Primera pareja de nociones: Los sentidos y el cuerpo
A través de pensadores como Platón o Descartes, quienes habían mostrado poco aprecio por la información proporcionada por los sentidos, el pensamiento occidental defendió la razón como la única vía válida para adquirir el conocimiento. Según esta corriente, los sentidos nos engañan acerca del mundo verdadero. Sin embargo, Nietzsche reivindica la importancia de los sentidos para el ser humano, ya que es sobre ellos donde se fundamenta el único conocimiento válido; solamente lo que procede de los sentidos puede ser considerado ciencia, pues presentan la realidad con fidelidad. Por lo tanto, disciplinas como la Teología o la Metafísica, que desprecian los sentidos al basarse exclusivamente en la razón, no pueden ser consideradas ciencia.
Al rechazar la información que nos aportan los sentidos, queda patente la separación entre lo espiritual (divino, real, inmutable) y lo corpóreo (humano, aparente, cambiante) que el pensamiento occidental había aceptado desde Platón. Nietzsche afirma que la filosofía ha sido, hasta ahora, una simple mala comprensión del cuerpo. Este error ha llevado al hombre a rechazarse a sí mismo, reflejando la decadencia y el nihilismo occidental. Ante este pensamiento propio de la moral tradicional, Nietzsche propone un desplazamiento del centro de gravedad desde el alma hacia el cuerpo, afirmando la presencia de lo sagrado en el ser humano, pero no en el alma (a diferencia del pensamiento tradicional), sino en el cuerpo, considerándolo divino simplemente por ser como es.
Muy bueno.
Segunda pareja de nociones: Los conceptos supremos y el concepto de Dios
Nietzsche afirma que la primera característica de los filósofos es su egipticismo: el intento de fijación de una realidad cambiante en conceptos supremos e inmutables. Esto se debe a que, para los filósofos, los conceptos son eternos y no están sometidos al cambio, pues no tienen su origen en el mundo sensible (considerado inferior). Por ello, designan las características del «mundo verdadero» tales como el ser, la sustancia, la unidad, la identidad o la causa. Es por esto que el filósofo coloca la idea de Belleza (un concepto abstracto) antes de la observación sensible de los cuerpos bellos, situándola en primer plano como su causa. Esta es la esencia de la Teoría de las Ideas de Platón.
Según Nietzsche, la metafísica es el «mundo al revés», pues estos conceptos supremos no designan nada real; son elaborados por nuestra razón para referirse a un mundo inventado por nuestro miedo ante la vida. Por esta razón, la idea de Belleza es, según Nietzsche, una generalización o conjunto de perspectivas posterior a nuestra visión de los cuerpos bellos; en consecuencia, los conceptos metafísicos son posteriores a nuestra experiencia sensible.
Volviendo a la filosofía occidental, esta supone que el concepto no recorta la realidad, ya que incluso defiende que la realidad se corresponde exactamente con dichos conceptos. Este uso de los conceptos hace posible la abstracción en el ser humano, una capacidad que le permite hacer frente al devenir. De entre todos estos conceptos, Dios es el más supremo de todos, el más real y perfecto, siendo causa de sí mismo. Sin embargo, Nietzsche niega la existencia de Dios, indicando que es una ficción vacía. Además, en cuanto a los conceptos, niega que con ellos podamos aprehender la realidad, la cual se encuentra en un cambio continuo. Así pues, Nietzsche, en lugar de estos conceptos, defiende el poder de la imaginación de la metáfora, la cual integra una diversidad creativa que no cae en el dogmatismo y con la que podemos captar la fabulosa realidad de las cosas, ya que se caracteriza por ser abierta: es una máscara que permite ver el mundo de muchas formas, mientras que el concepto «momifica» la visión del devenir de la realidad.
Tercera pareja de nociones: El arte trágico y lo dionisíaco
En El nacimiento de la tragedia en el espíritu de la música se esbozan los temas fundamentales de la filosofía de Nietzsche: la descripción de la vida como el fondo originario del que surge todo lo concreto y cambiante; el arte como el mejor órgano para interpretarla (en lugar de la ciencia o la filosofía); y la intuición como método de comprensión de la vida, dada la imposible comprensión racional de la misma.
Para Nietzsche, la tragedia griega, que encarnó el espíritu griego, supo captar la verdadera realidad. La cultura griega se caracterizaba por la existencia de dos fuerzas originarias que combaten mutuamente, pero que no pueden existir la una sin la otra: lo apolíneo (Apolo, dios griego de la armonía y del Sol), que representa el orden y el límite, y lo dionisíaco (Dionisio, dios del vino y la creación artística), que representa la ignorancia de las limitaciones, así como la exaltación de las pasiones.
Según Nietzsche, la decadencia de la cultura griega (la auténtica filosofía) llega con el racionalismo socrático, el cual es incapaz de comprender la vida tal y como es, en su más puro devenir. Esto supone lo contrario a lo dionisíaco, dando comienzo a la época de la razón. Nietzsche afirma que es necesario recuperar la visión trágica del mundo, la verdadera filosofía: el arte, una sabiduría trágica, una mirada que penetra en la lucha originaria de los principios antagónicos Dionisio y Apolo. A través de estas metáforas se expresa cómo el hombre tiene la necesidad de crearse un estatuto propio frente al devenir incesante de la realidad. Es bajo el principio de individuación (Apolo, dios de la individualidad) como sobrevivimos frente a la totalidad dionisíaca (la multiplicidad de perspectivas que ofrece la realidad de este mundo cambiante).