Política económica del franquismo (1939-1975): etapas, medidas y evolución económica de España

Política económica del franquismo (1939-1975): etapas y evolución

Explica la política económica del franquismo en sus diferentes etapas y la evolución económica del país.

La historia económica del franquismo se caracteriza por la profunda transformación que experimentó su estructura económica. 1959 —Plan de Estabilización— año clave. Distinguir cuatro etapas:

A) Impacto de la Guerra Civil. Años del hambre: autarquía e intervencionismo (1939-1951)

Las consecuencias económicas de la Guerra Civil convirtieron a España en un país arruinado y destrozado tras tres años de contienda. Fueron los años cuarenta, década de hambre y miseria.

La política económica autárquica pretendía lograr una imposible autosuficiencia económica, produciéndose, sin embargo:

  1. estancamiento económico,
  2. predominio de las actividades agrarias,
  3. estéril intervencionismo estatal y
  4. problemas de abastecimiento y hambre (racionamiento, mercado negro: estraperlo).

Para conseguir esta autosuficiencia se aplicó una política de intervencionismo estatal que trataba de aprovechar los recursos propios y reducir importaciones. Se intentó lograr una rápida industrialización creándose el INI (Instituto Nacional de Industria), aunque fue imposible por la falta de materias primas, petróleo, tecnología y equipamientos → poco desarrollo industrial.

B) Primeros reajustes. Inicios de la liberalización (1951-1958)

Las bases para la expansión económica en los años sesenta (desarrollismo) se fijaron a partir de la ayuda norteamericana, desde 1953, y del fin del aislamiento internacional. Por lo tanto se suavizaron los problemas de abastecimiento y carestía:

  1. se eliminó el racionamiento,
  2. desapareció el mercado negro y
  3. hubo mayor estabilidad de precios.

C) Desarrollismo (1959-1973)

Entrada de ministros tecnócratas en el Gobierno en 1957: medidas liberalizadoras que prepararon el Plan de Estabilización de 1959.

Objetivos:

  1. obtener un desarrollo económico equilibrado,
  2. mayor integración de la economía española con la de otros países, lo que implicaba abrir las puertas a la inversión extranjera, y
  3. rápida industrialización.

Durante los años sesenta la economía española experimentó un extraordinario crecimiento, proceso de expansión apoyado en los Planes de Desarrollo Económico y Social: tres planes cuatrienales 1964-67, 1968-71 y 1972-75. Tenían dos líneas de actuación:

  1. actuaciones estructurales: pretendían solucionar las deficiencias de la industria, y
  2. polos de desarrollo: reducir desequilibrios regionales promoviendo empresas en zonas de escasa industrialización.

Sus resultados fueron muy limitados; sus mayores logros fueron dotar al país de infraestructuras y materias básicas (acero, carbón, aluminio…). Participaron tres factores de forma determinante:

1) Turismo

Espectacular crecimiento en el número de turistas (7 millones en 1961, 24 millones en 1970). Se convirtió en la primera industria nacional.

Consecuencias:

  • a) económicas: equilibró la deficitaria balanza de pagos; terciarización de la economía;
  • b) medioambientales: destrucción de paisajes del Mediterráneo; aumento incontrolado de las edificaciones;
  • c) sociales: transformó los hábitos culturales y las formas de vida acercándolos a los de Europa occidental.

2) Emigración

En los años sesenta, el número anual de emigrantes siempre superó los 100.000; procedían de las regiones más pobres (Galicia, ambas Castillas, Andalucía, Extremadura) y se instalaron en países desarrollados de Europa: Alemania, Francia, Suiza.

Consecuencias:

  • a) económicas: descenso del paro y envío de dinero, divisas, y capitalización;
  • b) sociales: trauma por tener que abandonar su país.

3) Inversión extranjera

Entre 1959 y 1974 España recibió inversiones de capital extranjero por valor de 6.000 millones de dólares → supuso el 20% de la inversión industrial y proporcionó nuevas tecnologías.

Causas:

  1. mano de obra muy barata y reducidos costes fiscales, y
  2. mercado en vías de expansión (consumismo).

El principal motor de la expansión económica fue la industria, gracias a la mejora de la productividad, importación de maquinaria y tecnología, inversión extranjera y bajos costes salariales. Se produjo además una diversificación de la producción: crecimiento de sectores metalúrgico (automóvil, electrodomésticos), químico y de la alimentación; se reestructuraron sectores tradicionales (construcción naval, textil y siderurgia); también surgieron industrias con poca tecnología pero competitivas por sus bajos costes de producción: muebles, calzado…

Las zonas de mayor tradición fabril continuaron manteniendo el predominio de la concentración industrial en pocas áreas: Cataluña, País Vasco y Madrid.

Se produjo una crisis de la agricultura tradicional que comportó la intensificación de cultivos, la mecanización agrícola y la creación de modernas explotaciones ganaderas. Para mejorar la rentabilidad, el Gobierno estimuló la concentración parcelaria y promovió nuevos regadíos. La mecanización y la intensificación de cultivos provocaron el éxodo rural con la consiguiente disminución de población activa agraria en torno a dos millones de personas y la desaparición de muchas pequeñas explotaciones, y surgimiento de nuevas empresas agrarias con alta capacidad de producción y menor empleo de mano de obra.

Paralelamente se produjo un considerable incremento del peso del sector servicios en la economía, resultado del proceso de urbanización, de mejoras en medios de transporte y comunicación, del crecimiento de servicios públicos, del aumento de redes de comercio y del desarrollo del turismo. Creció notablemente el comercio exterior tanto en importaciones como en exportaciones y se modificó su composición: las exportaciones ya no eran fundamentalmente productos agrícolas y minerales, sino bienes de equipo y automóviles. La necesidad de financiación promovió el desarrollo del sector bancario, acompañado de una notable concentración bancaria (en 1970 el 80% de los recursos financieros del país estaba controlado por los siete mayores bancos españoles).

Las consecuencias más evidentes de este crecimiento económico y de las transformaciones demográficas y sociales fueron:

  1. un intenso proceso de urbanización, con la creación de barrios nuevos y populosos, a menudo caóticos, que no respetaron planes urbanísticos y carecieron de infraestructuras necesarias y servicios públicos básicos, y
  2. la consolidación de desequilibrios demográficos, económicos y de nivel de vida entre las distintas regiones españolas, configurando dos Españas: una más dinámica, poblada y con población joven y otra despoblada, atrasada económicamente y con población cada vez más envejecida. En el interior, solo las grandes ciudades y las capitales de provincia escaparon de ese proceso de estancamiento.

Este desarrollo económico en los años sesenta propició una profunda transformación de la sociedad española, que se fue equiparando lentamente a la sociedad europea.

D) Crisis económica mundial (1973-1975)

La política económica en los años finales del franquismo, pese a la crisis económica mundial (incremento del precio del petróleo), se caracterizó por la errónea inacción: no se tomaron medidas adecuadas. La crisis reflejó las fragilidades y los defectos del crecimiento de la década anterior:

  1. débil base energética (no petróleo) → enorme dependencia exterior;
  2. fuerte dependencia tecnológica;
  3. elevado endeudamiento de las empresas españolas;
  4. poca eficacia de la empresa pública (INI), y
  5. rigideces institucionales (falta de flexibilidad y de movilidad laboral).