Oposición Política y Social en la Restauración Española: Nacionalismo y Movimiento Obrero

La oposición al sistema de la Restauración

El sistema político de la Restauración establecía un sistema de alternancia en el poder entre el Partido Conservador y el Partido Liberal. El resto de movimientos políticos quedaban fuera del sistema, aunque tuvieran más o menos garantizada una cierta presencia en las Cortes. Esta marginación afectó a los republicanos y a los carlistas, pero también a dos movimientos que experimentaron un fuerte crecimiento durante esta etapa de la Restauración: el nacionalismo y el movimiento obrero.

Los movimientos nacionalistas

Los nacionalismos surgen, en parte, como una reacción frente a la tendencia unificadora que recogía la Constitución de 1876 y van a proponer un modelo de Estado descentralizado. El nacionalismo se desarrolló en aquellas regiones con rasgos culturales más diferenciados, como eran Cataluña, el País Vasco y Galicia.

El nacionalismo catalán

El nacionalismo catalán tuvo sus precedentes en un movimiento que reivindicaba el renacimiento de la cultura catalana, en especial del idioma, que surge hacia 1830 y que se conoce como Renaixença. En las últimas décadas del siglo XIX, este movimiento adopta una forma política precisa que afirmaba la particularidad de la nacionalidad catalana y reclamaba un autogobierno para la región.

  • En 1882, Valentí Almirall fundó el Centre Català y tres años más tarde presentó el Memorial de Agravios a la Reina Regente, donde recogía sus peticiones.
  • En el año 1891 se creó la Unió Catalanista, que al año siguiente redactó las llamadas Bases de Manresa, exigiendo la restauración de las instituciones históricas tradicionales de Cataluña y el traspaso de importantes competencias políticas y económicas.

Tras el Desastre del 98, el movimiento catalanista adquiría más fuerza ante el desprestigio del sistema de la Restauración y de los tradicionales partidos dinásticos. En 1901 se crea la Lliga Regionalista de Enric Prat de la Riba y Francesc Cambó, que se convertiría en el partido más importante de Cataluña durante las siguientes décadas.

El nacionalismo vasco

En la aparición del movimiento nacionalista vasco fue determinante la abolición de los fueros en el año 1876, ya que de inmediato surgió un movimiento en defensa de los derechos suprimidos. En este movimiento también tuvo mucha importancia la reivindicación de la cultura tradicional vasca de carácter rural, que se estaba viendo amenazada por el acelerado desarrollo industrial de la región y la llegada de inmigrantes de otras regiones españolas.

Un personaje clave para entender el nacionalismo vasco fue Sabino Arana, quien en el año 1895 fundó el Partido Nacionalista Vasco (PNV). Se trataba de un partido católico y tradicional que pretendía impulsar la lengua y las tradiciones vascas y que defendía la pureza racial del pueblo vasco. Con el tiempo se acercó a la burguesía industrial, deseosa de tener un aliado ante la amenaza que suponía el desarrollo del movimiento obrero.

El regionalismo en Galicia y otras regiones

En Galicia surgió un movimiento cultural que pretendía reivindicar la lengua gallega (el Rexurdimento), cuyo mejor exponente fue la poetisa Rosalía de Castro. Este movimiento cultural también tuvo un cierto desarrollo político, si bien limitado. Movimientos similares al gallego aparecieron en Valencia (con Blasco Ibáñez), Aragón (con Joaquín Costa) y Andalucía (con Blas Infante).

El movimiento obrero: Socialismo y Anarquismo

Por su parte, el movimiento obrero había sufrido un retroceso durante los primeros años de la Restauración como consecuencia de la ilegalización de la Internacional y de las asociaciones ligadas a la misma, que tanto peso habían tenido durante los años del Sexenio. A partir de la Ley de Asociaciones de 1887, las asociaciones obreras volvieron a ser legalizadas, lo que fue aprovechado por el PSOE, partido de inspiración marxista creado en la clandestinidad en 1879, para incrementar su actividad.

El auge del socialismo

El periódico El Socialista se convertiría en un eficaz medio de difusión de las ideas del partido y de comunicación entre las distintas agrupaciones socialistas. En 1888 se celebró el I Congreso del PSOE y se fundó el sindicato socialista UGT. Con todo, el marxismo-socialismo no alcanzó un gran desarrollo en estas últimas décadas del siglo XIX (hasta 1910 el PSOE no lograría su primer escaño en el Congreso de los Diputados y la UGT apenas alcanzaba los 6000 afiliados en 1899) debido a la mayor pujanza del movimiento anarquista, hegemónico en las zonas de Cataluña, Levante y Andalucía. Las zonas de mayor implantación socialista eran la zona minera e industrial de Vizcaya, Asturias y Madrid.

El predominio del anarquismo

Mayor desarrollo alcanzó el anarquismo, especialmente desde la reorganización de la Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE) de inspiración bakuninista, que se extendió rápidamente por las regiones mediterráneas. Los episodios de la Mano Negra en Andalucía en 1882 fueron seguidos de una dura represión que debilitó el movimiento anarquista y lo terminó fragmentando en dos grandes corrientes:

  1. La primera se orientó a un movimiento estrictamente sindical o anarcosindicalista (que culminaría en 1910 con la creación de la CNT).
  2. La más radical apoyó el recurso a los atentados (la llamada acción directa) contra destacados dirigentes políticos o económicos (asesinato de Cánovas) o simplemente contra símbolos de la burguesía (atentado contra el Liceo de Barcelona en 1893).

Estas acciones provocaron la promulgación de duras leyes antiterroristas.