Política educativa (siglos XIX-XX)
Política educativa. En los siglos XIX y XX, las políticas educativas en España evolucionaron desde los primeros intentos liberales hasta el sistema democrático actual. La Constitución de Cádiz de 1812 reconoció la educación como un derecho y, durante el siglo XIX, se intentó reducir el analfabetismo y limitar el control de la Iglesia. Destaca la Ley Moyano (1857), que organizó el sistema educativo durante más de un siglo. La Institución Libre de Enseñanza (1876) introdujo ideas pedagógicas laicas y renovadoras que influyeron en la Segunda República, la cual impulsó la educación pública, laica y democrática.
Durante el franquismo, la educación estuvo al servicio del nacionalcatolicismo, aunque la Ley General de Educación de 1970 modernizó parcialmente el sistema. Con la restauración de la democracia y la Constitución de 1978, se consolidó un modelo educativo plural, obligatorio hasta los 16 años y basado en la igualdad, la diversidad y los valores democráticos.
España y el colonialismo (siglos XIX-XX)
España y el colonialismo. En los siglos XIX y XX, España perdió progresivamente su imperio colonial. La difusión del liberalismo y la influencia de la Constitución de Cádiz (1812) impulsaron las independencias de la mayoría de las colonias americanas entre 1810 y 1825. Tras la Guerra Hispanoamericana de 1898, España perdió Cuba, Puerto Rico y Filipinas, lo que provocó la conocida crisis del 98 y el movimiento regeneracionista.
En el siglo XX, España mantuvo colonias en África, especialmente en Marruecos, donde los conflictos coloniales generaron tensiones sociales y militares en la península. Tras la Segunda Guerra Mundial, el proceso de descolonización llevó a la independencia de Marruecos (1956), Guinea Ecuatorial (1968) y Sidi Ifni (1969), y en 1975 España abandonó el Sáhara tras la Marcha Verde, cerrando definitivamente su etapa colonial.
El movimiento obrero (siglos XIX-XX)
El movimiento obrero surge en el siglo XIX como respuesta a la industrialización y a las duras condiciones laborales. Aparecieron las primeras protestas luditas y asociaciones obreras. Durante la Restauración se consolidaron dos grandes corrientes: el anarquismo, fuerte en Andalucía y Cataluña y organizado en la CNT (1910), y el socialismo, articulado en torno al PSOE (1879) y la UGT (1888).
El movimiento obrero tuvo influencia en conflictos como la Semana Trágica (1909) y la huelga de 1917. Tras la Revolución Rusa surgió el PCE (Partido Comunista de España, 1921). Durante el franquismo el movimiento obrero fue reprimido, aunque continuó en la clandestinidad. En la Transición se legalizaron partidos y sindicatos, se firmaron los Pactos de la Moncloa (1977) y el triunfo del PSOE en 1982 consolidó la participación obrera en el sistema democrático.
España y su relación con Europa
España y su relación con Europa. Tras la Guerra de Independencia, el país quedó atrasado respecto a Europa, lo que impulsó un fuerte europeísmo entre las élites liberales e intelectuales. Tras el desastre de 1898, el regeneracionismo, con figuras como Joaquín Costa, defendió la modernización siguiendo el modelo europeo.
Durante el primer tercio del siglo XX coexistieron visiones democráticas y autoritarias de Europa, acentuadas por la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial. El franquismo supuso un periodo de aislamiento internacional. Con la democracia, España culminó su integración con la entrada en la CEE (1986), consolidando su europeización y participación plena en la Unión Europea, incluida la adopción del euro.
Proclamación de la Segunda República y Bienio Reformista
Proclamación de la Segunda República. Las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 dieron la victoria a candidaturas republicano-socialistas en las grandes ciudades, lo que provocó la proclamación de la Segunda República el 14 de abril de 1931 y la salida de Alfonso XIII de España. Se formó un Gobierno Provisional que aprobó la Constitución de 1931, de carácter democrático y laico, basada en la soberanía popular, el sufragio universal masculino y femenino, la división de poderes y la posibilidad de autonomías.
Durante el Bienio Republicano-Socialista (1931-1933), con Niceto Alcalá Zamora como presidente y Manuel Azaña como jefe de Gobierno, se impulsó un amplio programa de reformas para modernizar el país: militar, agraria, educativa, religiosa, territorial y laboral. Estas reformas generaron una fuerte oposición de la derecha y también de sectores de la izquierda radical, provocando conflictos sociales y el fracaso del golpe de Sanjurjo (1932). La crisis política llevó a la dimisión de Azaña y a la victoria de las derechas en las elecciones de 1933. Finalmente, la sublevación militar del 17-18 de julio de 1936, liderada por los generales Franco, Mola y Sanjurjo, dio lugar al estallido de la Guerra Civil española (1936-1939).
Bienio radical-cedista y Frente Popular
Bienio radical-cedista. En las elecciones de 1933 las izquierdas concurrieron separadas y la CNT llamó a la abstención, mientras las derechas se presentaron unidas en la CEDA (Gil Robles) y los monárquicos fundaron Renovación Española; José Antonio Primo de Rivera creó la Falange. Ganó la derecha y Alejandro Lerroux, del Partido Radical, presidió el Gobierno, desmantelando las reformas del Bienio Republicano-Socialista con medidas como la contrarreforma agraria, la paralización de la reforma militar y educativa y un acercamiento al clero.
La entrada de ministros de la CEDA en 1934 provocó la Revolución de Octubre, duramente reprimida en Asturias y Cataluña. La crisis del gobierno y los escándalos (como el estraperlo) llevaron a nuevas elecciones en febrero de 1936, ganadas por el Frente Popular, coalición de izquierdas que presidió Manuel Azaña y retomó las reformas agraria, territorial y laboral, además de conceder la amnistía a los presos de 1934.
La agitación social y la oposición conservadora provocaron la conspiración militar de Mola, Sanjurjo y Franco, apoyada por figuras como Gil Robles, Calvo Sotelo y Primo de Rivera; los asesinatos de Castillo y Calvo Sotelo precipitaron el golpe del 17-18 de julio de 1936, que inició la Guerra Civil Española (1936-1939).
El Directorio Civil (1925-1930) y el problema colonial en Marruecos
El Directorio Civil (1925-1930) sustituyó al Directorio Militar con un gobierno autoritario y corporativo, creando la Unión Patriótica y la Asamblea Nacional Consultiva, controladas por el régimen. Impulsó una política económica proteccionista e intervencionista, fomentando la industria, monopolios como CAMPSA y la Compañía Telefónica, y grandes obras públicas; reguló las relaciones laborales mediante los «comités paritarios» que integraban obreros y patronos.
La oposición creció desde 1926 con conflictos militares y pronunciamientos fallidos, como la Sanjuanada, y la formación de partidos republicanos: Acción Republicana, Partido Radical y Derecha Liberal Republicana; intelectuales y universitarios se organizaron en la FUE y la Agrupación al Servicio de la República. La dictadura cayó en enero de 1930 por falta de apoyos y creciente rechazo social. Alfonso XIII intentó restaurar el parlamentarismo con Berenguer y Aznar, pero fracasó.
Los partidos republicanos y nacionalistas firmaron el Pacto de San Sebastián (agosto de 1930), con la adhesión socialista en octubre, preparando la proclamación de la República. El intento fallido de insurrección en Jaca (diciembre de 1930) y las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, ganadas por la coalición republicano-socialista en las grandes ciudades, llevaron a la proclamación de la Segunda República el 14 de abril de 1931 y al exilio de Alfonso XIII. El Comité Revolucionario se convirtió en Gobierno Provisional, presidido por Niceto Alcalá Zamora e integrado por republicanos y socialistas de diversas tendencias.
Problema colonial en Marruecos. Tras el Desastre de 1898, la Restauración entró en crisis y Alfonso XIII subió al trono en 1902. Durante el gobierno de Maura (1907-1909), España intentó consolidar su influencia en Marruecos mediante la Conferencia de Algeciras (1906) y el Tratado Hispano-Francés (1912); el conflicto provocó la Semana Trágica de Barcelona (1909) tras el desastre del Barranco del Lobo y la represión del gobierno.
En 1921, el Desastre de Annual causó más de 10.000 muertos, y el Expediente Picasso (1922) abrió el debate sobre las responsabilidades políticas, debilitando al régimen. Durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), España se mantuvo neutral, pero la economía creció para la burguesía mientras los trabajadores sufrían subida de precios y huelgas. La crisis de 1917 unió la crisis militar (Juntas de Defensa), política (Asamblea de Parlamentarios en Barcelona) y social (huelga general de UGT y CNT), mostrando el agotamiento del sistema. Estos conflictos, junto con el desprestigio del rey y la imposibilidad de reformar la Restauración, prepararon el terreno para el pronunciamiento de Miguel Primo de Rivera (1923) y el fin del régimen.