El Golpe de Estado de 1923
El problema colonial de Marruecos, los sucesos revolucionarios de 1917 y el impacto de la Gran Guerra agudizaron los conflictos en España. La Restauración era incapaz de democratizarse, lo que acabó propiciando un golpe de Estado en 1923 por parte de Miguel Primo de Rivera, el cual triunfó sin resistencias. Este movimiento contó con el apoyo del rey Alfonso XIII, la opinión pública, los sectores empresariales, la burguesía de Barcelona, los bancos nacionales y la Iglesia.
Primo de Rivera presentó la dictadura como un régimen transitorio. En una versión manipulada de la teoría del «cirujano de hierro» de Joaquín Costa, anunció su propósito de:
- Liberar al país de la «vieja política».
- Desmontar el caciquismo.
- Poner fin al desgobierno y a la subversión oficial.
- Poner fin al separatismo, potenciando el nacionalismo español frente al nacionalismo periférico.
El rey le llamó para formar gobierno y le concedió el cargo de presidente, comenzando así el periodo conocido como el Directorio Militar.
El Directorio Militar (1923-1925)
El Directorio Militar proclamó el estado de guerra, suspendió la Constitución de 1876, disolvió las Cortes, implantó la censura de prensa y prohibió las actividades de los partidos políticos y sindicatos, imponiendo duras medidas contra la CNT y el PCE. También se reprimió cualquier manifestación del nacionalismo periférico. Con la promulgación del Estatuto Provincial (1925), desapareció la Mancomunidad de Cataluña, lo que potenció el nacionalismo radical y separatista.
Los gobernadores civiles fueron sustituidos por militares y técnicos. Se reformaron los gobiernos provinciales con juntas de vocales elegidos por los mayores contribuyentes. El Estatuto Municipal (1924) estableció una administración centralizada que, en la práctica, creó una nueva forma de caciquismo.
En el ámbito exterior, Primo de Rivera asumió el Alto Comisariado en Marruecos. En 1925, España y Francia acordaron una ofensiva militar conjunta. El desembarco de las tropas españolas en Alhucemas fue un éxito rotundo y, un año después, quedó sometido todo el protectorado, poniendo fin a la larga y costosa guerra de Marruecos.
El Directorio Civil (1925-1930)
Primo de Rivera sustituyó al Directorio Militar por un gobierno civil con la intención de permanecer en el poder y construir un régimen inspirado en las dictaduras autoritarias y de corte corporativo, siguiendo el modelo de la Italia fascista de Mussolini. Impulsó desde el poder la formación de un único partido de derechas: la Unión Patriótica (1924). Carente de un programa ideológico definido, funcionó principalmente como un instrumento de propaganda para asegurar el apoyo popular al régimen.
En 1926, anunció la convocatoria de una Asamblea Nacional Consultiva encargada de elaborar una nueva constitución. Sin embargo, además de estar bajo el control total del gobierno, sus funciones eran meramente consultivas. Su política económica se caracterizó por el intervencionismo estatal y el nacionalismo económico para impulsar la industria nacional, donde restableció un fuerte proteccionismo y la concesión de ayudas a las grandes empresas.
Dentro del contexto de la creación de un Consejo Económico Nacional, se elaboró un Plan Nacional de Infraestructuras con el cual se construyeron embalses, confederaciones hidrográficas, carreteras y se mejoró la red de ferrocarril. Asimismo, se crearon grandes monopolios estatales como CAMPSA o Telefónica. Para financiar estas obras, se recurrió de forma masiva a la emisión de deuda pública.
La representación social se articuló a través de la Organización Corporativa Nacional, donde existían comités paritarios para cada oficio. Su misión teórica era resolver pacíficamente los conflictos laborales y regular la representación del trabajo y los contratos.
La Oposición a la Dictadura
La escasa conflictividad inicial se explica por la represión y una política social activa (construcción de viviendas baratas, creación de escuelas, etc.) y la legislación laboral. No obstante, la dictadura fue ganando enemigos, especialmente a partir de 1926, en el marco de los denominados «Felices años 20». Los principales focos de oposición fueron:
- Viejos partidos y el PSOE: El PSOE estuvo inicialmente a favor de colaborar con Primo de Rivera, pero más tarde se posicionó en contra.
- Parte del ejército: Protagonizaron el primer intento de acabar con la dictadura en 1926, surgido de dirigentes de los partidos del turno y republicanos. Con el apoyo de militares descontentos, optaron por la vía del pronunciamiento en el intento conocido como la Sanjuanada. Además, estalló un conflicto cuando se suprimieron los ascensos por estricta antigüedad, lo que enfrentó a los oficiales de artillería con el régimen y forzó al rey a ratificar el decreto de disolución del cuerpo de artillería, distanciando a una parte del ejército de la monarquía.
- El nacionalismo catalán: En 1931, los pequeños partidos catalanes se agruparon en Esquerra Republicana.
- Los republicanos: En 1926 se formó la Alianza Republicana, integrada por Acción Republicana (liderada por Manuel Azaña), el Partit Republicá Catalá (de Marcelino Domingo y Lluís Companys) y el Partido Radical de Lerroux. Alcalá-Zamora fundó la Derecha Liberal Republicana como una alternativa republicana, católica y conservadora.
- El mundo intelectual: Existió una fuerte oposición de intelectuales, escritores y periodistas, destacando figuras como Miguel de Unamuno, Fernando de los Ríos u Ortega y Gasset. Los estudiantes se movilizaron mediante manifestaciones callejeras y, en 1929, surgió la Federación Universitaria Española (FUE).
- El movimiento obrero: La CNT se había desmoronado y radicalizado. En 1927, los partidarios de la insurrección revolucionaria constituyeron la Federación Anarquista Ibérica (FAI).
El Final de la Dictadura y la Caída de la Monarquía
El régimen no supo articular una salida política estable. Primo de Rivera, falto de apoyos, presentó su dimisión en 1930. Alfonso XIII encargó entonces la formación de gobierno al general Dámaso Berenguer (periodo conocido como la «Dictablanda»). Sin embargo, la sociedad española ya no era propensa a dejarse controlar por la vieja maquinaria caciquil.
En agosto de 1930, los diversos partidos republicanos, incluidos los nacionalistas catalanes y gallegos, firmaron el Pacto de San Sebastián, cuyo objetivo era proclamar la República. En octubre, los socialistas se adhirieron al pacto. Se barajaron dos opciones: el levantamiento militar y la vía electoral.
En septiembre de 1930 se formó un comité revolucionario encabezado por Niceto Alcalá-Zamora. Aunque se fijó una insurrección para el 15 de diciembre, el 12 de diciembre la guarnición de Jaca se adelantó y el plan fracasó por falta de coordinación. Del mismo modo acabó otra sublevación en el aeródromo de Cuatro Vientos (Madrid).
En febrero de 1931, Berenguer dimitió y le sustituyó un gobierno presidido por el almirante Aznar, quien convocó elecciones municipales para el 12 de abril. El compromiso de la monarquía con la dictadura previa desembocaría en su caída. Republicanos y socialistas concurrieron coaligados, planteando las elecciones como un plebiscito sobre la monarquía. El triunfo de esta coalición en las grandes ciudades se interpretó como un rechazo al trono y dio paso a la proclamación de la Segunda República el 14 de abril de 1931. Alfonso XIII abandonó España ese mismo día.