1.2. La Primera Guerra Carlista (1833-1840)
Los absolutistas se habían agrupado en torno al hermano de Fernando VII, Carlos María Isidro, pasando a denominarse como “carlistas”. Estos se levantarán en armas contra la coronación de Isabel y la construcción del Estado liberal. Su programa político se basaba en la vuelta al Antiguo Régimen, la defensa de la religión y el absolutismo, así como del mantenimiento de los fueros. Asumirán una identidad política propia, con el uniforme de la boina roja y el lema: “Dios, patria, y rey”. Militarmente no contarán con un ejército organizado, sino que combatirán en forma de guerrillas. Contarán con el apoyo de la gran mayoría del clero, además de parte de la nobleza y de pequeños campesinos.
Podemos dividir el conflicto en dos grandes fases:
- Predominio carlista (1833-1835): Los carlistas obtendrán grandes victorias en el norte de España, liderados por el general Zumalacárregui. Llegaron a establecer una estructura de gobierno en la región vasco-navarra, con Carlos María Isidro como monarca. La muerte de Zumalacárregui en el asedio de Bilbao (julio de 1835) pondrá fin a esta etapa.
- Predominio liberal (1835-1840): Durante esta etapa destacan las expediciones carlistas, que consistían en rápidas y violentas incursiones a territorio isabelino con el fin de extender el conflicto y ampliar sus territorios, destacando la Expedición Real de 1837, cuando don Carlos tratará de tomar Madrid. Estas resultarán en fracaso, siendo para 1839 evidente la derrota carlista.
Para entonces, los carlistas se habían dividido en dos tendencias:
- Transaccionistas: Partidarios de llegar a un acuerdo con los liberales ante la evidencia de la derrota militar. Acabarán siendo mayoría, por lo que en 1839, el general isabelino Espartero y el carlista Maroto firman el Convenio de Vergara, donde se reconocía a los oficiales carlistas sus grados militares y se garantizaba el respeto de los fueros vascos y navarros (aunque no se cumplió).
- Intransigentes: Partidarios de continuar la guerra a toda costa; por tanto, rechazarán el Convenio de Vergara, prolongando el conflicto en Cataluña y Aragón, liderados por el general Cabrera, hasta su derrota definitiva en la batalla de Morella (1840).
1.3. La Regencia de Espartero (1840-1843)
Tras su éxito en la guerra, el general Espartero será nombrado regente. Aunque impulsó algunas políticas de carácter progresista, como la derogación de la Ley de Ayuntamientos, terminará ejerciendo el poder de manera autoritaria y personalista, gobernando al margen de las Cortes, manipulando las elecciones y nombrando ministros según su criterio. Aplicó una política librecambista, reduciendo las barreras arancelarias y favoreciendo la entrada de capital extranjero.
La deriva autoritaria y la política librecambista generaron un creciente descontento, incluso entre los propios progresistas, con la excepción de sus fieles seguidores: los denominados “ayacuchos”, militares que combatieron junto a él en las guerras de independencia americana. El descontento provocó levantamientos contra el Regente, siendo los más relevantes:
- El Pronunciamiento de 1841: Promovido por los moderados con el objetivo de derrocar a Espartero, poner fin al predominio progresista y restaurar la regencia de María Cristina, estableciendo un régimen conservador basado en el Estatuto Real de 1834. Tras su fracaso, Espartero ordenará la ejecución de los principales conspiradores, reforzando así la imagen autoritaria de su regencia.
- Los Sucesos de Barcelona (1842): La burguesía catalana se vio gravemente afectada por la política librecambista, incapaz de competir con la entrada de productos británicos. La tensión escaló y un reclutamiento de soldados derivó en un motín. La respuesta de Espartero fue tenaz, ordenando bombardear la ciudad, saldándose con centenares de muertos y edificios destruidos.
La represión y el aislamiento político no hicieron más que aumentar el descontento hacia Espartero, hasta que finalmente una coalición de moderados y progresistas, liderada por el militar moderado O’Donnell, termine derrotándolo en la batalla de Torrejón de Ardoz (1843). En esta situación, se termina adelantando la mayoría de edad de Isabel a los 13 años.
2. La Década Moderada (1844-1854)
2.1. El sistema político isabelino
El liberalismo ya había terminado por implantarse tras las reformas realizadas durante el periodo de Regencias, paralelamente a la derrota militar de la resistencia absolutista durante la guerra carlista. El liberalismo que se implantará será un liberalismo muy moderado (también denominado “doctrinario”), muy diferente al de la Revolución Francesa o al de la Constitución de 1812. Se tratará de un liberalismo conservador que aborrecía la democracia y el gobierno popular, apoyado en un fuerte clasismo; serán las clases adineradas las que participen en política.
El sistema político isabelino se articulará en torno a una Constitución como ley fundamental, suponiendo una clara ruptura con el Antiguo Régimen, aunque el reconocimiento de derechos y libertades fue muy limitado. Se estableció la división de poderes, pero la Corona conservó un papel central: ejercía el poder ejecutivo, participaba del legislativo junto a las Cortes (las cuales podía disolver) y nombraba al presidente del gobierno, a los miembros de la Cámara Alta (Senado) y a los jueces. Además, el sufragio para elegir a los miembros de la Cámara Baja (Congreso de los Diputados) era muy restringido, aunque avanzará progresivamente.
Los principales partidos políticos serán los moderados y los progresistas. Se trataba de partidos muy personalistas, organizados en torno a líderes carismáticos (Espartero, Narváez, O’Donnell…), con escasa estructura interna y una base social limitada. Este personalismo les llevará a tener enfrentamientos internos entre los líderes. Además, se trataba de un sistema político que excluía totalmente a las mujeres, sin derecho a voto ni a ser elegidas, no siendo hasta entrado el siglo XX cuando comenzarán a participar. Asimismo, el sufragio censitario excluía a las clases populares, por lo que la política se limitaba a un asunto casi exclusivo de las clases acomodadas, especialmente de las grandes ciudades.
De derecha a izquierda, los principales partidos eran los siguientes:
- Partido Carlista: Contrarios al sistema liberal, buscaban la vuelta directa al Antiguo Régimen: la sociedad estamental, el absolutismo, la Inquisición y el régimen foral.
- Partido Moderado: El gran partido del Régimen. Defensores de la soberanía compartida entre la Corona y las Cortes, así como de un sufragio muy restringido y una mayor restricción de derechos y libertades. Partidarios de un Estado centralizado, de mantener el orden y la reconciliación con la Iglesia.
- Unión Liberal: Surgido durante la década de los 50 como término medio entre progresistas y moderados. Defenderán la soberanía compartida, pero con menor poder real y un sufragio algo más amplio que los moderados.
- Partido Progresista: El gran partido de la oposición, partidarios de la soberanía nacional, pero manteniendo el sufragio censitario, así como el poder del rey en el ejecutivo. Defenderán un fortalecimiento del poder local y una política económica librecambista.
- Partido Demócrata: Fundado en 1849, defenderán un liberalismo democrático basado en la plena soberanía nacional, el sufragio universal masculino y la limitación al mínimo del poder real. Abogarán por una gran ampliación de derechos y libertades.
2.2. Los gobiernos de Narváez
Aunque a Espartero lo derrotó una coalición de progresistas y moderados, tras el breve gobierno progresista de Salustiano Olózaga, los moderados se harán con el poder, reprimiendo los intentos progresistas de hacerse con él. Destacan las figuras de González Bravo y, sobre todo, el general Narváez, quien gobernará buena parte de la década de los 40. Entre sus políticas más relevantes se destacan:
- Constitución de 1845: Vuelve a la soberanía compartida, el sufragio censitario y a otorgar más poder a la Corona; mantiene las cortes bicamerales.
- Ley de Ayuntamientos (1845): Recogerá los principios de la ley de 1840, de forma que los alcaldes de los municipios con más de 2000 habitantes pasarán a ser elegidos por el rey.
- Creación de la Guardia Civil (1844): Para la defensa del orden y el control social en las zonas rurales.
- Reforma fiscal: Simplificando el sistema tributario, desarrollando un modelo moderno y centralizado mediante impuestos directos y estatales. Fue injusto, favoreciendo a los grandes propietarios.
- Plan Pidal (1845): Estableció el modelo educativo de la Europa liberal, basado en una enseñanza centralizada y jerarquizada en tres niveles: primaria, secundaria y universitaria.
Narváez habrá de enfrentarse a los progresistas y a cierto sector de su partido más cercano al progresismo, los denominados “puritanos”, así como a los demócratas. Estos protagonizarán algunas revueltas, siendo las más relevantes los pronunciamientos de Madrid de 1848, contagio de la Revolución iniciada en Francia y que se estaba extendiendo por toda Europa. Asimismo, deberá hacer frente a la Segunda Guerra Carlista (1846-1849). Tras el fracaso de la unión dinástica pretendida por los carlistas entre Isabel y su primo Carlos Luis, nuevo candidato al trono carlista, estos se alzarán de nuevo en armas. El conflicto se limita a una guerra de guerrillas en la sierra catalana. El poco apoyo con el que contaron los carlistas, junto al ya consolidado régimen liberal, provocó su derrota en 1849.
2.3. Bravo Murillo y el gobierno tecnocrático
Entre 1851-1852 destaca la figura de Bravo Murillo, quien lideró un gobierno tecnocrático basado en una administración fuerte y centralizada dirigida por expertos para garantizar el orden y la estabilidad, alejándose del debate político. El principal éxito de esta política fue el saneamiento de la deuda pública, permitiendo el desarrollo de un gran programa de obras públicas.
En 1851 se firma el Concordato con la Santa Sede, que restableció las relaciones con la Iglesia, rotas desde las desamortizaciones y la guerra carlista. En él se reconocía a la religión católica como la “única de la nación española”, se otorgaba a la Iglesia un papel fundamental en la educación, se le permitió adquirir nuevos bienes y el Estado se comprometía a financiarla. A cambio, la Iglesia reconocía al Estado liberal y al régimen isabelino, y aceptaba como definitivas las desamortizaciones ya realizadas.
Pretenderá reformar la Constitución con la intención de disminuir el peso de los partidos políticos, lo que le llevó al enfrentamiento incluso con buena parte de los moderados. Ello, junto a varios casos de corrupción y clientelismo que salieron a la luz, provocaron su caída, a la que siguieron tres gobiernos moderados que habrán de hacer frente al rechazo de los progresistas y la recién creada Unión Liberal de O’Donnell, que culminará en una auténtica revuelta en 1854, otorgando el poder a los progresistas.
3. El Bienio Progresista (1854-1856)
3.1. La Revolución de 1854
Un grupo de militares de tendencias progresistas-unionistas se pronunciarán en junio de 1854 bajo el mando del general O’Donnell. La intención será la de dar un golpe militar sin que se elevase a revuelta popular. Esta se iniciará en Madrid. Dicha batalla terminará con un resultado indeciso, considerándose ambos bandos vencedores.
Los progresistas consideran necesario extender la revuelta a los sectores populares. Es entonces cuando publican el Manifiesto de Manzanares, redactado por un joven Cánovas del Castillo, con un programa progresista donde se pedía una “regeneración liberal” basada en un régimen más representativo, menos corrupto, con mayores derechos y libertades, la vuelta de la Milicia Nacional… Su difusión provocó que el pronunciamiento derivara en una revolución popular. Su foco principal será Madrid, aunque se extenderá por las principales ciudades, donde se levantarán barricadas, se asaltaron las casas de los políticos más representativos y se formará un movimiento juntero, a lo que las autoridades responderán con una dura represión, saldándose con centenares de muertos. Como resultado, Isabel llamará a formar gobierno al general Espartero, dando comienzo al Bienio Progresista.
3.2. Reformas y crisis del Bienio
Espartero llegará triunfante a Madrid desde el exilio, curado de toda ambición personalista tras la experiencia de la Regencia. El primer gobierno lo formará con ministros de la Unión Liberal (O’Donnell) y moderados puritanos, quienes llevaron a cabo una intensa política reformadora, elaborando más de 200 leyes, restaurando la Milicia Nacional, declarando la libertad de prensa, la libertad religiosa… Las políticas más relevantes fueron las siguientes:
- La Desamortización de Madoz (1855): Como continuación de la de Mendizábal, afectando a bienes municipales y civiles, además de los eclesiásticos, con el objetivo de mejorar la Hacienda. Esta provocó de nuevo un enfrentamiento con la Santa Sede, así como levantamientos campesinos, los cuales se vieron perjudicados por esta medida.
- Política económica librecambista: Favoreciendo la entrada de capital extranjero, esta vez con mejores resultados, permitiendo una reactivación de la industria y un gran ritmo en la construcción del ferrocarril.
- Constitución de 1856: Apodada “non nata”, ya que nunca llegó a aplicarse. Con un carácter reformista, defendía la soberanía nacional, la limitación del poder real, una ampliación de derechos y libertades, la elección directa de alcaldes…
Aunque los unionistas participaron en el Bienio, O’Donnell se fue distanciando conforme avanzaban las reformas por miedo a que estas comprometieran el orden social y la estabilidad. Ello, junto al malestar provocado por una subida de impuestos, llevó a que este terminase interviniendo militarmente, tomando el Congreso con las armas, disolviendo las Cortes y poniendo fin al Bienio Progresista.
3.2. Reformas y crisis del Bienio
Espartero llegará triunfante a Madrid desde el exilio, curado de toda ambición personalista tras la experiencia de la Regencia. El primer gobierno lo formará con ministros de la Unión Liberal (O’Donnell) y moderados puritanos, quienes llevaron a cabo una intensa política reformadora, elaborando más de 200 leyes, restaurando la Milicia Nacional, declarando la libertad de prensa, la libertad religiosa… Las políticas más relevantes fueron las siguientes:
- La Desamortización de Madoz (1855): Como continuación de la de Mendizábal, afectando a bienes municipales y civiles, además de los eclesiásticos, con el objetivo de mejorar la Hacienda. Esta provocó de nuevo un enfrentamiento con la Santa Sede, así como levantamientos campesinos, los cuales se vieron perjudicados por esta medida.
- Política económica librecambista: Favoreciendo la entrada de capital extranjero, esta vez con mejores resultados, permitiendo una reactivación de la industria y un gran ritmo en la construcción del ferrocarril.
- Constitución de 1856: Apodada “non nata”, ya que nunca llegó a aplicarse. Con un carácter reformista, defendía la soberanía nacional, la limitación del poder real, una ampliación de derechos y libertades, la elección directa de alcaldes…
Aunque los unionistas participaron en el Bienio, O’Donnell se fue distanciando conforme avanzaban las reformas por miedo a que estas comprometieran el orden social y la estabilidad. Ello, junto al malestar provocado por una subida de impuestos, llevó a que este terminase interviniendo militarmente, tomando el Congreso con las armas, disolviendo las Cortes y poniendo fin al Bienio Progresista.