Desvelando la Corrupción Electoral en la España de la Restauración: Un Documento Gráfico de 1903

Contexto y Naturaleza del Documento Histórico

Este documento es una fuente primaria o histórica, dado que se trata de un documento gráfico original de la época. En concreto, fue publicado el 13 de febrero de 1903. Su contenido es fundamentalmente político, pero también posee connotaciones sociales, ya que representa con claridad el papel que ciertas clases sociales desempeñaron durante la Restauración (1875-1931).

Su finalidad principal era dar a conocer y denunciar la corrupción del sistema, buscando concienciar al pueblo y forzar un cambio político profundo. Por lo tanto, es un documento público dirigido al conjunto del pueblo español, aunque su difusión se concentraba mayoritariamente en Barcelona.

El Marco Temporal: Crisis y Regeneracionismo

La viñeta se publicó en 1903, en pleno periodo de la Restauración y al inicio del reinado de Alfonso XIII (1902-1931). El país se encontraba sumido en una profunda crisis política, social y moral tras el Desastre del 98. Este contexto dio lugar al Regeneracionismo, un movimiento ideológico e intelectual que buscaba impulsar una transformación profunda de las estructuras políticas, económicas y sociales.

Análisis de la Viñeta: «Trampas Electorales»

La caricatura presenta dos escenas distintas bajo un mismo título: «Trampas Electorales».

Escena 1: La Influencia Clerical

En la escena de la derecha, un cura, ataviado con sotana y sombrero, interroga a dos electores sobre si siguieron su consejo al votar. El sacerdote simboliza claramente el papel de la Iglesia como sostén del sistema canovista.

  • La Constitución de 1876 estableció un estado confesional, otorgando a la Iglesia católica una posición preeminente en la educación y la moral de la época.
  • Los clérigos, sobre todo en el ámbito rural, ejercían una gran influencia sobre una mayoría de campesinos y jornaleros empobrecidos y analfabetos.
  • Existían relaciones evidentes entre los curas y los caciques y potentados locales, quienes orquestaban las trampas electorales necesarias para asegurar resultados previamente acordados en Madrid.

Esta dinámica evidenciaba una relación directa entre el poder político y la Iglesia para determinar los gobiernos del país. Es importante recordar que la revista que publicaba la viñeta era anticlerical, es decir, contraria a la influencia eclesiástica en la sociedad.

Escena 2: La Manipulación del Escrutinio

En la otra escena, un personaje que podría ser un burgués expresa sorpresa ante el enorme y grotesco desfase entre los votantes que acuden al colegio electoral y los que refleja el escrutinio oficial (recuento).

El agente encargado de velar por la limpieza de las elecciones responde con una excusa peregrina: no pertenecía a ese distrito y no sabía nada de lo que se le exponía. Esta escena critica otra forma habitual de manipulación electoral: el aumento exponencial y ficticio de votantes en una época marcada por una alta abstención. También se denuncia aquí la connivencia entre el gobierno, las fuerzas de orden público y los funcionarios para favorecer estos amaños.

El Concepto Central: El Pucherazo

En definitiva, ambas imágenes ejemplifican dos tipos de trampas electorales que quedaban englobadas bajo el término de PUCHERAZO. Este incluía la manipulación de actas electorales y escrutinios, la compra de votos, entre otras prácticas.

Los Pilares del Fraude: Caciquismo y Sistema de la Restauración

El Papel del Caciquismo

Para llevar a cabo estas trampas, el gobierno se apoyaba en el CACIQUISMO, especialmente activo en las zonas rurales. El sistema se basaba en un intercambio de favores:

  • Se ofrecían privilegios, trabajos y ventajas a cambio de obediencia.
  • Se aplicaban represalias si alguien era crítico o rebelde.
  • A cambio de votos, se obtenían favores.

El «pucherazo» y el caciquismo se vieron favorecidos por una abstención altísima, que rondaba siempre el 80%. Estos elementos eran esenciales del sistema ideado por Cánovas del Castillo tras la restauración de la monarquía borbónica en la figura de Alfonso XII en 1875.

La Estabilidad de la Restauración

El sistema supuso el regreso del liberalismo conservador doctrinario, que potenciaba los poderes del rey frente a las Cortes y poseía un escaso carácter democrático. También significó el retorno al poder de una oligarquía compuesta por terratenientes y la alta burguesía.

Aunque la manipulación electoral se había iniciado ya en el reinado de Isabel II (Década Moderada, 1844-1854), durante el reinado de Alfonso XII (1875-1885) y la regencia de María Cristina de Habsburgo (1885-1902), este sistema funcionó con éxito, logrando:

  1. Una gran estabilidad política.
  2. El fin de las guerras civiles y la derrota definitiva de los carlistas.
  3. El cese de la intervención continua del ejército en la política.
  4. La vigencia de la Constitución de 1876, en contraste con los cambios constitucionales del siglo XIX.

La Restauración intentó imitar el modelo inglés, basándose en dos partidos y dos cámaras. Este sistema político se fundamentó en la Constitución de 1876 y en un modelo político basado en tres ejes:

Bipartidismo

Solo dos grandes partidos tenían posibilidades reales de acceder al poder: el Conservador y el Liberal. Existían pocas diferencias ideológicas entre ellos, y ambos defendían el liberalismo conservador de la Restauración. Ambos eran minoritarios y burgueses.

  • Partido Conservador: Liderado por Cánovas del Castillo, heredero del Partido Moderado y la Unión Liberal. Era más conservador y católico, representando a la nobleza, los terratenientes y la alta burguesía.
  • Partido Liberal: Liderado por Sagasta, heredero del Partido Progresista y el Demócrata.
Turnismo

En este nuevo sistema, los dos partidos se alternaban regularmente en el poder, lo que garantizaba la estabilidad política. Esta alternancia impedía que un partido se desgastase excesivamente y que ninguna fuerza quedara excluida del poder. Se evitaba así el error del reinado de Isabel II, que al apoyar sistemáticamente a los moderados, provocó la rebelión de los progresistas y la inestabilidad.

El turno de partidos no era libre; se producía por acuerdo entre el Rey y los líderes de los grandes partidos. Tras la muerte de Alfonso XII en 1885, la alternancia quedó institucionalizada mediante el Pacto del Pardo entre Cánovas y Sagasta.