Transformación del pensamiento político: Renacimiento a Ilustración
El origen y fundamento de la sociedad y del poder político experimentan una transformación decisiva entre el Renacimiento y la Ilustración. Nicolás Maquiavelo, pensador renacentista del siglo XVI y autor de El príncipe, inaugura una nueva forma de comprender la política basada en el realismo político. Frente a la tradición medieval, que subordinaba el poder a la moral cristiana, Maquiavelo sostiene que la política posee sus propias reglas y que el gobernante debe guiarlas con autonomía. La visión que tiene de la persona es muy naturalista y pesimista. Cree que las personas actúan por sus sentimientos y, a menudo, por su propio interés. Entonces, el que manda, como el príncipe, debe ser muy listo y capaz de hacer lo que sea necesario, incluso si no es algo bueno, para mantener el orden y la tranquilidad en la comunidad. En este sentido, lo que importa en la política no es cómo se hacen las cosas, sino si se logran los objetivos. Este realismo es muy diferente al pensamiento moderno, que ha llevado a las teorías del contrato social.
Thomas Hobbes
Thomas Hobbes, filósofo del siglo XVII, desarrolla en Leviatán su idea del estado de naturaleza. Según él, el estado de naturaleza es un lugar donde la violencia y la desconfianza son comunes, y donde cada persona está en guerra contra todas las demás. Para escapar de esta situación peligrosa, las personas deciden darle todos sus derechos a un líder muy poderoso que pueda garantizar la paz. El Estado hobbesiano es, por tanto, fuerte y centralizado, pues solo un poder indivisible puede frenar la destrucción mutua.
John Locke
John Locke, también inglés y con ideas precursoras de la Ilustración, no está de acuerdo con el absolutismo. En su libro Segundo tratado sobre el gobierno civil afirma que en el estado de naturaleza hay derechos que no se pueden quitar, como la vida, la libertad y la propiedad. El pacto social no los crea, sino que los protege. El poder político debe estar limitado por la ley y dividido en diferentes funciones. Su función es servir a los ciudadanos. Los ciudadanos siguen teniendo el derecho a rebelarse si el gobierno no cumple con el acuerdo.
Jean-Jacques Rousseau
Finalmente, Jean-Jacques Rousseau, filósofo de la Ilustración del siglo XVIII, propone en El contrato social una visión más optimista del ser humano. Para él, la sociedad corrompe al «buen salvaje», pero puede regenerarse mediante un pacto que exprese la voluntad general, es decir, el interés común que garantiza la igualdad y la libertad de todos.
Así, desde el realismo de Maquiavelo hasta el contractualismo ilustrado, se configura la base de la teoría política moderna y de nuestra comprensión actual del poder.
Orígenes del capitalismo moderno
El capitalismo moderno tiene dos orígenes importantes en la cultura política occidental: el liberalismo político del siglo XVII y el utilitarismo del siglo XVIII. El liberalismo se empezó a desarrollar con pensadores británicos como John Locke. Esta corriente defiende la importancia del individuo sobre la colectividad. Para el liberalismo, la sociedad no es algo que exista desde siempre, como creía Aristóteles; en su lugar, la sociedad es el resultado de un acuerdo entre personas que buscan sus propios intereses. De ahí que la propiedad privada, la neutralidad del Estado y la competitividad se conviertan en principios fundamentales. Esta visión, profundamente laica y experimental, parte de una concepción pesimista de la naturaleza humana, entendida como esencialmente egoísta.
En el siglo XVIII, Jeremy Bentham y John Stuart Mill desarrollaron el utilitarismo. El utilitarismo es una teoría moral que valora una acción según sus consecuencias: lo que más importa es aumentar la felicidad del mayor número. Esto también se aplica a la política: las decisiones de los gobernantes deben beneficiar a la mayoría. Así, el utilitarismo introdujo una forma de pensar práctica y lógica que se ajusta bien al capitalismo emergente.
Adam Smith
Adam Smith fue una figura central en la economía del siglo XVIII. Combinó dos ideas principales en su teoría del capitalismo. Se inspiró en las ideas de David Hume, quien sostenía que las emociones son fundamentales para entender la moral. Smith pensaba que cuando las personas buscan beneficios para sí mismas, esto puede favorecer el bienestar general gracias a la «mano invisible» del mercado, que se autorregula sin necesidad de intervención estatal. Según Adam Smith, si cada persona busca lo que es mejor para ella sin dañar a los demás, la sociedad en general será más próspera.
No obstante, esta visión tiene límites importantes: al naturalizar la competitividad, tiende a ignorar la profunda capacidad humana para la cooperación, que numerosos científicos y filósofos consideran esencial para la evolución social. Esta tensión entre competencia y cooperación sigue siendo uno de los debates centrales en torno al capitalismo contemporáneo.
La Ilustración: razón, progreso y límites
La Ilustración, o Siglo de las Luces, fue un movimiento intelectual del siglo XVIII que transformó la cultura europea. La gente comenzó a utilizar la razón autónoma en lugar de creer en supersticiones, seguir tradiciones sin cuestionarlas o obedecer a la autoridad sin crítica. Entre los pensadores más influyentes de este movimiento se encuentra Immanuel Kant.
En su obra Crítica de la razón pura (1781), Kant redefine los límites y las posibilidades del conocimiento humano. En su ensayo «¿Qué es la Ilustración?», Kant describió este movimiento como la «salida del hombre de su autoculpable minoría de edad», subrayando la necesidad de pensar por uno mismo. Una de las características importantes de la Ilustración fue la defensa de un nuevo modelo de razón: los ilustrados rechazaron un racionalismo dogmático y propusieron una razón basada en la experiencia, en la crítica y en la justificación racional de la autoridad. Esta razón debía ser autónoma y orientar no solo el conocimiento, sino también la moral y la política.
El pensamiento ilustrado se caracterizó por un profundo optimismo histórico: se creía que el progreso científico y técnico conduciría al bienestar material y espiritual. Por ello, los ilustrados impulsaron la educación pública y la difusión del saber, como demuestra la Enciclopedia de Diderot y D Alembert, concebida para democratizar el conocimiento.
En política, la Ilustración rechazó el absolutismo y defendió los derechos naturales. John Locke sostuvo que las personas tienen derecho a la vida, la libertad y la propiedad; Montesquieu propuso la separación de poderes; Rousseau defendió la soberanía popular basada en la voluntad de la mayoría. Sin embargo, surgió el fenómeno del despotismo ilustrado, en el que algunos monarcas adoptaron reformas racionales sin renunciar al poder absoluto. Los ilustrados promovieron asimismo una religión racional, el deísmo, que no acepta la revelación y concibe a Dios como un principio universal accesible a la razón. La Ilustración también defendió la libertad y la tolerancia, como se aprecia en el pensamiento de Voltaire.
No obstante, la Ilustración mostró límites en su visión sobre la mujer: aunque figuras como Condorcet, Olympe de Gouges o Mary Wollstonecraft reclamaron igualdad, la mayoría de los ilustrados mantuvo posturas patriarcales. Finalmente, la Ilustración sentó las bases de la modernidad y de las grandes revoluciones políticas que transformaron Occidente, dejando una huella vigente en nuestras democracias actuales.
Immanuel Kant: autonomía y uso de la razón
Immanuel Kant fue un filósofo alemán del siglo XVIII cuya obra influyó decisivamente en la historia de la filosofía. En su ensayo «Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la Ilustración?» Kant resume un lema esencial: Sapere aude, «atrévete a saber», es decir, ten valor para usar tu propia razón. Con esta expresión, Kant invita al ser humano a abandonar la dependencia intelectual y a ejercer su autonomía racional.
Para Kant, la Ilustración es el momento en que las personas dejan de comportarse como niños incapaces de pensar por sí mismas. Esto no sucede por falta de inteligencia, sino por falta de voluntad: muchas personas prefieren dejar que otros piensen por ellas, y hay quienes se benefician de ese estado porque resulta más fácil controlarlas. Alcanzar la mayoría de edad exige esfuerzo, valentía y un compromiso real con el pensamiento crítico.
La autonomía, para Kant, implica que cada persona sea capaz de adoptar sus propias reglas para actuar, en lugar de obedecer sin reflexión. El camino hacia esa autonomía debe ser lento y gradual: un cambio repentino puede sustituir a los gobernantes, pero no cambia de inmediato la forma de pensar de la población. La verdadera transformación requiere tiempo y reflexión.
Kant distingue además entre el uso público y el uso privado de la razón. El uso público es el que realiza un individuo como experto ante la comunidad, expresando libremente sus ideas para contribuir al progreso del conocimiento. El uso privado se ejerce dentro de un cargo o función, donde es necesario obedecer para garantizar el funcionamiento de las instituciones. Así, un soldado debe cumplir órdenes en su servicio, pero puede criticar públicamente el sistema militar; un ciudadano debe pagar impuestos, pero puede argumentar en contra de ellos; un sacerdote puede enseñar la doctrina, pero proponer reformas teológicas públicamente.
En definitiva, Kant sostiene que la Ilustración solo será posible si existe libertad de pensamiento y de expresión, condiciones indispensables para que la humanidad avance hacia una sociedad más racional y autónoma.
Crítica del conocimiento: la sintesis kantiana
En Crítica de la razón pura Kant quiso entender mejor cómo funciona el conocimiento humano. Para ello examinó las dos principales corrientes de su tiempo: una que confiaba en la razón pura y otra que afirmaba que todo lo que sabemos procede de la experiencia. Influido por David Hume —quien, según él, lo «despertó del sueño dogmático»—, Kant intentó superar ambas posturas mediante una síntesis original.
Kant afirmó con claridad: «Todo conocimiento comienza con la experiencia, pero no todo procede de ella». Para él, el conocimiento necesita dos elementos básicos:
- Materia del conocimiento: las sensaciones que recibimos tras la experiencia. Sin sensaciones, los pensamientos carecen de contenido.
- Forma del conocimiento: las estructuras mentales que organizan los datos sensoriales. Sin estas estructuras, la experiencia sería caótica.
Este planteamiento, conocido como idealismo trascendental, representa un «giro copernicano»: no es el sujeto quien se adapta al objeto, sino que el objeto aparece tal como nuestra mente lo estructura. Kant cuestiona además que la metafísica sea ciencia en sentido estricto, porque sus objetos (Dios, el alma, el mundo en su totalidad) no son accesibles a la experiencia. Por ello distingue entre fenómeno (lo conocido) y noúmeno o «cosa en sí» (inaccesible).
La filosofía crítica kantiana establece así los límites del saber, desmantelando la metafísica dogmática y abriendo paso a nuevas corrientes filosóficas que redefinirán el papel de la razón en la modernidad.
Ética moderna: utilitarismo y deontología
La reflexión ética moderna se articula en dos modelos principales: las éticas consecuencialistas, que valoran los resultados de las acciones, y las éticas deontológicas, que se centran en el deber moral. El debate entre ambas llegó a su punto álgido en el siglo XVIII con el utilitarismo británico y la ética formal de Kant.
El utilitarismo, desarrollado por Jeremy Bentham y luego enriquecido por John Stuart Mill, sostiene que una acción es buena si produce las mejores consecuencias posibles. Bentham formuló el principio de utilidad: lo correcto es lo que da «la mayor felicidad al mayor número de personas», atendiendo al placer y al dolor como medidas morales. Mill introdujo una distinción relevante: no todos los placeres son iguales; hay placeres «superiores» vinculados a la razón y la cultura.
Mill considera que la moral debe perseguir el bienestar de todos, no solo el interés individual. Esta perspectiva práctica ha tenido un gran impacto en la formulación de políticas y leyes encaminadas a mejorar la vida en sociedad.
Frente a esta postura, Immanuel Kant defiende una ética deontológica basada en la autonomía y el deber, expuesta en la Crítica de la razón práctica (1788). Para Kant, la moralidad no depende de consecuencias inciertas, sino de la intención y del respeto a la ley moral. Su principio central, el imperativo categórico, ordena actuar solo según máximas que puedan convertirse en leyes universales y tratar siempre a la humanidad como fin y nunca como medio. La dignidad humana es, por tanto, absoluta e innegociable.
Hoy, autores como Joxe Azurmendi señalan que ninguna ética puede reducirse a un mero cálculo de consecuencias ni a normas rígidas: la moral exige responsabilidad, reflexión crítica y sensibilidad hacia el otro. El diálogo entre utilitarismo y kantismo sigue siendo esencial para comprender los dilemas éticos contemporáneos.
Resúmenes comparativos y ejemplos
A continuación se presentan, con formato claro, las ideas fundamentales, citas y ejemplos de los principales autores y corrientes mencionadas en el texto. Se ha conservado todo el contenido original y se ha corregido la ortografía y la gramática.
- Maquiavelo – Realismo político
Pensamiento: La política sigue la eficacia, no la moral. El ser humano es egoísta y cambiante.
Citas: «Es más seguro ser temido que amado»; «Los hombres son ingratos y volubles».
Ejemplo: Un profesor firme mantiene el orden mejor que uno que solo intenta caer bien. - Hobbes – Seguridad antes que libertad
Pensamiento: Sin autoridad, hay caos. Cedemos poder al Estado para tener seguridad.
Citas: «El hombre es un lobo para el hombre»; «La vida es pobre, brutal y corta».
Ejemplo: Sin semáforos, el tráfico se vuelve peligroso. - Rousseau – Igualdad y voluntad general
Pensamiento: El hombre es bueno; la sociedad lo corrompe. La voluntad general busca el bien común.
Citas: «El hombre nace libre, pero en todas partes está encadenado».
Ejemplo: Un grupo decide juntos cómo repartir tareas. - Utilitarismo – Consecuencias y felicidad
Pensamiento: Lo moral es lo que produce la mayor felicidad para el mayor número.
Citas: Bentham: «El placer y el dolor nos gobiernan»; Mill: «Mejor un humano insatisfecho que un cerdo satisfecho».
Ejemplo: Dar sombra a quien más lo necesita en una excursión. - Locke – Derechos naturales
Pensamiento: Vida, libertad y propiedad son derechos que nadie puede quitar.
Citas: «Donde no hay ley, no hay libertad».
Ejemplo: Si compras algo, es tuyo: el Estado debe proteger ese derecho. - Kant – Ética del deber
Pensamiento: La moral depende del deber y la intención, no de las consecuencias.
Citas: «Obra solo según la máxima que pueda ser ley universal»; «Trata a la humanidad como un fin».
Ejemplo: No copiar en un examen aunque todos lo hagan. - Racionalismo vs Empirismo
Racionalismo: La razón es la fuente del conocimiento (Descartes: «Pienso, luego existo»).
Empirismo: Todo conocimiento viene de la experiencia (Hume: «El conocimiento deriva de la experiencia»).
Ejemplo: Saber que el fuego quema porque lo has sentido. - Kant – Síntesis del conocimiento
Pensamiento: La experiencia aporta datos; la mente los organiza.
Cita: «Todo conocimiento comienza con la experiencia, pero no todo procede de ella».
Ejemplo: Dos personas ven la misma película pero la interpretan de manera distinta.
Fin del documento corregido y organizado. Se ha conservado la totalidad del contenido original, corrigiendo la ortografía, la gramática y la puntuación, y resaltando los conceptos clave para facilitar la lectura.