Migraciones en España: emigración histórica e inmigración contemporánea

Migraciones exteriores

Las migraciones exteriores son los movimientos de población fuera de las fronteras del propio país. Distinguimos dos grandes destinos: la migración transoceánica, que se dirigió sobre todo a América Latina y, en menor medida, a Estados Unidos, Canadá y Australia. Fue una inmigración que, en muchos casos, fue permanente y existía desde el propio Estado español. La procedencia mayoritaria de los inmigrantes era de Galicia, Asturias y Canarias. Se producen sobre todo desde finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Los países de Latinoamérica necesitaban inmigrantes para explotar sus recursos y construir las grandes infraestructuras. Las razones de este movimiento están en el crecimiento demográfico; se convirtieron en una salida para todos aquellos españoles que pretendían salir del atraso agrario y del desempleo. Decayó debido a la crisis económica de 1929 y a la guerra civil española y posguerra. En los años 50-60 se recuperó un poco, cambió el perfil del emigrante —ahora más técnico y con mayor nivel de cualificación— y volvió a descender a partir de los 60, coincidiendo con el declive de la economía latinoamericana.

Inmigración tradicional hacia Europa (1960-1975)

La posguerra y el cambio de la política franquista encaminaron la corriente migratoria hacia Europa. Desde entonces y hasta 1975 la emigración de trabajadores españoles hacia Europa occidental superó los dos millones de personas, de las cuales la mitad no retornó en este periodo. Tras la crisis de 1973, con el incremento del paro en los países europeos, cesa el flujo migratorio y aumenta el retorno de emigrantes a España.

Las causas que explican esta corriente migratoria son:

  • Expansión de la industria en los países occidentales, que necesitaba abundante mano de obra.
  • Escasez de población joven y oferta de empleo en Europa, que hizo recurrir a trabajadores extranjeros.
  • En España había un gran excedente de mano de obra, sobre todo en el medio rural.
  • La creación del IEE (Instituto Español de Emigración) impulsó la salida al exterior, al igual que la necesidad de visados para el desarrollo industrial español.

Los principales destinos fueron Alemania, Suiza y Francia, y en menor medida Holanda, Bélgica y Gran Bretaña. Los inmigrantes europeos procedían de todas las regiones españolas, pero las regiones rurales aportaron el mayor número de migrantes. Fueron fundamentalmente varones, predominando los adultos jóvenes de 20 a 40 años, principalmente jornaleros agrarios que se integraron en la industria o la construcción.

Las consecuencias para los países receptores fueron que los inmigrantes contribuyeron a su desarrollo económico: se encontraron con una buena mano de obra dispuesta a ocupar trabajos rechazados por los naturales del país y por unos sueldos realmente bajos. En España, los movimientos migratorios originaron una disminución del paro y contribuyeron a financiar el desarrollo económico español. También agudizaron los desequilibrios territoriales, debido a que la mayor parte de las remesas enviadas por los emigrantes a las cajas de ahorro de sus respectivas regiones no repercutieron en el desarrollo de las mismas. Como aspecto negativo desde el punto de vista social, hay que mencionar las dificultades y los problemas de integración de los emigrantes en la cultura del país al que llegaron.

Migraciones recientes (1975 hasta la actualidad)

Las migraciones recientes son las que se producen a partir de 1975 hasta la actualidad. En España ocurrieron grandes cambios: llega la democracia y España es un país en pleno desarrollo. Cambia el modelo de migración interior y exterior.

Cambio en el modelo migratorio interior a partir de la crisis de los años 70

Desde mediados de los 70, los cambios políticos y socioeconómicos —transición demográfica y crisis industrial— que se produjeron en España dieron lugar a importantes cambios en las migraciones internas. Como rasgos característicos de los movimientos migratorios actuales se pueden señalar los siguientes:

  • Se asiste a una reducción del éxodo rural, produciéndose un incremento en los movimientos de retorno a los lugares de origen, sobre todo al llegar a la jubilación.
  • El movimiento migratorio interior dominante en estas últimas décadas es, por el contrario, el interurbano.
  • Los movimientos se desarrollan con frecuencia en el interior de la misma provincia.
  • El movimiento de población entre ciudades es propio de personal cualificado perteneciente al sector de servicios y de personal técnico.
  • Los focos que tradicionalmente habían recibido población se han convertido en las últimas décadas en centros de emigración como consecuencia de la crisis industrial que ha afectado a determinadas regiones (País Vasco, Asturias y Barcelona).
  • Algunas zonas tradicionales de inmigración son ahora zonas receptoras por su proximidad a Madrid o Barcelona.
  • Se consolidan como provincias receptoras aquellas que presentan una estructura productiva más diversificada con un papel relevante del sector servicios; otras provincias de tradición migratoria continúan manteniendo saldos negativos.

España como país de inmigración

Los efectos de la crisis económica de mediados de los años 70 y los cambios sociopolíticos operados en España tras el final de la dictadura franquista provocaron, a partir de los años 80-90, una reducción de la emigración española hacia el exterior y un notable incremento del número de retornos. Sin embargo, creció el flujo de inmigrantes extranjeros. Hoy viven en España cerca de 5 millones de extranjeros.

Las causas de estas inmigraciones son:

  • Superpoblación y pobreza de los países subdesarrollados.
  • El dynamismo de la economía española desde la segunda mitad de los años 90, que generó demanda laboral en sectores específicos.
  • La proximidad al continente africano.
  • Los lazos históricos y culturales que unen a España con Latinoamérica.
  • La suavidad del clima y el modo de vida español.

Los inmigrantes proceden de lugares muy variados: sobre todo de la Unión Europea (dos millones), de países en desarrollo y del lejano Oriente. Las actividades laborales que desarrollan son muy diversas: los hay técnicos y muy cualificados, pero la mayor parte se dedica a la agricultura, construcción, servicio doméstico, hostelería y economía sumergida. Los destinos preferidos por los inmigrantes son las grandes ciudades, las zonas turísticas y de agricultura intensiva de la costa mediterránea y de las islas, y el Valle del Ebro.

Las consecuencias derivadas de este nuevo fenómeno para España son variadas: aumento de la población, crecimiento económico, diversidad étnica, cultural, religiosa y lingüística.

Problemática migratoria actual

Los inmigrantes de la Unión Europea no suelen suscitar rechazo entre la población; sin embargo, en los grupos de inmigrantes procedentes de los países menos desarrollados sí puede existir rechazo. El riesgo de la xenofobia se puede observar en momentos de crisis económica en los que aumenta el paro y se ve al inmigrante como un competidor indeseable. Ante esto, los países desarrollados imponen políticas migratorias muy restrictivas que provocan el aumento del número de inmigrantes en situación irregular.

La emigración española en la actualidad

Desde el comienzo de la crisis en 2008 hasta hoy, el número de españoles residentes en el exterior se ha incrementado; la mayoría son jóvenes altamente cualificados. La crisis laboral y la falta de expectativas en España provocan su fuga hacia Reino Unido, Francia, Alemania, Estados Unidos e incluso países latinoamericanos. Además de la crisis económica, la globalización de la economía y la internacionalización de los estudios han favorecido estos movimientos. Se ha producido una reducción del pago de prestaciones por desempleo, pero las consecuencias resultan muy negativas por la pérdida de población joven, emprendedora y con buena formación.