La crítica literaria en la teoría de la literatura
Introducción: siglo XIX y el positivismo
Positivismo venía a establecer los textos literarios como hechos positivos con valor de documentos, e interpretaban en relación con la biografía del autor. Estudio de las obras sumado al estudio de la época. El punto de vista era genético-individual, y la historia de la literatura se concebía como un sucederse de autores agrupados en grandes períodos históricos.
El siglo XX supuso la quiebra del positivismo, con los formalistas rusos, que comenzaron a contemplar la literatura y sus textos no como documentos históricos, sino como objetos de una ciencia susceptible de delimitar un objeto y un método propios. Estos, junto a la estilística, formularon la necesidad de una teoría, de una ciencia de la literatura. El siglo XX, por tanto, tiene para la teoría literaria una importancia singular porque es el siglo de su constitución como ciencia autónoma, desgajada del tronco de la estética.
El nacimiento de la literatura como objeto que requiere una teoría y una ciencia propias discurre paralelo a la constitución de la lingüística, de la sociología, del psicoanálisis, de la antropología, de la semiótica, etc. No se podría entender con claridad la historia de la teoría literaria del siglo XX sin su relación con, al menos, cuatro grandes sistemas de pensamiento: la fenomenología, la hermenéutica, el marxismo y el psicoanálisis.
Doble tensión dialéctica
Doble tensión dialéctica:
- I. Especificidad / universalidad.
- II. Lucha entre esencialismo metafísico y funcionalismo pragmatista.
Enfrenta a quienes no cuestionan la literatura como objeto y pretenden que lo literario sea una cualidad inherente, superior, que poseen ciertos tipos de obras. Los primeros, los esencialistas, se centrarán en definir aquello que es literatura, y afirman que una teoría la analiza, describe y discrimina. Continúan ligados a la cuestión metafísica de «¿qué es la literatura?». Los segundos, los pragmatistas, se resisten a admitir la existencia de la literatura como una esencia y prefieren vincularla al discurso teórico que la define y nombra. Estos se formulan la cuestión: «¿A qué llamamos literatura?». La respuesta no se halla en las propiedades intrínsecas de los textos, sino en el modo en que la sociedad y las gentes se relacionan con lo escrito.
La crítica literaria, la historia de la literatura y la teoría literaria son disciplinas muy relacionadas entre sí, empleadas para acercarnos al objeto literario.
1. Crítica
La crítica es el ejercicio de análisis (interpretación y examen riguroso). Proporciona instrumentos para analizar un texto: no se trata de dar la opinión personal sin fundamento, sino de aplicar herramientas y métodos rigurosos. Históricamente, la crítica se practicó muchas veces desde un nivel elemental, de carácter impresionista: una mera impresión del lector. Debemos rechazar ese procedimiento si pretendemos un estudio riguroso, aunque siga siendo el más frecuente entre el público lector.
Elementos en el texto como figuras retóricas, procedimientos formales, estilística, etc., son componentes que permiten juzgarlo. Accedemos a la obra como artefacto verbal: métrica, metáforas, recursos formales, aspectos estilísticos, etc.
Pero la crítica es algo más que identificar figuras. Es una disciplina que pretende llegar al sentido de la obra, al motivo del autor. Llegar a la interpretación. Analizar es interpretar; por eso la crítica está unida a la disciplina de la hermenéutica, dedicada a la interpretación de textos.
Existe también una valoración subjetiva por parte del crítico. Dámaso Alonso señalaba que en una obra hay distintas lecturas: una primera impresión, una segunda lectura más en detalle y una tercera lectura que llega al sentido de la obra literaria. La figura del crítico se sitúa en el centro del proceso y puede, si no es riguroso, dejarse llevar por la opinión personal, lo cual es censurable desde la perspectiva científica.
Wilhelm Dilthey (W. Dilthey) afirmó que, a diferencia de las ciencias naturales, las disciplinas humanísticas estudian objetos muy vinculados al sujeto. El análisis de una obra tiene que relacionarse, en cierto modo, con el crítico que lo realiza: la figura del crítico participa en el proceso interpretativo.
¿Existe una única crítica literaria? ¿Varía con el tiempo y según la sociedad? Sí: cambia. A lo largo de la historia, distintas escuelas han ido analizando aspectos distintos, centrando su foco de atención en la obra, en la mujer, en los personajes, en los autores, etc.: crítica feminista, crítica psicoanalítica, estética de la recepción, entre otras. La crítica evoluciona según la sensibilidad social y los marcos teóricos predominantes.
2. Teoría de la literatura
La teoría de la literatura pretende establecer normas y preceptos sobre qué es la literatura. Es una ciencia que se consolida como tal en el siglo XX, aunque existen tratados anteriores (por ejemplo, la Poética de Aristóteles, destinada a establecer los principios de la tragedia). En el Siglo de Oro encontramos El arte nuevo de hacer comedias de Lope de Vega, que habla de los principios del teatro. Se trata de obras teóricas y preceptivas que plantean criterios y metodologías.
En el siglo XVIII comienza a trabajarse la estética con autores como Baumgarten. Pero es en el siglo XX cuando la teoría literaria se define y se convierte en disciplina autónoma con método propio.
Teoría y crítica se entrecruzan y se reclaman mutuamente. El análisis necesita una base teórica y la teoría requiere la práctica (el ejercicio crítico) para justificarse. Cada una tiene sus procedimientos: la teoría establece principios y métodos, y la crítica los pone en práctica. Están muy vinculadas y son inseparables.
Es posible entender la teoría literaria del siglo XX como la alternativa entre dos grandes paradigmas teóricos:
- Formal-estructuralismo: se centra en el texto (influencia de Saussure y de la teoría del signo) como objeto para la búsqueda en su estructura lingüística y para identificar los rasgos que otorgan especificidad frente a otros tipos de lenguaje. Sustituyó la poética del emisor-autor del siglo XIX por una poética centrada en el mensaje-texto.
- Poética de la recepción: convierte al lector y su descodificación del texto en el nuevo objeto de la teoría literaria. Busca romper la estricta separación entre crítica inmanente (textual) y no inmanente (socio-ideológica).
De una teoría de la lengua literaria se pasó a una teoría de la comunicación literaria. Lo literario dejó de entenderse únicamente como un modo de ser del lenguaje y comenzó a entenderse como un modo de producirse el lenguaje. El contexto dejó de considerarse extrínseco.
3. Historia de la literatura
La misión de la historia de la literatura es ordenar cronológicamente las obras desde Homero hasta la literatura actual. Como método, nace con fuerza en el siglo XIX y alcanza su apogeo entonces. Existe una relación entre historia literaria e historia nacional. Este método resulta peligroso si se limita la literatura a fronteras geopolíticas, pero se debe al apogeo del Romanticismo, que pretendía definir el sentimiento de un pueblo y su identidad. También está relacionado con las distintas revoluciones de la época.
En 1865, en España, José Amador de los Ríos publica una Historia donde establece autores y fechas.
El positivismo pretendía el juicio objetivo: estudiar las obras como recopilación de datos. Acercaba la literatura a la ciencia histórica, pero restaba capacidad interpretativa. La historia literaria quedaba como un reducto enciclopédico. Contra esta corriente reaccionarán las diversas escuelas teóricas que hemos mencionado.