Grandes Maestros de la Pintura Barroca: De Caravaggio a Rembrandt

La pintura en Italia: Del naturalismo y el clasicismo al barroco decorativo

En el siglo XVII, la pintura en Italia tiene como hilo conductor común el naturalismo. Se distinguen dos grandes corrientes: el clasicismo practicado en Bolonia por Agostino Carracci y sus discípulos —entre los que destaca Guido Reni, estilo continuado en Francia por Nicolás Poussin— y el naturalismo radical de Caravaggio.

El Clasicismo de los Carracci

El naturalismo boloñés tenía como objetivo recuperar la belleza clásica. Sus temas muestran una clara preferencia por los asuntos mitológicos, aunque acercándose a ellos con la emotividad fuertemente expresiva del barroco. El clasicismo de los Carracci vuelve la vista hacia el pasado para defender la fusión de la grazia con la viva expresión de los sentimientos. Si se proponen imitar la naturaleza, lo hacen eligiendo lo más bello de ella, contando con el ejemplo de los grandes maestros de acuerdo con una teoría de la selección, según la cual cada componente de la pintura puede entenderse separadamente.

Los primeros biógrafos de la obra de Annibale Carracci (1560-1609) destacaron ya como su propio estilo la fusión de idealismo y naturalismo.

El Naturalismo de Caravaggio

El naturalismo de Caravaggio, al contrario, desdeñará la belleza idealizada y se propondrá como objetivo mostrar la verdad sin pararse ante la fealdad. Caravaggio (1573-1610), formado como pintor de bodegones —de donde le viene la capacidad para captar las calidades de los objetos—, destaca por los fuertes contrastes de luz y sombra (recurso seguido por los franceses Le Nain y La Tour) y la utilización como modelos de tipos populares, retratados con fuerte realismo.

La luz en Caravaggio es dirigida desde arriba y cruza el lienzo en diagonal, jugando con el claroscuro. Para la Dormición de la Virgen, se sirvió como modelo de una mujer ahogada y con el vientre hinchado. Del mismo modo, su San Mateo —un hombre rudo al que el ángel parece llevarle la mano como se hace con un niño— obligó al artista a pintar una nueva versión más acorde con el gusto eclesiástico. En la Virgen del Rosario, representó a una mujer de aspecto plebeyo a cuyos pies el artista había reunido a los pordioseros con las plantas sucias entre los dominicos más tristes y patéticos.

Este realismo atroz, que haría de Caravaggio un artista revolucionario, marcó su vida; en 1606 huyó de Roma tras verse envuelto en un homicidio. Refugiado en Malta, escapó de la cárcel y murió abandonado en una playa. Sus temas incluyen frecuentemente escenas de martirio junto con aquellos destinados a incidir en la humanidad de Cristo.

El realismo de Caravaggio consiste en mostrar la Historia como evento o acontecimiento. En pinturas como la Vocación de San Mateo, el suceso histórico es un hecho presente gracias al tratamiento de la luz y la gesticulación dramática, cargada de emoción. Caravaggio se servirá también de modelos de Miguel Ángel, como se aprecia en su San Juan Bautista y Amor Vincit Omnia.

El Barroco Decorativo y el Triunfo de la Ilusión

Esa predilección por el color conduce al barroco decorativo, tendencia que en Italia enlaza con el rococó y con el resurgir de la escuela veneciana en el siglo XVIII. Esta última se anima en una doble tendencia:

  • La de brillante colorido en tonos pastel y fastuoso lujo, representada por Tiepolo (quien trabajó en España desde 1762 en la decoración del Palacio Real de Madrid).
  • La representada por los pintores paisajistas centrados en las vistas urbanas, como Canaletto y Guardi.

El barroco decorativo se aplica al fresco en grandes superficies murales, tratando de engañar a la vista mediante los escorzos y las arquitecturas fingidas para crear la sensación de que los muros se rompen, mientras en las bóvedas se desarrollan escenas de apoteosis celestiales. Un ejemplo es la Apoteosis de la monarquía española pintada por Lucas Jordán (Luca Giordano). Sus frescos y su extensa producción al óleo responden al mismo lenguaje empleado por el padre Pozzo —el gran teórico de las arquitecturas fingidas— en su alegoría de la obra jesuítica pintada en la bóveda de San Ignacio de Loyola.

La perspectiva, que había sido el instrumento para obtener una representación verídica de la realidad, se pone ahora al servicio del engaño visual, conocido como trampantojo. Pietro da Cortona empleará idénticos recursos para ensalzar la Gloria de los Barberini, marcando el triunfo de un arte refinado que sustituye las severidades contrarreformistas y naturalistas, dando paso al mito de la nueva Roma: la Roma Triumphans.

La pintura flamenca: El genio de Rubens

Al sur de los Países Bajos, en la región de Flandes —leal a la dinastía española y a la religión católica—, surge el gran renovador de la pintura: Rubens (1577-1640). Pintor cortesano que ejerció de embajador entre potencias, Rubens estudió en su juventud en Roma la pintura de Carracci, con quien compartía los ideales de belleza. Al mismo tiempo, admiró el verismo de Caravaggio —puesto al servicio de los ideales del catolicismo contrarreformista— y el color veneciano de la técnica de pincelada suelta de Tiziano.

Estilo y Diversidad Temática

Su obra abarca desde grandiosos lienzos de asunto religioso destinados a los altares (como la Lanzada, el tríptico de la Erección de la Cruz o los Desposorios místicos de Santa Catalina) hasta obras más intimistas como retratos familiares, bodas, fiestas y asuntos mitológicos con rotundos desnudos femeninos. Trabajó para las cortes de Madrid, París y Londres.

Los temas que abordó son muy variados: gran pintura religiosa, retratos cortesanos y familiares, alegorías, mitologías, paisajes e incluso sencillas guirnaldas de flores. Toda su obra posee una profunda unidad formal: anatomías rotundas (figuras femeninas orondas y de carnes blandas), colores intensos y composiciones dinámicas dominadas por líneas curvas y diagonales. Esto se aplica igual a un tema religioso como la Adoración de los Reyes, a un retrato ecuestre como el del Duque de Lerma, o a un asunto popular.

Rubens imprimió a sus obras religiosas un carácter triunfal mediante recursos como el desnudo heroico (el cuerpo de Cristo en su Descendimiento) y las alegorías de carros triunfales, dotando a sus santos de un carácter guerrero, como en el San Jorge. En su faceta de pintor cortesano, como en la Galería de María de Médici, la alegoría se impone sobre la narración histórica. Al representar la Educación de María de Médici, crea un nuevo modelo de retrato principesco que acentúa el carácter de gobernante absoluto mediante elementos retóricos, visible también en el retrato del Cardenal-Infante don Fernando.

Seguidores de la Escuela Flamenca

Entre los seguidores de Rubens destacan Jacobo Jordaens y David Teniers, conocidos por la representación de escenas campechanas llenas de vitalidad. Sin embargo, sobresale especialmente Van Dyck. Si bien en sus pinturas religiosas la influencia de Rubens es patente, en el retrato —al que se consagró especialmente— llegó a crear un estilo propio caracterizado por la elegancia de sus poses y la riqueza de sus colores cálidos.

La pintura en Holanda: Rembrandt y el realismo burgués

Dominada por las corrientes protestantes y una estructura de república con predominio burgués, en Holanda los pintores se especializaron en géneros específicos. Destaca Frans Hals, especializado en el retrato colectivo de corporaciones, quien reflejaba en los rostros una alegría algo ruda.

También proliferaron las escenas de la vida cotidiana en interiores burgueses, género en el que destacaron Metsú, Pieter de Hooch y, por encima de todos, Vermeer de Delft (1623-1675). Vermeer destaca por su atención a los pequeños objetos y detalles delicados, añadiendo una preocupación nueva por la luz y los efectos atmosféricos. Con una producción corta, su obra no carece de alusiones eruditas ocultas y alegorías en las pinturas que cuelgan de sus paredes.

Rembrandt: La Maestría de la Luz

El más importante de los pintores holandeses es Rembrandt (1606-1669). Evoca los efectos atmosféricos mediante una pincelada muy suelta y pastosa, utilizando colores menos brillantes y acentuando los contrastes lumínicos con un tratamiento de la luz casi místico, alejado de la iluminación natural. Sus cuadros tienen una tonalidad parda oscura que parece reflejar el pesimismo calvinista y su propio carácter retraído.

Rembrandt cultivó diversos géneros:

  • Pintura religiosa: Tratada con una poética intimista, interesándose tanto por el Nuevo como por el Antiguo Testamento, reconstruyéndolos en contacto con ambientes judíos.
  • Mitología y Retrato: Realizó numerosos autorretratos y retratos de sus dos mujeres y de su hijo Tito.
  • Retrato colectivo: Sus obras más significativas son la Ronda de Noche y la Lección de Anatomía.

El buey desollado, una de sus últimas obras, es un excelente ejemplo del carácter nada convencional de su pintura naturalista. Sus desnudos femeninos (como Dánae), calificados por algunos como «demasiado lamentables», pusieron de manifiesto la incomodidad de la sociedad burguesa ante un pintor que no se sometía a las reglas establecidas.