Personajes
Bernarda
Bernarda pertenece a una burguesía campesina acomodada. Personaje principal, causante de todo el drama y conductora de la tragedia que sufrirán sus hijas y su madre. Su carácter fuerte y autoritario la lleva a asumir la autoridad del cabeza de familia y su símbolo de poder es el bastón. Tiene rasgos negativos: autoritara, dominante, insensible, orgullosa, clasista, violenta, hipócrita, odiada y temida. Representa la tiranía y la represión de la libertad.
Su lenguaje está repleto de expresiones cortas y concisas, órdenes y mandatos, sin posibilidad de diálogo con sus hijas y mucho menos con sus criadas: «En ocho años que dure el luto no ha de entrar en esta casa el viento de la calle». Es dominante: «¡Silencio, digo… todavía no soy anciana y tengo cinco cadenas para vosotras», y considera a los pobres como inferiores: «Los pobres son como animales; parece como si estuvieran hechos de otras sustancias». Sus relaciones están marcadas por el odio, como refleja La Poncia: «Tirana de todos los que la rodean. Es capaz de sentarse encima de tu corazón y ver cómo te mueres durante un año sin que se le cierre esa sonrisa fría que lleva en su maldita cara». Todo esto refleja una moral conservadora y machista; la imposición de un luto excesivo la lleva a ejercer una auténtica dictadura sobre sus criadas y sus hijas.
Angustias
Angustias, hija mayor y heredera de una estimada fortuna, aparece retratada como una mujer poco agraciada físicamente y sin pasión por el matrimonio, pero consciente de que es la única escapatoria. Su nombre simboliza el miedo por el paso del tiempo, por lo que se aferra a su relación con Pepe el Romano, atraído hacia ella por su dinero. Es envidiada por sus hermanas por ser la desvinculada del yugo materno.
Magdalena
Magdalena es la que guarda mejores sentimientos: reflexiva y resignada; apenas marca sumisión y no se involucra en las relaciones amorosas de sus hermanas.
Amelia
Amelia es tímida y resignada, con poco protagonismo en la escena.
Martirio
Martirio es un personaje complejo: es fea y enfermiza y encarna el resentimiento y la envidia. Enamorada de Pepe el Romano, sufre por no atraer su atención. Su nombre simboliza el martirio hacia los demás, sobre todo hacia Adela. Frustrado su matrimonio con Enrique Humanes, vigila a Adela y la descubre con Pepe. Esto genera un tenso clima que llega hasta el final de la obra.
Adela
Adela simboliza la rebelión contra la dictadura de Bernarda: «Pienso que este luto me ha pillado en la peor época de mi vida para pasarlo; no me acostumbraré», «Yo no puedo estar encerrada. ¡Yo quiero salir!». Representa fuerza, pasión y deseo. Enamorada de Pepe, esta pasión se antepone a la honra y a la decencia; lucha por su amor hasta desafiar la moral dominante. La rebelión de Adela, al creer a Pepe muerto, no tiene más alternativa que el suicidio.
Mª Josefa
Mª Josefa, madre de Bernarda, recluida en su habitación por su locura, resulta ser el personaje más cuerdo. Con cierta simpatía nos desvela los problemas que aquejan a sus nietas: el aprisionamiento al que son sometidas, la frustración de la mujer, el ansia de libertad…
Pepe el Romano
Pepe el Romano representa los deseos de las hijas de Bernarda: «El mejor tipo de estos contornos». Mujeriego, materialista y seductor, no duda en comprometerse con Angustias por su dinero y, a la vez, seduce a Adela. No sufre consecuencias por esa conducta.
La Poncia
La Poncia es otro personaje importante, ya que nos descubre, en sus parlamentos con Bernarda, el pasado de la casa y mediatiza los conflictos de la obra. Ataca fuertemente a Bernarda: «¡Mandona, dominadora!» y dice: «Ese día me encerraré con ella en un cuarto y le estaré escupiendo un año entero hasta ponerla como un lagarto machacado por los niños».
Tema principal
El tema principal de la obra es el enfrentamiento entre el autoritarismo de Bernarda, que intenta imponer sus normas opresivas basándose en su posición de cabeza de familia, y el anhelo de libertad, encarnado por Mª Josefa y Adela, que intentan rebelarse. Las demás se resignan a su suerte, aunque Martirio se enfrenta en alguna ocasión. Las criadas temen a Bernarda, no se atreven a enfrentarse a ella y se limitan a murmurar a sus espaldas, sometiéndose a su disciplina.
Bernarda marca rigurosamente el comportamiento que deben mantener sus hijas en relación con los hombres; si no, sufrirán las consecuencias. Sin embargo, el deseo de libertad de Adela es más fuerte que su temor a la autoridad materna. Desde el principio, Adela se muestra rebelde: lleva un abanico con flores de colores en lugar del abanico negro del luto, luce vestidos alegres y lo exhibe ante las gallinas. Expresa sus deseos de libertad y rompe las normas de Bernarda. En un enfrentamiento con su madre, le arrebata el bastón y lo parte en dos, «recuperando su libertad» («¡Se acabaron las voces de presidio!»).
Pero tras su suicidio se cierra para ella y para sus hermanas el camino de la libertad: otra vez viven encerradas sin esperanza. Mª Josefa encauza su rebeldía a través de la locura, una vía de escape para un personaje maltratado y recluido en una habitación, reducido a su espacio vital. En conclusión, la opresión de Bernarda provoca, sobre todo, dos respuestas claras en busca de libertad: la locura y el suicidio.
Temas secundarios
Como temas secundarios debemos destacar el amor sexual. El dominio tiránico de Bernarda condena a las hijas a la ausencia del amor, sin posibilidad de entablar ninguna relación. Pepe el Romano desencadenará las pasiones de las mujeres de la casa. La pasión amorosa contenida se concreta en referencias a hechos ocurridos fuera de escena, como la criada con requiebros eróticos del difunto marido de Bernarda; La Poncia le recuerda a Bernarda lo ocurrido con Paca la Roseta al escuchar el canto de los segadores. La Poncia exalta las cualidades de los hombres, su virilidad.
Otro tema recurrente es la preocupación por la opinión ajena y el temor a la murmuración. Simbólicamente, aparece en la obsesión por la limpieza que caracteriza a Bernarda, ya en las escenas del duelo. El miedo a la murmuración es una constante en la vida del pueblo y marca a Bernarda: teme lo que digan las vecinas; por ejemplo, se avergüenza de la locura de su madre y la encierra.
Las relaciones humanas en la obra están dominadas por el odio y la envidia, otro tema secundario. A Bernarda la odian las criadas y las vecinas. Angustias es envidiada y odiada por sus hermanas; Martirio acusa a Adela por celos y envidia. También aparece el tema de la marginación de la mujer. Lorca recurre a personajes femeninos porque así puede expresar más evidentemente la insatisfacción humana: la mujer es reducida a determinados papeles, sin recursos para luchar por su felicidad, sin poder salirse de sus funciones como novia, esposa o madre, teniendo que permanecer en sumisión a las normas sociales.