La Transición Española: De la Muerte de Franco a la Consolidación Democrática

El franquismo sin Franco: inmovilistas y reformistas

En el tardofranquismo, la sucesión de Franco generó dos corrientes principales: los reformistas, que buscaban la apertura controlada del franquismo a través de Juan Carlos I, y los inmovilistas, que abogaban por mantener el sistema sin cambios.

  • Los Inmovilistas: Tenían como objetivo perpetuar el franquismo sin cambios significativos; su líder clave era el almirante Carrero Blanco. Su estrategia consistía en mantener el entramado institucional y los principios del régimen, incluyendo la instauración de la monarquía en la persona de Juan Carlos, pero dentro de los parámetros franquistas.
  • Los Aperturistas: Buscaban introducir reformas políticas para modernizar el régimen, reconociendo la necesidad de cambios tras el desarrollo económico. Su estrategia consistía en adaptar el régimen a las nuevas realidades sociales y económicas para evitar el estallido de tensiones.

En resumen, el tardofranquismo se caracterizó por la lucha entre estos dos grupos: los inmovilistas representaban la opción continuista, mientras que los aperturistas planteaban la necesidad de reformas para evitar un cambio brusco.

La Reforma política y la oposición

Tras el corto gobierno de Carlos Arias Navarro, las fuerzas políticas se aglutinaron en torno a Adolfo Suárez, nombrado presidente del Gobierno por el Rey en 1976. Su obra cumbre fue la Ley para la Reforma Política, que permitió que las Cortes franquistas se autodisolvieran y aceptaran elecciones libres (conocidas como «Cortes harakiri»).

El nuevo Gobierno enfrentó tres graves problemas: crisis económica, conflictos sociales e inflación. Para solucionarlos, se firmaron los Pactos de la Moncloa. Posteriormente, se redactó la Constitución de 1978 y los primeros Estatutos de Autonomía.

Las primeras elecciones generales y la Ley de Amnistía de 1977

a) Las primeras elecciones democráticas: Se celebraron en 1977. Se legalizó el Partido Comunista y triunfó la UCD (Unión de Centro Democrático) con 165 escaños, seguida por el PSOE (118).

b) La Ley de Amnistía de 1977: Fue la culminación de un proceso iniciado en 1975. Esta ley establecía la amnistía para todos los actos de intencionalidad política considerados delitos durante la Dictadura. Fue una condición sine qua non para hacer creíble el proceso de transición democrática.

La Constitución de 1978 y los Estatutos de Autonomía

a) La Constitución: Elaborada por los «padres de la Constitución», fue aprobada en referéndum el 6 de diciembre de 1978 con un 87,87% de votos afirmativos. Define a España como un Estado social y democrático de Derecho con una Monarquía parlamentaria.

b) Los Estatutos de Autonomía: Ante el deseo de autogobierno, el gobierno de Suárez impulsó la generalización del principio de autonomía regional, conocido coloquialmente como «café para todos».

Los primeros pasos de la autonomía vasca: el Estatuto de Gernika de 1979

El Estatuto de Gernika, aprobado en referéndum el 25 de octubre de 1979, establece un sistema de gobierno parlamentario. Se fundamenta en la foralidad histórica, permitiendo al País Vasco un procedimiento de financiación especial (Conciertos Económicos) y la creación de una policía propia, la Ertzaintza.

Los años de plomo: el terrorismo y violencia política

Los «años de plomo» (finales de los 70 a principios de los 80) se caracterizaron por un incremento de la violencia política de grupos como ETA, GRAPO y organizaciones de extrema derecha. Esta violencia buscaba desestabilizar la Transición y evitar la consolidación de la democracia.

Crisis económica y conflictividad social

La transición estuvo marcada por la crisis del petróleo de 1973, que generó inflación y paro. El movimiento obrero (CCOO y UGT) y los partidos de izquierda (PSOE y PCE) canalizaron la protesta social, mientras que nuevos movimientos sociales como el feminismo y el ecologismo contribuyeron a la democratización.

El intento de golpe de estado de 1981

El 23-F fue un intento fallido de golpe de Estado liderado por Antonio Tejero y Milans del Bosch. El golpe fracasó gracias a la firme oposición del rey Juan Carlos I y la movilización ciudadana, consolidando la figura del monarca como garante de la democracia.

Las elecciones generales y autonómicas

En 1982, el PSOE de Felipe González obtuvo una mayoría absoluta histórica (202 escaños), marcando el inicio de la «generación del 68» en el poder. Por otro lado, en 1980, el País Vasco celebró sus primeras elecciones autonómicas, siendo Carlos Garaikoetxea (PNV) investido como primer lehendakari.