Décimas uno y dos
Marco
La obra está dividida en tres jornadas, las cuales se desarrollan en dos sitios diferentes: la torre de Segismundo y el palacio de Basilio. La primera jornada ocurre en la torre de Segismundo, a la cual llegan Rosaura y Clarín después de una travesía por un monte. La segunda jornada se desarrolla en el palacio de Basilio y es donde Segismundo toma el poder sobre Polonia; al final de esta jornada Segismundo es vuelto a la torre por su padre. Este manejo de los espacios construye una oposición simétrica que se quiebra en la última jornada, cuando surge el «campo de batalla» en el que se enfrentan padre e hijo en una fervorosa lucha por el poder; el hijo resulta victorioso y perdona a su padre.
La torre de Segismundo se encuentra rodeada por un monte enmarañado; es un recinto reducido en el que se halla este hombre encadenado, cubierto de pieles, mitad bestia, mitad hombre, pero muy culto, con conocimientos sobre temas de índole religiosa. Todas estas oposiciones —entre hombre y bestia, la torre y el monte— constituyen un recurso muy utilizado en el barroco, denominado claroscuro.
Religión
Debido a la influencia religiosa que tuvo Calderón durante su educación, plantea problemas que surgieron contemporáneamente a él; uno de los más citados es el libre albedrío y la predestinación. El libre albedrío, sostenido por la Iglesia, y la predestinación, sostenida por los reformistas protestantes, son tesis con postura bíblica. La resolución de la tragedia indicaría, previsiblemente, la posición de Calderón a favor del credo contrarreformista.
El personaje de Segismundo aparece introducido en la obra cubierto de pieles, encadenado y con una tenue luz sobre su cabeza. Esta situación lo convierte en una bestia, pero, con el desarrollo del soliloquio, podemos observar que Segismundo es un hombre muy culto, pues Clotaldo era el encargado de educarlo. Segismundo es capaz de absorber todo tipo de conocimiento, desde la mitología griega hasta la geografía mundial; alude al minotauro y al volcán Etna.
En su alusión al minotauro no lo nombra directamente, sino que recurre a un recurso denominado alusión mitológica, en la cual se refiere al lugar donde estaba encerrado: el laberinto. Segismundo es análogo a ese personaje de la mitología griega, ya que ambos están prisioneros y ambos son considerados bestias. En su mención del volcán Etna, Segismundo lo cita para demostrar la magnitud de su desilusión y su ira respecto a lo que le había sucedido: estar encarcelado y privado de su libertad. Dice que va a estallar como el Etna; esta exageración es una hipérbole. De nuevo aparecen analogías entre el personaje y los elementos de comparación, pues se dice que él va a estallar con verdades dolorosas.
Dualidad
La representación de la civilización y la barbarie en Segismundo constituye la dualidad, un tema central en esta obra y típico del barroco. El recurso que aplica este tema es la antítesis, que contrapone dos ideas: la civilización o la cultura, y la barbarie o la irracionalidad. Estas fuerzas se combinan para crear a un personaje que, aunque monstruoso en apariencia, termina siendo una persona comprensiva. La antítesis más evidente en la obra es el propio Segismundo, quien encarna términos opuestos: civilización y barbarie.
Décima tres
En el soliloquio, el tema más importante es la libertad y el libre albedrío. El autor lo trata mediante comparaciones del personaje con distintos animales de la naturaleza y mediante la mención de los cuatro elementos: el agua, la tierra, el fuego y el aire, asociando a cada uno un animal representativo.
Primero se compara con el ave en la tercera décima, donde los recursos retóricos son variados. En primer lugar se observa un retruécano donde se mezclan un ramillete de flores con un ala, de modo que la flor toma el lugar del ala y el ramillete el de las plumas: «…es flor de pluma / o ramillete con alas…». También en esta décima se alude a la libertad de la que goza el ave, que es lo que más anhela Segismundo. Todos sabemos que Segismundo fue encerrado por lo que dictaron los hados; pero, si él ansiaba tanto su libertad, cuando fue libre privó de la libertad a otras personas. No fue capaz de reconocer que este efecto podría resultar contraproducente.
Para concluir esta décima, Segismundo plantea una pregunta retórica: «¿y teniendo yo más alma / tengo menos libertad?». Estas preguntas retóricas, situadas al final de cada décima, sirven para cuestionar la posición del ser humano frente al resto de la creación.
Décima cuatro
En la décima siguiente, Segismundo se compara con un animal al que denomina «bruto». Esta décima comienza con una metáfora (denominar al animal «bruto»). También aparece un hipérbaton, donde el orden sintáctico del verso se altera: «apenas signo es de estrellas». Luego hace una referencia a Dios por medio de una metonimia, al que menciona como el «docto pincel».
En esta décima también se vuelve a mencionar al minotauro, lo que refuerza la posición académica del personaje al mostrar sus conocimientos de mitología griega. Para culminar esta décima, la pregunta retórica es: «… ¿y yo, con mejor instinto, / tengo menos libertad? …». Aquí Segismundo cuestiona a los cielos: ¿por qué razón él, siendo un ser humano con más alma y más instinto que un animal o un ave, no puede gozar de libertad?
El instinto en la obra se relaciona con el autodominio; como problema, se expresa la victoria del libre albedrío sobre la predestinación, pero también la victoria de la conciencia y la condición humana sobre los instintos y los horóscopos —triunfo característico y virtud propia del buen rey en que se convertirá Segismundo.
Décima cinco
En la quinta décima, Segismundo se compara con un pez. Los primeros versos están llenos de metáforas despectivas hacia estos «insignificantes animalitos» que habitan un espacio tan vasto como el océano, en contraste con Segismundo, que es la antítesis de un pez: una persona de gran magnitud, como una bestia, encerrada en un recinto reducido, confinada a vivir en aislamiento completo y manteniendo contacto solo con Clotaldo.
Segismundo califica al pez con expresiones como «…aborto de ovas (…) bajel de escamas…» y ofrece una imagen visual: «…sobre las ondas se mira…», en referencia a las olas del medio acuoso. Al final de esta décima, vuelve a cuestionar el albedrío, tema recurrente en el texto.
Décima seis
En la sexta décima, Segismundo alude al arroyo, que contiene el elemento vital para la vida de todos los seres: el agua. Segismundo describe el arroyo como una culebra que serpentea las planicies en busca de su cauce. Este arroyo, destinado a su curso y carente de voluntad, parece tener más libertad que el hombre prisionero.
Calderón utiliza imágenes sensoriales para describir el arroyo: primero una imagen visual —»sierpe de plata«— luego una auditiva —»músico celebra»— y culmina mostrando cómo el arroyo no tiene restricciones para vivir, pues posee «el campo abierto a su huida» y pide a los «cielos la piedad», que se la otorgan «con majestad». La pregunta de esta décima es: «… ¿y teniendo yo más vida / tengo menos libertad?…», en la que se invoca el concepto básico de la vida.
Décima siete
La última décima utiliza la diseminación y la recolección para cerrar el soliloquio y mostrar la relación entre Segismundo, Rosaura y Clarín. Al comienzo se retoma la hipérbole sobre el volcán Etna. Segismundo expresa la idea de que todos los hombres de la tierra están en una situación parecida a la suya, como sugiere la pregunta: «… ¿Qué ley, justicia o razón / negar a los hombres sabe / privilegio tan suave / excepción tan principal, / que Dios le ha dado a un cristal, / a un pez, a un bruto y a un ave?…»
En esta última pregunta retórica, el personaje plantea un privilegio que se convierte en derecho cuando una persona nace: la libertad, de la cual él fue privado desde su nacimiento. Esto también revela un error conceptual producto del escaso roce social de Segismundo, pues la única persona que conoce es Clotaldo.
Los últimos dos versos sintetizan el monólogo: la mención de cada uno de los elementos con los que se fue comparando a medida que avanzaba el soliloquio: un cristal (o el arroyo), un pez, un bruto y un ave.
Resumen de las comparaciones y los rasgos que representan:
- Ave: el alma, de la que carecen los animales pero que no garantiza más libertad.
- Bruto: el instinto, abundante en los animales y que a veces conduce a la pérdida de la vida; relacionado con el autodominio.
- Pez: el albedrío, tema central en la época barroca; la Contrarreforma defendía el libre albedrío contra la predestinación protestante.
- Cristal/Arroyo: la vida: aunque el cristal no vive, transporta el bien esencial para la vida —el agua— y simboliza la condición vital.
La libertad es el punto de comparación que articula todas estas imágenes: la representación dramática de la posibilidad o imposibilidad del hombre para decidir libremente su destino y su salvación recoge las polémicas contrarreformistas sobre libre albedrío y predestinación. Quienes sostienen la predestinación afirman que existe un designio divino que condena o salva mediante la gracia y la fe, don de Dios, más allá de los actos humanos. Los defensores del libre albedrío creen en la salvación a través de las buenas obras realizadas por los hombres.
Conclusión
El soliloquio de Segismundo sintetiza el carácter barroco en setenta y un versos plagados de metáforas, metonimias, hipérboles, hipérbatos, preguntas retóricas, retruécanos, analogías e imágenes tanto visuales como auditivas. Todos estos recursos demuestran la complejidad del pensamiento de la época y las dualidades culturales y religiosas entre reforma y contrarreforma.
Por su religiosidad, Pedro Calderón de la Barca utiliza la obra para transmitir dogmas contrarreformistas. Si bien la pieza cuenta con abundantes recursos y temas propios de su tiempo, su verdadero valor radica en el planteamiento de la libertad como un bien fundamental para la vida humana: privado de ella, el hombre muta en un ser implacable y tirano que pierde el control de su conciencia y deja que el instinto domine. Esta transformación de hombre a bestia (la parte humana suplantada por el instinto) es el núcleo del conflicto: Segismundo pierde el autodominio al ser privado de su libertad, y con ello su capacidad para ejercer el libre albedrío. Cuando una persona está cegada por el instinto o por la ira, pierde el control sobre su cuerpo y deja de tomar decisiones sabias y correctas.