Cinco horas con Mario
Esta novela, publicada en 1966, supuso un importante cambio en la trayectoria novelística de su autor, pues con ella se incorporó al proceso de renovación formal de la novela española que se produjo en la década de los sesenta y que fue iniciado, en 1962, por Tiempo de silencio, de Luis Martín-Santos.
Contexto y propuesta formal
La obra anterior de Delibes se caracteriza por el tratamiento realista y tradicional. En Cinco horas con Mario se adoptan unas técnicas narrativas más acordes con los nuevos tiempos.
Temática
La novela narra el largo soliloquio de Carmen Sotillo ante el cadáver de su marido, Mario, durante cinco horas de velatorio. La mujer recuerda los veintitantos años de vida en común y, como en un «ajuste de cuentas», le recrimina a su marido todos y cada uno de los aspectos de su personalidad y diversos sucesos y situaciones de su matrimonio.
El tema principal es el fracaso matrimonial y la frustración personal de la pareja por la incomprensión de dos mentalidades contrapuestas. Pero también aparecen otros subtemas, entre los que destacan:
- La religiosidad superficial, ritual y farisaica, con la idea de un Dios autoritario y una caridad paternalista.
- La defensa del orden establecido, la autoridad dictatorial y el valor absoluto del dinero.
- El cerril clasismo social, las apariencias estúpidas y los convencionalismos.
- El autoritarismo en la educación y la discriminación de la mujer.
- La frivolidad y el maniqueísmo respecto a la guerra civil.
- El sentido represivo y negativo del sexo, entre otros aspectos.
Personajes
A través de su evocación, Carmen muestra su profunda frustración y una estrechez mental: en ella está representada la más flagrante mediocridad y conservadurismo de la clase media burguesa de nuestro país en un determinado momento histórico.
Frente a ella —y siempre a través de su monólogo— aparece Mario, catedrático de instituto, como un hombre abierto y comprometido, religiosa y humanamente, que busca la integridad y la solidaridad y critica la injusticia y los abusos. Sin embargo, también en Mario se manifiestan aspectos negativos, como su actitud pacata ante el sexo o su nula influencia —después de tantos años de matrimonio— sobre Carmen, explicada, tal vez, porque la ha tenido en poco aprecio como interlocutora válida o, más simplemente, porque no la ha comprendido.
Además, Mario demuestra una constante incapacidad para la vida práctica y la resolución de los problemas familiares y, en definitiva, también él es causante y víctima del fracaso matrimonial.
Estructura
La novela está estructurada externamente por un prólogo —ambiente y visitas en la casa mortuoria— y un epílogo —salida del féretro—, los dos en tercera persona y sin numerar, que enmarcan la parte central, en segunda persona y formada por veintisiete capítulos numerados: el soliloquio de Carmen. Cada capítulo, a su vez, mantiene una misma estructura: se abre con una breve cita bíblica que Carmen toma del texto sagrado anotado por su marido. Esta cita da pie al discurso desordenado de la protagonista, en el que se mantienen siempre dos aspectos: los continuos reproches a su marido, debido a su estrechez mental, y la falsa interpretación de la cita bíblica correspondiente.
En cuanto a la estructura interna, hay que destacar una «pequeña historia», acertadamente diluida a lo largo de la obra, que al final se hace patente y cobra relevancia y significación central: se trata de las «aventuras de Carmen y Paco», a la vista de las cuales se entiende el monólogo como la justificación de la protagonista, quien, llena de remordimientos, se siente culpable de haber sido —aunque sólo en su deseo— infiel a Mario y que intenta autoconvencerse de su inocencia. Así, la insignificante aventura se convierte en el motivo estructurador de la novela.
Espacio y tiempo
Hay que referirse, en primer lugar, a los sucesos «en primer plano» o inmediatos: el pésame, Carmen velando el cadáver de su marido, la conducción del féretro. En estos casos hay una reducción espacio-temporal: la casa, el despacho, las cinco horas —aproximadamente, las que tarda el lector en leer la obra— durante las que Carmen vela a Mario y los momentos inmediatamente anteriores o posteriores.
Pero es más importante la determinación espacio-temporal de la historia que la protagonista cuenta en su monólogo: veintitrés años de vida matrimonial de una pareja en una ciudad provinciana de la España de posguerra.
Técnica narrativa y estilo
El principal procedimiento narrativo de Cinco horas con Mario es el monólogo interior. El monólogo interior consiste en reproducir el espontáneo discurrir de la mente de un personaje.
El monólogo interior de Carmen se caracteriza por el uso de la segunda persona, dirigiéndose a un tú —Mario— a quien increpa y demanda y que, por supuesto, no puede responder. Por otra parte, se trata de un monólogo obsesivo, sin orden lineal ni causal en la aparición de los temas y en su desarrollo, con asociaciones caprichosas, pero mediante el cual se mantiene el hilo argumental y conocemos, aun con grandes saltos y reiteraciones, pequeñas historias de Carmen y Mario o de sus amigos y familiares y, a través de todo ello, se construye el fracaso de su vida matrimonial.
Otra técnica narrativa patente en este monólogo es la reiteración. Unas veces, en idénticos términos y, otras, aportando nuevos datos complementarios, a lo largo del soliloquio se repite un número reducido de historias o sucesos mínimos que sirven para poner en evidencia el mundo cerrado y estrecho de la protagonista.
Respecto al lenguaje, la obra es modélica en el uso coloquial y familiar y manifiesta las siguientes particularidades: léxico vulgar, impreciso, tópico y reiterativo; uso de «comodines» y frases hechas; abundancia de formas lingüísticas de carácter apelativo y de interrogaciones retóricas y, en general, sintaxis sincopada y deshilvanada, plagada de elipsis —destaca la supresión de verbos— e incorrecciones formales, como anacolutos y concordancias equivocadas.
Interpretación
Aunque el monólogo interior ofrece únicamente el punto de vista de Carmen y, aparentemente, el autor se mantiene al margen, sin introducirse en la acción y sin comentar nada, sin embargo parece adivinarse la intención crítica de Delibes. Cinco horas con Mario es, como ya se ha indicado, una implacable denuncia de los estúpidos convencionalismos y de la cerrazón mental de cierta burguesía conservadora y provinciana.
No parece haber en Delibes un ataque antifeminista: Carmen representa un mundo acartonado y estrecho en la medida en que la mujer tradicional española reproduce, en el círculo de lo doméstico, tal tipo de actitudes, por su condición de dependencia económica y de minoría de edad social. Estos condicionamientos de la mujer abortan toda posibilidad de actitudes críticas y de realización del propio yo femenino en la familia y en la sociedad.