Agricultura sostenible en España: problemas medioambientales, estructuras, PAC y producción

Problemas medioambientales

Las actividades agrarias causan problemas medioambientales por el uso ineficiente de recursos y por prácticas inadecuadas. Es necesario mejorar el uso del agua mediante sistemas de riego eficientes y reducir el consumo energético fomentando el ahorro y el uso de energías renovables. Las buenas prácticas agrarias buscan mitigar el cambio climático reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero, usando maquinaria eficiente, controlando el metano del ganado y aumentando los sumideros de CO₂ como bosques y prados. También ayudan a adaptarse a fenómenos extremos como sequías o inundaciones.

Además, pretenden evitar la contaminación del agua y del suelo, proteger la vegetación, conservar el suelo mediante la rotación de cultivos y el control ganadero, y preservar la biodiversidad y las variedades autóctonas.

La agricultura ecológica utiliza sistemas naturales y no emplea productos químicos. Usa abonos orgánicos, rotación de cultivos y control natural de plagas. Sus productos son más sanos pero más caros. Desde 1991 ha crecido mucho en España, especialmente en Andalucía, Aragón y Extremadura. La ganadería ecológica no emplea estabulación permanente ni estimuladores del crecimiento y se alimenta con pastos naturales o forrajes ecológicos. La explotación forestal sostenible se controla mediante certificaciones que garantizan una gestión responsable de los bosques. Y, por último, la producción agraria integrada es un sistema intermedio entre la convencional y la ecológica: aprovecha los recursos naturales y solo usa productos químicos cuando no hay otra alternativa.

Diferentes estructuras agrarias

La evolución del espacio agrario español ha dado lugar a tres estructuras principales.

Tradicional

La estructura tradicional, predominante hasta 1960, buscaba la autosuficiencia alimentaria, con una población numerosa, explotaciones pequeñas y grandes de usos mixtos (policultivo, ganadería y bosque), técnicas atrasadas y baja productividad destinada al autoconsumo; su impacto ambiental era moderado, principalmente por deforestación.

Productivista

A partir de los años 60 se impuso la estructura productivista, orientada a maximizar la producción para el mercado, con menos población, explotaciones más grandes y especializadas, sistemas intensivos y tecnología avanzada; la producción es abundante y homogénea, pero genera graves problemas ambientales como contaminación y sobreexplotación.

Posproductivista

Desde 1990 se desarrolla la estructura posproductivista, que combina competitividad con sostenibilidad, fomentando explotaciones familiares diversificadas, técnicas respetuosas con el medio ambiente y producción de calidad destinada a consumidores concienciados; su objetivo es minimizar el impacto ambiental y evitar el despoblamiento rural. La coexistencia de estos modelos explica la diversidad social, productiva y paisajística del espacio agrario español.

La actividad agrícola

La actividad agrícola ha evolucionado mucho en las últimas décadas. La agricultura tradicional se basaba en el policultivo, técnicas poco desarrolladas y sistemas extensivos, con baja producción destinada al autoconsumo o al mercado local. Hoy predomina una agricultura moderna que se divide en productivista, especializada, tecnificada e intensiva, orientada al mercado, y posproductivista, diversificada, extensiva y respetuosa con el medio ambiente, orientada a la calidad. La agricultura tiende a especializarse según las condiciones de cada región, aunque aumenta la diversificación de productos de calidad.

Ha aumentado notablemente la tecnificación agrícola, con mayor uso de maquinaria, fomentando su renovación por modelos más eficientes y su uso compartido. Se utilizan fertilizantes y pesticidas controlados por motivos medioambientales, así como semillas seleccionadas y, en algunos casos, cultivos transgénicos, recuperando también variedades autóctonas. Se aplican técnicas para mejorar las condiciones naturales: invernaderos que crean microclimas favorables y cultivos hidropónicos o enarenados para optimizar el suelo.

La agricultura intensiva ha crecido por la reducción del barbecho y la expansión del regadío, aunque la PAC actual fomenta la extensificación. El barbecho consiste en dejar descansar el suelo para recuperar su fertilidad. Ha disminuido por la mecanización y el uso de fertilizantes, pero se mantiene en algunas zonas del interior peninsular. Permite mejorar la fertilidad, diversificar el paisaje y favorecer la biodiversidad, aunque reduce la producción.

Actividad ganadera

La ganadería española ha pasado de explotaciones tradicionales, extensivas y de baja producción basadas en razas autóctonas, a sistemas productivistas, tecnificados e intensivos, así como a explotaciones posproductivistas orientadas a productos de calidad. La especialización en carne o leche ha sustituido en gran medida a las razas nacionales por extranjeras, aunque se fomenta la recuperación de razas autóctonas mediante subvenciones. La tecnificación incluye ordeñadoras mecánicas, estudios sobre alimentación y aumento del tamaño de las explotaciones, lo que mejora los rendimientos.

La ganadería extensiva depende del medio físico y se alimenta en pastos naturales o rastrojos. Se asocia a razas autóctonas y técnicas tradicionales, depende de subvenciones y se potencia para mejorar el bienestar animal y el desarrollo rural. La ganadería intensiva está estabulada, alimentada con piensos, desvinculada del medio natural y cercana a centros urbanos. Utiliza razas extranjeras y técnicas modernas, dependiendo de la industria transformadora. Desde los años 60 ha crecido por la reducción de pastos y la mayor demanda de productos ganaderos.

Por especies, la ganadería bovina produce carne y leche. La carne extensiva procede de vacas nodrizas y la intensiva de cebo de terneros. La leche extensiva se concentra en zonas con pastos y la intensiva cerca de ciudades; la eliminación de cuotas ha incrementado la producción. La ganadería ovina y caprina se destina a carne y leche; la extensiva se encuentra en secanos y montaña, mientras que la intensiva es minoritaria. La carne disminuye por la competencia y la reducción de animales extensivos, pero la producción de leche se beneficia de razas mejoradas.

La ganadería porcina produce carne y embutidos; el porcino extensivo, basado en cerdo ibérico, se mantiene en dehesas occidentales, mientras que el intensivo predomina con razas blancas y sistema de integración. España es uno de los principales productores de porcino del mundo. La ganadería avícola produce huevos y carne; la intensiva se concentra cerca de los centros de consumo y utiliza integración, mientras que la alternativa (ecológica o campera) es minoritaria. España es segundo productor de carne de ave en la UE.

Reformas y la PAC actual

Desde la década de 1990, la Política Agraria Común (PAC) ha experimentado diversas reformas para corregir los problemas generados por su modelo inicial. Estas reformas se basan en un enfoque posproductivista, cuyo objetivo es combinar sostenibilidad ambiental con desarrollo socioeconómico. Entre los hitos más importantes destacan la unificación de todas las Organizaciones Comunes de Mercado (OCM) y la supresión de las cuotas en 2015.

Actualmente, la PAC se enfrenta a nuevos retos que marcan los objetivos de la reforma:

  • Lograr un sector agrario resiliente capaz de adaptarse a crisis.
  • Garantizar la seguridad alimentaria ofreciendo alimentos suficientes, sanos, de calidad y variados.
  • Fomentar una agricultura sostenible que combine competitividad, investigación, tecnología y digitalización con la protección del medio ambiente y la acción climática.
  • Promover el desarrollo rural mediante la incorporación de jóvenes agricultores, la creación de empleo y nuevas empresas.

Para alcanzar estos objetivos, la PAC se estructura en dos pilares.

Primer pilar (financiado por el FEAGA)

Cubre los pagos de mercado y los pagos directos a agricultores. Los pagos de mercado se destinan a intervenciones puntuales en momentos de crisis. Los pagos directos garantizan rentas estables frente a la competencia internacional y los riesgos del cambio climático, y compensan a los agricultores por su contribución al medio ambiente y a la producción de alimentos. Solo los agricultores «genuinos», para quienes la actividad agraria supone entre el 20% y el 30% de sus ingresos, pueden percibir estas ayudas.

Los pagos directos incluyen:

  • Pagos básicos por hectárea condicionados a normas ambientales y de bienestar animal.
  • Pagos complementarios redistributivos para pequeñas y medianas explotaciones.
  • Ayudas a jóvenes agricultores.
  • Pagos voluntarios adicionales por prácticas a favor del clima y el medio ambiente (ecoesquemas).
  • Pagos asociados a producciones o sectores estratégicos en dificultades.

Segundo pilar (cofinanciado por el FEADER)

Apoya el desarrollo rural mediante la mejora de la competitividad, la inversión en conocimiento, innovación y cooperación, la gestión del medio ambiente y del paisaje rural, y la creación de empleo en zonas con limitaciones naturales, incluyendo el apoyo a jóvenes agricultores y nuevas actividades.

Regadío y producción agrícola

El regadío aporta agua adicional a los cultivos mediante riego por gravedad, aspersión o goteo. Existen regadíos intensivos, con varias cosechas al año, dedicados sobre todo a frutas y hortalizas en el litoral mediterráneo, y regadíos extensivos, con una cosecha anual, destinados a cereales y cultivos industriales en el interior peninsular.

Sus ventajas son económicas, sociales y medioambientales, ya que permiten estabilizar la producción, aumentar la renta, crear empleo y fijar población. Entre sus problemas se encuentran el consumo excesivo de agua, los conflictos por su uso y la alteración del paisaje y del medio natural. La política actual busca aumentar la eficiencia del riego, proteger el medio ambiente y mejorar la gestión de las zonas regadas.

La producción agrícola se concentra en Andalucía, Castilla-La Mancha, Comunitat Valenciana, Murcia, La Rioja y Canarias. Los cereales son los cultivos más importantes en los secanos, destinados a alimentación y piensos. Las leguminosas rotan con los cereales y enriquecen el suelo con nitrógeno. La vid se dedica principalmente a la producción de vino, con técnicas modernas y orientación a la calidad.

El olivo, muy resistente a la sequía, se encuentra sobre todo en Andalucía, y España es líder mundial en producción de aceite de oliva. Los cultivos hortofrutícolas se localizan en los regadíos mediterráneos y áreas cercanas a centros de consumo urbano, y España es el principal exportador europeo. Los cultivos industriales, como girasol, remolacha, algodón o tabaco, están muy ligados a la industria transformadora.

Los cultivos forrajeros, como alfalfa y maíz forrajero, se destinan a la alimentación del ganado y han crecido con la ganadería, haciendo de España un gran productor europeo de forraje desecado.