Introducción
«Me busco y no me encuentro» es un poema escrito por Josefina de la Torre Millares, poeta nacida en Las Palmas de Gran Canaria en 1907; perteneciente a la Generación del 27, la Edad de Plata de la literatura, caracterizada por su amplia creatividad, la renovación respecto a lo clásico y temas centrados en la ciudad, la naturaleza, el amor, el compromiso social y el destierro.
Biografía y contexto familiar
Se crió en una familia que amaba el arte y la cultura; muchos de sus familiares fueron poetas, pintores o músicos. Su hermano Claudio de la Torre comenzó siendo escritor, pero finalmente optó por el cine; su primo Néstor de la Torre fue pintor modernista —una pintura caracterizada por la exaltación de lo fantástico, el gusto por lo decente y la angustia por lo existencial—, al igual que su sobrino Manolo Millares. Josefina fue una figura del panorama cultural de las Islas: poetisa, novelista, cineasta, cantante lírica, actriz y dobladora, conocida por su personalidad progresista y adelantada a su tiempo.
Trayectoria y primeras publicaciones
Su carrera literaria comienza a los 20 años, cuando viaja a Madrid con su hermano Claudio, quien recibió el Premio Nacional de Literatura en 1924. Estando en Madrid coincide con miembros de la Generación del 27 en la Residencia de Estudiantes, como García Lorca y Rafael Alberti, estableciendo amistad con algunos de ellos.
En 1927 publica Versos y estampas, cuyo prólogo está escrito por Pedro Salinas, aportando reconocimiento y calidad a su libro y abriéndole camino en su carrera artística. La temática principal de esta obra es la juventud; en ella Josefina escribe sobre sus recuerdos de la infancia y estampas del mar. Su optimismo se proyecta también en Poemas de la isla, publicado en 1930, donde expresa sus recuerdos de la isla.
En el periodo más exitoso de su carrera estalla la Guerra Civil española y ella se ve obligada a regresar a Gran Canaria; esto la lleva a sentirse sola y comienza a escribir sobre amigas fallecidas. Durante su estancia en la isla publicó algunos textos bajo el pseudónimo de Laura Cominges; estas obras tenían un carácter más comercial.
Obra posterior
En 1968 se publica Marzo incompleto, de tema intimista, con una perspectiva trágica y reflexiva sobre el paso del tiempo, la memoria y la muerte. Se caracteriza por abordar un tema no muy tratado hasta entonces: la esterilidad femenina y la frustración que provoca la no realización del sueño maternal.
Tema y sentido del poema «Me busco y no me encuentro»
El tema central de este poema es la insatisfacción. La autora busca un sentido a la vida y se siente perdida, rodeada de oscuridad; se interroga constantemente y no halla respuesta a lo que busca, expresándolo de forma repetitiva en el título y en los versos, por ejemplo: «me busco y no me encuentro», «no me encuentro a mí misma».
Estructura y organización
En cuanto a la estructura, no se aprecia una división estrofa clara. La autora presenta el motivo de la búsqueda en los cinco primeros versos (la búsqueda de sí misma) y va repitiendo dicha idea a lo largo del poema, además de hablar en un presente («ahora») y nombrar el pasado con un «y no puede ser tierra», plasmando las causas de su insatisfacción.
La estructura interna puede dividirse en tres partes: primero, del verso 1 al 5, donde no hay respuesta y la voz poética se siente sola; segundo, entre los versos 6 y 9, con un pasado que le trae frustración y desasosiego; y finalmente, desde el verso 10 hasta el último, que cierra el poema.
Métrica
Métricamente se trata de un poema de 13 versos en los que se combinan heptasílabos con versos alejandrinos (los alejandrinos son versos de 14 sílabas). El autor indica el siguiente esquema métrico: 7a, 14B, 14-, 14-, 7b, 14-, 14B, 14B, 14a, 14-, 14B, 14B, 14-. Se observan, por tanto, varios versos libres y no responde a una estrofa conocida a primera vista (como sería el soneto de 14 versos); esto se debe a que Josefina compone con libertad sin fijarse estrictamente en una forma rígida.
Recursos estilísticos y planos del lenguaje
El carácter literario del texto es notable; el poema está marcado por numerosos recursos lingüísticos. Destaca especialmente la metáfora, mediante la cual Josefina busca la belleza del lenguaje a través de la imagen, coherente con la intención estética de la Generación del 27.
También utiliza metáforas para expresar contenidos cercanos al surrealismo, como «oscuras paredes» o «eco de incertidumbres», que aluden al dolor y desasosiego de la autora por no hallar satisfacción en sí misma. Mediante la personificación («interrogo el silencio», «tanteando la noche») intensifica su soledad y la búsqueda de motivos de su angustia, perceptible por expresiones como «y ahora voy como dormida en las tinieblas», que enfatizan un estado incapaz de disputar o reaccionar.
Mediante la antítesis —por ejemplo, «me busco y no me encuentro»— resalta el desasosiego que produce no poder ser ella misma. El uso del paralelismo aparece cuando repite estructuras similares alternando algunos elementos: «rondo por las oscuras paredes de mí misma» y «rondó por las sordas paredes en mí misma».
Plano léxico-semántico y sintáctico
En el plano léxico-semántico predomina un lenguaje no recargado: sencillo y directo. Encontramos un léxico connotativo y verbos en presente de indicativo para resaltar el desasosiego; los verbos busco, encuentro, interrogo, acierto actúan como protagonistas al comenzar muchos de los versos.
En cuanto al tipo de oración, predominan las oraciones compuestas coordinadas copulativas, que sirven para profundizar en sus sentimientos. Ejemplos en el poema: «rondo por las oscuras paredes de mí misma», «interrogo al silencio ya que este torpe vacío y no acierto en el eco de mis incertidumbres».
Conclusión
Josefina de la Torre fue una gran artista que, aun siendo mujer, logró ser reconocida. Formó parte de «Las Sin Sombrero», colectivo que se rebeló ante la sociedad y mostró que su talento era igual al de los hombres.
Observaciones finales
- El poema refleja la preocupación por la identidad y la insatisfacción personal, tratada con recursos metafóricos y una estructura libre.
- La autora combina tradición y modernidad, en línea con los objetivos estéticos de la Generación del 27.
- Los elementos métricos y el uso reiterativo de determinados verbos contribuyen a crear una sensación de búsqueda persistente y de vacío.