Implicaciones filosóficas de la evolución
La tesis evolucionista significa echar por tierra la doctrina que afirma la creación de cada especie. Se erradica todo tipo de finalismo y el mundo se explica a partir de ahí con el mecanicismo. Para el evolucionismo biologicista, todo lo relacionado con el ser humano puede ser reducido a cuestiones biológicas, incluyendo las instituciones sociales. Además, si se da la selección, se rechaza la idea de que la naturaleza es un sistema planificado por un creador sabio y benevolente, aplicando el método científico empírico-analítico.
En tiempos de Darwin, el ambiente intelectual favorecía la idea de la evolución como consecuencia del progreso. Por ejemplo, el positivista Comte habla de tres estadios de la humanidad orientados de forma natural hacia el progreso: el estadio teológico o ficticio, el metafísico o abstracto y el científico o positivo. En este último, en el que se encuentra, se renuncia a un saber absoluto y se conforma con las meras relaciones entre fenómenos.
Herbert Spencer fue capaz de recoger la idea de progreso que flotaba en el aire y que Darwin había tratado con una base empírica en el terreno puramente biológico. Convirtió el progreso en la idea clave para tener una visión sinóptica del mundo, de la vida y de las conductas humanas. Una visión optimista que parecía querer justificarse basándose en la fe del siglo XIX en el progreso humano. Sus Primeros principios (1864) plantean un programa evolutivo de la humanidad desde lo simple u homogéneo a lo complejo y heterogéneo. Por lo tanto, las consecuencias de las teorías evolucionistas en el plano social se traducen en una creencia en el concepto de progreso y de mejora constante de la condición humana.
Noción de cultura y diversidad cultural
El término cultura viene del latín “cultus”, que significa cultivar. Recientes estudios de etología muestran comportamientos culturales en algunos seres no humanos. Mosterín señala que la cultura no es un fenómeno exclusivamente humano; el criterio para decidir si un comportamiento es cultural o natural no está en la complejidad, sino en el modo en que se transmite la información pertinente a su ejecución. Esta transmisión cultural tiene un carácter fundamentalmente simbólico, donde el uso del lenguaje marca la diferencia fundamental.
La variedad de culturas es consecuencia de una característica propia del ser humano: es un ser abierto con muchas posibilidades de realización. Mientras que los animales están condicionados por sus instintos, el ser humano se muestra libre y su inteligencia le permite elegir la respuesta más adecuada, propiciando esta pluralidad. Ante esta realidad, se han adoptado diferentes posturas:
- Etnocentrismo: Actitud de quienes juzgan y valoran el resto de culturas desde los criterios y creencias de la propia. Sobre esta actitud se forjaron colonialismos e imperialismos.
- Racismo: Postura radical que entiende que existen razas superiores a otras. Se manifiesta en el aislamiento y marginación de personas por su raza, religión o nivel cultural.
- Xenofobia: Postura de rechazo y desprecio al extranjero o al diferente, motivada generalmente por la ignorancia y el miedo.
- Relativismo cultural: Considera que es imposible evaluar una cultura desde un punto de vista externo. Toda cultura tiene valor en sí misma, aunque esto puede derivar en la permisividad ante actos inhumanos.
- Universalismo: Rechaza el etnocentrismo y promueve el diálogo para que converjan rasgos culturales básicos como la democracia, los Derechos Humanos, la igualdad y la libertad.
- Interculturalismo y diálogo: Basado en teorías contemporáneas de la comunicación, aboga por la convivencia en paz y armonía mediante la tolerancia y el diálogo.
Antropología filosófica
La antropología filosófica es una disciplina que debe partir de las ciencias humanas; no es una teoría apriorística que establezca características inmutables. Su punto de partida es lo conocido para elaborar una reflexión sobre el ser humano en su globalidad, explicando cómo este es la condición de posibilidad de tales ciencias y de la conducta humana (lenguaje, arte, religión, ciencia, moral, política).
La antropología filosófica de Kant a Scheler
En el siglo XVIII, el ser humano ya no se entiende solo desde su hipotética naturaleza o una perspectiva sobrenatural. Comienza a ligarse la esencia humana a su acción, a sus producciones y a sus relaciones con los otros. Las preguntas de Kant señalan este giro antropológico: las cuestiones sobre qué puedo hacer, qué debo hacer y qué me cabe esperar se resumen en la pregunta fundamental: ¿qué es el ser humano? Las primeras reflexiones de esta disciplina se sitúan en el siglo XIX y comienzos del XX con autores como Schelling, Feuerbach, Marx, Kierkegaard o Nietzsche.
La existencia humana según Sartre
La concepción de Jean-Paul Sartre (1905-1980) se fundamenta en el carácter de existente. Lo fundamental no es la esencia, sino la existencia: la libertad y lo que el individuo llega a ser. Estamos condenados a ser libres. La existencia precede a la esencia. No hay naturaleza humana que nos determine; cada uno crea sus propios valores. En su visión, el infierno son los otros, pues al cruzarnos con el otro, intentamos dominarlo, convirtiéndolo en un referente frente al cual nos sentimos juzgados.
El ser humano como animal simbólico
Una característica fundamental es la capacidad de expresarnos mediante un lenguaje con sentido. Ernst Cassirer definió al ser humano como animal simbólico, ya que no reaccionamos a los estímulos de forma inmediata, sino mediata. Vivimos en un universo de historias, mitos, creencias y arte. La razón necesita de la fantasía para inventar los símbolos con los que hacemos cultura.
El ser humano y la libertad
El ser humano se encuentra arrojado en un entorno que debe transformar. Al no ser instintivo, debe ejercer su libertad para elegir y decidir. Ser libre implica usar la inteligencia y la voluntad para configurar su ethos o personalidad moral. Por tanto, el ser humano es un ser ético por naturaleza, responsable de sus actos al actuar de acuerdo con la razón.
El Dasein de Heidegger
Para Heidegger, el ser humano es el único existente que sabe de su existencia: es un Dasein (ser-ahí). Arrojado a un mundo de entes, el ser humano se reconoce como ser-en-el-mundo. La existencia auténtica ocurre cuando el ser se abre al mundo y asume su condición de ser-para-la-muerte. Por el contrario, la existencia inauténtica es aquella donde el sujeto es engullido por lo social, perdiendo su individualidad en la angustia y la nada.