Personajes centrales y destinos en La casa de los espíritus: Clara, Blanca, Alba y Esteban Trueba

Personajes principales en La casa de los espíritus

Clara

Clara es la hija menor de la familia Del Valle y el personaje femenino principal. De niña comienza a escribir lo que acontece en unos cuadernos; estos cuadernos son la fuente principal utilizada por Alba para recuperar la historia familiar. Cuando Alba está a punto de morir, Clara se le aparece y la impulsa a sobrevivir mediante la escritura para testimoniar lo sucedido. Su nombre señala uno de sus atributos: la clarividencia.

Desde niña mueve objetos con la mente, interpreta los sueños, se comunica con los espíritus y predice el futuro. Ya a los diez años predijo por error la muerte de Rosa. Deja voluntariamente de hablar, posiblemente porque su predicción no impidió la desgracia, y vive aislada del mundo. Rompe su silencio para decir que se va a casar con Esteban Trueba, el antiguo novio de Rosa. Aunque este matrimonio no es por amor, ella acepta su destino de clase.

La relación entre ambos se caracteriza por el intento de Esteban de poseer a Clara en todos los aspectos y por la facilidad de ésta para evadirse. Clara representa un mundo dominado por la espiritualidad, la creatividad y el instinto femenino. Indiferente a lo terrenal, a veces ni siquiera reconoce a su marido.

Clara reconoce la necesidad de una verdadera justicia social: ayuda a los necesitados sin establecer diferencias de clase e intenta concienciar a las campesinas sobre sus derechos. Mientras Esteban queda inmovilizado por el derrumbe de la casa debido al terremoto, ella tiene que ocuparse de la hacienda. Este episodio marca el inicio del deterioro de su matrimonio, que culmina cuando defiende a su hija al ser descubierta con su amante y se enfrenta a su marido, por lo que es agredida violentamente. Por este motivo dejó de dirigirle la palabra.

Pero también, como esposa de Esteban, ejemplifica el papel tradicional de la mujer, ya que, a pesar de no dirigirle la palabra, lo acompaña en las reuniones sociales para dar la imagen de la familia de un hombre que se presenta como senador del partido conservador. También se ocupa de la educación de su hija. Alba es la única consciente de que su abuela sostiene espiritualmente la casa; a ella le explica que la muerte es un cambio, una vuelta a los orígenes y que seguirá con ellos. Y así sucede: en espíritu continúa en la casa acompañando a Trueba hasta su muerte y se aparece a su nieta en la cárcel, animándola a sobrevivir.

Blanca

Blanca es hija de Clara y Esteban. Físicamente se parece al padre; de la madre le proviene la dulzura. Es tímida y melancólica, con tendencia a la soledad. En el campo, unida desde el primer día a Pedro Tercero, cambia por completo.

Para Esteban Trueba, el destino de su hija corresponde al de la mujer de la sociedad patriarcal. Pero Blanca se rebela contra ese destino. Su amor por Pedro Tercero, revolucionario y de una clase social inferior, la lleva a enfrentarse con su padre con una voluntad y tenacidad que recuerdan al propio Esteban.

Tras quedar embarazada, su padre la obliga a casarse con el conde y los envía lejos de casa. Ella vuelve huyendo, escandalizada por las orgías del conde con los criados, y regresa a punto de dar a luz para proteger a su hija. A partir de ese momento se ocuparía de la casa y de las cuentas. La ruptura con Pedro se produce ante el ultimátum que él le plantea. Retoman la relación cuando Blanca le pide que rescate a su padre. Después del golpe de Estado, Esteban facilita el exilio de ambos.

Alba

Alba, hija de Blanca, es la más joven de la saga femenina y la encargada de rescatar la historia familiar del olvido y reconstruirla. Su nombre es elegido por su madre y por su abuela. No hereda la belleza física de las demás mujeres de la saga, salvo el pelo verde de Rosa. Su nacimiento está rodeado de signos positivos.

Al igual que su abuela Clara, Alba vive aislada y protegida en la casa familiar durante los primeros años de su vida. Estudia Filosofía y en la universidad conecta con grupos políticos; allí conoce a Miguel, de quien se enamora. Este amor convierte a Alba en una mujer comprometida y la impulsa a ayudar a los perseguidos por la represión.

Es detenida, torturada y violada por Esteban García. Finalmente, embarazada, espera el regreso de Miguel eligiendo la vida y no el odio. Se presenta como la heroína: su actitud simboliza la esperanza para el país.

Esteban Trueba

Esteban Trueba es el protagonista masculino y representante de la oligarquía latifundista, presente desde el inicio hasta el final de la novela. Desde la niñez se observan en él rasgos diversos: esfuerzo, voluntad, decisión, tenacidad y trabajo ante los obstáculos; junto a ellos, ambición, afán de poder, orgullo, mal carácter y dificultad para expresar afecto y un persistente sentimiento de soledad.

Su niñez y juventud están marcadas por las dificultades económicas y por la larga enfermedad de su madre. Es un hombre que se construye a sí mismo mediante una voluntad que se refuerza frente a los obstáculos. El deseo de posesión es el motor que impulsa sus acciones. Se enamora de Rosa nada más verla y se convierte en su novio. Consciente de que la pobreza es el principal impedimento para el matrimonio, se propone enriquecerse explotando una mina de oro en condiciones muy duras.

Ante la desesperación por la muerte de Rosa, se marcha a la antigua hacienda abandonada y la convierte, con la misma perseverancia y esfuerzo que demostró en la mina, en un fundo próspero. Al hacerse rico, Esteban adopta la postura inflexible y conservadora de los latifundistas que se consideran dueños de los inquilinos que trabajan sus tierras. El ejercicio de la violencia se pone de manifiesto, en la primera etapa de Las Tres Marías, sobre todo a través de sus numerosas violaciones. Nadie osa hacerle frente, atemorizado ante sus coléricas reacciones. Esteban Trueba, como otros patronos, actúa con total impunidad ante la pasividad de las autoridades y vela para que las ideas comunistas no penetren en sus fundos.

En una segunda fase, amplía negocios, se traslada a la ciudad y entra en la política; es elegido senador. Como padre y esposo, actúa de la misma forma en su intento de que todos se sometan a su voluntad. A pesar del amor que siente su mujer, es incapaz de darle afecto y la persigue con el deseo de poseerla y dominarla. Por eso fracasa constantemente con Clara y solo se reconcilia con ella cuando su muerte impide su posesión. También se considera un buen padre, aunque la relación con sus hijos es conflictiva, ya que actúa de forma violenta para mantener su posición de patriarca.

Su falta de control se manifiesta cuando las personas o los acontecimientos no se ajustan a sus expectativas. El episodio de violencia que lo separa definitivamente de su familia es la paliza que le propina a Blanca al descubrir, a través del conde, sus escapadas al río.

Paradójicamente, el castigo de Esteban por utilizar la violencia para frenar los cambios que se producen no será la soledad, sino convertirse en víctima de la opresión por él mismo generada: la muerte de su hijo y la violación de su nieta se solapan como causas de la represión y de la venganza personal del nieto ilegítimo. En ese sentido, el personaje se humaniza: muere en brazos de su nieta, la única de la familia a la que siempre había mostrado afecto.

Rasgos principales de Esteban Trueba

  • Esfuerzo y tenacidad
  • Ambición y afán de poder
  • Actitudes conservadoras y autoritarias
  • Violencia frente a la disidencia
  • Relaciones familiares marcadas por la posesión
Conclusión

En conjunto, estos personajes conforman el eje narrativo y moral de La casa de los espíritus: mujeres que transmiten memoria, espiritualidad y resistencia, y un patriarca cuyo afán de posesión y violencia determinan el destino de varias generaciones.