Literatura Española del Siglo XV: Poesía Cortesana y el Nacimiento de la Prosa

Íñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana

Íñigo López de Mendoza, marqués de Santillana (Carrión de los Condes, Palencia, 1398 – Guadalajara, 1458), es el modelo del nuevo tipo de poetas del siglo XV. Su vida palaciega y cortesana no le impidió adquirir una vasta cultura y reunir una biblioteca famosa en su época. Participó en la política, a veces al lado de Juan II y, a veces, en contra de él. Tras la batalla de Olmedo, obtuvo el marquesado y el condado del Real de Manzanares.

Obra y Estilo Literario

Su poesía e ideas literarias apuntaron en dos direcciones: los poemas de tradición medieval, de raíz provenzal, a imitación de los trovadores, donde se encuentran sus creaciones más vivas, están recogidas en Canciones y dezires y en las Serranillas (en ellas las mujeres rudas, hechas a las tareas del campo, aparecen idealizadas). Por otro lado, encontramos la poesía construida bajo la influencia italiana, en la que ambiciona imitar a Dante y Petrarca, creando una poesía alegórica, siguiendo al primero, en Infierno de los enamorados y la Comedia de Ponza; y una poesía puramente petrarquista con los Sonetos fechos al itálico modo.

Juan de Mena

Juan de Mena (Córdoba, 1411 – Torrelaguna, Madrid, 1456), huérfano desde muy joven, comenzó sus estudios a los veintitrés años (Córdoba, Salamanca, Roma); fue nombrado cronista y secretario de cartas latinas de Juan II. Fue uno de los mayores latinistas de su época. Su obra más importante es Laberinto de Fortuna o Las trescientas.

El Laberinto de Fortuna

Es un extenso poema formado por trescientas estrofas de arte mayor, en versos dodecasílabos, que sigue el modelo de la Divina Comedia. Está dedicada a Juan II y se presenta como una exaltación de la historia de Castilla, en la que destacan los pasajes de contenido bélico o la crítica a la corrupción de su tiempo. El poeta simula un viaje alegórico en el que, guiado por la Providencia, llega al palacio de la Fortuna, donde contempla tres ruedas: las del pasado y el futuro que están quietas, y la del presente, que no para de moverse. Su lenguaje toma como modelo los clásicos latinos; de ahí la abundancia de cultismos y de referencias mitológicas, el continuo uso del hipérbaton y la complejidad sintáctica oracional.

Jorge Manrique

Jorge Manrique (Paredes de Nava, Palencia, 1440 – Castillo de Garcimuñoz, Cuenca, 1479). Se conocen pocos datos de su vida, pero sí se sabe que, desde joven, participó en acciones bélicas al lado de su padre, don Rodrigo Manrique, en las guerras civiles castellanas, entre partidarios de Juana la Beltraneja, hija presuntamente ilegítima de Enrique IV, y los de Isabel la Católica, a cuyo favor lucharon padre e hijo. Murió en el campo de batalla.

Obra Poética y las Coplas

La obra de Jorge Manrique es exclusivamente poética, pero una producción reducida: unas cincuenta composiciones, la mayoría amorosas, de influencia trovadoresca y carácter cortesano, que revelan habilidad técnica e imaginación metafórica. Sin embargo, no habría pasado de ser uno más de la época de no ser por la composición de las Coplas por la muerte de su padre, una de las grandes obras poéticas de nuestra historia literaria. Se trata de una elegía, compuesta tras la muerte de su padre (1476), como reflexión sobre la vida y la muerte.

Métrica y Estructura

El esquema métrico de las Coplas es de una sextilla doble, doce versos, llamada copla de pie quebrado o estrofa manriqueña, donde se combinan los versos y la rima de la siguiente manera: 8a, 8b, 4c, 8a, 8b, 4c; proporciona esta combinación un ritmo solemne y sereno adecuado a la gravedad del asunto. Respecto al contenido, la obra se organiza en torno a dos partes, que van de lo general a lo particular:

  • Primera parte (Coplas I-XXIV): Lo general abarca de la copla I a la XIV, en que el poeta reflexiona sobre la fugacidad de la vida y la inestabilidad de las cosas de este mundo; y de la XV a la XXIV, donde incluye ejemplos concretos de las reflexiones anteriores, con referencias a personajes ilustres, empleando el tópico latino del “ubi sunt”, mediante la interrogación retórica.
  • Segunda parte (Coplas XXV-XL): Lo particular se centra en la vida y muerte del padre. Primero hace un panegírico de su padre (coplas XXV-XXXII), elogia sus virtudes y ensalza sus hazañas bélicas y, después, expresa el “ars moriendi”, para presentar la llegada alegórica de la Muerte y el último trance de don Rodrigo.

Temas y Estilo

Los temas principales, en torno a la reflexión sobre la vida y la muerte y el homenaje a la persona fallecida, son: el menosprecio de las vanidades mundanas, la fugacidad de la vida, el poder igualatorio de la muerte, los caprichos de la fortuna y la fama que triunfa sobre la muerte. Manrique adopta ante la muerte una postura llena de serenidad y esperanza en la nueva vida, reflejada en la sobriedad de su estilo. De este modo, la vida terrenal y perecedera aparece condicionada por la vida eterna e imperecedera, por la necesidad de alcanzar el más allá. Y el modo de lograrlo sería para el poeta el llevar una existencia honrosa, es decir, la vida de la fama, una vida austera y eficaz que deje buena memoria entre los hombres, y venza así a la muerte.

Trascendencia Histórica

Las Coplas gozaron de gran éxito y fueron traducidas en los siglos siguientes a todas las lenguas cultas, incluso al latín, y fueron glosadas por numerosos y destacados poetas como Jorge de Montemayor. El interés por la obra se ha mantenido en siglos posteriores. La estrofa manriqueña fue ensayada por los románticos, como Zorrilla y Espronceda, y por los modernistas como Rubén Darío.

Orígenes de la Prosa Medieval

Los orígenes de la prosa medieval no son literarios hasta el siglo XIII. Al igual que en las demás lenguas romances, en castellano los textos en prosa aparecen después que los textos en verso. Ello se debe a que la poesía se transmitía oralmente, mientras que acceder a un texto en prosa exigía saber leer, una actividad propia de los letrados, que preferían el latín. Con la creación de las universidades y con la necesidad de acomodar la lengua de los documentos al habla romance de los súbditos, se inicia la creación de una prosa apta para la transmisión del conocimiento y para la literatura.

Primeros Testimonios Escritos

Históricamente se ha venido hablando de que los primeros textos escritos en prosa y en castellano son las glosas o anotaciones breves para traducir pasajes latinos que ya entonces resultaban difíciles de entender:

  • Glosas Silenses: Procedentes del Monasterio de Santo Domingo de Silos, en Burgos.
  • Glosas Emilianenses: Procedentes del Monasterio de San Millán de la Cogolla, en La Rioja (donde también aparecen las primeras palabras en vasco).

Sin embargo, hoy en día, estudios avalados por la Universidad de Burgos advierten de que en los Cartularios de Valpuesta, en Burgos, ya aparecen palabras que se identifican como del castellano. En todos los casos nos situamos en el siglo X. Durante el reinado de Fernando III el Santo, en la primera mitad del s. XIII, aparecen testimonios todavía poco importantes de prosa literaria.