El Estallido del Conflicto y el Desastre del 98
El estallido del conflicto fue el resultado de dos hechos incuestionables:
- En primer lugar, la inexistencia de una política colonial que diera cumplimiento, en el caso de Cuba, a los compromisos adquiridos por España con la firma de la Paz de Zanjón en 1878. La concesión de la autonomía, a partir del 1 de enero de 1898, llegaba demasiado tarde. Los cubanos solo se conformaban con la emancipación definitiva.
- En segundo lugar, la situación mundial justificaba una nueva distribución colonial que el derecho internacional favorecía, facilitando el reparto del mundo entre Gran Bretaña, Francia, Alemania, Japón y Estados Unidos. El imperialismo norteamericano, necesitado de nuevos mercados donde colocar los excedentes de producción y de capital, fijó su atención en los territorios españoles del Pacífico y del Caribe.
Consecuencias del «Desastre del 98»
La pérdida de las últimas colonias españolas fue conocida como el “desastre del 98” y tuvo importantes repercusiones:
- El resentimiento de los militares hacia los políticos, que los habían utilizado haciéndoles perder la guerra. Se calcula que las guerras de 1895-1898 costaron en conjunto unos 120.000 muertos, de los cuales la mitad fueron soldados españoles. La mayoría de las muertes se debieron a enfermedades infecciosas, que dejaron además graves secuelas en los supervivientes. Los perjuicios psicológicos y morales fueron también importantes: los soldados retornaban heridos, pésimamente atendidos, muriendo de hambre, mutilados o tarados por la guerra. A ello se añadía la desmoralización de un país consciente de su propia debilidad y de lo inútil del sacrificio.
- La pérdida de los ingresos procedentes de las colonias, así como de los mercados privilegiados que estas suponían y de las mercancías que, como el azúcar, el cacao o el café, deberían comprarse en el futuro a precios internacionales.
- El crecimiento de un antimilitarismo popular. El reclutamiento para la Guerra de Cuba afectó a los que no tenían recursos, ya que la incorporación a las filas podía evitarse pagando una cantidad en metálico. Esta circunstancia, unida al espectáculo de la repatriación de los soldados heridos y mutilados, incrementó el rechazo al ejército entre las clases populares.
- La aparición de un importante movimiento intelectual y crítico, el Regeneracionismo, surgido a partir del desastre del 98, que rechazaba el sistema político y social de la Restauración al considerarlo una lacra para el progreso de España. La figura clave, dentro del regeneracionismo social y económico, va a ser Joaquín Costa.
El regeneracionismo tuvo además una vertiente literaria, la Generación del 98, que dio nuevos impulsos a la vida intelectual y política del país en las primeras décadas del siglo XX, entre los que destacan Miguel de Unamuno, Valle-Inclán y Ramiro de Maeztu.
El Sistema Político de la Restauración
La Constitución de 1876
La nueva Constitución empezó a debatirse en febrero de 1876 y se promulgó el 30 de junio de 1876 como resultado de un ajustado equilibrio entre la Constitución moderada de 1845 y la revolucionaria de 1869.
El nuevo texto constitucional restauraba la concepción del liberalismo doctrinario, según la cual la soberanía no reside en la Nación, ni por lo tanto en las Cortes, sino en las Cortes con el Rey. Mediante una redacción frecuentemente ambigua, se garantizaba el ejercicio del gobierno a fuerzas políticas distintas. En cuanto a los derechos de los españoles, siguiendo el modelo de la de 1869, se recogían los derechos individuales característicos del liberalismo progresista: la seguridad personal, la inviolabilidad del domicilio y de la correspondencia, la libertad de residencia, de conciencia, de expresión y de enseñanza, así como los derechos de reunión y de asociación.
Respecto a la libertad religiosa, el texto contemplaba la confesionalidad del Estado; aunque se toleraba la libertad de cultos, no se permitían otras manifestaciones externas “que las de la religión del Estado” (Artículo 11).
Las Cortes, por su parte, constan de dos cámaras, el Senado y el Congreso de los Diputados, iguales en facultades. Los miembros del Congreso de los Diputados serían elegidos por cinco años, al igual que los senadores, pudiendo ser reelegidos indefinidamente. Eran competencias de las Cortes discutir y aprobar leyes, intervenir en la sucesión de la Corona, en la minoría de edad y en las regencias; hacer efectiva la responsabilidad de los ministros…
Complemento de la Constitución fue la Ley electoral de 1878, de tipo censitario en tanto que solo votaba el 5% de la población. El sistema introduciría después, gracias a Sagasta, un elemento democrático al implantar en 1890 el sufragio universal masculino, por el que tendrían derecho a voto todos los varones mayores de 25 años. No obstante, y aunque el censo electoral pasara de 800.000 personas a 5.000.000, no aumentó la democratización de la política española, ya que las elecciones continuaron bajo control de los caciques y del Ministerio de Gobernación.
En lo que a la forma política se refiere, diseñaba una monarquía parlamentaria, es decir, las facultades atribuidas formalmente al monarca eran ejercidas de hecho por sus ministros. Destaca la inviolabilidad del Rey, la potestad legislativa compartida con las Cortes, sancionar y promulgar leyes, la atribución del mando supremo de las fuerzas armadas, la designación de los ministros responsables, el nombramiento de funcionarios públicos, las declaraciones de guerra y las ratificaciones de paz.
La Constitución de 1876 fue la de más larga duración de la historia del constitucionalismo español y la que proporcionó a la vida política española la estabilidad de la que hasta entonces había carecido.
Antonio Cánovas del Castillo y los Principios del Régimen
Antonio Cánovas del Castillo es el hombre clave de la Restauración borbónica, un verdadero hombre de Estado que contó siempre con la ayuda de Práxedes Mateo Sagasta. Cánovas, historiador y político liberal, se había formado en las filas de la Unión Liberal de O’Donnell y tenía un conocimiento muy profundo de la Historia de España y un claro proyecto de lo que debía ser como nación.
Los principios doctrinales que fundamentaban el régimen de la Restauración se pueden resumir en los siguientes:
- La Restauración no solo era la vuelta de la legítima dinastía borbónica, también la superación de la inestabilidad política del período anterior.
- Se impone el sentido de la realidad: la política debe verse como “el arte de lo posible”, es decir, como algo adaptado a las circunstancias del tiempo y del lugar.
- Civilismo frente a militarismo: el poder civil es superior al militar, porque tiene la legitimidad que le da la voluntad nacional manifestada a través del sufragio.
- Cánovas es enemigo de las posturas inflexibles o irreconciliables. Hay que buscar acuerdos y consensos. Para que todos se entiendan, es preciso que unos y otros cedan. Es posible reconocer al adversario cada uno de sus derechos —el “posibilismo canovista”—; así todos se integrarían en el sistema.
- Se imponía, en definitiva, un pacto entre todas las fuerzas políticas que posibilitara una convivencia pacífica en el seno de una monarquía parlamentaria. Tal pacto quedaría fundamentado en una nueva constitución que debía estar ampliamente consensuada.
El Reinado de Alfonso XIII y la Crisis del Sistema
Alfonso XIII inicia su reinado en 1902. Lo hace tras el “desastre del 98”. En esta época se inicia un debate sobre los males de la nación. El sistema de la Restauración había entrado en crisis. Se necesitaba “regenerar” la sociedad, la economía, la educación y el propio sistema político. A este movimiento se le denominó Regeneracionismo.
Los Grandes Problemas de Comienzos de Siglo
Los principales problemas a los que tuvo que enfrentarse España a comienzos de siglo fueron:
- Problemas de identidad: la población se llena de pesimismo, criticando a la clase dirigente por los amaños electorales y el caciquismo. Un hombre clave de estos momentos fue Joaquín Costa, cuyo eslogan fue “Despensa y Escuela”: población bien alimentada y educada.
- Problema político: había que aceptar nuevas formas políticas que estaban fuera del turno de partidos y escuchar a las masas populares, como el PSOE, los partidos nacionalistas y los partidos republicanos.
- Problema social: España era un país atrasado, con un 65% de campesinos y proletariado, con lo que una nueva forma de poder toma fuerza: el sindicato.
- Problemas económicos: derivados del mal reparto de la tierra, siendo España un país eminentemente agrario.
- Problema militar: el ejército sufrió duras críticas desde el “desastre del 98”. Necesitaba ser reformado y modernizado. La Guerra de Marruecos agravó el distanciamiento entre los militares y la sociedad debido al desastre de la guerra.
España interviene en Marruecos por varios motivos: estratégicos, económicos (minas del Rif), de prestigio y religiosos (evangelización de África). Pero la resistencia marroquí convirtió la guerra en un problema por lo costosa y el elevado número de víctimas.
Maura y la Semana Trágica
Durante el primer tercio de siglo, los nuevos líderes del partido conservador y progresista intentaron sin éxito regenerar la política del país. El líder del partido conservador será Antonio Maura, cuyo gobierno cae como consecuencia de la “Semana Trágica de Barcelona” en 1909. La guerra de Marruecos necesitaba de la movilización de reservistas catalanes, lo que provoca una insurrección. Se vivieron días de terror y Maura utilizó el ejército para sofocar la revuelta catalana, lo que le costó una oleada de protestas en España y en el extranjero. El rey acabó cesando a Maura sin que este hubiese realmente dimitido.
El Fin de la Monarquía y el Advenimiento de la República
La «Dictablanda» y la Oposición
Tras la dimisión de Primo de Rivera, hay un intento de volver a la normalidad constitucional pero sin hacer tambalearse a la monarquía. Se encarga el gobierno a otro militar, Dámaso Berenguer, pero no hizo ninguna reforma de calado y los grupos de oposición comenzaron a actuar:
- Creció la agitación popular y estudiantil, sobre todo tras la vuelta de Unamuno del exilio.
- Los políticos fuera del sistema tradicional (republicanos, socialistas y catalanes) firman el “Pacto de San Sebastián”. Se constituye allí un “Comité Revolucionario” presidido por Niceto Alcalá-Zamora (ex monárquico), que junto con parte del ejército y los intelectuales, estudia la opción de traer la República.
- Se intentó un golpe militar en Jaca, pero la descoordinación del mismo lo hizo fracasar. Los capitanes sublevados fueron fusilados y el Comité Revolucionario fue encarcelado.
Todo esto elevó el malestar contra Berenguer, que se vio obligado a dimitir tras ser incapaz de pacificar el país y llevarlo nuevamente a la normalidad constitucional. Su gobierno ha pasado a la historia como la “Dictablanda”.
Las Elecciones de 1931 y la Proclamación de la República
Alfonso XIII nombró al almirante Juan Bautista Aznar para formar un nuevo gobierno. Este intentó dar sensación de libertad y convocó elecciones municipales para el 12 de abril de 1931, donde participan todos los partidos políticos. Las elecciones se tomaron como un referéndum sobre la necesidad de cambio en la forma de Estado: “monarquía o república”.
Los resultados fueron favorables para los monárquicos en las zonas rurales, donde el caciquismo aún tenía fuerza, aunque en el mundo urbano la victoria republicana fue aplastante. Estos resultados provocaron la abdicación del Rey, que entendió rápidamente que allí donde no se podían amañar elecciones, no contaba con el beneplácito del pueblo. Tras salir de España, la Segunda República Española se proclamó el 14 de abril de 1931.