La situación del teatro en la posguerra
La situación del teatro en la posguerra es precaria. Triunfa un teatro «nacional» que apoyaba a la dictadura y que busca entretener al público y transmitir ideología. Destacan:
- La alta comedia: Se caracteriza por la búsqueda de la obra bien elaborada, el tono costumbrista, la naturaleza superficial de las obras, la importancia del ingenio, las grandes dosis de humor y la monotonía temática. Destacan: José María Pemán (Por la virgen capitana) y Luca de Tena (Dos mujeres a las nueve).
- El teatro humorístico: Un teatro de humor cultivado por Jardiel Poncela (planteó como novedades el encadenamiento de situaciones inverosímiles y un humorismo de raíz intelectual; destacan obras como Cuatro corazones con freno y marcha atrás) y Miguel Mihura (supone una ruptura completa con el teatro cómico anterior).
Teatro realista de la década de los 50
Desde el estreno de Historia de una escalera y durante los años cincuenta, surgieron obras que intentaban reflejar y criticar la dura realidad del momento. Los personajes de estos dramas presentan la tragedia de vivir y las ansias de libertad frustradas. Los siguientes dramas —Un soñador para un pueblo (1958), El concierto de San Ovidio (1962), El tragaluz (1967)— ahondan en los problemas sociales.
Teatro de renovación formal
A partir de los años 60 y 70, no se trata ya de un teatro realista, sino de un teatro simbólico y alegórico, de influencia vanguardista, que acentúa los aspectos visuales, sonoros y musicales para ofrecer un espectáculo total. Sobresalen: Francisco Nieva (El combate de Ópalos y Tasia) y Antonio Martínez Ballesteros con Farsa de marionetas.
El teatro último
Los escenarios españoles acogen espectáculos de los grupos independientes o de los autores anteriores que siguen estrenando, pero los nuevos dramaturgos se inclinan por una comedia neorrealista bien construida que desarrolla temas de actualidad: drogas o el paro. Destacan: José Sanchís Sinisterra (¡Ay, Carmela!), Fermín Cabal (Esta noche gran velada) y José Luis Alonso de Santos con Bajarse al moro.
La narrativa española contemporánea
La generación del 68
Su irrupción coincide con el agotamiento de la novela experimental y supone la vuelta a la narratividad, el placer de contar, la subjetividad (el «yo» como centro del relato) y un estilo cuidado. Predomina la narrativa inspirada en los grandes modelos de la tradición española y universal. Autores destacados de este grupo son Javier Tomeo, Francisco Umbral y Manuel Vicent.
Los narradores de los años 80
Buscan transgredir los modelos tradicionales y tienden a la introspección. Destaca Luis Landero con su novela Juegos de la edad tardía. Enrique Vila-Matas es el gran representante de la metanovela; su obra se caracteriza por el continuo juego entre realidad y ficción. Crítico y mordaz, en sus textos combina la reflexión intelectual con una visión irónica del mundo que le rodea (Bartleby y compañía, París no se acaba nunca). Javier Marías fusiona narración y reflexión (Todas las almas, Corazón tan blanco). Antonio Muñoz Molina se caracteriza por la precisión y voluntad de crear un estilo en su narrativa; de estructura compleja, reinventa el género negro y denota un profundo conocimiento de los modelos narrativos tradicionales (El invierno en Lisboa, El jinete polaco, Plenilunio). Arturo Pérez-Reverte combina dos subgéneros de gran aceptación popular: la novela de intriga y la novela histórica (El maestro de esgrima, El club Dumas). Rosa Montero combina lo testimonial con la novela de tesis, y Almudena Grandes aborda fundamentalmente tres temas: el amor, la soledad y la búsqueda de la propia personalidad.
La narrativa última
Continúa la línea de la narrativa anterior: pasión por contar e introspección. Domina la novela de género y el autobiografismo narrativo. Las tendencias más destacadas son la novela negra e histórica, el realismo sucio (con temas como el alcohol, las drogas o la marginalidad y un lenguaje juvenil y directo), el relato y microrrelato, la novela comprometida, narrativa gay, novela intimista, novela fantástica y la novela infantil y juvenil.
La poesía española
La poesía de los años 40
Dos tendencias:
- Poesía arraigada: Poetas afines al régimen que abordan temas humanos y evitan la realidad social. Destacan Dionisio Ridruejo y Luis Rosales.
- Poesía desarraigada: Contrarios a la dictadura, expresan la realidad desde la angustia y el dolor que les provoca la derrota. Destacan Dámaso Alonso y Vicente Aleixandre.
Poesía social de los 50
Se concibe la poesía como una herramienta útil y crítica, con un compromiso consciente y explícito con la realidad contemporánea, una reflexión sobre la guerra y sus consecuencias, y una denuncia de la injusticia y la desigualdad, con un estilo claro, directo y comunicativo. Destacan Blas de Otero (poesía existencial en Ángel fieramente humano y social en Pido la paz y la palabra) y Gabriel Celaya (poesía depurada con temas universales como la muerte y la soledad en Las cartas boca arriba y Cantos íberos).
Años 60 y los Novísimos
En los años 60 surge un grupo heterogéneo que coincide en su visión subjetiva de la realidad y su regreso al «yo» tras el predominio del «nosotros». Destacan Ángel González, Gil de Biedma y Claudio Rodríguez. Por otro lado, Los Novísimos son un grupo de poetas caracterizados por su afán experimental, su culto a la forma, la reivindicación de la autonomía del arte, su culturalismo y la recuperación de técnicas de vanguardia como el collage. Reunidos por José María Castellet, el grupo incluye a Manuel Vázquez Montalbán, Antonio Martínez Sarrión, José María Álvarez, Félix de Azúa, Pere Gimferrer, Vicente Molina Foix, Guillermo Carnero, Ana María Moix y Leopoldo María Panero.
A partir de 1975
Se abandona el concepto minoritario a favor de una poesía capaz de llegar a un público más amplio. Se busca la renovación lingüística, lejos del hermetismo, y el aliento lírico en el léxico cotidiano. Destacan:
- Poesía de la experiencia: El poeta contempla su cotidianidad y la realidad urbana, incorporando reflexiones y sentimientos personales.
- Neopurismo: Tiende a la concentración conceptual e invita a la sugerencia por medio del silencio.
- Poesía épica: Recupera la memoria colectiva desde la meditación personal e introspectiva del yo poético.
En nuestros días, proliferan antologías, multiplicidad de tendencias y autores. Regresa la poesía de la experiencia: se cultiva una poesía meditativa y conversacional.