1. Contextualización, localización o adecuación
Estos dos poemas pertenecen a las Coplas por la muerte de su padre, compuestas en el último tercio del siglo XV y responden al concepto de que “en España no hay ni clara ni tajante separación entre Edad Media y Renacimiento” (Avalle-Arce). Ofrecen rasgos comunes a obras de uno y otro momento: por una parte, son profundamente medievales en su forma y en algunos de sus aspectos más superficiales; por otra, revelan una modernidad en puntos fundamentales.
La vida de su autor, Jorge Manrique (1440-1479), es producto de la situación de Castilla en el siglo XV. El poeta nace cuando las Cortes de Olmedo declaran la superioridad del monarca, Juan II, y su muerte señala la fusión de las coronas de Castilla y Aragón y la normalización de las relaciones entre el rey y la nobleza. La poesía de este siglo se caracteriza, ante todo, por la elevada cantidad de poetas de los que ha quedado huella. Las numerosas colecciones de poemas dan testimonio de la excepcional fertilidad del momento. Se trata de la llamada poesía cancioneril, de la que destacan el Cancionero de Baena, el de Estúñiga y el Cancionero musical de Palacio. En líneas generales, puede decirse que los temas más frecuentes serán los de tono amoroso y didáctico-moral.
Los principales poetas cancioneriles son el Marqués de Santillana, Juan de Mena y Jorge Manrique. Este último, autor de las coplas que vamos a comentar, cultiva la poesía amorosa, la poesía burlesca y la poesía moral. Precisamente en este último grupo se incluyen las cuarenta coplas dobles dedicadas a la muerte de su padre, don Rodrigo Manrique. Confluyen en las Coplas una serie de temas que se han venido elaborando a través de los tiempos: la meditación sobre la fugacidad de las cosas y la estimación del plazo de la vida que la Edad Media resuelve en una actitud de contemptus mundi; todo ello inseparable del bíblico “vanidad de vanidades”, que se expresa a través del tópico del ubi sunt. El hombre es testigo de un interminable pasar de todas las cosas, con una agente infatigable, la Fortuna, cuya rueda no se para nunca. A todo esto se une el papel de la muerte como personaje protagonista con toda una gama de variantes (desde el menosprecio del mundo hasta la Danza de la Muerte).
Aparte de todos estos tópicos, el poema de Jorge Manrique, originado en la muerte de una persona, forma parte de la poesía elegíaca medieval motivada por la muerte. Se incluye en el marco de la elegía funeral, en la cual se advierten dos direcciones principales: una en que predomina la reflexión sobre la vida y la muerte; otra en que el poeta considera al muerto como un ejemplar compendio de excelencias.
Jorge Manrique, hombre culto de la época, hará suyos todos estos temas y nos dará su peculiar reacción ante el desprecio del mundo, la fortuna y la muerte. Pero lo hará siguiendo un orden que Pedro Salinas resuelve en una estructura tripartita (recordemos que el nº 3 es clave según la numerología medieval) que va de lo más general a lo más particular. Salinas propone la siguiente división:
- 1) Coplas I–XIII: centradas en la fugacidad de la vida terrenal y la inestabilidad de las cosas mundanas.
- 2) Coplas XIV–XXIV: ejemplificación de los puntos anteriores. Referencia a la vida de la fama.
- 3) Coplas XXV–XL: centradas en la vida eterna, a partir de la muerte de un individuo, don Rodrigo Manrique.
Siguiendo este esquema, diremos que las dos coplas que vamos a comentar se incluyen, por lo tanto, en la primera parte. Se trata concretamente de las coplas V y VI.
2. Tema
Copla V
El vivir humano es un camino cuyas etapas desarrolla Manrique en paralelismo con la vida; etapas que nos hacen pensar en la imagen de la vida como viaje (tópico del homo viator).
Copla VI
Este mundo no es tan malo ni despreciable: si usamos bien de él nos puede llevar a otro; además, fue el elegido por Jesucristo para vivir en él. Es decir, el mundo, en sí, no es bueno ni malo; simplemente es el escenario donde al hombre se le brinda la oportunidad de ganar la vida eterna con sus buenas obras. Aquí Manrique no sigue el siguiente paso del tópico, que sería la despreocupación de este mundo. Se muestra, por tanto, como un autor no típicamente medieval, sino como representativo de la transición que supone su época (entre Edad Media y Renacimiento).
Coplas a la muerte de su padre: comentario literario
3. Estructura externa
Cada copla está compuesta en la doble sextilla octosílaba, cuyos versos se reparten en dos semiestrofas iguales con terminación quebrada en cada una de ellas y con tres rimas consonantes correlativas: abc, abc. Son, por lo tanto, estrofas de 12 versos, teniendo en cada sextilla el 1º, 2º, 4º y 5º octosílabos, y los versos 3º y 6º tetrasílabos. Su esquema métrico es, pues: 8a 8b 4c; 8d 8e 4f (repetido en la segunda semiestrofa).
Este tipo de estrofa había sido utilizada anteriormente por otros poetas (entre ellos, Gómez Manrique, tío del autor de estas coplas), pero adquirió su mayor difusión con Jorge Manrique, por lo que ha pasado a denominarse “copla manriqueña”. Los versos de pie quebrado producen, por su brevedad, un efecto acústico de eco y otorgan al conjunto musicalidad y armonía. Frente al recargado verso de arte mayor, Manrique ha optado por el octosílabo, el verso por excelencia de la lírica y el más cercano al estilo coloquial.
(Esquema métrico resumido: 8a 8b 4c / 8d 8e 4f)
3.2. Estructura interna
Como puede observarse, ambas coplas comienzan de la misma manera (anáfora): “este mundo…”. Este hecho nos lleva en principio a incluirlas dentro de un mismo bloque, ya que las dos se centran en una de las tres vidas de las que Manrique nos hablará en su poema: la vida terrenal o mundana. Sin embargo, si profundizamos un poco más, vemos que en cada una de ellas trata el tema de manera algo diferente.
Para aclarar esta particularidad, hemos recurrido a la elaboración de la estructura de cada una de las coplas por separado aunque, como ya adelantamos, será inevitable relacionarlas por su contenido.
Copla V
- 1ª sextilla: la vida terrenal no es más que un tránsito hacia la vida eterna, la verdaderamente importante. Pero no implica que no haya que darle importancia; al contrario, se debe vivir de acuerdo con la rectitud.
- 2ª sextilla: alegoría de la vida como un viaje (tópico del homo viator) cuyo final es la muerte, donde al fin descansamos.
Copla VI
- 1ª sextilla: este mundo, a pesar de lo dicho en la copla anterior, puede ser bueno, siempre y cuando nuestro paso por él sea el correcto. Todo ello ha de ir de acuerdo con la fe cristiana, que será la que nos aliente a llevar una vida sin tacha, para así ganarnos la eternidad.
- 2ª sextilla: además, para convencernos de que no debemos menospreciar este mundo, nos recuerda asimismo que fue el elegido por el Hijo de Dios para vivir y morir en él.
4. Análisis de la forma partiendo del contenido
Para explicarnos esto, el autor se vale de los siguientes recursos:
Copla V
- Encabalgamiento: Es constante en todo el poema el uso del encabalgamiento (“el camino / para el otro”; “morada sin pesar”; “buen tino / para andar”; “esta jornada / sin errar”; “y llegamos / al tiempo…”). Gracias a los encabalgamientos, el ritmo del poema se vuelve más dinámico y destacan o enfatizan el significado de las palabras encabalgadas.
- Oración inicial y modo verbal: La estrofa se inicia con una oración afirmativa que contiene una subordinada de relativo explicativa (complemento del nombre), donde se complementa la información que el poeta nos quiere dar sobre su visión acerca de las dos vidas a las que aquí se refiere: “Este mundo es el camino para el otro”: oración inicial con tono de sentencia, en la que se usa el presente de indicativo del verbo “ser”, dado su valor de atemporalidad.
- Conectores y adversativa: El otro (camino) es morada sin pesar: esta segunda idea está conectada con la anterior a través del relativo “que”. En esta primera oración Manrique nos habla de las dos vidas (terrenal y eterna) utilizando la imagen del camino. Sin embargo, el poeta nos hace una advertencia: nos recuerda que no por ello debe descuidarse el modo en que vivamos. De ahí que el conector utilizado sea la conjunción adversativa “mas”. De nuevo el presente de indicativo (“cumple”), acompañado esta vez de infinitivos incluidos en proposiciones subordinadas: sustantiva (“tener buen tino”) y final (“para andar esta jornada sin errar”).
- Campo semántico y paralelismo: En los vv. 4, 5 y 6 se repite la imagen de la vida como camino, pues utiliza palabras del mismo campo semántico que en los versos iniciales (“andar”, “jornada”).
- Paralelismo entre tetrasílabos: No pasa por alto, asimismo, el paralelismo entre los versos tetrasílabos de esta primera sextilla: “sin pesar” / “sin errar”.
- Metáfora desarrollada: La segunda sextilla amplía la metáfora presentada al inicio. Toda ella está construida a partir de este recurso: nacer = partir, vivir = andar, morir = llegar. Se recrea, pues, el tópico del homo viator.
- 1ª persona del plural: El hecho de que aquí JM utilice la primera persona del plural (“partimos”, “nascemos”…) implica la apelación directa al receptor, que se siente así parte integrante de lo que está leyendo. En su contexto, este uso gramatical guarda relación con el tono del sermón religioso medieval: la 1.ª persona del plural hace que todos quedemos involucrados por la afirmación; el acierto expresivo de la metáfora hace el resto.
- Conectores temporales: Para terminar, comentaremos el uso de los conectores temporales de los que se sirve el poeta para completar la imagen presentada: “cuando”, “mientras”, “al tiempo que”. Estos nexos, además de introducir subordinadas adverbiales temporales, son coherentes con la idea del devenir de la vida, que se va haciendo al mismo tiempo que un viaje. Aquí también puede verse el paralelismo, tanto sintáctico como semántico (“partimos cuando nacemos” / “andamos mientras vivimos”). Finalmente, el conector “assí que” resume, a modo de conclusión, el final de dicho trayecto: “cuando morimos, descansamos”.
- Léxico histórico: El léxico empleado en todas las coplas nos ofrece palabras cuyas grafías se corresponden con el uso de la lengua escrita del siglo XV. Recordemos que hasta 1492 no se publica la primera Gramática en lengua castellana (Nebrija), que sentará un poco las bases de la normativa de una lengua que estaba tomando fuerza en el campo literario. Palabras que nos dan testimonio de esa fluctuación (y de su estado en el proceso evolutivo de la lengua escrita) hasta entonces son: “qu’es”, “nascemos”, “e”, “feneçemos”, “assí que” —equivalentes modernos: “que es”, “nacemos”, “y”, “fenecemos”, “así que”.
Copla VI
- Encabalgamientos destacados: Encabalgamientos que encontramos en esta estrofa: “usásemos dél / como debemos”, “aquél / que atendemos”, “para subirnos al cielo / descendió”, “este suelo / donde murió”.
- Tópico y postura: En la estrofa anterior vimos cómo se desarrolla el tópico del homo viator, lo cual nos lleva a pensar en el ascetismo: si la vida es un viaje, ¿para qué preocuparse del viaje si es tan rápido? Con ello se menosprecia la vida (el camino) y se ensalza la otra vida (el punto de llegada). Ese desprecio del mundo nos lleva al contemptus mundi: lo mundano es perecedero; “lo otro” es eterno. Según esto, el paso siguiente sería la despreocupación de este mundo. Pero JM no sigue ese paso.
- Transición histórica: La copla VI es un ejemplo de la mezcla de rasgos medievales y otros que anticipan lo que será el Renacimiento. Esta transición propia del siglo XV se reflejará, entre otras cosas, en el tratamiento que el poeta les da a los diferentes temas planteados. Así, la copla no elige el camino de la despreocupación por este mundo, sino que afirma que no es tan malo ni despreciable: si usamos bien de él, nos puede llevar a otro (1ª sextilla); además, fue el elegido por Dios para vivir en él (2ª sextilla).
- Modo verbal y actitud: La 1ª sextilla insiste en que debemos vivir nuestra vida de acuerdo con la fe cristiana para, así, ganarnos la vida eterna. El conector causal “porque” introduce esta idea: “es para ganar aquél [mundo] que atendemos”.
- Anáfora y tiempos verbales: Se inicia esta copla de la misma manera que la anterior (“este mundo”); ya hemos señalado que se trata de una anáfora, recurso bastante usado por Manrique en esta obra. A diferencia de la anterior, los tiempos verbales utilizados ahora son el pretérito perfecto simple (“fue”) y el pretérito imperfecto de subjuntivo (“usásemos”). Este cambio corresponde a una situación hipotética: el poeta deja en nuestras manos (y en nuestras conciencias cristianas) el hecho de vivir haciendo méritos para ganar la salvación eterna o no, aunque evidentemente nos insta a lo primero.
- 1ª persona del plural: De nuevo la utilización de la 1.ª persona del plural nos hace partícipes de la idea; en este caso, bajo la forma del posesivo (“nuestra fe”) y de la persona verbal (“usásemos”, “debemos”, “atendemos”).
- Argumento cristológico y figura retórica: La 2ª sextilla comienza con un sintagma perifrástico que alude a Cristo (“aquel Hijo de Dios”), introducido por el conector “aun”, utilizado con el fin de añadir argumentos a la idea anteriormente expresada: este mundo no es tan malo ni despreciable. A continuación, aparece un hipérbaton: “para subirnos al cielo / descendió”. Aquí encontramos asimismo contraste: “subir / descender”, “vivir / morir”.
- Subordinada de relativo: De nuevo tenemos una subordinada de relativo, en este caso sustituyendo a un adjetivo: “aquél que atendemos” = esperado.
- Grafías históricas: Grafías propias del castellano del siglo XV que aparecen en el texto: “dél”, “segund”, “fijo”, “sobirnos”, “nascer”, “nos”, “do”. Equivalencias modernas: “de él”, “según”, “hijo”, “subirnos”, “nacer”, “nosotros”, “donde”.
A modo de resumen, puede decirse que, en cuanto a técnica y estilo, Jorge Manrique renuncia al clasicismo de moda en su momento y se decanta a favor de un estilo que los predicadores denominaban “sermo humilis” (discurso humilde), claro y accesible. Desecha los numerosos cultismos léxicos de los que habían abusado sus antecesores; sólo admite los que ya habían arraigado en castellano. Por otro lado, no recurre a la sintaxis latina y apuesta por el orden natural. No abusa de las figuras de repetición que pudieran hacer el texto más oscuro y, por el contrario, usa a menudo construcciones orales de origen popular.
5. Conclusión y síntesis
Las Coplas son una muestra más de cómo la literatura ofrece testimonios sobre los cambios que se van produciendo en el continuo devenir de la historia. En ellas, su autor, hombre culto de la época, nos da su peculiar reacción ante el desprecio del mundo, la fortuna y la muerte. En estas dos coplas comentadas hemos visto cómo va cambiando la conciencia medieval a favor de una nueva concepción de la vida terrenal o mundana. El geocentrismo va dando paso al antropocentrismo y a todo lo que ello implica; por ejemplo, la visión de este mundo como algo digno de ser, al menos, tenido en cuenta.
Las Coplas por la muerte de su padre “resumen la línea entre el amor y la muerte, entre la vida y la muerte, que es tan difícil de definir siempre para el ser humano, pero a la vez tan importante porque al final de la existencia todos estamos abocados a ella.” (V. García de la Concha)