1. Miguel Hernández en su contexto literario
Hablar de Miguel Hernández es hablar de una de las más importantes voces de la poesía contemporánea en lengua castellana, sobre todo por ser considerado el paradigma de la comunión entre vida y obra.
Le tocó vivir de lleno los grandes acontecimientos políticos que envolvieron la Guerra Civil española: la Monarquía de Alfonso (siglos XIX–XX), la dictadura de Primo de Rivera, el advenimiento de la II República, el estallido del conflicto armado, el triunfo del alzamiento del general Francisco Franco y la posterior represión hacia los partidarios del bando republicano, como fue el caso de Miguel Hernández, quien murió encarcelado cuando aún no había cumplido los 32 años de edad.
Miguel Hernández es el último representante de la Edad de Plata, que abarcó desde el Modernismo y la generación del 98 hasta el punto álgido de la generación poética del 27.
Miguel Hernández constituye el puente entre dos generaciones: la del 27 y la del 36. La generación del 27 nos deja poetas como Alberti y Lorca; se reúnen en el Ateneo de Sevilla para conmemorar la muerte de Góngora.
Miguel Hernández daría a conocer una obra de clara inspiración neogongorina: Perito en lunas (1933). Recordemos, por tanto, los rasgos temáticos y estéticos que caracterizaron a los poetas del 27:
- Se inspiran tanto en los poetas clásicos (Garcilaso, Manrique) como en la poesía popular antigua (Romancero) y la poesía de Bécquer y Unamuno.
- Mezclan y alternan en los temas y en las formas lo culto y lo popular, lo puro y lo humano, lo elitista y lo mayoritario.
Biografía y primeros años
En cuanto a su biografía, Miguel Hernández nace en la localidad de Orihuela en 1910, en una familia humilde dedicada al pastoreo y al ganado. Aunque fue muy aplicado, las circunstancias familiares le obligaron a abandonar la escuela para dedicarse al cuidado del rebaño. Su vocación poética fue temprana, gracias a los libros proporcionados por el párroco del pueblo. Su amigo sería Ramón Sijé, fundador de la revista “El Gallo Crisis”.
Miguel decide hacer un viaje a Madrid, meca literaria de los años treinta, para darse a conocer; pero su experiencia fue frustrante, por lo que vuelve a Orihuela, centrándose en la publicación. En 1933 publicará Perito en lunas, donde rinde homenaje a Góngora.
El éxito de esta obra le permite hacer un segundo viaje a Madrid y será reconocido por Pablo Neruda y Vicente Aleixandre. También, una vez allí, conoce a su amor Josefina Manresa. Se dice que tuvo otra aventura, y de esos amores surge el libro de sonetos conocido como El rayo que no cesa.
Miguel tiene que marchar a la guerra; pasa de ser el poeta esposo a poeta soldado. Es destinado a varios frentes, donde serán recogidos poemas como Viento del pueblo y El hombre acecha. Cuando la guerra toca a su fin y vence el bando nacional de Franco, Miguel es encarcelado. Las condiciones sanitarias en las que se encontraba acabarán causándole una serie de enfermedades que desembocarán en su muerte. Al morir, sus amigos recopilan sus poemas.
Trayectoria literaria
En cuanto a la trayectoria literaria, supo mejor que nadie armonizar las raíces más populares con las técnicas más cultas. Dominó tanto las formas más tradicionales y rigurosas como las más espontáneas y emotivas. Su producción pasa por tres etapas:
- Perito en lunas: Miguel rinde culto a poetas clásicos como Góngora; publica Perito en lunas, un conjunto de 42 octavas reales que describen objetos humildes con una expresión audaz cargada de metáforas.
- Comienza la elaboración de una serie de sonetos que aparecerán publicados con los títulos de “Imagen de tu huella”; refundirá obras en el poemario El rayo que no cesa, cuyo tema es el amor. También escribe una elegía a su difunto amigo Ramón Sijé.
- Tras la publicación de El rayo que no cesa, dedica odas a sus amigos Aleixandre y Neruda. Pronto estallará la Guerra Civil y Miguel pone su poesía al servicio de la lucha. Un viaje a Rusia acaba por convertirlo a la causa comunista. Cuando la guerra finaliza a favor de los insurrectos, Miguel es detenido y encarcelado; muere en la cárcel de Alicante de tuberculosis.
2. La temática de la poesía de Miguel Hernández
Ya se ha dicho hasta la saciedad que obra y vida en Miguel Hernández son una misma cosa. Vida, muerte y amor pueden entenderse como los tres temas clave de la poesía hernandiana. La originalidad de su poética radica en la simbiosis de estas tres ideas, formando una realidad de tres caras inescindibles.
En cuanto a los temas hernandianos, conviene matizar que no son compartimentos estancos. No hay poemas monotemáticos; trascienden el ámbito personal para convertirse en referentes universales. Sus temas de interés son los siguientes:
- La naturaleza: poeta nacido en el campo, no pasa por alto el entorno natural. Se aprecia la idealización del entorno rural, exaltando ríos, montañas y valles (La morada).
- Panteísmo: integración del poeta en su entorno, con dos etapas destacadas: la cosmovisión católica y la cosmovisión vitalista.
- El amor: la lírica hernandiana es radicalmente amorosa, especialmente al exaltar al ser amado. Dentro de este tema destaca la sexualidad y el despertar sexual de la juventud. Eros y Thanatos: el combate alegórico entre el deseo carnal y el sino letal que culmina en un vitalismo trágico, que lleva a un sentimiento de pena.
B.3. Exaltación de la maternidad y del amor conyugal
El amor a la esposa y al hijo se convierte para Miguel Hernández en su principal centro de interés: «No te quiero a ti sola, te quiero en tu ascendencia». En los momentos más duros y alejado de los suyos, los deseos y los recuerdos de la familia constituyen su única fuente de alegría y esperanza. Sobresalen títulos como A mi Josefina o las estremecedoras Nanas de la cebolla.
B.4. Amistad
Amistad: Miguel Hernández es un hombre agradecido, y la prueba la tenemos en los numerosos poemas que dedicó a sus amistades. Destacan, entre otros, la Oda entre sangre y vino a Pablo Neruda y la Elegía a Ramón Sijé.
C. La muerte
La muerte resulta omnipresente; no es vista con temor, sino con rebelde resignación o con rabia. Para Miguel, la vida está llena de continuos presagios que anuncian su fatal desenlace.
C.1 Sentimiento trágico de la vida (vitalismo trágico)
Se aprecia la huella filosófica de autores como Quevedo. Ante la intuición de una muerte inminente, se aferra a la existencia con una pasión irrefrenable y desgarradora.
C.2 La muerte como compañera de viaje
Asumida y odiada a partes iguales. Poemas como Sino sangriento, Muerte nupcial, Canción última son ilustrativos.
D. Solidaridad
Las convicciones sociales y políticas de Hernández, especialmente durante la Guerra Civil, constituyen el más alto exponente de literatura comprometida: comprometida con los que sufren (las cárceles), con los explotados (aceituneros) y con los heridos (el tren de los heridos).
D.1 El poeta como portavoz del pueblo
Voz de los anhelos de libertad y de las preocupaciones cotidianas (por ejemplo, «Llamo al toro de España»»).
D.2 El poeta como ideólogo
Arenga a los soldados (Madre España) y proclama su afiliación comunista (referencias a Rusia).
3. Aspectos de estilo de la poesía hernandiana
La técnica, el lenguaje y el estilo hernandianos son únicos y, quizá, irrepetibles. El sello de Miguel Hernández es la síntesis del trabajo y la inspiración. Estaba dotado de una habilidad innata para versificar, de un corazón tan grande que no le cabía en el pecho, y de una valentía y un coraje tan sublimes que acabaron por mitificar su figura.
3.1 Métrica
Se aprecia cierta evolución en la métrica hernandiana. Al principio de su trayectoria rinde homenaje a los autores del Barroco. Su primera gran obra, Perito en lunas, está íntegramente escrita en octavas reales; el principal metro utilizado en su obra cimera, El rayo que no cesa, es el soneto. A medida que madura, Miguel va simplificando su métrica, despojándola de adornos innecesarios. Tal es el caso de su Cancionero y romancero de ausencias, donde la mayoría de los poemas son breves y forman composiciones originales que no responden a metros catalogados.
3.2 El lenguaje
El léxico empleado por el poeta oriolano es riquísimo y variado.
A) El registro
Las distintas variedades del castellano que utiliza Miguel Hernández dan casi como resultado la creación de un idiolecto propio. Muchas palabras que usa provienen de su profundo conocimiento de los clásicos, lo que explica la abundancia de cultismos y arcaísmos en sus primeras obras. También es notable el empleo de neologismos y de formaciones por derivación.
B) Los campos semánticos
Si tuviéramos que destacar, señalaríamos cuatro campos semánticos principales:
- Naturaleza: el elemento natural es constante; caben todo tipo de elementos vegetales y minerales.
- Fuerzas telúricas y siderales: astros y fenómenos naturales simbolizan la fuerza salvaje del universo y la naturaleza.
- Armas blancas: abundan y simbolizan el trágico destino que se cierne sobre el poeta.
- El cuerpo humano: la anatomía humana, y en especial el cuerpo de la mujer (inspirado en Josefina Manresa), tiene presencia muy marcada.
Ejemplos recurrentes dentro del campo del cuerpo humano:
- Los labios: elemento recurrente, no solo porque con ellos se habla, sino porque con ellos se besa.
- El vientre: eufemismo del sexo de la mujer (ejemplo: El último rincón).
- Los pechos: símbolo de feminidad y fecundidad.
3.3 El lenguaje figurado
Con los recursos técnicos ya mencionados hay elementos más que suficientes para subrayar un estilo propio, una voz única y referente universal. La amplísima nómina de recursos expresivos —tanto figuras de dicción como figuras de pensamiento— permite seleccionar lo más característico:
A) Figuras de dicción
La poesía de Hernández está escrita para ser recitada en privado y declamada en público. Miguel es un maestro de los recursos fónicos y retóricos: anáforas, paralelismos, reduplicaciones, etc. Sirvan de ejemplo los versos de su famosa Elegía a Ramón Sijé.
B) Figuras de pensamiento
Son los principales recursos lógicos o tropos que conforman la imaginería y simbología hernandianas, creando un mundo poético propio y sin parangón.
- La luna: doble simbología: fuerzas ancestrales y cósmicas que determinan ritmos vitales, y la feminidad/fecundidad (símil de los pechos).
- El rayo: símbolo de contundencia e imprevisibilidad; referencia al destino trágico (por ejemplo, El rayo que no cesa).
- La tierra: simboliza origen y final del hombre; su exaltación encierra el deseo de reintegración en el entorno.
- La sangre: metonimia de la muerte (Sino sangriento), imagen de la pasión y del amor; esencia del hombre.
- El toro: animal emblemático en la imaginería hernandiana; simboliza masculinidad y destino trágico.
Formas de expresión
En el texto de Roger Ailes (mencionado en el original) hay diferentes formas de expresión, tanto primarias como secundarias. Siguiendo un criterio de importancia, establecemos el siguiente orden jerárquico.
Formas primarias
- Narración en primera persona: aparece el llamado escritor autobiográfico; el propio autor narra una experiencia profesional (líneas).
- Diálogo: encontraremos estilo directo e indirecto. El directo recoge narraciones literales de los personajes en primera persona; el indirecto no recoge la narración literal.
- Argumentación: exposición o razonamiento (por ejemplo, las últimas líneas).
Formas secundarias
- Ironía: para hacer amable la narración, se reduce a palabras sueltas (ejemplo: «trabajo bueno»).
- Sentencia: afirma algo directa o indirectamente (ejemplo: «crimen rentable»).
- Interrogación retórica: pregunta que lleva implícita la respuesta.
- Deprecación: un ruego o una súplica (líneas).
- Humor: chiste reducido a una frase para hacer la narración más entretenida.
A modo de conclusión, la alternancia y variedad de estas formas de expresión aportan una gran riqueza al texto, pese a no ser siempre de carácter literario.