El Reinado de Fernando VII: Restauración y Revolución
Tras las guerras napoleónicas, Europa inicia la Restauración y se firma la Santa Alianza, un pacto de las grandes potencias para defender el absolutismo e intervenir en países amenazados por movimientos liberales (1820, 1830, 1848). En España, la vuelta de Fernando VII restaura el absolutismo frente a la férrea oposición de los liberales.
El Sexenio Absolutista (1814-1820)
Durante este periodo, Fernando VII regresa al trono tras la destitución de José I mediante el Tratado de Valençay (diciembre de 1813). A pesar de que las Cortes le pedían jurar la Constitución de 1812, el monarca se mostró receloso y buscó apoyo popular recorriendo diversas ciudades. Altos oficiales del ejército, la nobleza y el clero criticaron el poder de las Juntas y Cortes, solicitándole restaurar las instituciones tradicionales mediante el Manifiesto de los Persas (abril de 1814).
El 4 de mayo promulgó el Decreto de Valencia, con el cual:
- Abolió la Constitución de 1812 y las leyes de las Cortes de Cádiz.
- Persiguió a los liberales y disolvió las Cortes.
- Restableció los consejos, la Inquisición, los privilegios y la jurisdicción señorial.
- Suspendió la desamortización de 1813.
Crisis y Oposición
El absolutismo se enfrentó a graves problemas estructurales:
- Inestabilidad política: Constantes cambios ministeriales y la excesiva influencia de la camarilla real.
- Crisis económica: Caída de precios agrícolas, escasa producción industrial y comercio paralizado.
- Deuda pública: Agravada por la pérdida de ingresos procedentes de las colonias americanas.
- Crisis social: Descontento generalizado en los sectores campesino, urbano y militar.
La oposición liberal recurrió a conspiraciones y pronunciamientos militares, organizándose en sociedades secretas. Tras el fracaso de siete intentos previos (1814-1819), triunfó el de Rafael del Riego (1820) en Las Cabezas de San Juan, proclamando la Constitución de 1812 con el respaldo de la burguesía liberal gaditana. Este movimiento se extendió a localidades como La Coruña y Zaragoza, obligando finalmente a Fernando VII a restablecer la Constitución.
El Trienio Liberal (1820-1823)
Durante esta etapa, Fernando VII aceptó convertirse en monarca constitucional. Se intentaron aplicar las reformas liberales de las Cortes de Cádiz con el apoyo de la Milicia Nacional. Entre las reformas más destacadas figuran:
- Supresión definitiva de la Inquisición (1820).
- Reducción de monasterios y órdenes religiosas con la consecuente venta de sus bienes.
- Abolición del régimen señorial y los mayorazgos.
- Restablecimiento de las libertades económicas y de expresión.
- Secularización de la enseñanza y creación del primer Código Penal.
- Reformas económicas: devaluación de la moneda, recorte de gastos y solicitud de créditos extranjeros.
El Trienio Liberal fracasó debido a la oposición conservadora (apoyada por el rey y el clero) y a la división interna de los liberales entre moderados (doceañistas) y exaltados. En 1823, la intervención de la Santa Alianza, a través de los Cien Mil Hijos de San Luis bajo el mando del duque de Angulema, restableció el absolutismo.
La Década Ominosa (1823-1833)
En este periodo, Fernando VII restableció el Antiguo Régimen (excepto la Inquisición), reforzando su poder con el Cuerpo de Voluntarios Realistas y una represión intensa. Figuras como Riego, Mariana Pineda y Torrijos fueron ejecutados, mientras otros como Goya partieron al exilio.
No obstante, se impulsaron reformas administrativas necesarias:
- Creación del Consejo de Ministros y el Ministerio de Fomento.
- Elaboración de los presupuestos generales y el Código de Comercio.
- Fundación del Banco de San Fernando y la Bolsa.
Las insurrecciones de los sectores más radicales del absolutismo, como los Malcontents o Agraviados en Cataluña (1827), fueron sofocadas por el propio monarca.
La Cuestión Sucesoria y la Primera Guerra Carlista
Los últimos años estuvieron marcados por el problema sucesorio. En 1830, Fernando VII casó con María Cristina de Cerdeña, madre de la futura Isabel II. El rey promulgó la Pragmática Sanción, derogando la Ley Sálica para que su hija pudiera reinar. Su hermano, Carlos María Isidro, no reconoció esta medida y reclamó el trono apoyado por los absolutistas.
Tras los Sucesos de la Granja (1832) y la muerte del rey en 1833, Isabel II fue proclamada heredera bajo la regencia de María Cristina. Esto desencadenó la Primera Guerra Carlista (1833-1840), un conflicto civil e ideológico entre:
- Carlistas: Absolutistas tradicionales, pequeños nobles, bajo clero y campesinos bajo el lema “Dios, Patria, Fueros y Rey”.
- Isabelinos: Sectores liberales y alta jerarquía que apoyaban la monarquía constitucional.
El carlismo se concentró geográficamente en Navarra, el País Vasco, el norte del Ebro y el Maestrazgo, contando con el apoyo internacional de potencias como Austria, Rusia y Prusia.