Introducción: La Dinastía de los Austrias en el Siglo XVI
Durante el siglo XVI se estableció en el trono español la dinastía de los Austrias. En esta etapa, España formó un amplísimo imperio y se convirtió en la potencia hegemónica mundial. Dos monarcas ocuparán todo el siglo: Carlos I y Felipe II.
Carlos I de España y V de Alemania (1500-1558)
Carlos I nació en Gante en 1500. La muerte de su padre y la incapacidad de su madre dejaron en sus manos una herencia inmensa que lo convirtieron en el monarca más poderoso de su tiempo.
La Herencia Territorial
- De sus abuelos maternos, Isabel y Fernando: recibe la herencia hispánica con las Canarias, las posesiones en Italia (Cerdeña, Sicilia y Nápoles) y la parte americana que se ampliará en este reinado con conquistas desde México hasta el sur del continente.
- De María de Borgoña, su abuela paterna: recibe los territorios de los Países Bajos y el Franco Condado.
- De Maximiliano de Austria, su abuelo paterno: las posesiones austriacas.
Carlos I llegó a España cuando apenas era muy joven, sin conocer el idioma castellano y rodeado de un grupo de consejeros flamencos. Al convertirse en candidato a la corona imperial, reunió las Cortes y les exigió la necesidad de recaudar fondos para sufragar los gastos que garantizaban su elección como emperador del Sacro Imperio. A regañadientes, las Cortes aceptaron, pero recordando al monarca la necesidad de vivir en España, respetar las leyes del país y nombrar como consejeros a gentes nacidas en Castilla. Inmediatamente, marchó a Aquisgrán para ser coronado como el emperador Carlos V.
Política Interior
La Rebelión de las Comunidades de Castilla (1520-1522)
En Castilla se extendió el malestar porque este reino pagaba la elección de Carlos como emperador y porque el rey nombró a nobles flamencos para los altos cargos. El descontento comenzó en Toledo y se extendió, sobre todo, por las principales ciudades del reino castellano. Tras el incendio de Medina del Campo por parte del ejército real, se generalizó la rebelión.
Los sublevados trataron de convencer a doña Juana, recluida en el castillo de Tordesillas, para que apoyara su causa. Sin embargo, la nobleza apoyó a Carlos, cuyas tropas acabaron con los comuneros en la batalla de Villalar (1521). Carlos I rectificó: perdonó a los rebeldes (aunque ejecutó a los cabecillas), retiró la confianza a los consejeros flamencos, controló los impuestos y residió habitualmente en España.
Las Germanías
Se inició en Valencia cuando los gremios se hicieron con el poder en la ciudad tras la huida de las autoridades urbanas a causa de la peste en 1519. Fue una pugna entre la burguesía (artesanos) y la nobleza por el control de la ciudad, pero también entre los campesinos y los señores en el mundo rural. Los agermanados ganaron en la batalla de Gandía (1521). En 1522, los nobles, con la ayuda de refuerzo de las tropas castellanas tras la caída de los comuneros, derrotaron a los sublevados. Su líder, Vicente Peris, y sus más directos colaboradores fueron ejecutados.
Política Exterior
La Reforma Protestante
Martín Lutero había decidido la reforma de la Iglesia en las 95 tesis, donde criticaba algunas de sus prácticas. Para hacer frente al problema se convocó la Dieta de Worms (1521), que presidió el emperador y en la que se pidió a Lutero que se retractara, a lo que este se negó. Carlos V trataba de mantener la unidad católica y evitar la ruptura con los protestantes, aunque finalmente triunfó la vía militar y se derrotó a los príncipes protestantes, agrupados en la Liga de Smalkalda, en la batalla de Mühlberg (1547). Pero después, estos obtuvieron el apoyo del rey de Francia, lo que obligó a Carlos V a firmar la Paz de Augsburgo (1555), por la que reconocía la coexistencia de las dos religiones en el Imperio, aunque se obligaba a los súbditos de cada territorio a profesar la religión de su príncipe.
La Lucha con Francia
La guerra con Francia estalló por dos motivos: el control de la península italiana y la pugna por Flandes y Borgoña. El control del ducado de Milán era fundamental para el emperador, pues garantizaba las comunicaciones entre los dominios imperiales al norte y sur de los Alpes. El emperador hizo frente a varias guerras con Francia, con significativas victorias como la de Pavía (1525), donde Francisco I fue hecho prisionero por las tropas imperiales. Estos enfrentamientos terminan con la incorporación definitiva del Milanesado al imperio español.
Lucha contra los Turcos
El Imperio otomano era una gran potencia en el Mediterráneo oriental. Tenían aspiraciones en Europa Oriental amenazando los territorios austriacos, lo que llevó a que las tropas imperiales frenaran a los turcos a las puertas de Viena. Para dominarlos, Carlos I lanzó con éxito un ataque contra Túnez (1535), pero fracasó en la conquista de Argel (1541). Ninguno pudo imponer su poder absoluto en el Mediterráneo. En 1556, Carlos I, agotado tras una vida entera en los campos de batalla, le dio los títulos de emperador de Alemania a su hermano Fernando y en su hijo Felipe dejó el resto del Imperio.
Felipe II: El Rey Prudente (1527-1598)
En 1556, Carlos I abdicó en su hijo Felipe II, a quien cedió la Corona y todos sus territorios, salvo los dominios del archiducado de Austria y los derechos del título imperial. A diferencia de su padre, Felipe II fue un monarca dedicado plenamente a su reino. Él fue quien resolvía todos los asuntos y sus viajes fueron escasos; no abandonó prácticamente nunca la Península y estableció la capital en Madrid en 1561. Mantuvo la idea de defensa del catolicismo e incorporó Portugal a la Corona en 1580.
Política Interior
El Conflicto Morisco
Los moriscos de las Alpujarras eran descendientes de los antiguos musulmanes granadinos. Fueron acusados de connivencia con los berberiscos, se les aumentaron los impuestos sobre la seda y se les expropiaron tierras. Se rebelaron en 1566 ante el mandato que les obligaba a abandonar su lengua, vestidos y tradiciones. Ante la magnitud del conflicto y el peligro de que los 320.000 moriscos rebeldes recibieran ayuda turca, en 1568 Felipe II encomendó sofocar la revuelta a su hermanastro don Juan de Austria, quien terminaría la campaña en 1570. Tras duros enfrentamientos, parte de los moriscos tuvieron que abandonar la península y al resto se les dispersó por Castilla.
Las Alteraciones en Aragón
Los motivos del descontento en Aragón estaban relacionados con la crisis económica, el bandolerismo y el nombramiento de un virrey castellano. Todo se precipitó con el caso de Antonio Pérez, aragonés, quien fue secretario del rey hasta 1579, cuando fue arrestado por conspirar contra el monarca. En 1590 logró huir y refugiarse en Aragón, donde se amparó en el derecho foral. Para detenerle, el rey lo acusó de hereje, lo que suponía la intervención de la Inquisición. Los aragoneses lo protegieron, por lo que Felipe II decidió ocupar el reino y sentenciar a muerte a Juan de Lanuza, el Justicia Mayor de Aragón, que se enfrentó al rey amparándose en su potestad para interpretar los fueros aragoneses. Mientras tanto, el perseguido escaparía a Francia, donde asesoró a los enemigos del rey: Francia e Inglaterra.
Política Exterior
Guerra con Francia
La enemistad con Francia se incrementó aún más debido al apoyo francés a los rebeldes flamencos, hasta la victoria de los tercios españoles en San Quintín (1557) y la renuncia de esta a los territorios italianos mediante la Paz de Cateau-Cambrésis (1559). En 1593, Enrique IV se convirtió al catolicismo y se firmó la Paz de Vervins (1598).
Lucha con los Turcos
Solimán el Magnífico llevó a los turcos a su máximo esplendor, asediando Malta, reconquistando Chipre y expulsando al soberano de Túnez. Felipe II se alió con Venecia y con el papa Pío V en la Santa Liga contra los turcos. La victoria espectacular en la batalla de Lepanto (1571) tuvo pocas consecuencias territoriales inmediatas, pero supuso un reparto de poder en el Mediterráneo entre el Imperio turco y España, hasta el debilitamiento de la amenaza islámica en 1585.
La Conquista de Portugal
Tras la muerte del rey de Portugal, Sebastián de Avis, en 1578, Felipe II maniobró para obtener el apoyo de la nobleza y la Iglesia portuguesas a sus legítimas aspiraciones a la Corona de Portugal. Felipe II impuso su candidatura frente al infante don Antonio, que estaba apoyado por las clases populares. Envió un ejército al mando del Duque de Alba, obligando a Antonio I a abandonar el país. Las Cortes portuguesas reconocieron a Felipe II como rey en 1581. Se creó el Consejo de Portugal y se eliminaron las aduanas con Castilla. Con este hecho se crea el mayor imperio territorial y marítimo que había existido hasta entonces.
La Guerra en los Países Bajos
El conflicto comenzó a gestarse cuando el monarca quiso gobernar según los principios autoritarios utilizados en los reinos españoles, pero los Países Bajos contaban con una nobleza políticamente poderosa y unas ciudades que gozaban de gran autonomía. El conflicto se inició por cuestiones religiosas: el calvinismo se había difundido con éxito, provocando el descontento de la población y de algunos nobles que se rebelaron contra el monarca. Felipe II respondió enviando tropas al mando del Duque de Alba, que sometió duramente a los sublevados y ajustició a sus líderes. La guerra duraría 80 años. Pese a las victorias militares de los generales de Felipe II, el territorio se dividió en dos: las provincias del Norte, lideradas por Guillermo de Orange, consiguieron la independencia y pasaron a llamarse Provincias Unidas, mientras que el sur se mantuvo católico y bajo el dominio español.
Enfrentamiento con Inglaterra
La muerte de María Tudor en 1558 llevó al trono de Inglaterra a Isabel I, lo que abrió una etapa de rivalidad. Las tensiones surgieron a causa de la ayuda prestada por Inglaterra a la rebelión de los Países Bajos contra Felipe II, además de la protección dada por los ingleses a los corsarios (como Drake y Hawkins) en su asedio a los barcos españoles en el comercio con América. El conflicto se agudizó con el apoyo del rey a María Estuardo, reina católica de Escocia. Su ejecución decidió a Felipe II a enviar la Gran Armada (o Armada Invencible) en 1588 para invadir Inglaterra, pero la campaña acabó en un rotundo fracaso para las tropas españolas. Esta derrota debilitó la posición hegemónica de España y posibilitó una mayor libertad al comercio inglés y holandés.
Conclusión: El Legado de los Austrias Mayores
Al finalizar el siglo XVI, España cuenta con un inmenso imperio “donde no se pone el sol”. A las nuevas conquistas territoriales se les debe sumar una defensa a ultranza del catolicismo que ambos monarcas llevaron como estandarte. A pesar de los múltiples conflictos a los que tuvieron que hacer frente, consiguieron consolidar su poder en Europa, a pesar de las varias bancarrotas que sufrió el reino bajo ambos monarcas.