David Hume y la Concepción del Ser Humano
David Hume, filósofo escocés del siglo XVIII, es considerado el máximo exponente del empirismo, corriente filosófica que sostiene que la experiencia es la única fuente válida de conocimiento.
Hume, al igual que Locke, se enmarca en la corriente del empirismo. Según esta doctrina, todo nuestro conocimiento procede de la experiencia y, como afirma Hume, al nacer, nuestra mente es como una página en blanco en la que nada hay escrito, lo cual se ve reflejado en sus estudios sobre el ser humano.
Elementos de la Percepción: Impresiones e Ideas
El filósofo expone que hay dos elementos de la percepción dentro del conocimiento: impresiones e ideas.
- Las impresiones: preceden a las ideas y son más intensas, ya que parten de la experiencia y los sentidos.
- Las ideas: provienen de las impresiones y son más atenuadas, ya que son meras copias de la experiencia.
Hume admite que tanto las impresiones como las ideas pueden ser simples (de sensación, no descomponibles) o complejas (de reflexión, descomponibles, ya que son un conjunto de impresiones o ideas).
El Origen del Conocimiento y el Método Crítico
Puesto que no hay nada en nuestro entendimiento más allá de las impresiones o las ideas, hay que reconocer que todos los contenidos de la conciencia provienen de la experiencia sensible: no hay en el entendimiento ideas innatas (como podían creer Platón o Descartes).
Esta distinción determina un método de análisis crítico por el cual se rige toda la teoría humeana: una idea será verdadera si podemos señalar la impresión a la que corresponde. Si no se cumple este principio de correspondencia entre impresiones e ideas, Hume no aceptará la verdad de un concepto. En consecuencia, la experiencia es el origen y el límite de nuestro conocimiento.
Leyes de Asociación de Ideas
Las ideas se presentan a nuestro entendimiento con un cierto orden y no de manera caótica, ya que se asocian entre sí conforme a unas leyes que justifican su atracción. Hume las reduce a tres:
- De semejanza: las relacionamos por su parecido.
- De contigüidad: por su cercanía en el espacio y el tiempo.
- De causalidad: cuando en nuestra asociación el efecto está presente en la causa (por ejemplo, una herida nos lleva, por la relación causa-efecto, a pensar en el dolor que produce).
La Crítica al Concepto del Yo
Hume niega la tesis cartesiana del yo como una sustancia pensante. Señala que, cuando observamos nuestra mente, no encontramos en ella nada simple y permanente, sino un cúmulo de percepciones que se suceden unas a otras. Para él, la mente es una especie de teatro vacío en el que actúan nuestras percepciones.
Según Hume, el yo no es una idea simple: si queremos mostrar la idea del yo como «clara y distinta», tenemos que determinar la impresión de la que procede, lo cual resulta imposible. Tampoco podemos definir la idea del yo como el punto de referencia invariable de todas nuestras percepciones, pues recurriendo a la experiencia observamos que no hay ninguna impresión que sea constante e invariable. El yo tampoco es idéntico a sí mismo: nuestra mente es un conjunto de percepciones ligadas mediante la relación causa-efecto. Esta constante unión causal de nuestras percepciones, reforzada por la semejanza que existe entre ellas, contribuye a crear la ficción de la identidad personal que nos permite ignorar la discontinuidad de nuestras percepciones.
Hume finalmente, en su desarrollo radical del empirismo, terminará estableciendo el escepticismo —al afirmar que es imposible demostrar la existencia del mundo, del yo y de Dios— y el fenomenismo, pues solo es posible conocer las impresiones como hechos mentales.
Teoría del Conocimiento en David Hume
David Hume, filósofo escocés del siglo XVIII, es considerado el máximo exponente del empirismo, corriente filosófica que sostiene que la experiencia es la única fuente válida de conocimiento.
Hume, como Locke, se enmarca en la corriente del empirismo. Según esta visión, todo nuestro conocimiento procede de la experiencia y, como afirma Hume, al nacer, nuestra mente es como una página en blanco en la que nada hay escrito, lo cual se ve reflejado en sus estudios sobre la realidad y el conocimiento.
Impresiones e Ideas en el Proceso Cognitivo
El filósofo expone que hay dos elementos de la percepción dentro del conocimiento: impresiones e ideas. Las impresiones preceden a las ideas y son más intensas ya que parten de la experiencia y los sentidos. Las ideas provienen de las impresiones y son más atenuadas ya que son meras copias de la experiencia.
Hume admite que tanto las impresiones como las ideas pueden ser simples o de sensación (no descomponibles) o complejas o de reflexión (descomponibles, ya que son un conjunto de impresiones o ideas).
Tipos de Conocimiento: Relaciones de Ideas y Cuestiones de Hecho
Hume diferencia dos tipos de conocimiento:
1. Relaciones de ideas
Aunque sepamos que las ideas parten de la experiencia, estas pueden relacionarse entre ellas independientemente de la realidad. No se requiere de la experiencia para verificarlas (son a priori) y son proposiciones analíticas en las que el predicado está implícito en el sujeto (no amplían el conocimiento), además de que son irrefutables. Algunos ejemplos de relaciones de ideas están en el conocimiento matemático o la lógica.
2. Cuestiones de hecho
Por otro lado, las cuestiones de hecho aportan datos que amplían el conocimiento provenientes de la experiencia que deben ser verificados (son a posteriori). Son proposiciones sintéticas ya que el predicado no está implícito en el sujeto. A este tipo de conocimiento pertenecen las ciencias empíricas.
El Límite de la Verdad y la Asociación de Ideas
Puesto que no hay nada en nuestro entendimiento más allá de las impresiones o las ideas, hay que reconocer que todos los contenidos de la conciencia provienen de la experiencia sensible: no hay en el entendimiento ideas innatas (como podía creer Platón o Descartes).
Esta distinción determina un método de análisis crítico por el cual se rige toda la teoría humeana: una idea será verdadera si podemos señalar la impresión a la que corresponde. Si no se cumple este principio de correspondencia entre impresiones e ideas, Hume no aceptará la verdad de un concepto. En consecuencia, la experiencia es el origen y el límite de nuestro conocimiento.
Las ideas se presentan a nuestro entendimiento con un cierto orden y no de manera caótica, ya que se asocian entre sí conforme a unas leyes que justifican su atracción. Hume las reduce a tres: de semejanza (por su parecido), de contigüidad (por su cercanía en el espacio-tiempo) y de causalidad (cuando en nuestra asociación el efecto está presente en la causa).
Crítica al Principio de Causalidad
A partir del orden de nuestro entendimiento, Hume realiza una crítica al principio de causalidad, según el cual todo fenómeno tiene una causa que produce necesariamente un efecto.
Al respecto, Hume afirma que no tenemos impresión de una conexión real entre causa y efecto, sino solo la sucesión de hechos que, por hábito, asociamos y atribuimos un valor psicológico a la causalidad que no podemos afirmar con certeza absoluta. Se trata de una realidad mental sin relación con lo extramental. Por ello, las leyes establecidas por las ciencias naturales son solo leyes probables.
Hume: Política, Sociedad y Religión
David Hume, filósofo escocés del siglo XVIII, es considerado el máximo exponente del empirismo, corriente filosófica que sostiene que la experiencia es la única fuente válida de conocimiento.
Hume, como John Stuart Mill, se enmarca en la corriente del utilitarismo. Esta rama filosófica considera la utilidad como principio de la moral, lo cual se ve reflejado en sus estudios sobre la política y la sociedad.
Análisis de la Religión y el Pensamiento Ilustrado
El análisis que Hume hace de la religión será decisivo para el pensamiento religioso de la Ilustración en toda Europa y, por lo tanto, para la política.
A partir de su refutación de las pruebas de la existencia de Dios, Hume concluye que no es posible una justificación racional de la religión y, por tanto, no puede aceptar el deísmo, que considera la existencia de un Dios racional.
Sin embargo, se muestra interesado en el fenómeno religioso y cree que sus orígenes pueden encontrarse en la naturaleza humana. El análisis psicológico y sociológico que Hume lleva a cabo le lleva a afirmar que las ideas religiosas nacen de las esperanzas y los temores del ser humano, de la incertidumbre, que le hace en un principio atribuir los bienes y lo que le amenaza a distintas causas por encima de él mismo.
La evolución hacia el monoteísmo (el teísmo) es un avance con respecto al politeísmo, pero encierra el grave peligro de la intolerancia, y da lugar a persecuciones y condenas. En definitiva, Hume adopta también en este terreno una actitud escéptica y agnóstica.
Concepción Política y Crítica al Contractualismo
En cuanto a la concepción de la política de Hume, es consecuente con el empirismo y, por tanto, es también utilitarista. La organización social se ha constituido por su utilidad: a partir de la única asociación natural, que es la familia, los grupos sociales se ampliaron para asegurar la propiedad y el orden. Defenderá fundamentalmente el carácter utilitario que debe tener toda teoría política frente a las utopías que pretenden marcar una sociedad ideal.
Igualmente, criticará tanto las teorías basadas en principios esencialistas, que pretenden demostrar con ellas la legitimidad política, como las teorías contractualistas de su época (de Locke, por ejemplo) que constataban que la sociedad no es natural sino construida para proteger derechos y asegurar el bienestar a través de un hipotético «contrato social» por el cual los individuos ceden parte de su libertad en un «estado natural» para vivir en sociedad.
La Familia y la Legitimidad del Gobierno
Para Hume, la base de la sociedad será el deseo de los seres humanos de unirse y proteger a su descendencia. Por ello, la familia será la base social que se irá ampliando al percibir la utilidad del desarrollo social para la mejora de la vida. De esta forma, la única legitimidad del gobierno es el procurar beneficios para los individuos.
El beneficio que el gobierno produce a cada ciudadano es la clave de su legitimidad y, cuando este beneficio desaparece, el gobierno se convierte en ilegítimo y cabe la sublevación.
También es la utilidad el fundamento de la obediencia, que es lo que mantiene a los gobiernos, las instituciones indispensables, considera Hume, desde el momento en que existen hombres que no son capaces por sí mismos de advertir el interés general. El bienestar y la felicidad del individuo están estrechamente relacionados con el bienestar y la felicidad colectivos, y eso está en la propia naturaleza humana.