Catedral de Santiago de Compostela
La obra se construyó entre 1075 y 1105 por el obispo Diego Peláez y continuó bajo el arzobispo Diego Gelmírez. En su realización participaron Bernardo el Viejo, Roberto y Esteban. Es la obra cumbre del románico español. Está adaptada a la necesidad de acoger a muchos peregrinos y facilitar el tránsito en ella, así como para acoger las reliquias del Apóstol Santiago, que se cree descansan en la cripta. Su tipología corresponde a la de las iglesias de peregrinación. El material empleado es la piedra.
La planta es de cruz latina con tres naves, prolongándose las laterales en los brazos del transepto y con una amplia girola con ábsides radiales. Destaca por el total abovedamiento pétreo, lo que implicó una elevada dificultad constructiva y el ennoblecimiento de la obra. La nave central, muy alta, debe su altura a los esbeltos arcos; está cubierta por una bóveda de cañón cuyo peso se refuerza con arcos fajones. El peso se descarga hacia las naves laterales, cubiertas por bóveda de arista y separadas mediante arcos de medio punto. Sobre las naves laterales se construyó la tribuna, en la que se coloca una bóveda de cuarto de cañón.
Estos elementos se completan con pilares cruciformes, formados por un pilar cuadrangular con columnas adosadas que recogen los arcos fajones. En la girola, de forma circular, los tramos son trapezoidales; para adaptarla a esta forma, las aristas se diseñaron curvas y se ensancharon hacia el exterior.
Tiene tres grandes portadas: la más monumental a los pies (el Pórtico de la Gloria) y otras dos rematando los brazos del transepto, de las que se conserva la Portada de las Platerías. En la parte superior se aprecian arcos polilobulados de influencia islámica, donde se concentra la decoración escultórica. Sin embargo, fue remodelada en el barroco, por lo que ahora nada tiene que ver con el conjunto original.
La catedral refleja una sociedad feudal en la que la Iglesia juega un papel cultural fundamental. Un profundo sentimiento religioso dominaba la moral y la vida en general del occidente europeo.
Claustro de Santo Domingo de Silos
Nos encontramos ante el claustro de Santo Domingo de Silos, obra maestra del románico español, fundado a finales del siglo XI y durante el XII. Sus autores son desconocidos y está situado en Silos, provincia de Burgos. Se contextualiza en el primer siglo de existencia del reino de Castilla, una vez que el primitivo condado se independiza del reino de León. En un deseo de potenciar este tipo de edificaciones en el nuevo reino, tres años antes de la consagración de Silos los cristianos recuperaron Toledo y, a lo largo del siglo XII, conseguirán situar la frontera con Al-Andalus en el Tajo.
Se trata del claustro de un monasterio benedictino y es de doble planta. Los arcos del claustro son todos de medio punto y descansan sobre capiteles ricamente adornados. Otro rasgo característico son los 64 capiteles del claustro bajo, que reúnen motivos de la naturaleza, como acantos, y diversas figuras: animales fantásticos, grifos, centauros y dragones. Los bajorrelieves están esculpidos en cada una de las esquinas de este claustro bajo; en cada una de las cuatro esquinas hay bajorrelieves de temática religiosa.
Su planta es casi trapezoidal: la galería norte no es paralela a la sur. Consta de dos pisos con cuatro crujías o alas cubiertas de madera. El piso inferior es el más antiguo. Tras la finalización del claustro inferior, se levantó el claustro superior. Cada fase de construcción del claustro inferior delata una forma distinta de labrar las columnas, propia de dos talleres diferenciados: en la primera etapa los fustes de las columnas están más separados y las tallas muestran escasa sensación de movimiento; en la segunda, estas ganan notablemente en volumen. Un tipo de columna muy destacable en este monasterio son las famosas columnas torsas.
Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago
El Pórtico de la Gloria pertenece al Maestro Mateo y al románico tardío (1168–1188). Se sitúa en el pórtico occidental de la catedral de Santiago de Compostela. Es una obra escultórica con relieves y figuras exentas en granito y en mármol. El Pórtico de la Gloria representa la segunda venida de Jesucristo para juzgar a los hombres; la temática se recoge en los libros de los profetas Isaías, Daniel, Ezequiel y Esdras.
En la base del parteluz aparece el árbol genealógico de Jesús, al que le sigue la figura de Santiago vestido de peregrino, situado a los pies de Cristo, representado ya en el tímpano. De cara al altar, se distingue la efigie del Maestro Mateo. En el centro del tímpano está Cristo, rodeado de los cuatro evangelistas, el Tetramorfos. A su vez, éstos están acompañados de ángeles con los símbolos de la Pasión de Jesús (la columna, la corona de espinas, un jarro de agua, los clavos, la lanza, la cruz…) y de una representación de los elegidos de Dios para compartir el Paraíso.
La influencia de elementos góticos se aprecia en el dinamismo de los personajes, en la relación entre ellos, en el detallismo y en el naturalismo de los rostros. El pórtico se divide en tres arcos: el arco central es el más grande, tiene tímpano y está dividido por un parteluz con la figura del apóstol Santiago. A nivel horizontal se distinguen tres registros:
- Registro inferior: las bases de las columnas, decoradas con animales fantásticos.
- Registro medio: las columnas con las estatuas adosadas de los apóstoles.
- Registro superior: la franja donde se sitúan los tres arcos que coronan las puertas.
Ábside de San Clemente de Taüll (Lleida)
Las pinturas murales del ábside de San Clemente de Taüll se originaron en el pequeño pueblo de Taüll, en el valle pirenaico de Boí, y actualmente se conservan en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) en Barcelona. El ábside o cabecera de la iglesia, lugar que cobija el altar, fue el espacio principal de las representaciones pictóricas. Los autores llegaron a este pueblo a principios del siglo XII y conocían las técnicas de los miniaturistas hispanos, encargados de la decoración de los edificios.
El Pantocrátor es característico de los ábsides románicos: aparece con mandorla y rodeado de los ángeles (evangelistas); en la parte cilíndrica del ábside aparecen apóstoles y la Virgen que sostiene el cáliz. Se utiliza la técnica de la pintura al fresco y una línea muy marcada en la que predomina el dibujo delimitado por líneas gruesas de color negro, que representan los rasgos del rostro y sugieren una mínima noción de bulto en los ropajes. Predominan los azules y rojos, sin paisaje, solo una serie de franjas paralelas de diversos colores que se colocan como fondo.
Las figuras carecen de volumen; el modelado de los rostros es muy simple: un punto en el mentón y círculos rojos en las mejillas. La composición es simétrica y frontalista, predominando las figuras aisladas. Hay abundantes simbolismos: la mandorla, el alfa y la omega del Pantocrátor, la posición de la mano de Cristo, las figuras alegóricas del tetramorfos, los evangelistas portando el libro, etc. Se resaltan especialmente los ojos y las manos.
Se trata de uno de los mejores ejemplos de pintura románica por su temática de raigambre bizantina, su ubicación y sus características formales. La finalidad era enseñar impresionando y atemorizando: un ejemplo del arte de una sociedad feudal en la que iglesia y nobleza eran las clases dominantes y en la que el sentimiento religioso dominaba la moral y la vida en la Europa occidental.