1.1. El teatro en Roma
El teatro no tuvo en Roma el mismo significado e importancia que en Grecia. Para los romanos, las representaciones eran ludi scaenici, o ludi; esto es, ‘juegos’, entretenimientos, diversiones, al igual que los ludi circenses eran los espectáculos en el circo y en el anfiteatro.
Los primeros ludi scaenici (siglo IV a. C.) eran un teatro sin texto, de origen etrusco y osco. Se trataba de danzas, a veces acompañadas de coplas cantadas, en versos improvisados, de carácter picante y mordaz (versos fesceninos).
A veces estos cantores y actores escondían su personalidad bajo un disfraz, lo que les permitía expresarse con mayor libertad: la fabula atellana (de personajes fijos, como Maccus el tonto, o Dossenus el jorobado) y la satura (compuesta por canciones, danzas y breves cuadros escénicos).
Vinculados al tiempo de otium, estuvieron siempre relacionados con alguna divinidad; lo religioso y lo festivo se mezclaban.
1.2. Las representaciones teatrales
A partir del año 240 a. C., las representaciones teatrales se institucionalizaron en Roma. Las representaciones tenían lugar entre la primavera y el otoño, con motivo de los ludi, y llegaron a ser cinco:
- Ludi Magni: del 4 al 19 de septiembre.
- Ludi Plebeii: del 4 al 17 de noviembre.
- Ludi Apollinares: del 6 al 13 de julio.
- Ludi Megalenses: del 4 al 10 de abril.
- Ludi Florales: del 28 de abril al 3 de mayo.
Las representaciones empezaron a realizarse en marcos provisionales. Después, empezaron a levantarse gradas de madera que se desmontaban al término de las representaciones, hasta que en el año 55 a. C. Pompeyo inauguró el primer teatro estable en Roma.
Años más tarde (13 d. C.), Augusto inauguró el teatro de Marcelo, al que se unió muy pronto el teatro de Balbo. Poco a poco se fueron construyendo teatros por todo el imperio, aunque no hemos llegado a saber qué es lo que realmente se representó en ellos.
Las compañías teatrales
Los actores se agrupaban en compañías (grex, caterva), al frente de las cuales figuraba un dominus gregis, una especie de director general y productor, al que podía acompañar un choraegus, el escenógrafo, que era el responsable de los aspectos prácticos de la puesta en escena (vestuario, decorados, etc.).
Los actores (histriones) eran, al parecer, tres para cada obra —fuera comedia o tragedia—, a los que se añadía, al menos, un músico, que acompañaba con la flauta o tibia los pasajes musicales.
Esos actores eran siempre varones; las mujeres solo podían actuar en los mimos. Los actores llevaban máscaras, aunque hay quienes piensan que solo sucedió así desde el siglo I a. C., un calzado especial —crepida para la escenificación de tragedias y soccus para la escenificación de comedias—, así como un vestuario acorde con el género que se representaba.
El público, como evidencian los textos que conservamos, era bullicioso, inquieto y participativo, especialmente en las comedias. Valoraban sobre todo los movimientos y los gestos en los actores cómicos, mientras que en los trágicos, lo que más se apreciaba era la voz.
1.3. Los géneros dramáticos
En la literatura latina no se habla de tragedia y comedia como géneros dramáticos, sino de fabula, que era cualquier obra dramática escrita en verso.
Los tipos de fabulae que existían en Roma eran:
- Fabula cothurnata: tragedia de tema griego, en alusión a los «coturnos», especie de botas de media caña y suela alta que distinguía a los actores de tragedias griegas en época helenística.
- Fabula praetexta: tragedia de tema romano, que aludía a la toga praetexta que llevaban los actores al modo de los magistrados (toga blanca con franja púrpura).
- Fabula palliata: era la comedia de tema griego, en alusión al pallium (equivalente al himation) como traje distintivo de los griegos.
- Fabula togata: la comedia de tema romano aludiendo a la toga, el traje típico de los ciudadanos de Roma.
1.4. La tragedia
Conocemos muy poco la tragedia romana. Básicamente contamos con una serie de títulos de obras y algunos versos desperdigados acá y allá. Los datos de autores y tragedias que tenemos, ordenados cronológicamente, son los siguientes:
- Livio Andrónico (280-204 a. C.)
- Cneo Nevio (270-190 a. C.)
- Quinto Ennio (239-169 a. C.)
- Pacuvio (220-130 a. C.)
- Accio (170-86 a. C.)
- Séneca (4 a. C.-65 d. C.): fue el gran escritor de tragedias en la antigua Roma. Fue un filósofo y político que vivió de cerca los tejemanejes del emperador Nerón en el primer siglo de nuestra era. Escribió diez tragedias: nueve de tema griego y solo una de tema romano.
Séneca
El cordobés Lucio Anneo Séneca (4 a. C.-65 d. C.) fue un filósofo y político que vivió de cerca los tejemanejes del emperador Nerón en el primer siglo de nuestra era. Escribió diez tragedias; nueve de tema griego y solo una de tema romano. Son estas:
Tema griego
Hercules Furens, Hercules Oetaeus (saga de Hércules), Agamenón, Tiestes (saga de los Atridas), Oedipus, Phoenissae (saga de los Labdácidas), Medea, Phaedra y Troianae.
En estas tragedias, Séneca usó el mito como pretexto para exponer sus propias ideas filosóficas y morales, dejando a un lado a los dioses y centrándose en las grandes pasiones del alma humana. Las decisiones que toman los protagonistas se someten al juicio moralizante del autor; en especial, las actitudes tiranas y despóticas.
Tema romano
Octavia. Escenifica las desventuras de la esposa de Nerón, quien la repudió en beneficio de otra mujer, Popea. La autoría de esta obra ha sido muy discutida; no todos creen que la escribiera Séneca.
No obstante, sus obras no calaron en el público romano. Las causas no están claras; se dice que eran frías e imposibles de representar, que simplemente se leían ante un auditorio culto y minoritario en recintos más pequeños que los teatros.
1.5. La comedia
Si bien el género trágico no arraigó en Roma, el cómico, en cambio, sí triunfó. Así, aun partiendo siempre de temas griegos o de ambientación griega, Plauto y, en menor medida, Terencio lograron que los romanos se sintieran identificados con el género, tomaran parte activa en el espectáculo y disfrutaran con él.
Los personajes de la comedia latina
Los personajes que dan vida a esas acciones dramáticas son tipos; es decir, responden a unos rasgos determinados, estereotipados, que los hacen reconocibles e identificables a los ojos del público.
La galería de tipos es amplia: el joven enamorado, alocado y con frecuencia irreflexivo; la joven doncella tontorrona, o, al contrario, espabilada; el viejo verde, gruñón o avaro; el soldado fanfarrón; la vieja intrigante con tendencia a empinar el codo; la cortesana desenfadada y alegre; el dueño del burdel, lenón, sin escrúpulos de ningún tipo; el cocinero autosuficiente que acaba peleando con alguien de la casa, etc.
Pero de entre todos ellos hay dos tipos que son esenciales en la comedia plautina: los esclavos y los parásitos:
- El esclavo: Frente al esclavo sumiso, más propio de la comedia griega, en la comedia latina destaca el esclavo listo, que sabe más que el amo, que no para quieto y que termina atando todos los cabos de la intriga.
- El parásito: Es un personaje que hizo furor en la literatura posterior. Este personaje vive del cuento, sobrevive a mil peripecias y, amenazado permanentemente, acaba, sin embargo, por salir airoso, ya que tiene la habilidad de acertar en el momento oportuno.
Estructura y lenguaje de la comedia latina
Prólogo
Antes de que la acción comience, una divinidad, un personaje simbólico o alegórico, o un actor explica el argumento y trata de captar la atención y el favor del público.
Representación
En cinco actos de duración e importancia desigual, que alterna partes recitadas con otras cantadas. Las comedias duraban menos de dos horas; de la música que se utilizaba sabemos muy poco, pero sí estamos bien informados de la métrica. Los metros eran variados, pero el más empleado era el senario yámbico.
1.6. Plauto
Nacido en algún lugar de Umbría, Tito Maccio Plauto (254-184 a. C.), de extracción humilde, tuvo la voluntad de vencer las limitaciones del aislamiento de la provincia para trasladarse a Roma, donde adquirió un notable conocimiento de las letras griegas y triunfó en el mundo del teatro.
La obra de Plauto es muy extensa. Se le atribuyen más de un centenar de obras, pero tan solo conocemos veintiuna. Todas ellas, sin excepción, son palliatae, es decir, de tema griego.
Los títulos que se consideran obra genuina de Plauto son: Amfitruo, Asinaria, Aulularia, Captivi, Curculio, Cistellaria, Epidicus, Bacchides, Mostellaria, Menaechmi, Rudens, Truculentus y Vidularia.
Encierran tramas de intriga y enredo, siguiendo el esquema de la comedia griega. La comedia latina hunde sus raíces en la Comedia Nueva de Menandro, cuyos temas tratan de aspectos de la sociedad, pero no en su dimensión colectiva, sino en su vertiente privada. Los argumentos se repiten, igual que se repiten los personajes tipo y el gusto por el amor y el dinero.
Temas
Los temas principales incluyen:
- Las bodas entre personas de clases sociales diferentes.
- Los viajes que acaban en naufragios con inesperados supervivientes.
- Las promesas de fanfarrones a jóvenes incautas que se dejan deslumbrar.
- Los objetos cuyo hallazgo inesperado hace dar un vuelco a una situación dramática.
- Los equívocos entre gemelos.
- Los reencuentros de padres e hijos al cabo de los años.
- Los ancianos que tienen la posibilidad de encontrar el amor en la recta final de sus vidas.
Se comprende fácilmente que los equívocos sean frecuentes y, en consecuencia, que la sorpresa y la risa estén garantizadas, porque la gran mayoría de las obras presentan una trama compleja, en la que dos o más temas y dos o más acciones se entremezclan.
1.7. Terencio
Publio Terencio Afer (185-159 a. C.) era un joven esclavo manumitido por su amo en Cartago, al norte de África. Siguiendo los consejos de su amo, se formó y llegó a entrar en contacto con el círculo aristócrata y culto de los Escipiones.
Conoció y sintió predilección por los comediógrafos griegos, cuya obra conocía, y plasmó en sus propias comedias esa atmósfera y ese lenguaje refinado y fino, un tanto alejado del pueblo llano.
Conservamos tan solo seis de sus comedias: Adelphoi (‘Los hermanos’), Hecyra (‘La suegra’), Heautontimoroumenos (‘El que se atormenta a sí mismo’), Andria, Eunuchus y Phormio.
Las obras de Terencio consisten en comedias «psicológicas» o de «caracteres», donde interesan más los propios protagonistas que la acción que puedan desarrollar y la reacción que puedan producir en el público.
Todas ellas comienzan con un prólogo que Terencio escribía para defenderse de los que lo criticaban de plagio, falta de autenticidad y de falta de «vis» o fuerza cómica. Terencio no buscaba la risa fácil, sino la reflexión a partir de una trama compleja y entretenida.
Como Terencio se había formado en el círculo culto de los Escipiones, su lengua es refinada, carente de colorido, sin registros, uniforme, con lo que da una impresión de monotonía que a veces roza la pesadez.
Así, mientras las obras de Plauto eran motoriae, es decir, movidas y ágiles, las obras de Terencio eran statariae, sosegadas y tranquilas, de modo que la obra de Plauto se acerca bastante a lo que hoy conocemos como farsa, mientras que la obra de Terencio roza lo que hoy llamamos melodrama. Son las fronteras que toca la auténtica comedia.
Lengua
Terencio es un maestro consumado de la lengua, capaz de razonar y argumentar mediante la retórica antigua. Sin embargo, para expresar asombro y desahogar sus nervios, sus personajes manejan el insulto, el juramento y la lengua coloquial con soltura. Gracias a esto, el espectador siente a los personajes cercanos a él.