Imperialismo: concepto y causas
El imperialismo fue un proceso de expansión política, económica y territorial desarrollado a escala global entre 1870 y 1914, por el cual las potencias industrializadas europeas, junto a EE. UU. y Japón, extendieron su dominio sobre África y Asia. La metrópolis era el Estado que ejercía el control, mientras que la colonia era el territorio sometido y administrado por esa potencia.
Las causas económicas fueron fundamentales:
- En primer lugar, la necesidad de nuevos mercados donde vender el excedente industrial de la Segunda Revolución Industrial.
- En segundo lugar, la búsqueda de materias primas abundantes y baratas como algodón o caucho.
- En tercer lugar, la obtención de mano de obra barata para aumentar los beneficios.
Entre las causas políticas destacan la superioridad militar europea y el deseo de prestigio internacional, ya que poseer colonias era símbolo de poder y orgullo nacional. En el plano demográfico, el fuerte crecimiento de la población europea —unos 150 millones de habitantes más entre 1870 y 1914— provocó una explosión demográfica, utilizando las colonias como válvula de escape migratoria. Finalmente, las causas ideológicas justificaron el proceso: la creencia en la superioridad de la raza blanca generó un racismo supremacista; además, se defendía la misión civilizadora europea y tuvieron gran importancia las sociedades científicas, que impulsaron la exploración y el conocimiento de nuevos territorios.
Organización colonial y consecuencias del imperialismo
Existen diversas formas de dominio colonial:
- Colonia: territorio sin gobierno propio, administrado directamente por la metrópolis mediante un gobernador y funcionarios europeos, con fuerte explotación económica; un ejemplo es Senegal.
- Protectorado: mantenía un gobierno indígena, pero la metrópolis controlaba la defensa y la política exterior, como en Egipto.
- Colonia de poblamiento: tenía mayoría de población blanca y autonomía interna, como Australia.
- Concesión: cesión temporal de un territorio con ventajas comerciales y estratégicas, como Hong Kong.
- Enclave estratégico: punto clave militar o comercial, como el canal de Suez.
- Mandato: territorio de las potencias derrotadas en la Primera Guerra Mundial administrado por los vencedores bajo supervisión internacional.
Las consecuencias del imperialismo fueron múltiples:
- Económicas: la metrópolis obtuvo materias primas y nuevos mercados, mientras que la colonia quedó subordinada a una economía extractiva.
- Demográficas: Europa alivió su presión poblacional y en las colonias se produjo una reducción indígena.
- Sociales: la burguesía europea ocupó la cúspide y la población autóctona sufrió segregación.
- Políticas: el imperialismo aumentó el prestigio de las potencias pero generó tensiones que desembocaron en la Primera Guerra Mundial y dejó fronteras artificiales en las colonias.
- Culturales: se impuso la cultura europea provocando aculturación.
- Ecológicas: se produjo una fuerte deforestación y explotación de recursos.
Transformaciones del Extremo Oriente: Japón y China
La Restauración Meiji (1868) fue un proceso de modernización de Japón, liderado por el emperador Mutsuhito (Emperador Meiji), que sustituyó al shogunato tras un golpe político y una guerra civil. Sus causas fueron la presión de Occidente para abrir el comercio y la necesidad de fortalecer el país frente a las potencias extranjeras. Los cambios políticos incluyeron la concentración del poder en el emperador y la constitución de 1889; socialmente se abolió el feudalismo y se adoptaron sistemas educativos y sanitarios de modelo europeo; económicamente se industrializó siguiendo modelos alemán e inglés y se creó el yen. Tras la victoria en la guerra contra China (1894-95) y frente a Rusia (1904-05), Japón expandió su influencia sobre Taiwán, Corea y consolidó su presencia en territorios de influencia en China, hasta llegar a establecer más tarde estados títeres como Manchukuo.
En China, los tratados desiguales surgieron tras las Guerras del Opio y la derrota frente a Japón, obligando a abrir puertos y ceder territorios; provocaron la entrada del capitalismo europeo y la destrucción de la manufactura tradicional. La Rebelión de los bóxers (1900), un movimiento antiimperialista y xenófobo, fue aplastada por la intervención europea. Con la República de China desde 1911, liderada inicialmente por Sun Yat-sen, se produjeron cambios políticos (fin de la dinastía imperial), económicos (consolidación del capitalismo) y sociales (emergencia de proletariado urbano, burguesía y campesinado pobre), aunque el país quedó fragmentado bajo señores de la guerra y se sucedieron enfrentamientos entre el Kuomintang y el Partido Comunista.
Evolución política de las potencias europeas hasta 1914
La Inglaterra victoriana, durante el reinado de la reina Victoria I (1837-1901), se caracterizó por ser una potencia industrial y colonial, con una monarquía constitucional que actuaba de árbitro entre nobleza y burguesía, y un fuerte proceso de cambio social interno. Políticamente, se amplió el sufragio censitario en 1832 y se extendió el sufragio para obreros en 1867; socialmente, la presión de los trabajadores impulsó reformas educativas y laborales. En Irlanda, las crisis económicas y el renacimiento cultural provocaron revueltas independentistas. Los ministros William Gladstone y Benjamin Disraeli pilotaron estos cambios con habilidad.
En Francia, la Tercera República (1870) surgió tras la derrota frente a Prusia y la experiencia revolucionaria de la Comuna de París, reprimida duramente en la Semana Sangrienta por el gobierno de Thiers. El periodo enfrentó la presión de monárquicos y republicanos, problemas de consolidación política y el antisemitismo reflejado en el affaire Dreyfus.
En Rusia, la autocracia de los zares se mantuvo férrea. Nicolás I reforzó el control interno; Alejandro II abolió la servidumbre en 1861 pero murió asesinado; Alejandro III y Nicolás II buscaron modernizar el país y proyectar influencia exterior. Rusia intervino en la Cuestión de Oriente, participando en la Guerra de Crimea (1853-1856) y otros conflictos balcánicos, mostrando tanto ambición expansionista como limitaciones militares.
Los sistemas bismarckianos
El Segundo Reich alemán surgió tras la Guerra Franco-Prusiana (1870) y la proclamación del Imperio en 1871. Su ejército era poderoso, con servicio militar obligatorio, alta disciplina, gran tecnificación y mandos eficaces, y la industria alemana se desarrolló rápidamente, compitiendo con Gran Bretaña en innovación y producción.
Otto von Bismarck, artífice del nuevo Imperio, buscó mantener la paz en Europa mediante los sistemas bismarckianos, que eran complejas alianzas diplomáticas con tres objetivos: aislar a Francia, reducir la tensión entre Austria-Hungría y Rusia por los Balcanes, y garantizar la neutralidad de Gran Bretaña.
El primer sistema (1873-1878) se basó en la Liga de los Tres Emperadores (Alemania, Rusia y Austria-Hungría), pero se disolvió porque Rusia no aceptó el Tratado de Berlín, que cedía Bosnia a Austria. El segundo sistema (1879-1882) incluyó la Dúplice Alianza entre Alemania y Austria-Hungría y la Triple Alianza con Italia, renovando además la Liga de los Tres Emperadores de forma secreta. El tercer sistema (1887-1890) combinó la renovación de la Triple Alianza y el Tratado de Reaseguro, que aseguraba la neutralidad rusa frente a Francia a cambio de apoyo alemán en los Balcanes.
Tras la destitución de Bismarck en 1890, el emperador Guillermo II puso en marcha la Weltpolitik, un expansionismo más agresivo que llevó a la Paz Armada y a la escalada de armamentos antes de 1914.
La Cuestión de Oriente
La Cuestión de Oriente fue el conflicto surgido en el este de Europa durante el siglo XIX debido a tres causas: el interés de Rusia y Austria por controlar el Mediterráneo, la decadencia del Imperio turco otomano, conocido como “el hombre enfermo de Europa”, y las aspiraciones nacionalistas de diversas etnias como búlgaros, rumanos, serbios, húngaros y griegos.
La Guerra de Crimea (1853-1856) enfrentó a Rusia contra el Imperio Otomano, apoyado por Reino Unido, Francia y Piamonte, motivada por la protección de los pueblos eslavos bajo dominio otomano. La derrota rusa frenó sus ambiciones mediterráneas y evidenció la debilidad militar del imperio zarista.
La creación del Imperio austrohúngaro en 1867 respondió a la presión de los grupos nacionalistas y a la derrota de Austria frente a Prusia. Se estableció una monarquía dual austrohúngara, con administración separada: la parte austriaca conservó el control central, mientras la húngara gestionaba sus propios asuntos internos y parlamentarios.
El Tratado de San Estefano (1878) surgió tras la victoria rusa sobre Turquía, estableciendo la gran Bulgaria prorrusa, pero fue modificado por el Tratado de Berlín (1878), que redujo Bulgaria y equilibró los intereses europeos. Entre sus consecuencias destacaron la insatisfacción de Rusia y el descontento de las nacionalidades eslavas, sentando las bases de futuras tensiones balcánicas.
La Paz Armada: tensiones coloniales, crisis marroquíes y Guerras de los Balcanes
La Paz Armada (1890-1914) fue un periodo de intensa tensión internacional marcado por la carrera de armamentos y rivalidad entre potencias europeas. Dos causas principales fueron la política agresiva de Guillermo II, con su Weltpolitik, y las crecientes tensiones coloniales derivadas de la competencia por África y Asia.
En el terreno colonial, dos casos destacaron: el “imperio continuo” británico entre El Cairo y El Cabo, que chocó con Portugal y Francia, y la resistencia de los boers o afrikaners en Sudáfrica, que provocó la Guerra de los Boers (1899-1902). Estas tensiones evidenciaron el debilitamiento del equilibrio bismarckiano.
Las crisis marroquíes surgieron por la intervención alemana en 1905 y 1911, enfrentando a Alemania con Francia, que contaba con apoyo británico mediante la Entente Cordiale (1904). Se resolvieron con la Conferencia de Algeciras (1906), consolidando a Francia en Marruecos y dejando una franja al norte neutral.
Las Guerras de los Balcanes (1912-1913) enfrentaron a Serbia, Bulgaria, Grecia y Montenegro contra el Imperio Otomano, provocadas por la fragmentación del territorio otomano y la aspiración de los pueblos balcánicos a la independencia, reflejando la Cuestión de Oriente. Estas guerras reforzaron la posición de Serbia y activaron las alianzas europeas, contribuyendo directamente al estallido de la Primera Guerra Mundial.
Tema largo: evolución política y tensiones hasta 1914
Durante el periodo de la Inglaterra victoriana (1837-1901), bajo el reinado de la reina Victoria I, el Reino Unido consolidó su poder como la principal potencia mundial. Este periodo se caracterizó por un régimen constitucional, la coexistencia de la antigua nobleza y la burguesía emergente, y un profundo cambio social y económico derivado de la Revolución Industrial. La presión de los trabajadores llevó a ampliar el sufragio en 1832 y 1867, y ministros como William Gladstone y Benjamin Disraeli pilotaron hábilmente estos cambios. Sin embargo, en Irlanda, las crisis económicas y el renacimiento cultural provocaron revueltas independentistas.
En Francia, tras la derrota en la Guerra Franco-Prusiana (1870), nació la III República (1870), enfrentando la presión de los monárquicos y el trauma de la Comuna de París, que fue aplastada durante la llamada “Semana Sangrienta” por el gobierno de Thiers. Además, el affaire Dreyfus puso de relieve el antisemitismo existente en Europa.
Mientras tanto, el Imperio Ruso mantenía su carácter autocrático, gobernado por zares como Nicolás I, Alejandro II, Alejandro III y Nicolás II. Alejandro II promovió reformas como la abolición de la servidumbre (1861) pero fue asesinado, mientras que los sucesores reforzaron la autocracia y extendieron la influencia rusa en el Mediterráneo y el Extremo Oriente, participando en la Guerra de Crimea (1853-1856).
Tras la unificación alemana y la victoria frente a Francia, surgió el Segundo Reich en 1871, con un ejército potente: servicio militar obligatorio, disciplina férrea, alta tecnificación y mandos eficaces, y con una industria capaz de competir con Gran Bretaña. Bismarck diseñó los sistemas bismarckianos, una red de alianzas con tres objetivos: aislar a Francia, reducir tensiones entre Austria-Hungría y Rusia por los Balcanes, y mantener la neutralidad británica. El primer sistema (1873-1878) fue la Liga de los Tres Emperadores (Alemania, Rusia y Austria-Hungría), que se disolvió tras el Tratado de Berlín (1878) por la negativa de Rusia a aceptar la cesión de Bosnia a Austria. El segundo sistema (1879-1882) incluyó la Dúplice Alianza y la Triple Alianza con Italia, renovando la Liga de los Tres Emperadores de forma secreta. El tercer sistema (1887-1890) combinó la Triple Alianza y el Tratado de Reaseguro, asegurando la neutralidad rusa frente a Francia. Tras la destitución de Bismarck por Guillermo II, Alemania adoptó la Weltpolitik, intensificando la carrera armamentística y preparando el escenario para la Paz Armada (1890-1914).
La Cuestión de Oriente surgió por tres causas: la decadencia del Imperio Turco Otomano, los intereses de Rusia y Austria por el Mediterráneo, y las aspiraciones nacionalistas de etnias como búlgaros, rumanos, serbios, húngaros y griegos. La Guerra de Crimea (1853-1856) enfrentó a Rusia contra el Imperio Otomano, apoyado por Reino Unido, Francia y Piamonte, frenando las ambiciones rusas. La creación del Imperio Austrohúngaro (1867) dio lugar a la monarquía dual austrohúngara, administrando Austria y Hungría de forma separada. Tras la derrota turca, el Tratado de San Estefano (1878) creó una gran Bulgaria prorrusa, pero el Tratado de Berlín (1878) redujo su extensión, generando descontento entre Rusia y los pueblos balcánicos y sentando las bases de futuras tensiones.
La Paz Armada se caracterizó por la carrera armamentística y el aumento de tensiones coloniales y europeas. Dos causas principales fueron la política agresiva de Guillermo II y los conflictos por territorios coloniales. En África, la creación del “imperio continuo” británico entre El Cairo y El Cabo chocó con Portugal y Francia, mientras la resistencia de los boers o afrikaners provocó la Guerra de los Boers (1899-1902). Las crisis marroquíes (1905 y 1911) enfrentaron a Alemania con Francia, que contaba con apoyo británico mediante la Entente Cordiale (1904), resolviéndose con la Conferencia de Algeciras (1906) y dejando a Francia controlando Marruecos, con una franja neutral para España. Las Guerras de los Balcanes (1912-1913) surgieron por la fragmentación otomana y la independencia de los pueblos balcánicos, reflejando la Cuestión de Oriente. La Liga Balcánica, formada por Serbia, Bulgaria, Grecia y Montenegro, derrotó al Imperio Otomano y, en la Segunda Guerra Balcánica, Serbia y Grecia vencieron a Bulgaria, reforzando la tensión con Austria y preparando indirectamente el terreno para la Primera Guerra Mundial.
Primera Guerra Mundial: concepto y causas
La Primera Guerra Mundial (1914-1918), también llamada Gran Guerra o Guerra del 14, fue un conflicto global que afectó a Europa y a otros continentes. Su origen se encuentra en los cambios políticos de finales del siglo XIX y en el imperialismo. Hasta 1890, Bismarck mantuvo la paz mediante los sistemas bismarckianos, aislando a Francia y reduciendo tensiones entre Austria-Hungría y Rusia. Con la llegada de Guillermo II, Alemania inició la Weltpolitik, caracterizada por expansión agresiva y carrera de armamentos.
Entre las causas destacaron:
- Nacionalismo, que enfrentó a grandes potencias en los Balcanes y provocó la resistencia de estados pequeños como Serbia.
- Colonialismo, que generó conflictos entre potencias por el reparto de África.
- Alianzas, con la creación de la Triple Alianza (Alemania, Austria-Hungría, Italia) y la Triple Entente (Francia, Reino Unido, Rusia).
- Rivalidades militares, económicas y psicológicas, que incrementaron la tensión general.
Las rivalidades militares impulsaron el aumento de efectivos: Alemania pasó de 621.000 en 1913 a 820.000 en 1914; Francia a 750.000 y Austria a 160.000. Las rivalidades económicas surgieron por la competencia industrial entre Alemania y Gran Bretaña, y las psicológicas se intensificaron mediante los medios de comunicación, creando la sensación de guerra inminente.
Primera Guerra Mundial: crisis previas, detonantes y bloques contendientes
Antes de 1914, Europa vivió varias crisis que aumentaron la tensión internacional. Las crisis franco-alemanas se centraron en Marruecos, con Alemania intentando frenar la influencia francesa en el continente africano, provocando dos conflictos en 1905-06 y 1911; sus consecuencias fueron la confirmación del protectorado francés y español en Marruecos y el fortalecimiento de la Triple Entente.
Las crisis austro-rusas estuvieron relacionadas con la Cuestión de Oriente: ambas potencias buscaban controlar los Balcanes ante la debilidad del Imperio Turco. Entre 1912 y 1913 se produjeron las Guerras de los Balcanes, que expulsaron a los turcos, aumentaron el territorio de Serbia y frustraron la creación de la Gran Serbia, consolidando la tensión regional.
El detonante fue el atentado de Sarajevo (28 de junio de 1914), donde Gavrilo Princip, miembro de la organización secreta Mano Negra, asesinó al archiduque Francisco Fernando y a su esposa. Austria-Hungría envió un ultimátum a Serbia, que fue parcialmente rechazado, sirviendo de pretexto para la guerra. La escalada llevó a la Primera Guerra Mundial, con movilizaciones y declaraciones sucesivas: Austria-Hungría a Serbia (28 de julio), Alemania a Rusia (1 de agosto) y Francia (3 de agosto), y Gran Bretaña a Alemania (4 de agosto). Los bloques enfrentados fueron los Imperios Centrales (Alemania y Austria-Hungría) y los Aliados o Triple Entente (Francia, Reino Unido, Rusia), a los que se sumarían otros países a lo largo del conflicto.
Etapas de la Primera Guerra Mundial: guerra de movimientos y guerra de posiciones
La guerra de movimientos (1914) se centró en los rápidos desplazamientos para sorprender al enemigo. En el frente occidental, Alemania aplicó el Plan Schlieffen, avanzando hacia París a través de Bélgica; las tropas de von Moltke confiaban en una rápida victoria, pero la batalla del Marne detuvo su avance y dio paso a la guerra de trincheras.
El frente oriental vio a Rusia penetrar en Prusia Oriental y Galitzia, mientras los alemanes, reforzados, lograron victorias en Tannenberg y los Lagos Masurianos. En otros frentes, Alemania desarrolló la guerra submarina, mientras Japón declaró la guerra a Alemania y el Imperio Turco se unió a los Imperios Centrales.
La guerra de posiciones (1915) fue una guerra de desgaste, basada en trincheras y suministro constante. Se intensificó la guerra submarina alemana, afectando a neutrales, y Italia se unió a los Aliados a cambio de promesas territoriales (Trento, Istria y Dalmacia), mientras Bulgaria se alineó con los Imperios Centrales.
En 1916 la guerra de posiciones continuó como guerra de desgaste, buscando infligir bajas masivas al enemigo. En el frente occidental, las batallas de Verdún y del Somme causaron enormes pérdidas sin cambios estratégicos. En el frente oriental, Rumanía se unió a los Aliados pero fue derrotada, cayendo Bucarest.
Etapas de la Primera Guerra Mundial: crisis de 1917 y final de la guerra
La crisis de 1917 se produjo por la dureza y prolongación de la guerra de desgaste, que provocó motines y desmoralización entre las tropas. A pesar de iniciativas de paz como las de Wilson y Benedicto XV, la contienda continuó.
Alemania reanudó la guerra submarina total, lo que llevó a que Estados Unidos declarara la guerra en abril de 1917. En el frente oriental, los disturbios desembocaron en la revolución rusa de febrero de 1917, obligando al zar a abdicar y estableciéndose el Gobierno Provisional de Kerensky, hasta que Lenin y los comunistas tomaron el poder en octubre. Esto permitió a Rusia negociar su salida de la guerra mediante el Tratado de Brest-Litovsk (marzo de 1918), cediendo territorios como Polonia, Finlandia, Ucrania, Letonia, Lituania y Estonia.
En 1918, Alemania lanzó una ofensiva en el frente occidental, pero fue detenida. La imposibilidad de continuar la guerra, junto a la revolución en Berlín, provocó la abdicación del káiser Guillermo II y la firma del armisticio el 11 de noviembre de 1918, poniendo fin a la Gran Guerra. Los 14 puntos de Wilson resumían los principios de paz: prohibición de alianzas secretas, libre tránsito internacional, derecho de autodeterminación de los pueblos, democratización de los estados y creación de la Sociedad de Naciones (SDN) para garantizar la paz.
Primera Guerra Mundial: fin de la guerra y tratados de paz
La Conferencia de París comenzó el 18 de enero de 1919, con la participación de los países vencedores y bajo la dirección del Comité de los Cuatro: Wilson (EE. UU.), Clemenceau (Francia), Lloyd George (Reino Unido) y Orlando (Italia). Francia buscaba castigar severamente a Alemania, mientras que EE. UU. y Reino Unido trataban de moderar las indemnizaciones para evitar futuros conflictos. Los derrotados no pudieron participar.
El Tratado de Versalles (28 de junio de 1919) obligó a Alemania a ceder territorios como Alsacia y Lorena a Francia, repartir sus colonias como mandatos de la Sociedad de Naciones y limitar su ejército. Se le declaró culpable y se impusieron fuertes indemnizaciones, generando un resentimiento que alimentó el ascenso del nazismo.
Otros tratados importantes fueron:
- Tratado de Saint-Germain (Austria, 10 de septiembre de 1919) y Tratado de Neuilly (Bulgaria, 27 de noviembre de 1919): disolvieron el Imperio Austro-Húngaro, crearon nuevos estados como Hungría, Checoslovaquia y Yugoslavia/Croacia, y limitaron sus ejércitos, imponiendo indemnizaciones.
- Tratado de Trianon (Hungría, 4 de junio de 1920): cedió territorios como Transilvania a Rumania y exigió reparaciones.
- Tratado de Sèvres (Turquía, 10 de agosto de 1920): obligó a ceder territorios en el Próximo Oriente a mandatos británicos (Irak, Palestina, Jordania) y franceses (Siria y Líbano), pagar indemnizaciones y limitar el ejército. De esta crisis surgieron tres factores para la creación de la Turquía actual: el liderazgo de Mustafá Kemal, el apoyo de la URSS y la resistencia frente a invasiones griegas, culminando en el Tratado de Lausana (1923).
Primera Guerra Mundial: consecuencias y papel de España
La Primera Guerra Mundial tuvo consecuencias demográficas muy graves: murieron alrededor de 10 millones de personas; Alemania perdió unos 1.800.000 hombres, Francia 1.400.000 y Rusia cerca de 3.000.000, lo que provocó desequilibrios entre población masculina y femenina y una generación marcada por mutilados y huérfanos.
Socialmente, la incorporación masiva de la mujer al trabajo impulsó el sufragismo, y en Gran Bretaña las mujeres votaron por primera vez en 1918. En el plano económico, Europa quedó devastada, con destrucción de infraestructuras y enormes deudas de guerra. Muchos países pidieron préstamos a Estados Unidos, que se convirtió en la gran potencia acreedora mundial, desplazando el liderazgo económico europeo.
Políticamente, desaparecieron cuatro imperios (alemán, austrohúngaro, ruso y otomano) y se creó la Sociedad de Naciones para garantizar la paz. Sin embargo, fracasó por la ausencia de potencias clave como Estados Unidos y la URSS, además de carecer de fuerza militar para imponer sus decisiones.
En el ámbito tecnológico, la guerra transformó la forma de combatir con el uso de ametralladoras, gases tóxicos (guerra química), submarinos y tanques, además del desarrollo de la aviación militar. España se mantuvo neutral, aunque económicamente se benefició al suministrar productos a los países en guerra.
Tema largo: resumen ampliado sobre la Primera Guerra Mundial
La Primera Guerra Mundial, también llamada Gran Guerra o Guerra del 14, fue un conflicto bélico desarrollado entre 1914 y 1918 que afectó a los cinco continentes. Su contexto se sitúa en la Paz Armada (1890-1914), etapa de tensión internacional tras la caída de los sistemas bismarckianos impulsados por Bismarck para aislar a Francia. En 1890, Guillermo II inició la Weltpolitik, política expansionista que fomentó la carrera armamentística y el clima de guerra inminente.
Entre las causas destacan el nacionalismo, visible en los Balcanes y en el deseo francés de recuperar Alsacia y Lorena, y el colonialismo, que generó rivalidades en África y Asia. Las rivalidades políticas se articularon en alianzas: Triple Alianza (Alemania, Austria-Hungría e Italia) frente a la Triple Entente (Francia, Reino Unido y Rusia). A ello se sumaron rivalidades militares, con aumento de ejércitos y servicio obligatorio, económicas, por la competencia industrial entre Alemania y Reino Unido, y psicológicas, alimentadas por la prensa.
Antes de 1914 hubo crisis previas. Las crisis marroquíes enfrentaron a Francia y Alemania. En los Balcanes, dentro de la Cuestión de Oriente, Austria y Rusia compitieron por la zona tras la revolución de los jóvenes turcos. Las guerras balcánicas (1912-1913) fortalecieron a Serbia y el ideal de la Gran Serbia. El detonante fue el asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo por Gavrilo Princip, miembro de la Mano Negra. El ultimátum de Austria-Hungría a Serbia activó el sistema de alianzas y desencadenó una guerra mundial entre los Imperios Centrales y la Entente.
En 1914 se desarrolló la guerra de movimientos. Alemania aplicó el Plan Schlieffen para derrotar rápidamente a Francia, pero fue frenada en la batalla del Marne, iniciándose la guerra de trincheras. En el frente oriental hubo avances y retrocesos entre Alemania y Rusia. En el mar destacó la guerra submarina y el hundimiento del Lusitania; Japón y el Imperio Turco se incorporaron al conflicto.
Entre 1915 y 1916 predominó la guerra de posiciones o de desgaste, con trincheras y uso de guerra química en Ypres. Italia entró con la Entente a cambio de territorios y Bulgaria con los Imperios Centrales. En 1916 las batallas de Verdún y Somme causaron enormes pérdidas; Rumanía se unió a los Aliados.
En 1917 estalló una crisis general. Estados Unidos entró en la guerra por la reanudación de la guerra submarina alemana. En Rusia, la revolución llevó al poder a Lenin, que firmó el Tratado de Brest-Litovsk (1918), cediendo territorios. En 1918 Alemania lanzó una última ofensiva, pero fue frenada; la revolución interna forzó la abdicación del káiser y el armisticio del 11 de noviembre de 1918. Los 14 puntos de Wilson defendían diplomacia abierta, reducción de armamentos, principio de nacionalidades y creación de la Sociedad de Naciones.
La Conferencia de París (1919), dirigida por el Comité de los Cuatro (Wilson, Clemenceau, Lloyd George y Orlando), impuso el Tratado de Versalles a Alemania, con pérdidas territoriales, limitaciones militares e indemnizaciones que alimentaron el nazismo. Otros tratados fueron Saint-Germain, Neuilly, Trianon y Sèvres. El movimiento nacionalista de Mustafa Kemal condujo al Tratado de Lausana (1923) y a la Turquía actual.
Las consecuencias fueron devastadoras: millones de muertos (Alemania 1,8 millones; Francia 1,4; Rusia 3 millones), crisis económica y endeudamiento con Estados Unidos, transformaciones sociales como el voto femenino en Reino Unido (1918) y avances tecnológicos militares (tanques, submarinos, gases y aviación). Surgió la Sociedad de Naciones, que fracasó por la ausencia de potencias como Estados Unidos y la URSS y por su falta de medios coercitivos. España permaneció neutral y experimentó un crecimiento económico coyuntural.