La Revolución Copernicana de Kant: Estructuras A Priori y la Posibilidad de la Metafísica

El Giro Copernicano de Kant

Kant entiende que el conocimiento proviene de la experiencia, pero es nuestra mente quien lo ordena para interpretarlo o establecer conexiones entre causas y efectos. Si nos basáramos únicamente en la experiencia y recibiéramos sus datos pasivamente, no obtendríamos ningún saber indudable. Por eso, nuestro autor propone que el sujeto resulta activo.

Es el sujeto quien establece unas condiciones a priori de espacio-tiempo para situar los datos percibidos y quien organiza dichos datos de acuerdo con categorías (sustancia, causa/efecto, etc.).

Este cambio de perspectiva es denominado por Kant Giro Copernicano. Inspirándose en la obra de Copérnico (la Tierra no está inmóvil en el centro del universo, sino que gira), nuestra mente tampoco se limitaría a copiar pasivamente lo que los objetos de la experiencia muestran. Se trata, más bien, de que con nuestras estructuras mentales organizamos los datos recibidos.

Implicaciones del Cambio de Perspectiva

La clave para entender correctamente el conocimiento humano se encuentra en el modo en que tenemos de captar, organizar e interpretar lo que percibimos. Esto supone, para Kant, un cambio completo del punto de vista en el que se basa la filosofía occidental. El sujeto no debe ya adaptarse a la realidad para conocerla, sino que es la realidad quien debe adaptarse a las estructuras cognitivas que la mente del sujeto impone a todo lo que puede resultar conocido.

Conclusión sobre el Conocimiento a priori

Si nos basamos solo en la experiencia, no podremos alcanzar nunca un saber seguro sobre las cosas, porque lo percibido varía. Nuestra pasividad al limitarnos a copiar lo visto, olido, palpado o gustado no nos permitirá alcanzar conocimientos seguros.

Por el contrario, si suponemos que contamos desde nuestro nacimiento con estructuras mentales a priori que organizan lo percibido, podemos alcanzar un saber universal y necesario, proporcionado por nuestra actividad. Resulta posible así, llegar a saber más cosas seguras sobre el mundo, de forma indudable, gracias a cómo ordenamos los datos percibidos. De este modo, no somos simples espejos pasivos, sino auténticos productores de información válida en todos los casos.

Lógica Trascendental

La Lógica Trascendental tiene por objeto los principios del pensamiento puro, oponiéndose así a la Estética Trascendental, que la precede.

La Lógica Trascendental se subdivide en dos partes:

  1. Analítica Trascendental: Se ocupa de las formas puras de la intuición desprovista de todo elemento aportado por el entendimiento, así como de todo contenido empírico. Se centra en «los elementos del conocimiento puro del entendimiento y de los principios sin los cuales ningún objeto puede ser pensado».
  2. Dialéctica Trascendental: Su necesidad surge, según Kant, de lo atractivo que resulta para la razón servirse de estos conceptos y principios sin tener en cuenta la experiencia. Es preciso establecer la crítica de dicha facultad para que la encierre en sus límites propios y descubra la falsa apariencia que encubre las «vanas pretensiones» de la razón en su uso «hiperfísico».

El Problema de la Metafísica y el Conocimiento Científico

Definición de Trascendental

El término trascendental se refiere a la condición de posibilidad del conocimiento de las cosas, en concreto de objetos, es decir, a las cosas del mundo empírico (fenómenos).

La Metafísica frente a las Ciencias

El problema esencial que Kant se plantea en la Crítica de la Razón Pura es la posibilidad de la metafísica. Manifiesta su perplejidad ante la situación en la que se encuentra esta disciplina. La falta de acuerdo ha convertido la metafísica en un mero «andar a tientas».

Es ejemplar, para Kant, el caso de la Lógica, las Matemáticas y la Física. La clave de la fortuna de estas tres ciencias reside en la seguridad y certeza con las que la razón avanza en ellas. Que estas disciplinas sean ciencias significa que progresan, sumando y ampliando conocimientos.

Sin embargo, la metafísica, «la reina de todos los saberes», se encuentra en una situación muy diferente. Desde sus inicios, ha recorrido un viaje de constantes idas y venidas, donde el final del camino siempre es el inicio. Kant afirma que no existe un solo libro de metafísica que pueda ser citado como guía definitiva del saber. Resumiendo, la metafísica aún no ha encontrado el camino de la ciencia.

La pregunta central es: ¿Puede la metafísica llegar a ser una ciencia? Para responder a esta cuestión, es necesario analizar las condiciones que hacen posible el conocimiento científico y comprobar si esas mismas condiciones pueden darse en metafísica.

Distinción entre Saber, Conocimiento y Especulación

El Saber es una modalidad del pensar. Se distingue así:

  • Cuando lo pensado tiene origen en la experiencia (fenómeno) se produce conocimiento.
  • Si lo que se piensa está desvinculado de la experiencia, como ocurre en la metafísica, se produce especulación.

La forma del conocimiento científico es la de los juicios sintéticos a priori.

Limitación del Uso de la Razón a los Fenómenos

Kant señala con toda claridad que la utilidad de la Crítica de la Razón Pura es doble:

Utilidad Negativa

Consiste en impedir que la razón especulativa traspase los límites de la experiencia y negar cualquier posibilidad de conocimiento a todo aquello que no esté elaborado trascendentalmente. Solo los fenómenos, que son una construcción a priori del espacio y el tiempo, pueden llegar a ser ciencia, y son la materia en la que el pensamiento aplica las categorías.

Nada que esté soportado en las cosas en sí (el noúmeno) puede tener un estatus de conocimiento verdadero. Esta es una utilidad negativa porque impide que el pensamiento traspase los límites de la experiencia. El «conocimiento teórico» siempre tiene que estar limitado a los fenómenos.

Utilidad Positiva

Esta misma labor negativa es, en realidad, una importante utilidad positiva porque también impide que la razón se introduzca en el territorio moral. Libera a la moralidad de las amenazas de la metafísica tradicional, al hacer que la moralidad se fundamente en los noúmenos positivos, expresión de los deseos humanos en lo referente a la libertad y convivencia humanas.