Pueblos prerromanos, Al-Ándalus y monarquías hispánicas: evolución histórica en la Península Ibérica

Los pueblos prerromanos en la Península Ibérica

Los pueblos prerromanos de la Península Ibérica se dividen en culturas autóctonas —como los íberos, celtas, celtíberos y Tartessos— y pueblos colonizadores —como los fenicios, griegos y cartagineses—, que se establecieron en la costa mediterránea atraídos por la riqueza en metales. Los íberos se ubicaron en la costa mediterránea y el sur; los celtas en el centro, norte y oeste; y los celtíberos en la zona de confluencia de ambos. Los colonizadores fundaron factorías y colonias, influyendo fuertemente en el desarrollo cultural y comercial de los pueblos nativos, lo que culminó en las Guerras Púnicas con los romanos.

Pueblos colonizadores: fenicios, griegos y cartagineses

Los fenicios, griegos y cartagineses fueron pueblos colonizadores que llegaron a la Península Ibérica a partir del primer milenio a.C., estableciendo colonias comerciales y culturales en las costas: principalmente la presencia fenicia en el sur y sureste y la griega en el este, para explotar los recursos metálicos y establecer rutas comerciales. Los fenicios fueron los pioneros, seguidos por los griegos y, posteriormente, los cartagineses, que continuaron la tradición comercial fenicia con una mayor fuerza militar.

Estos pueblos introdujeron avances significativos que influyeron profundamente en el desarrollo de las culturas prerromanas peninsulares:

  • Escritura: difusión de la escritura alfabética.
  • Técnicas agrícolas: nuevas prácticas y cultivos.
  • Metalurgia: uso del hierro y explotación de recursos metálicos.
  • Artesanía y comercio: desarrollo de la artesanía y establecimiento de rutas comerciales.

Al-Ándalus: la conquista musulmana, emirato y califato de Córdoba

La conquista musulmana de la Península Ibérica se inició en el año 711 tras la victoria musulmana sobre los visigodos en la batalla de Guadalete. En pocos años, los musulmanes ocuparon la mayor parte del territorio peninsular, que pasó a denominarse Al-Ándalus. Durante la primera etapa se estableció el emirato dependiente (711-756), en el que Al-Ándalus fue una provincia del Califato Omeya de Damasco, gobernada por valíes con capital en Córdoba.

En el año 756, Abderramán I fundó el emirato independiente de Córdoba, rompiendo la dependencia política con Oriente, aunque manteniendo la autoridad religiosa del califa. Esta etapa supuso la consolidación del poder musulmán en la península. En 929, Abderramán III se proclamó califa, dando origen al Califato de Córdoba. Este periodo representó el máximo esplendor político, económico y cultural de Al-Ándalus, con una fuerte centralización del poder y un notable desarrollo urbano, artístico e intelectual, reflejado en la ampliación de la Mezquita de Córdoba y la construcción de Medina Azahara. El Califato se mantuvo hasta 1031, cuando su desintegración dio lugar a los primeros reinos de taifas.

Los Austrias del siglo XVI: política interior y exterior

Carlos I (1516–1556), hijo de Juana de Castilla y Felipe de Habsburgo, heredó un extenso imperio: España, América, Flandes, Austria, entre otros territorios. En 1519 fue nombrado emperador del Sacro Imperio con el nombre de Carlos V. En política interior tuvo dos conflictos importantes: la rebelión de las Comunidades de Castilla (1520–1522), derrotada en Villalar, y las Germanías de Valencia (1519–1523), una revuelta contra la nobleza que también fracasó.

En política exterior, Carlos I luchó contra tres grandes enemigos: venció a Francia en la batalla de Pavía (en el contexto de las Guerras de Italia), combatió al Imperio Turco que dominaba el norte de África, y luchó contra los protestantes alemanes, a quienes derrotó en la batalla de Mühlberg (1547), aunque el problema religioso continuó.

Felipe II (1556–1598), su hijo, también afrontó conflictos internos: la rebelión de los moriscos en las Alpujarras (1568–1570), que fue sofocada por Juan de Austria, y las alteraciones de Aragón (1591), protestas contra la autoridad real. En política exterior, Felipe II ganó a los turcos en la batalla de Lepanto (1571), pero tuvo que afrontar la rebelión de los Países Bajos desde 1568. Anexionó Portugal en 1581, fracasó al intentar invadir Inglaterra con la Gran Armada (1588) y terminó su reinado en guerra con Francia.

Los Reyes Católicos: unión dinástica e instituciones de gobierno; la Guerra de Granada

Isabel de Castilla y Fernando de Aragón se casaron en 1469, y en 1479 se consolidó la unión dinástica de ambas Coronas. Esta unión no fue una fusión política, ya que cada reino conservó sus propias leyes e instituciones. Isabel I y Fernando II, conocidos como los Reyes Católicos, instauraron una monarquía autoritaria con el objetivo de reforzar el poder real y sentar las bases del Estado moderno.

Para ello, reformaron y reforzaron varias instituciones:

  • Consejo Real como órgano central de gobierno.
  • Cortes estamentales como órganos representativos.
  • Inquisición para controlar la ortodoxia religiosa.
  • Chancillerías y Audiencias como tribunales de justicia.
  • Santa Hermandad para el mantenimiento del orden público.
  • Corregidor como figura para controlar los municipios en nombre del rey.

Uno de los hitos de su reinado fue la Guerra de Granada (1482–1492), último reducto musulmán en la Península. La resistencia del Reino Nazarí se había mantenido por el pago de tributos, su situación geográfica, las crisis castellanas y el apoyo norteafricano. Los Reyes Católicos aprovecharon las luchas internas entre Muley Hacén y su hijo Boabdil, quien finalmente negoció la rendición con capitulaciones favorables para los musulmanes. El 2 de enero de 1492, los Reyes Católicos entraron triunfantes en Granada, culminando así la Reconquista y avanzando hacia la unidad territorial y religiosa de España.