Relación con Karl Marx
Locke propone que el gobierno de la sociedad civil, originado en el contrato social, tiene como objetivo defender la ley natural y los derechos y libertades de los ciudadanos, principalmente el derecho a la propiedad. En el siglo XIX, las circunstancias económicas y sociales cambiaron profundamente con respecto a las de los siglos anteriores: la agricultura como base de la economía fue sustituida por la industria y el comercio, y surgió la industrialización como aplicación económica de la ciencia y la tecnología. Tras abandonar el campo, el proletariado busca trabajo en las fábricas de las ciudades.
La democracia liberal defendida por Locke es para Karl Marx (1818-1883) una democracia puramente formal; tras una apariencia de igualdad y justicia se esconde una realidad totalmente injusta. Se trata de un mundo invertido en el que, bajo la careta de la democracia liberal, se esconden la miseria y la alienación del proletariado bajo la clase burguesa dominante. La situación del proletariado es miserable:
- Extenuantes jornadas de trabajo.
- Salarios que apenas cubren las necesidades de subsistencia.
- Ausencia de higiene.
- Falta de seguridad ante la enfermedad o la vejez.
- Incultura, entre otros factores.
El Estado liberal que propone Locke esconde graves problemas. Según el materialismo histórico de Marx, la sociedad civil del modo de producción capitalista, con sus componentes políticos, jurídicos e ideológicos, no es más que una deformación o inversión de la realidad que pretende ocultar la situación histórica. La clase burguesa, triunfante en las revoluciones de los siglos XVIII y XIX, está en lucha contra el proletariado, al que somete y domina utilizando como instrumento el Estado liberal, con el único fin de mantener la propiedad privada de los medios de producción.
La propiedad privada defendida por Locke es el origen de la dominación y de la injusticia, y de las cuantiosas plusvalías económicas fruto del trabajo del proletariado, del que se adueña la clase burguesa. El Estado burgués, teorizado y defendido por Locke, es una careta ideológica que pretende esconder la alienación y la explotación del proletariado. El siglo XIX será el siglo de las revoluciones proletarias en lucha contra la burguesía liberal.
Relación con Karl Popper
Según Locke, la sociedad política es una garantía de los derechos naturales de los ciudadanos (entre los que destaca la libertad) gracias al gobierno y la división de poderes. Locke es defensor del Estado liberal. En el siglo XX, Karl Popper (1902-1994) desarrolla y adapta a la nueva situación las tesis liberales de Locke.
A la sociedad liberal propia del siglo XX, Popper la denomina sociedad abierta, que es una sociedad que defiende como principales valores la libertad, la creatividad y el pluralismo de ideas y conductas; por ello, está abierta a los cambios y a la posibilidad de mejorar adaptándose a las nuevas situaciones. En esta sociedad todos, gobierno y ciudadanos, pueden cometer errores. Pero la libertad para criticar y controlar al poder y a nosotros mismos nos permite cambiar de gobierno, de ideas y de conducta. Esta sociedad tolerante y pluralista corrige sus errores y busca siempre lo mejor.
La democracia no es perfecta, pues en ella se cometen errores, pero también permite corregirlos. Las sociedades cerradas son dogmáticas y se creen en posesión de la verdad, como sucede con Platón y Marx, quienes son criticados por Popper como enemigos de la sociedad abierta. Las sociedades cerradas, al creerse poseedoras de la verdad, son conservadoras e inmovilistas, pues no necesitan cambiar. Son autoritarias y totalitarias, ya que imponen la verdad a los ciudadanos, a quienes intentarán controlar y dirigir. Popper adopta, con respecto a las sociedades autoritarias y conservadoras, una actitud crítica semejante a la de Locke cuando este critica a la monarquía absoluta.
Relación con el Neocontractualismo: J. Rawls y R. Nozick
En el siglo XX, las teorías del contrato social han sido reformuladas por una serie de autores agrupados bajo el llamado Neocontractualismo. Veamos a dos de sus representantes:
John Rawls
El norteamericano John Rawls, en su obra Teoría de la justicia (1971), analiza cómo debe organizarse una sociedad. Cree haber llevado el contrato social de Locke, Rousseau y Kant a un mayor nivel de abstracción. Concibe el pacto social como un pacto fundacional, imparcial y razonable. Para llegar a tal pacto, el estado de naturaleza es traducido a una hipotética “posición original” en la que las personas racionales, libres e iguales eligen los principios que han de regir su convivencia.
Para ello, estas personas estarían cubiertas por el “velo de la ignorancia”, que les impediría saber cuál sería la posición que ocuparían en la sociedad, cuáles serían sus ganancias económicas y propiedades, así como sus capacidades. El velo de la ignorancia asegura la igualdad de todos los miembros, de modo que su elección resultará imparcial, situándose como si estuvieran en la peor perspectiva social para así garantizar unos bienes sociales primarios. Rawls considera que la concepción general de justicia que elegirán incluirá:
- El principio de igual libertad de todos los miembros.
- El de igualdad de oportunidades.
- El principio de diferencia (por el cual se reparten de forma desigual los bienes básicos a favor de los más desfavorecidos).
Robert Nozick
Por su parte, el también norteamericano Robert Nozick, en Anarquía, Estado y Utopía (1974), critica la teoría de la justicia de Rawls. Siguiendo a Locke, parte de unos derechos naturales como el derecho a la vida, la propiedad y la libertad como fundamentos absolutos del individuo. Limitar tales derechos o suprimirlos es un acto injusto, por lo que la tarea del Estado no es la redistribución de la riqueza, como defiende Rawls, sino garantizar los derechos de los individuos y fomentar la competencia.
Esto conduce al “Estado mínimo”; es por esta razón por la que Nozick recibe el nombre de anarquista liberal o libertario.