Antropología, ética y política en Marx y Spinoza: conceptos clave sobre alienación, trabajo y Estado

Antropología

Marx trata de aclarar qué es el hombre en el presente (al igual que en la metafísica explica la realidad presente).

En las sociedades capitalistas, la verdad reside en las ciencias y sólo en ellas, por lo que la realidad del hombre será lo que determinen las ciencias. Como las ciencias son fuerzas productivas, las ciencias que se refieren al hombre deben producir una mercancía. Esta mercancía es la fuerza de trabajo (no el hombre mismo, porque eso sería esclavitud y el capitalismo está en contra de ella). Las ciencias permiten mantener y manipular la fuerza productiva de los hombres (por ejemplo, los medicamentos permiten curar a los hombres para que no tengan que dejar de trabajar).

La noción moderna del hombre depende, además de las ciencias, de la ideología, pues ésta determina cómo se coordinan los hombres en las relaciones productivas. La ideología capitalista supone que los hombres son libres e iguales, pues el capitalismo gira alrededor del mercado y en él todas las relaciones suponen un contrato de compraventa en el que los dos sujetos que participan son considerados iguales (porque alguien superior no firma contrato con alguien inferior) y libres (pues, de lo contrario, no es válido el contrato).

En la crítica materialista de Marx, el hombre es un ser que produce mercancías con las que satisface sus necesidades. Estas necesidades no están determinadas por la naturaleza, sino que son necesidades sociales; las determina la sociedad. La esencia del hombre es que es un ser que produce socialmente su propia vida.

En el trabajo asalariado, los proletarios pierden su producción, pues se la queda el capitalista a cambio de un salario. Por tanto, el obrero pierde su esencia a favor del mercado. El término marxista para esto es alienación, que viene a significar la apropiación de lo ajeno. Todo trabajo asalariado causa la alienación del hombre.

Se produce además una falsa conciencia, pues el proletario es consciente de que su situación es miserable, pero a lo único que aspira es a aumentar su salario o a convertirse él en capitalista y no a destruir el sistema, porque cree que es el único posible.

El capitalista, aunque tiene una posición privilegiada en el sistema, también está alienado; también está convencido por la ideología (derecho, historia, economía…) y tiene una visión distorsionada de la realidad.

La verdadera humanidad sólo aparecerá cuando el hombre no sea sólo en sí (en potencia) sino también para sí (en acto), o sea, cuando sea eliminada la alienación, o lo que es lo mismo, en la sociedad comunista.

Ética (Marx)

La ética como acción del hombre particular es imposible en las sociedades capitalistas, ya que el capitalismo anula al individuo. La acción individual no existe; sólo existen el hombre medio y el trabajo medio que determinan el valor de la mercancía, una abstracción matemática.

Ideológicamente, es verdad que el capitalismo presenta hombres libres e iguales. Sin embargo, los únicos sujetos que pueden actuar son los que pueden obtener plusvalía en el mercado, que son una clase social: la burguesía. La burguesía ha extendido su ideología mercantilista, en la que se ve a sí misma como la humanidad entera (cree que el resto de modos de vida deben ser eliminados) y como toda la sociedad, cuando en realidad sólo son una pequeña parte de ella.

Aunque la burguesía no lo sepa, existe otra clase social: el proletariado, que además existe necesariamente, porque para que los burgueses puedan obtener la plusvalía debe haber proletarios vendiendo su fuerza de trabajo. El proletariado sólo tiene su fuerza de trabajo y está obligado a entrar en el mercado vendiéndola para poder satisfacer sus necesidades. Por ello, realmente no es sólo una clase social: es el sujeto de la explotación capitalista.

La ideología burguesa se ha extendido al proletariado, que carece de su propia ideología porque no actúa como clase. Así, los proletarios creen que son libres porque se creen el derecho burgués, aunque realmente no lo son. Piensan que ellos también son burgueses. Es la alienación capitalista.

Aunque pueden distinguirse diferentes niveles de burguesía y proletariado (proletarios de mayor o menor poder adquisitivo), no cabe una tercera clase social, pues o bien alguien vende su fuerza de trabajo (proletario) o bien compra la de otro (burgués).

Ética

Marx (y también Engels) lo que pretendían a través de sus escritos y del Partido Comunista es que el proletariado adquiriera conciencia de proletariado, de forma que se dé cuenta de que el sistema es su enemigo y debe destruirlo para poder liberarse. Es lo que llamaron la revolución. El proletariado es necesariamente revolucionario: su destino es destruir el sistema capitalista.

Sólo cuando se haya eliminado el capitalismo puede hablarse de individuos reales y, por tanto, de la ética. En la sociedad no capitalista, el hombre dejará de ser considerado una abstracción y pasará a ser algo concreto, reconociendo su realidad particular: se le exigirá según sus posibilidades y recibirá según sus necesidades.

Benedictus de Spinoza (1632-1677)

Fue uno de los filósofos más controvertidos de la época moderna. Escribió siete obras y numerosas y extensas cartas filosóficas, pero solo publicó una exposición de la filosofía de Descartes (de quien fue seguidor) y un Tratado teológico-político.

Ética (Spinoza)

Lo central de la ética de Spinoza se basa en dos tesis y cuatro definiciones:

Tesis 1: Todo trata de perseverar en su ser.

Nada puede contener en sí mismo (en su esencia) la causa de su destrucción, ya que la causa de la destrucción de una cosa es la negación de la misma porque la destruye. Si esto fuese real, una cosa tendría una propiedad y su contradictoria, lo cual es imposible. Cuando una cosa contiene la causa de su destrucción, o bien deja de existir, o esta causa no actúa (no sería una verdadera causa), de lo que se deduce que aquello que cause la destrucción debe ser exterior. La esencia (afirmación) de una cosa se opone a todo aquello que la destruye (negación); por lo tanto, por su esencia, todo trata de perseverar en su ser.

Tesis 2: La esencia de una cosa es su potencia para actuar.

La esencia es la potencia de las cosas, la fuerza y los medios de que dispone cada cosa para preservar o prolongar su existencia. La esencia de una cosa es el modo en que la cosa se opone a lo que la destruye, por lo que es particular para cada cosa. Cada ser se distinguirá de otro por la fuerza y la actividad que despliega con el objetivo de perseverar en su ser. La esencia es entonces la actividad misma de la cosa, su despliegue.

Definiciones

  • Afecto: todo aquello que aumenta o disminuye la capacidad de obrar del hombre.
  • Alegría: es todo aquel afecto que aumenta la capacidad de obrar del hombre.
  • Tristeza: es todo aquello que disminuye la capacidad de obrar del hombre.
  • Deseo: es el impulso que lleva a cada cosa a perseverar en su ser.

La vida afectiva humana se basa en una lógica: siendo el amor la alegría acompañada de una causa exterior (el amado), necesariamente todo el que ame algo tratará de beneficiarlo, ya que si la causa exterior de su alegría aumenta su potencia, le ayuda a perseverar en su ser. Así mismo, cuando el amado disminuye su potencia para actuar, disminuye la potencia del que ama (tristeza). Opuesto a esto, encontramos el odio, que también podría razonarse de la misma manera.

Por lo tanto, el hombre se mueve según entienda que las cosas le producen afectos relacionados con la alegría o la tristeza. Es inevitable que el hombre haga lo contrario porque trata de perseverar en su ser obteniendo lo que le alegra y destruyendo lo que le entristece.

Basta con que uno piense o imagine que algo es causa de su alegría o de su tristeza y lo sentirá realmente. Lo falso o imaginario determina al hombre tanto como lo real y lo verdadero, pues lo falso contiene siempre algo verdadero y, en esa medida, es eficaz. Todas las ideas que tiene el hombre causan algún afecto.

Existen dos tipos de afectos: las pasiones, que sufre el hombre cuando la causa de su acción no está en él sino en una causa externa —el hombre se ve arrastrado, llevado por sus pasiones y, siendo esclavo de ellas, miserable—; y los afectos por los que el hombre actúa, cuando la causa de su acción es su propia esencia. Esto ocurre cuando el hombre se conoce a sí mismo y conoce la causa de sus afectos. Se deduce que desde el conocimiento no existe la tristeza ni ningún afecto que disminuya su potencia para actuar, porque todos ellos son pasiones. La felicidad se consigue a través del conocimiento de la naturaleza y de uno mismo, a través de la virtud.

Es libre el hombre que consiga moderar sus pasiones: el hombre solo es libre cuando actúa, cuando es la causa de lo que le ocurre. Para conseguir ser libre es necesario moderar las pasiones, ya que no es posible dejar de sufrirlas porque el cuerpo es finito y está en contacto con otros que le afectan. Un afecto sólo puede ser eliminado por otro contrario y más fuerte. Significa que las pasiones se moderan a través del conocimiento porque la razón produce afectos más fuertes. Un afecto deja de ser pasión cuando se entiende que necesariamente debe ocurrir así, como cuando se atribuye a varias causas y no sólo a una. Un hombre tiene en todo momento todos los afectos que surgen de su cuerpo y de su pensamiento, siendo esto muy complejo.

Lo mejor para el hombre (lo que más le alegra) es lo semejante, por lo que no habrá nada bueno ni malo salvo en relación con alguien. El hombre racional entiende que lo que más le alegra es necesariamente otro hombre libre. En la medida en que los hombres se dejan guiar por las pasiones, son diferentes y, por tanto, se odian. Solo un hombre esclavo de sus pasiones puede odiar, envidiar… Sólo las pasiones hacen contrarios a los hombres.

Un afecto deja de ser pasión cuando se entiende que necesariamente debe ocurrir así como cuando se atribuye a varias causas y no sólo a una. Un hombre tiene en todo momento todos los afectos que surgen de su cuerpo y de su pensamiento, siendo esto muy complejo.

Lo mejor para el hombre (lo que más le alegra) es lo semejante, por lo que no habrá nada bueno ni malo, solo con relación a alguien. El hombre racional entiende que lo que más le alegra es necesariamente otro hombre libre. En la medida en la que los hombres se dejan guiar por las pasiones, son diferentes y, por tanto, se odian. Solo un hombre esclavo de sus pasiones puede odiar, envidiar… Sólo las pasiones hacen contrarios a los hombres.

Política

Spinoza se encuentra en la línea del realismo político inaugurada por Maquiavelo en el siglo XVI: la concepción de la política como una técnica que debe atender a la Razón de Estado (preservación del orden social).

Spinoza critica a los teóricos anteriores cuyas teorías políticas parten de que el hombre es racional, cosa que no tiene sentido porque si los hombres fuesen plenamente racionales se amarían unos a otros y no sería necesario un poder político que haga reinar la paz. Se deduce de esto que la política para Spinoza solo tendrá sentido entre hombres sujetos a las pasiones.

El hombre, por naturaleza, tiene derecho a hacer lo que puede porque su esencia no es más que cierta potencia para actuar. Todos los hombres tienen este mismo derecho; por lo tanto, nadie puede exigir su cumplimiento (es el derecho de la fuerza para perseverar en su ser). Desde el punto de vista del Derecho Natural no puede haber nada injusto, pues lo naturalmente injusto sería lo contrario a la naturaleza del hombre, pero todo lo que hace el hombre es naturalmente humano porque la esencia del hombre es su potencia para actuar.

El hombre es social por naturaleza, por lo que forma comunidades políticas porque intentan perseverar en su ser ya que juntos tienen mayor potencia para actuar. Dos hombres se aliarán necesariamente en cuanto cada uno piense que la alianza con el otro será beneficiosa para él, aunque ambos podrían estar equivocados. La alianza se romperá cuando uno de los dos vea que no le proporciona ningún beneficio.

El verdadero Derecho es el positivo o político. Cuando se unen muchos hombres, se imponen a otros con su Derecho Natural. Las reglas que dicta una sociedad sí que pueden exigirse, porque se imponen con la fuerza (física, colectiva) que tenga la comunidad.

Si en una comunidad hay un método para decidir lo que se quiere, tenemos un Estado. Dependiendo del método encontramos diferentes formas de Estado: monarquía (decide una sola persona), aristocracia (decide un comité) y democracia (decide la mayoría).

En un Estado no puede darse nada injusto porque nada lo es desde el Derecho Natural (no hay nada naturalmente injusto). Tampoco puede ser injusto desde el Derecho Político, puesto que el único criterio de justicia política es el empleo de las fuerzas disponibles para la imposición. Para que alguna medida política pudiera considerarse injusta debería suponerse un Derecho Natural o una Idea de Justicia anterior a la Política, pero la crítica del Derecho Natural hace absurda esta idea.

El Estado tiene derecho a todo aquello que puede. La esencia de un Estado está en su capacidad para actuar, que es la suma de la capacidad de sus miembros. El Estado debe aumentar la potencia para actuar de sus ciudadanos; de lo contrario, se destruiría a sí mismo, cosa que no puede ser posible porque trata de perseverar en su ser. La relación que existe entre los Estados es la misma que entre los hombres fuera de un Estado. Es posible la creación de una alianza internacional en la que las sociedades de Estados se impongan. Las alianzas internacionales no tienen más valor que la utilidad que los Estados imaginen; el Derecho Internacional surgirá después de la alianza, pero la Justicia no existirá antes de ella.

Para Spinoza, el Estado más real, con más esencia o el “Estado absoluto”, es la democracia, y como la esencia del Estado es su capacidad para actuar, el más real será el más potente. El Estado más potente es aquel en el que se libera la mayor cantidad posible de potencia. Pero el Estado perfecto, en el que se liberen absolutamente todas las fuerzas de los ciudadanos, será aquel en el que todos los ciudadanos sean perfectamente libres.