decreto de mayo y comenzó la represión de los liberales, que fueron detenidos y perseguidos, teniendo que exiliarse muchos de ellos. Fue Fernando VII un rey que gobernó en permanente inestabilidad política. Con el Decreto de mayo de 1814 se iniciaba la primera etapa de su reinado, conocida como sexenio absolutista. En esta etapa se vuelve al Antiguo Régimen, en un contexto internacional determinado por la derrota de Napoleón y la restauración del absolutismo en Europa. España pasó por graves dificultades. Desde el punto de vista financiero, la Hacienda se encontraba casi en bancarrota y la vuelta al Antiguo Régimen supuso de nuevo la entrada en vigor de los privilegios de nobleza y clero. La situación empeoró dramáticamente cuando las colonias americanas iniciaron su proceso de emancipación.
Fue una constante de su reinado la represión contra los liberales. Frente a la política absolutista de Fernando VII, comenzó a desarrollarse una alianza formada por la burguesía, básicamente urbana, y parte del campesinado propietario, a la que se sumaron sectores del ejército. Tuvieron lugar frecuentes pronunciamientos militares que pretendían un regreso al constitucionalismo de Cádiz, lo que dio origen al Trienio Constitucional, segunda etapa del reinado de Fernando VII. Juró entonces el rey la Constitución de 1812, formó un gobierno integrado por destacados liberales y se inició una labor legislativa que recuperaba muchos decretos de las Cortes de Cádiz.
La oposición al régimen liberal fue muy activa y provocó la formación de partidos realistas, que se sublevaron en la conocida como Regencia de Urgel, proclamando la vuelta pura y simple del absolutismo al considerar que el rey estaba privado de su libertad. La Santa Alianza decidió intervenir en España y Francia envió un ejército —los Cien Mil Hijos de San Luis— que invadió España y ocupó el país con apoyo de tropas realistas españolas. La derrota de los liberales hizo que Fernando VII restaurara el poder absoluto, ordenando de nuevo una implacable persecución contra el liberalismo. En 1823 se iniciaba así la última etapa del reinado de Fernando VII, conocida como década ominosa, de nuevo con la represión del liberalismo como seña de identidad más destacada.
En el norte de Cataluña se levantarán en armas los llamados agraviados o malcontents en la conocida como “guerra de los agraviados o malcontents”. El reinado de Fernando VII fue en sus últimos años un régimen inestable, a merced de las fuerzas conservadoras y de la acción de los liberales. Estos últimos organizaban pronunciamientos desde el exterior, normalmente ahogados en sangre.