Introducción
Además de una nueva religión, el Islam significó el despertar de una civilización, la árabe, que a partir del siglo VII se expandió por Oriente Medio y el norte de África. En el año 711 comenzó la invasión musulmana de la península Ibérica. Se trató de una conquista rápida del territorio y se creó un espacio político-cultural denominado Al-Ándalus, que perduró casi 8 siglos. Se alternaron periodos de esplendor y crisis donde coexistieron tres grandes religiones: la islámica, la cristiana y la judía.
Desarrollo Histórico de Al-Ándalus
La Conquista y el Emirato Dependiente (711-756)
La conquista musulmana de la península Ibérica se dio por dos razones:
- El Estado visigodo padecía una profunda crisis debido a problemas sucesorios de la monarquía.
- El ímpetu expansivo del Islam, que en menos de un siglo había conquistado desde el imperio Persa hasta el Magreb.
Así, en el año 711 un ejército bereber dirigido por Tarik cruzó el estrecho de Gibraltar para intervenir en la guerra civil visigoda y derrotó al rey don Rodrigo en la batalla de Guadalete. Comenzarán una serie de campañas militares con escasa oposición y con los refuerzos de Muza entre el 712 y el 714 ocuparon las principales ciudades visigodas. En su mayoría se rindieron sin oponer resistencia, ante las promesas árabes de respetar personas y propiedades. La ocupación fue tan rápida porque los propios dirigentes visigodos prefirieron someterse; muchos nobles godos optaron por firmar pactos de rendición.
En el 716 dominaron casi toda la Península, excepto la franja cantábrica y el oeste de los Pirineos. Córdoba se convirtió en la capital de Al-Ándalus y el gobierno estuvo dirigido por un Emir que dependía del Califa de Damasco (Emirato dependiente). El primer emir fue Abdelaziz, que siguió la conquista de la zona norte.
El Emirato Independiente y el Califato de Córdoba
Tras la muerte de Abdelaziz hubo un periodo marcado por la rivalidad entre las principales facciones de la aristocracia árabe y el conflicto con los bereberes que se sentían discriminados respecto a los árabes. Los gobernadores tuvieron que hacer frente a problemas de recaudación fiscal y distribución de las tierras, lo que fue causa de continuas tensiones. Los musulmanes prosiguieron su conquista hasta el otro lado de los Pirineos, donde son derrotados en la batalla de Poitiers (por Carlos Martel) en el año 732.
La Independencia Política con Abderramán I
En el año 750 el mundo musulmán se vio sacudido por un violento cambio político, ya que mediante un golpe de Estado la familia Omeya fue depuesta del poder, eliminando a sus miembros. Pero uno de ellos, Abderramán, logró escapar huyendo a Al-Ándalus, donde derrota al emir de Córdoba y crea el emirato independiente en el año 756. Ad al-Rahman I creó el nuevo estado andalusí (independencia política pero no religiosa), aumentó la recaudación fiscal, formó un sólido ejército profesional de bereberes, eslavos y sirios, y se rodeó de fieles seguidores que controlarían los cargos públicos de la Administración. A pesar de las mejoras surgieron conflictos entre el poder central cordobés y los territorios fronterizos, que provocaron inestabilidad en los últimos años del emirato.
El Esplendor del Califato
Cuando Abderramán III (912-961) llegó al poder, el emirato sufría una grave crisis ante las amenazas internas y de los reinos cristianos. Abderramán conseguirá pacificar el territorio y sus victorias militares le otorgarán prestigio para proclamarse Califa (Califato de Córdoba 929-1031) y desligarse por completo del Califato de Bagdad, por lo que asumirá, además de la supremacía política y militar, también la religiosa.
Abderramán reorganizó la recaudación fiscal y cobró impuestos a los reinos cristianos del norte, con lo que logró formar un potente ejército mercenario. A su muerte, su hijo Al-Hakam II dio un fuerte impulso intelectual y artístico a Al-Ándalus, logrando que se convirtiera en la civilización más brillante y avanzada del momento.
Fragmentación y Dominio Norteafricano
El Fin del Califato y las Taifas
Tras la muerte de Al-Hakam II el califa va perdiendo poder y un hachib, Almanzor, logró concentrar el poder político y militar imponiendo una dictadura; reforzó el ejército y realizó razias, justificadas mediante alusión a la guerra santa, aunque lo que pretendía era la obtención de botín y mantener débiles a los reinos cristianos. A la muerte de Almanzor en 1002, le sucedieron sus hijos en el cargo de hachib, pero la inestabilidad política y los enfrentamientos entre territorios produjeron la desaparición del califato y la disgregación en Estados independientes, los reinos de Taifas en 1031.
Las taifas se hallaban enfrentadas entre sí, lo que las hacía vulnerables frente a los reinos cristianos que en muchas ocasiones intervinieron en sus rivalidades y dieron su protección a cambio de cobrar parias. Esta fragmentación política facilitó la “reconquista” por parte de los reinos cristianos y algunas taifas pidieron ayuda a los almorávides, un pueblo bereber del norte de África, que profesaba los principios más estrictos del Islam. Así, en 1086 los almorávides llegaron a la Península y derrotarán a los castellanos en Sagrajas, pero su avance fue frenado en Valencia por el Cid. Las revueltas y los avances cristianos hicieron que se volviera a fragmentar el territorio en las que conocemos como segundas taifas.
Almohades y el Reino Nazarí de Granada
Algunas de estas nuevas taifas volvieron a pedir ayuda en el siglo XII a los bereberes norteafricanos, esta vez a los almohades, que solo podrán controlar la parte sur peninsular. Tras la derrota de las Navas de Tolosa en 1212 frente al rey castellano Alfonso VIII comenzó la decadencia almohade y se formaron las terceras taifas, que fueron cayendo hasta quedar solo el reino nazarí de Granada, que se mantuvo como la única entidad política andalusí desde el siglo XIII hasta finales del siglo XV.
El reino nazarí de Granada mantuvo su independencia por su hábil gestión diplomática con Castilla, de la que fue vasallo, y con los musulmanes del norte de África, por su cohesión y por la llegada de andalusíes procedentes de otros reinos. Los problemas sucesorios desestabilizaron el reino, lo que aprovecharon los Reyes Católicos para ir conquistando las principales ciudades y, finalmente, sitiar Granada. Los Reyes Católicos pactaron con el rey Boabdil la rendición de Granada, que se efectuó a principios de 1492.
Conclusión
Con la rendición de Granada desaparecía el último vestigio del dominio musulmán de la Península. Según los tratados, la población musulmana podía quedarse en el reino, conservar sus propiedades y practicar su religión, pero en 1501 se forzó a que optaran por la conversión o el exilio.
La presencia musulmana en la península durante ocho siglos nos dejó un importante legado cultural. Palabras de nuestra lengua, urbanismo, técnicas de regadío, música, arte y gastronomía, que forman parte de nuestra idiosincrasia, provienen del legado andalusí.